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sábado, abril 14, 2018

La Grotta del Cane, la extraña cueva que odia a los perros

Lago Agnano y la Grota del Cane
Lago Agnano y la Grota del Cane
Si alguien le dice que hay una cueva en la cual todo perro que entra muere, pero en la que las personas pueden pasear tranquilamente todo el tiempo que quieran y sin ningún problema, como mínimo dudará de la veracidad de la información, habida cuenta que no es muy normal tal fenómeno de "racismo" ejercido por una simple gruta. No obstante, la cueva es totalmente real... para desgracia de la raza canina.

Vista del perfil de la Grotta del Cane
Vista del perfil de la Grotta del Cane
La llamada "Grotta del Cane" (Cueva del Perro), se encuentra en Nápoles (Italia) en Agnano, a unos 5 kms al oeste de la ciudad. Esta zona destaca desde la antigüedad por una gran actividad termal relacionada con los fenómenos magmáticos que mantienen en activo al Vesubio, el cual se halla a unos escasos 20 kms (ver Cave Canem o la historia de un galgo muy señoritingo). Esta gruta, en realidad se trata de una cavidad artificial excavada en material volcánico de unos 3 metros de alto, 1'5 m de ancho, y que después de un tramo de escalera de unos 4 metros, acaba en una zona semicircular. Se ignora cuando fue construida, ni cual fue su finalidad, pero era conocida desde la antigüedad y ya fue citada por Plinio el Viejo en el siglo I d.C y, posteriormente, por autores tan afamados como Goethe y Alejandro Dumas que explicaban el curioso fenómeno que, casi por brujería, mataba a todo perro que allí entrara.

Interior de la cueva
Interior de la cueva
La realidad es que en esta pequeña cavidad se producen emisiones de vapor de agua mezclado con gases carbónicos (CO2). El dióxido de carbono, al ser más pesado que el aire, se deposita en el suelo de la cueva creando una capa de entre 50 y 70 cms, netamente diferenciada del resto del aire de la cueva, permitiendo respirar perfectamente a quien se encuentre por encima de este nivel, y asfixiando a todo bicho viviente que se encuentre por debajo (ver Lago Albano: ingeniería romana para drenar un volcán). Los perros, por tanto, no pueden visitarla. Sin embargo, el origen del nombre de la gruta es otro.

Se necesitan bombonas
Se necesitan bombonas
Desde el siglo XVIII y hasta la mitad del siglo XX, para mostrar el fenómeno a los turistas que allí se acercaban, los guías no tenían una mejor ocurrencia que llevarse un perro a visitarla. El pobre animal, después de un rato en la mortífera capa (máximo 3 minutos) se asfixiaba, sacaba espumarajos por la boca y llegaba a convulsionar hasta prácticamente quedar muerto. En ese momento, ante la expectación de los visitantes que no notaban nada de extraordinario más que el calor que desprende la cueva, el guía cogía al perro, lo sacaba al exterior y lo lanzaba de cabeza a un lago que estaba en las inmediaciones -el lago Agnano, en la actualidad desecado.

El perro, debido al shock térmico que le producía el contraste del aire caliente del interior de la gruta con la temperatura del agua del lago, a los pocos minutos volvía a estar vivito y coleando. Obvia decir que no todos los intentos de "resurrección" funcionaban, al haber alargado demasiado la exposición del pobre animal a la capa carbónica, y algunos perros, resabiados, cuando veían a donde se les llevaba salían corriendo para evitar el macabro espectáculo que sabían iban a representar. Esta barbaridad reiterada durante siglos fue lo que dio el nombre -y el renombre- a la gruta.

Los perros resucitaban... o no.
Los perros resucitaban... o no.
La Grotta del Cane se mantuvo cerrada al público durante más de 30 años, y no fue hasta el año 2001 en que se reabrió aprovechando una rehabilitación general de la zona y de unas termas romanas próximas. En la actualidad, la visita de esta curiosidad natural se hace por encargo y ya no se utilizan perros cruelmente para el regocijo de los turistas. Ahora se utilizan antorchas encendidas que se apagan cuando entran en contacto con el dióxido de carbono debido a la falta de oxígeno que mantenga la combustión. A pesar de ello, los perros siguen sin querer acercarse a la gruta...

