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viernes, marzo 02, 2018

El esquivo y misterioso fenómeno del rayo verde

Rayo verde visto desde Escocia
Nuestro mundo, a pesar de que lo estemos tratando como si fuera un estercolero, es inmensamente bello y fascinante. Cuando nos aislamos del mundanal ruido que nos rodea y somos capaces de abstraernos a nuestras preocupaciones diarias, si observamos la naturaleza que tenemos alrededor, por mínima que sea, de seguro que será capaz de sorprendernos. Basta con estar mirando cualquier puesta de sol para poder deleitarnos con la maravilla de una cálida paleta de colores que inunda el cielo que observamos. Más rojo cuanto más cerca del Sahara, o más amarillo cuanto más hacia los polos por efecto del polvo en suspensión (ver El insólito fertilizante del Amazonas llamado polvo del Sahara) el ocaso nunca deja indiferente. Sin embargo, hay algunas pocas veces en que este espectáculo ya de por sí embriagador para cualquier alma un poco sensible, se vuelve sublime si tiene la inmensa suerte de ver, en el preciso momento en que el sol se esconde tras el horizonte, el huidizo y misterioso rayo verde.

El rayo verde (1882)
Conocido desde la antigüedad, pero tan inalcanzable como el premio gordo de la lotería, el rayo verde es uno de aquellos fenómenos que se han movido durante toda la historia de la humanidad entre la leyenda y la realidad. Su dificultad de observación (no se ve en todas las puestas) y su brevísima puesta en escena (como mucho un par de segundos) hace que, incluso si lo estás mirando, un simple parpadeo pueda hacer que nos lo perdamos. Ello ha hecho que sea considerado buen augurio y que se hubiese extendido la leyenda de que tan solo sea posible verlo, si el observador está verdaderamente enamorado. Pero no solo eso, sino que, dos personas que vean el fenómeno de forma simultánea, serán mutuamente fulminados de amor por la caprichosa flecha de Cupido, en este caso en forma de rayo de luz verde. De hecho, Julio Verne, en 1882 ya le dedicó una de sus novelas.

Más allá de las acepciones románticas y fantasiosas de la sabia ignorancia ancestral (ver El Fuego de San Telmo: el poder de un santo encerrado en una botella), el fenómeno existe y tiene una explicación científica mucho más prosaica.

La refracción produce el rayo verde
A medida que el sol transita por el cielo, la cantidad de atmósfera que su luz ha de atravesar es cada vez diferente. En el mediodía, que es el momento del día en el cual el sol incide más verticalmente, la capa de aire a atravesar hasta llegar a nosotros es exactamente la altura de la atmósfera. No obstante, según va pasando el día, el sol incide de forma cada vez más oblicua. Esto significa que sus rayos han de cruzar una cantidad progresivamente mayor de aire, frenando y modulando la luz que nos llega. De aquí que, según vaya avanzando la tarde, los colores sean cada vez más amortiguados y que el sol en la playa no queme igual a las 2 de la tarde que a las 6.

Rayo verde desde Francia
Conforme que llega el sol al horizonte, la capa de aire va aumentando y es, justamente en el momento de esconderse cuando alcanza su máximo espesor. En este punto, la atmósfera actúa como si fuera un prisma y descompone la luz en los colores del arco iris, curvando los rayos de forma diferente según su color. Normalmente vemos el color rojo el último al ser el exterior y el que menos se ve afectado por la refracción, pero en casos muy excepcionales, ya sea por tener un horizonte muy lejano o por condiciones atmosféricas extrañamente favorables, en el momento de ponerse el sol, aparece durante una pequeña fracción de tiempo un rayo de color verde encima del disco solar. Rayo que es fruto del diferente índice de refracción entre la luz roja y la verde, actuando como si fuera un espejismo (ver La inalcanzable isla de San Borondón) y curvando de forma más pronunciada el verde que el rojo, permitiendo que sea visto en unas circunstancias en que no seria factible verlo. La gama de azules, debido a su longitud de onda, simplemente es absorbido por la atmósfera y no llega a nuestra retina.

Rayo verde desde California
Así las cosas, este fenómeno óptico raro y esquivo es, dentro de su dificultad, más fácil que se pueda llegar a ver a orillas del mar -al haber un horizonte sin obstáculos- o bien en zonas altas o muy planas en que hay una gran distancia entre el punto de ocaso y el observador. Sea uno o sea otro, si usted es afortunado o afortunada en divisar el misterioso rayo verde, sepa que, ante sus ojos, tiene uno de los fenómenos atmosféricos más raros que se nos ofrecen y un ejemplo de la belleza salvaje que nos esconde esta pelota menospreciada y vilipendiada que es el planeta Tierra.

Y, por si acaso, de un beso a quien tenga al lado. Nunca se sabe.

El escurridizo rayo verde visto desde Seaside (Oregón-EE.UU.)

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