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miércoles, enero 25, 2017

Cuando El Cid se hizo héroe musulmán matando cristianos: la Batalla de Almenar

Estatua de El Cid en Burgos
Se dice que la Historia siempre la escriben los ganadores y si hay algo que los años de estar investigando historias raras y poco conocidas me han confirmado es, justamente, esa sentencia: la Historia la escribe el que gana. Ahora bien, el hecho que la fama, las medallas y los parabienes se lo haya llevado el que tiene el poder para escribir los libros de historia, no significa que los demás no hayan dejado su testimonio, y a poco que se busque, te encuentras con ejemplos que te dan una visión absolutamente diferente de lo que parecía una verdad absoluta, y que yo llamo “la cara B de la Historia”. En este sentido la llamada “Reconquista” se lleva la palma de lo que se ha vendido desde los estamentos oficiales desde hace centurias y lo que realmente pasó. Y un ejemplo lo tenemos en el papel de Rodrigo Díaz de Vivar (Cid Campeador, para los colegas) el cual ha quedado como el gran adalid en la lucha de los reinos cristianos contra los moros aunque... claro..., cuando sabes que El Cid fue comandante en jefe de las tropas musulmanas de la taifa de Zaragoza, comienzas a cuestionarte muchas cosas. ¡Y que sólo fuera eso! Porque si, encima, te enteras de que luchó con sus tropas moras contra otro rey moro y que, además, ese otro rey tenía como aliados a los cristianísimos Rey de Aragón y el Conde de Barcelona, ya las convenciones históricas saltan hechas añicos. Pues créaselo, porque esto es precisamente lo que pasó en el año 1082 en la conocida como Batalla de Almenar.

Taifa de Zaragoza bajo Al-Muqtadir
Cuando en 1081 murió el rey de la Taifa de Saraqusta (Zaragoza), Abú Yafar Al-Muqtadir, esta taifa se extendía por buena parte de lo que es hoy Aragón, Navarra, Lérida, Tarragona, Castellón, Valencia y Alicante, siendo uno de los reinos musulmanes más potentes de la península Ibérica. No obstante, la  herencia que dejó para sus dos hijos significaba la división en dos de la taifa, dejando la parte de Zaragoza y Navarra para Al-Mutamán y las partes costeras (Lérida, Tortosa y Denia) para Al-Mundir. Cosa que no hizo demasiada gracia a Al-Mutamán, ya que significaba dejarle sin salida a mar... y ya sabemos lo cordiales que eran (y son) las relaciones entre hermanos, ya fueran cristianos, musulmanes o veganos... (ver Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando).

Así las cosas, el rey de la taifa de Saraqusta (Al-Mutamán), en verano de 1082, quiso someter a su hermano, Al-Mundir, para quedarse con sus posesiones y volver a reunificar el territorio que ya tuvo su padre bajo su reinado. El único inconveniente es que Al-Mundir no estaba por la labor de ceder sus territorios a su hermano por las buenas, por lo que Al-Mutamán decidió que si no era por las buenas, sería por las malas... o por las peores.

Castillo de La Suda en Lérida
Al-Mutamán disponía por aquel entonces de los servicios del castellano -y cristiano hasta las trancas- Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid). El Campeador, tras haber sido desterrado por el rey de Castilla, Alfonso VI, por un quítame allá esas traiciones, y no haber sido aceptado ni por el Rey de Aragón, ni por el Conde de Barcelona, decidió aceptar la oferta de ser el comandante en jefe de los ejércitos de Al-Muqtadir. Obvia decir que, a la muerte de éste, sus servicios y sus fieles tropas castellanas, pasaron en herencia a Al-Mutamán, el cual no dudó en jugar esta baza contra su hermano.

Por su banda Al-Mundir, viendo que las tropas de su hermano se posicionaban a lo largo de la frontera entre las dos taifas, y que correspondería -más o menos- a la frontera actual entre Aragón y Catalunya, decidió pedir ayuda a Berenguer Ramón II, Conde de Barcelona y también a Guillermo Ramón, Conde de Cerdanya, posiblemente, a cambio de una fuerte suma de dinero (una paria, vamos).

Castillo de Almenar
En aquel entonces, el castillo de Almenar, un pequeño punto fuerte a tan solo unos 20 km al oeste de Larida (Lérida), estaba en posesión de Al-Mutamán por lo que era un lugar estratégico desde donde el emir de Saraqusta podría atacar la capital de la taifa de Larida. Al-Mundir, al conocer las aviesas intenciones de su hermano y constatar que tan solo había una pequeña guarnición en Almenar, decidió enviar sus tropas -junto a las de sus aliados barceloneses y ceretanos- a la conquista de tan incómoda fortaleza. 