...por algo será.

Entrada de la gruta a principios del S. XX.
Entrada de la gruta a principios del S. XX.
Art. Rev. 15/11/10 16.24 898 v

lunes, abril 09, 2018

Puigcercós, el corrimiento de tierras que partió la iglesia por medio

Desprendimiento de Puigcercós
Desprendimiento de Puigcercós
El nombre de Puigcercós, aparte de hacer referencia al apellido de un ex-dirigente de Esquerra Republicana que en su momento estuvo muy en boga (ver Hostias, castigos y Mas), es muy probable que no suene prácticamente a nadie y, de hecho, si buscamos en Google, la práctica totalidad de entradas apuntan a este personaje mediático. Sea como sea, la historia que hoy les explico tiene a Puigcercós como protagonista pero, no se engañe, no me refiero al polémico político antes comentado, sino a un pequeño pueblo catalán tocayo suyo que se hizo famoso por padecer uno de los desprendimientos de tierras más brutales que se han producido en época histórica en Catalunya.

Actual pueblo de Puigcercós
Actual pueblo de Puigcercós
Puigcercós (pronúnciese "puchercós") es una minúscula población de profunda tradición agrícola con poco más de 50 habitantes, situado en la provincia de Lérida, en la comarca del Pallars Jussà, a unos cuatro kilómetros de la villa de Tremp, su capital. Este tranquilo pueblecito -típico ejemplo de los pueblos en los cuales nunca pasa nada, pero cuando pasa dan la campanada-  estaba ubicado en lo alto de una colina, mirador privilegiado sobre las tierras de la conocida Conca de Tremp (Cuenca de Tremp), a cuyo pie -a más o menos distancia- transcurría un pequeño torrente.

Esquema del corrimiento de tierras de Puigcercós
Esquema del movimiento
No fue hasta mayo del 1857 en que las pequeñas grietas que se habían detectado tiempo atrás en la parte oeste de la colina, a tocar del pueblo, dieron pie a un pequeño corrimiento. Este movimiento de masa, inquietó a los habitantes de Puigcercós, si bien prosiguieron su vida habitual.

Los extraños ruidos que sentían por la noche y el deslizamiento que se produjo en agosto del 1863, acabaron por acojonar a toda la población, la cual decidió cambiar la ubicación del pueblo, y moverse unos cuantos centenares de metros más lejos, cerca de la carretera, en el lugar donde hoy lo encontramos. Pero lo mejor estaba por llegar.

El día 13 de enero de 1881, y después de un periodo de fuertes lluvias, un formidable estruendo inundó toda la comarca y el aire se llenó de un fuerte olor a azufre. Ahora, allí donde antes estaba el pueblo viejo, se encontraba un acantilado de más de 50 metros de altura y de unos 250 metros de longitud que partía la antigua iglesia justo por la mitad. La colina se había venido abajo, llevándose consigo la mitad de las casas que aún existían pero, por suerte, deshabitadas.

Visión general del desprendimiento de Puigcercós
Conjunto del corrimiento
El derrumbe, propiciado por los estratos inclinados a favor de la pendiente, había producido un lóbulo que se desplazó más de 400 metros, obturando el fondo del barranco de L'Espona, el cual tuvo que encajarse encima del inmenso montón de derrubios que tapona el valle del torrente, desviándolo de su cauce habitual.

En la actualidad, la gran cicatriz que ha quedado en la zona -y de la cual aún se producen desprendimientos ocasionales- es visita obligada de los geólogos que estudian este tipo de movimientos terrestres (ver Vajont, crónica de una tragedia anunciada), ya que es un ejemplo de libro de lo que es un desprendimiento con movimiento rotacional.

Detalle de la cicatriz de coronación del corrimiento de Puigcercós
Detalle de la cicatriz de coronación
La suerte hizo que los habitantes abandonaran el antiguo pueblo y se pusieran en un sitio a salvo. Eran otros tiempos, menos urbanos y con más contacto con el medio ambiente, y supieron entender a la perfección los avisos que les dio la propia montaña. Un ejemplo más del respeto que debemos tener a la naturaleza y un argumento más para estrechar nuestro contacto con una naturaleza que cada vez parece encontrarse más lejos de nuestra realidad.


La iglesia de Puigcercós Vell se partió por medio

Art. Rev. 16/11/10 23.29 335 v

Webgrafía

sábado, abril 07, 2018

Tristan da Cunha: La isla donde Cristo perdió la zapatilla

La isla habitada más remota
La isla habitada más remota
Si usted está hasta el moño de los políticos y de todo el follón que tienen liado por estos lares, siempre puede dejarlo todo e irse a la isla de Tristán de Acuña durante una temporadita. Dado el caso que no conozca esta isla, simplemente tengo que decirle que es el sitio habitado más aislado del mundo; posiblemente le sea de interés para poder irse a pasar unos días y desconectar de tanto sátrapa, vividor y chupóptero suelto.

Tristán de Acuña
Tristán de Acuña, con 98 km2 -Barcelona ciudad tiene poco más de 100- es la isla mayor de un archipiélago volcánico que se encuentra en medio del Atlántico Sur. Fue descubierta por el portugués Tristão da Cunha en 1506 pero pertenece a Gran Bretaña desde 1816 (quien la rebautizó con su nombre oficial de Tristan da Cunha), y su aislamiento seguro que será la envidia de más de uno. Y es que sus cifras son, simplemente, tremendas.

Para empezar, la población estable es de unos 264 habitantes, es decir, de 2,69 habitantes por kilómetro cuadrado, y es tan endogámica la población, que tan solo existen 8 apellidos (ver ¿Sabes determinar tus 8 apellidos?). La última introducción de un apellido fue no hace mucho en que una tristanera se casó con un inglés y el novio se fue a vivir a la isla...aisss...¡lo que tiran las carretas!

El barco llega una vez al año
El barco llega una vez al año
Si usted se pelea con alguno de ellos, no se preocupe, tendrá muy fácil el perderlo de vista, a pesar de lo pequeño de la isla. Aunque claro, lo primero y principal es poder llegar a la isla, ya que solo se puede llegar por barco, porque no tiene sitio ni para poder ubicar un aeródromo.

Si a pesar de ello llega, y se pelea con alguno de sus escasos habitantes, no crea que va a tener tan fácil irse a una isla aún más aislada (ver Bouvet, donde aislamiento se escribe con mayúsculas), ya que el barco que hace la travesía habitual arriba una sola vez al año, el cual es el que trae, entre otras mercancías, también la gripe. Los habitantes, a pesar de ser británicos, no conocen la mayoría de enfermedades de por aquí, ya que su único contacto con el exterior es ese barco. Eso sí, puestos a aburrirse, esta gente le dan al "pitraque" de mala forma, ya que en 1993 se contó que consumían una media de 50 litros de whisky al año...¡per cápita! Las estadísticas de cirrosis no han trascendido, lo siento.

Isla Tristan da Cunha
Un punto en medio del océano
Si aún así desea irse, ha de saber que la tierra habitada más cercana se encuentra a 2.430 kms, en la isla de Santa Helena -donde metieron a Napoleón-, y si no es de su predilección y tiene cierta prisa, siempre puede empezar a nadar como un David Meca cualquiera y acercarse a las costas de Sudáfrica, que tan solo están a 2.816 kilómetros. Eso sí, si quiere ir a Sudamérica, le pillará un poco más lejos, a unos 3.360 kms de Tristán de Acuña.

Edimburgh of the Seven Seas
Edimburgh of the Seven Seas
Pero si usted gusta de las emociones fuertes, tranquilo, que la isla -lo más parecido a la isla de Lost que existe- ya se encarga ella sola de darle emoción a sus habitantes, ya que de vez en cuando, se pone a "eruptar" y obliga a todos los habitantes a salir disparados hacia la metrópoli, tal como pasó en 1961, en que la capital, la rimbombante Edimburgo de los Siete Mares (no es coña, se llama así) se vio afectada parcialmente  por las coladas volcánicas. Por si acaso, fueron repatriados todos a Inglaterra y se estuvieron un par de años, antes de volver a la isla, y cuando volvieron, los perros abandonados habían acabado con todas las ovejas y los piratas habían desvalijado algunas dependencias... lo normal, vaya.