El Cid, pronto se enteró de que el castillo de Almenar había sido sitiado, pero sus tropas estaban en el castillo de la Granja d'Escarp (a unos 35 km al suroeste de Larida y situado en la confluencia entre el río Segre y el Cinca) que hacía poco que había sido conquistado a las tropas de Al-Mundir, por lo que no podía irles a socorrer. En vistas de este inconveniente, El Cid convenció a Al-Mutamán de que se personase en Almenar con sus tropas, si bien declinó el ofrecimiento del rey moro de presentar batalla junto a él (no era cuestión de matarse así por las buenas - ver La sangrienta batalla "light" de Bremule), por lo que le sugirió que evitase la batalla pagándoles a los leridanos por levantar el sitio. Al-Mutamán así lo hizo, pero las tropas de Al-Mundir y sus aliados cristianos, confiando en su superioridad numérica, rechazaron la oferta zaragozana. La batalla era inevitable.

¿Moros contra cristianos?
De esta forma, cuando el Campeador se enteró del fracaso de la negociación, partió de inmediato con sus tropas hacia Almenar. Allí se encontraron ambos ejércitos, comenzando una zarabanda de palos entre las tropas cristiano-musulmanas de Al-Mundir y las musulmano-cristianas de Al-Mutamán que acabó con la captura del conde Berenguer Ramón II y varios de sus lugartenientes por los soldados del Cid, liberando el sitio de la fortaleza zaragozana y volviendo a Zaragoza en olor de multitudes.

El conde barcelonés y su cohorte de nobles, finalmente fueron dejados libres después del pago de un importante rescate (de cobrar, pasó a tener que pagar, ironías de la vida), aunque ello no significó el fin de las hostilidades, ni de las colaboraciones cristiano-musulmanas, las cuales se prolongaron diversos años más.

Plano de Saraqusta
En definitiva, que la realidad de los hechos convierten las versiones oficiales de los hechos históricos en un trampantojo que, a ojos poco acostumbrados puede dar el pego pero que, a poco que nos informemos, no se sostiene por ningún lado. El Cid y sus “compis” cristianos vertieron sangre cristiana para defender los territorios y las tropas musulmanas. Unas tropas musulmanas que, a su vez, no dudaban en combatir de la mano de tropas cristianas contra otras tropas cristianas. Todo un compendio de incongruencias que si a alguna conclusión te hacen llegar es que, la realidad histórica de los 800 años de dominación musulmana de la Península Ibérica fue muy diferente de lo que se nos ha vendido (ver ¿Qué fue de Boabdil después de rendir Granada?) y que tan solo nuevas investigaciones y nuevos ojos pueden llegar a dar con la verdadera dimensión de un periodo que, hasta el momento, sólo conocemos con la subjetiva parcialidad de una parte: la ganadora.

El Cid repartiendo mandobles a moros... y a cristianos

Webgrafía

miércoles, enero 18, 2017

La Gripe Española, la mortífera historia de la peor epidemia de la Humanidad

Soldados enfermos
Con la llegada de los días más cortos del año, los cuerpos comienzan a notar los efectos de las comilonas de Navidad y, sobre todo, los efectos de la bajada de temperaturas más o menos intensa (cambio climático mediante). Uno de estos efectos son los resfriados y las gripes varias que, por efecto del contacto entre el personal -íntimo o no, ya queda dentro de las posibilidades de cada uno- y de las casas cerradas a cal y canto para evitar el frío, se contagian con inusitada facilidad en estos días. En este sentido, cada año nos vemos afectados por una o diversas oleadas de gripe (las conocidas como "pasas") que, según su virulencia y facilidad de transmisión, acaban por afectar en mayor o menor medida a toda la población. Una población que ha de soportar como buenamente puede la molesta semana de mocos, toses y estornudos -y a veces fiebre- que acompañan a la infección por el virus de la gripe. Normalmente, el contagio no pasa de aquí, afectando gravemente solamente a personas especialmente sensibles y delicadas, por lo que se aconseja una vacunación preventiva. Sin embargo, la gripe no siempre viene tan benigna y, en algunas circunstancias, el virus muta hasta convertirse en la peor epidemia de la Historia de la Humanidad. Me refiero a la mortífera Gripe Española.