En definitiva, que si tiene ganas de aislarse, haga una visita a Tristán de Acuña. Los ingleses la llaman Tristan da Cunha, pero más bien tendrían que llamarla "Donde Cristo perdió la Zapatilla y no fue a buscarla", le aseguro que no hay sitio en el planeta al cual le pegue más ese nombre.

Tristan da Cunha, la isla habitada más remota del mundo
Como para que, encima, pille un mal vecino.

Art. Rev. 22/11/10 23.58 296 v

viernes, abril 06, 2018

El Canal de la Infanta o la trascendencia histórica de un patrimonio olvidado

El Canal de la Infanta
El Canal de la Infanta
Que, hasta mediados del siglo XX, gran  parte del área metropolitana de Barcelona fuera eminentemente agrícola, con sus campos, sus agricultores con sombrero de paja y sus bestias tirando del arado es, para las nuevas generaciones, algo que está más cerca de las novelas de Harry Potter que de la realidad. Nada hay, en el continuo urbano desde Plaza España hasta el río Llobregat, que haga recordar a quién no lo haya vivido que toda aquella área era considerada la Huerta de Europa por la tremenda producción hortícola de sus tierras. Nada. De aquellos campos ya no queda nada, tragado por el asfalto de la gran ciudad, pero...¿sabía que hubo una infraestructura hidráulica sin la cual es muy posible que Barcelona no habría llegado a ser la megalópolis que es en la actualidad? Pues créaselo, porque usted puede estar paseando, sin saberlo, por encima suyo: me refiero al Canal de la Infanta.

Plano del delta del Llobregat (1899)
Plano del delta del Llobregat (1899)
El río Llobregat, en llegando a Sant Boi, se abre en un amplio abanico sedimentario que, ocupando el espacio entre Montjuïc y las estribaciones del Macizo de Garraf, es conocido como el Delta del Llobregat (ver El delta del Llobregat, una costa en retroceso). Este espacio, ocupado hoy por infinidad de grandes infraestructuras (aeropuerto, puerto, Zona Franca, trenes, autopistas...) pese a ser muy fértil debido a los ricos sedimentos aportados por el río, no estaba aprovechado por la agricultura, ya que si bien había buena tierra, no había forma de regarla en abundancia en cuanto te salías un poco de la orilla del Llobregat. De esta forma, gran parte del Delta lo formaban terrenos poco productivos (cultivo de secano) o directamente improductivos (zonas lagunares), por lo que, teniendo el agua tan cerca, era un pecado no repetir el ejemplo del exitoso Rec Comtal (ver El Rec Comtal, la olvidada relación íntima entre Barcelona y su medio ambiente). Así las cosas, en 1188, se empezó la construcción de un canal (el Rec Vell) que, llevando el agua desde El Papiol, y por la orilla izquierda, llevase agua de riego hasta Barcelona. La pena fue que llegó hasta Molins de Rei... y allí se quedó.

Casa de Comportes
Casa de Compuertas
La falta de financiación hicieron que esta primera intentona se frustrase, pero los terratenientes, viendo el negocio, no cejaron en el empeño de tener un canal de riego que proporcionase agua a manta para sus tierras. El hecho de que la construcción de canales fuese una exclusiva real no ponía fáciles las cosas, y pese a repetidos proyectos (1568, 1723, 1805...) no fue hasta 1816 cuando la presión de los interesados y aprovechando todo el follón después de la invasión napoleónica, consiguió que Fernando VII se decidiese a eliminar la prerrogativa real de poder hacer canales. Así las cosas, se pusieron manos a la obra deprisa y corriendo (no fuera el caso que se desdijese) y, pagándolo del bolsillo de los futuros regantes, entre 1817 y 1819, se construyó un canal que, inaugurado el 21 de mayo de 1819 por la infanta Luisa Carlota de Borbón -que casualmente pasaba por allí- daba servicio a más de 4.500 hectáreas de la orilla izquierda del río Llobregat.

Luisa Carlota de Borbón
Luisa Carlota de Borbón
El canal que, debido a las prisas por su entrada en funcionamiento, se terminó efectivamente en 1820, recibió el rimbombante nombre oficial de Real Canal de la Serenísima Infanta Doña Luisa Carlota de Borbón (el Canal de la Infanta, para los más allegados, vamos). La realidad es que tenía que llamarse "Canal de Castaños", en honor de Francisco Javier Castaños, Capitán General de Catalunya y principal valedor del canal, pero siempre resulta más mediático y glamuroso ligar tu imagen a la realeza. Por postureo, que no quedase.

Canal de la Infanta en St. Feliu
Canal de la Infanta en St. Feliu
De esta forma, el Canal de la Infanta, con 17.420 m de longitud, una anchura de entre 4 m (al principio) y 2 m (hacia el final), una profundidad media de 1,5 m y un caudal de 4.700 l/seg iniciaba su recorrido en la Historia. Un recorrido que, partiendo desde la Casa de Comportes de Molins de Rei -punto donde comenzaba la concesión al tomar el agua excedente del antiguo Rec Vell-, y enganchado a los contrafuertes de Collserola, atravesaba Molins de Rei en dirección río abajo y paralelo al que hoy en día es la vía del tren.

Mapa del Canal de la Infanta (1908)
Mapa del Canal de la Infanta (1908)
A partir de aquí, el canal entraba en el antiguo término municipal de Santa Creu d'Olorda (absorbido en 1916 por Molins), pasando por Sant Feliu de Llobregat, Sant Joan Despí, hasta llegar a Cornellà de Llobregat. En este punto, siempre enganchado al talud entre Collserola y el delta, el canal giraba hacia el noreste, entrando en L'Hospitalet de Llobregat, donde trazaba recto hasta el municipio de Sants (absorbido en 1897 por Barcelona) y donde volvía a girar  para, atravesando la actual Gran Vía a la altura del edificio de La Campana, bordear la montaña de Montjuïc hasta llegar al Cementerio de Barcelona. El canal, sobrepasando este punto, giraba y seguía unos metros hasta su desembocadura a pies del Faro de Montjuïc, en la zona conocida como El Morrot.

Acequia del Canal de la Infanta a su paso por L'Hospitalet (1971)
Acequia por L'Hospitalet (1971)
El canal fue un éxito desde el primer momento. Las tierras que hasta aquel momento, lo máximo que daban era para cereal, viña o legumbres, pasaron a poder disponer de agua suficiente para poder hacer una agricultura hortícola de mercado y no solo de subsistencia. Ello significó el aumento de los cultivos  de los beneficios y la transformación de todo el delta izquierdo en un auténtico vergel -la calidad del suelo era tal que se podían extraer hasta cuatro cosechas al año. Obvia decir que, el aumento de la riqueza agrícola necesitaba cada vez más mano de obra para su mantenimiento y desarrollo, traduciéndose en un aumento disparado de las poblaciones por donde pasaba. No en vano, en 1855, los terrateniente de la orilla derecha, viendo el rotundo éxito de sus homólogos de la orilla izquierda, construyeron el Canal de la Dreta (la envidia, ese gran motor de progreso...).  Pero no solo la agricultura se benefició.

Regando los pies de Montjuïc (1906)
Regando los pies de Montjuïc (1906)
Efectivamente, el canal salvaba la diferente altura entre la cota de inicio (22 m) y la final (0 m, nivel del mar) con una serie de saltos que ocuparon molinos harineros, de papel o industrias textiles. Estas actividades utilizaban la fuerza del agua para mover los telares y las piedras de molino, por lo que, alrededor de estos saltos se fueron formando pequeños núcleos industriales que fueron aumentando en importancia conforme que iba aumentando la población gracias a la agricultura. L'Hospitalet pasó de 900 habitantes en 1820 a casi 5.000 hacia el 1900. Y no paró aquí.