Absurda Gran Guerra
En 1918, los cuatro jinetes del Apocalipsis llevaban 4 años de juerga flamenca por Europa con la excusa de la Primera Guerra Mundial. En ese tiempo, la estupidez humana había convertido el suelo europeo en un cementerio a cielo abierto donde los cadáveres de millones de soldados se mezclaban sin solución de continuidad con el lodo, la metralla y el alambre de espino de las infinitas trincheras del Frente Occidental. Más de 15 millones de personas habían muerto en balde en aquella absurda confrontación que acabó el 11 de noviembre de 1918 de una forma aún más absurda todavía (ver Henry Gunther, el último muerto de la 1ª Guerra Mundial), aunque no fueron las penalidades, ni las balas de la guerra, lo que produjo más muertes en aquellos días.

Anuncio de Zotal en Sevilla
A principios de primavera de 1918 (entre marzo y abril, vamos) la prensa española se hacía eco de una epidemia de gripe especialmente virulenta que estaba afectando a una gran parte de la población, produciendo gran numero de afectados que acababan por morir al cabo de pocos días de infectarse. Al principio, los síntomas eran los típicos de un resfriado normal, fiebre, mocos, tos... pero pronto se vio que no seguía los patrones típicos de la gripe estacional que todos hemos pasado alguna vez.

Efectivamente, los afectados de esta gripe, pasados los primeros estadios entraban en un colapso corporal. Los síntomas se agravaban descontroladamente, provocando grandes hemorragias en las mucosas, especialmente en la nariz, los pulmones y los intestinos, que empeoraban de una forma espectacular provocando la muerte en menos de una semana por neumonía o por edema pulmonar.

Mascara contra la Gripe Española
La facilidad de contagio del virus (hasta el mismísimo Alfonso XIII se contagió) y su mortalidad tan inusitada (llegaba a provocar la muerte en el 20% de los infectados) hizo que aquella gripe fuera la protagonista de todas las portadas de la prensa en una España que, debido a haberse declarado neutral, no estaba participando en la Gran Guerra. Una gripe a la cual se le dio el nombre castizo de “Soldado de Nápoles” al coincidir esta epidemia con el reestreno en Madrid de la zarzuela “La Canción del Olvido” y por el jocoso comentario de su libretista, Federico Romero, que dijo que la canción “Soldado de Nápoles” -interpretada en el cuadro segundo- era más pegadiza que la gripe.

Alfonso XIII
Esta situación de alarma social dio mucha visibilidad internacional a la epidemia de gripe que se estaba produciendo en España (bautizándola como Gripe Española), no porque el resto de Europa no la estuvieran padeciendo igual, sino porque, al estar en guerra, la censura informativa militar silenció totalmente el problema grave de salud pública que estaba siendo la gripe. Si ya bastantes muertos se estaban produciendo en el frente, sólo faltaba que se dispersara la noticia de que una enfermedad común estaba produciendo más bajas que el enemigo; hubiera significado el hundimiento total y absoluto de unas tropas ya demasiado hundidas moralmente tras cuatro años de pegarse tiros a lo tonto. No obstante, como a perro flaco todo son pulgas, el virus de la Gripe Española mutó y, como era previsible, a peor. A mucho peor.

La peor fue la segunda punta
En agosto de 1918, en Brest (Francia), se detectó una nueva cepa de la gripe, pero de una extraordinaria virulencia, que se expandió rápidamente entre los contingentes de soldados que provenientes de América utilizaban el puerto bretón como punto de arribada y distribución. De esta manera, aprovechando el gran movimiento de gente de la Primera Guerra Mundial, la Gripe Española, a pesar de las cuarentenas y las mascarillas, se extendió con una velocidad y una capacidad mortífera impresionante hasta los rincones más inverosímiles del planeta: Los cinco continentes se vieron afectados de pleno por la epidemia, ya convertida en pandemia, llegando incluso a las islas del Pacífico y a las más heladas tierras árticas. Las autoridades sanitarias nunca habían visto nada igual.

Policía de Seattle con máscaras
Esta nueva oleada, al contrario de las gripes hasta entonces conocidas, no se paró afectada por el verano del hemisferio norte y, para más sorpresa, en vez de afectar a los colectivos de riesgo más débiles, se encarnizó de manera brutal con los menores de 65 años. Gente adulta joven que, a priori, tenía las defensas más altas y que caían como moscas justamente por una reacción excesiva de sus defensas al virus, y con ratios de mortalidad que oscilaban entre el 23% y el 71% de los afectados. Aquello no era una epidemia, sino un holocausto sanitario peor que la peste negra de la Edad Media (ver Caffa, las catapultas que bombardearon la peste a Europa).