Bombardeos de Barcelona (1938)
Bombardeos de Barcelona (1938)
La neutralidad de España durante la 1ª Guerra Mundial (ver La Gripe Española, la mortífera historia de la peor epidemia de la Humanidad) hizo que el delta del Llobregat se hiciera de oro vendiendo sus productos a los contendientes. La "Huerta de Europa", como se le conocía, crecía a un ritmo desenfrenado, atrayendo cada vez más y más gente, tanto a Barcelona como a todos los pueblos regados con agua del Canal de la Infanta (L'Hospitalet pasó de 5.000 a tener 33.500 en 1930). Sin embargo, la Guerra Civil significó el desastre.

Bellvitge, y canal (años 70)
Bellvitge, y canal (años 70)
A partir de ese momento, todas las exportaciones colapsaron y la producción agrícola se centró en el mercado interno. El problema era que en el resto de España, la economía estaba destruida (ver La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo") por lo que el hecho de mantener una mínima capacidad productiva durante la posguerra hizo de efecto llamada a toda la gente, sobre todo de Andalucía y Extremadura, que se debatía entre la miseria, el hambre y la emigración. Los pueblos y ciudades del área de Barcelona comenzaron a crecer descontroladamente (factoría de la Seat, Bellvitge, Gornal...) a expensas de los mismos terrenos agrícolas que atraían la población, utilizando las acequias del canal como improvisadas cloacas dada la absoluta carencia de infraestructuras durante el franquismo.

Canal por St Joan Despí (años 80)
Canal por St Joan Despí (años 80)
El caos urbanístico durante los años 1960 en el área metropolitana, produjo la polución de los ríos y, entre ellos, el Llobregat se convirtió en poco menos que en una cloaca a cielo abierto. Las continuas paradas por episodios de contaminación de la central depuradora de Sant Joan Despí -de la cual se abastecía de agua potable a Barcelona- obligaron a las autoridades franquistas a desviar en  1968 los caudales de la Riera de Rubí y del río Anoia (más contaminados que el Llobregat) hacia el canal y así evitar que las aguas más sucias afectaran el suministro. El Canal de la Infanta, al coger este "agua" si o si (recordar que estábamos en plena dictadura), se convertía en un simple colector que apestaba por donde pasaba y cuya mierda licuada impedía totalmente la agricultura, llevando a que los agricultores dejaran sus explotaciones en beneficio de la especulación urbanística que, entonces igual que ahora, daba pingües beneficios.

Canal de la Infanta en activo
Un paisaje actual pero de otro tiempo
El canal, de esta forma ignominiosa e indolente, fue perdiendo su función original y, según aumentaron las reclamaciones vecinales por olores y molestias (utilizado como caballo de batalla contra el régimen), con la llegada de la Democracia fue desapareciendo tanto de la vista como de la memoria bajo el peso del cemento y el alquitrán de las ciudades que se iban conformando. Un patrimonio histórico, natural y humano de impresionante valor, de esta forma, se perdía ante la fuerza de la codicia, la desidia y la indiferencia de la gente que vivía a su alrededor.

Patrimonio prostituido
Hoy en día, el Canal de la Infanta ha desaparecido de muchos tramos -en Hospitalet pudo haberse preservado, pero no le dio la gana al consistorio (ver Ni historia, ni derecho a tenerla)- y en otros aún se mantiene en forma de cloaca o acequias relictas, pero hay un buen trozo en que todavía funciona. Son unas modestas 300 ha que aún son regadas con su agua y que permiten mantener a cielo abierto aún 1.500 metros de canalización original entre Molins de Rei y Sant Feliu, sin embargo el legado de esta infraestructura ahora olvidada lo envuelve todo. Las calles, los topónimos, la estructura de la ciudad, la red de alcantarillado... todo está influenciado por la existencia del Canal de la Infanta, un canal donde la gente se bañaba, pescaba, vivía y que, como reconoció el Parlament de Catalunya, merece el reconocimiento de todos ya que sin él nada sería lo mismo en este perdido rincón del planeta.

Canal de la Infanta aún activo en Molins de Rei
Canal de la Infanta aún activo en Molins de Rei

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