Servicios sanitarios desbordados
Tal era la afluencia de muertos que los cementerios no daban abasto a enterrar tanto muerto y se tenían que enterrar en fosas comunes cavadas con excavadoras a vapor, y eso siempre que hubieran enterradores sanos, que no siempre fue el caso. Hubo pueblos en Alaska en que murieron todos sus habitantes en poco más de una semana e innumerables por todo el mundo en que los infectados superaban el 70% de sus pobladores. De hecho, las islas Samoa llegaron al 90% de sus habitantes infectados, muriendo el 30% de los hombres, el 22% de mujeres y el 10% de los niños.

Afectó a la industria de guerra
Estados Unidos con 675.000 muertos, 400.000 en Francia, 300.000 en España, 1.200.000 en el África Subsahariana, 250.000 en Japón, 15 millones en la India, 1.500.000 en Indonesia, 24.000 en Chile... un cataclismo total y absoluto que causó que, en el periodo entre enero de 1918 y diciembre de 1920 -cuando se considera que oficialmente acabó la epidemia- de una población total mundial de 1.000 millones de almas, se infectaran unos 500 millones y murieran entre 50 y 100 millones. Y tal fue las cantidad de horas extras que echó la Parca a cuenta de la Gripe Española que la expectativa de vida humana a nivel mundial bajó en 12 años entre antes y después de la pandemia. Un desastre.

Soldados griposos en Camp Funston
Casi un siglo después, aún se desconoce exactamente el punto de origen de la epidemia. Unos la ubican en China, otros en Estados Unidos, otros incluso en la misma España pero, a pesar de los estudios efectuados con cadáveres muertos recuperados de fosas comunes excavadas en permafrost, no se ha podido saber con certeza ni dónde se originó la peor pandemia de la Historia humana, ni cómo un virus usualmente benigno se convirtió en un mortal asesino. Sea uno o sea otro, la Gripe Española supuso un serio toque de atención para los protocolos de excepcionalidad sanitaria a nivel mundial cuyo recuerdo, en un mundo globalizado al extremo como el actual, aún a día de hoy (caso de la gripe A o el Ébola), pone los pelos como escarpias a las autoridades.

Y es que... ¿quién quiere guerras nucleares teniendo virus?

Pues eso.

Cartel prohibiendo escupir para evitar el contagio de la Gripe Española

Webgrafía

sábado, enero 14, 2017

La fallida operación que acabó expulsando a los cristianos de Al-Ándalus

Mozárabes: cristianos en tierra mora.
En un mundo globalizado como el actual, una gran parte de todos los problemas de convivencia que se producen a diario provienen de la mezcla extensa e intensa de todo tipo de credos, culturas y razas en cualquiera que sea la sociedad. Musulmanes entre cristianos, católicos entre protestantes, negros entre blancos, ingleses entre irlandeses, rusos entre ucranianos... sea cual sea, el contacto entre formas diferentes de vida resulta siempre conflictivo. Antaño, la solución era sencilla: las autoridades acababan con los elementos discordantes, ya fuera a base de eliminarlos físicamente (ver El desconocido (y británico) genocidio de aborígenes de Tasmania) o a base de expulsarlos a la fuerza de allí donde vivían (ver Osinów Dolny, el pueblo de los peluqueros y de las dos limpiezas étnicas). En España, los problemas de mezclas incómodas no son desconocidos, al igual que sus fáciles soluciones, como pudieron conocer los judíos con los Reyes Católicos o los moriscos en el siglo XVII, cuando fueron expulsados por las bravas de sus tierras de siempre, provocando un descalabro económico y social de proporciones bíblicas. Estas expulsiones de las minorías judías y musulmanas españolas por parte de la mayoría cristiana, han quedado como paradigmas de lo que es una cruel e inhumana “limpieza étnica”. No obstante, no han sido las únicas expulsiones masivas que han habido en la historia de España. ¿Conocía que los musulmanes decretaron la expulsión de todos los cristianos que vivían en Al-Andalus? ¿Y que ésta expulsión fue un daño colateral de una loca acción de un rey aragonés? Sígame y permítame que le explique el porqué de este sindiós.

Iglesia Mozárabe de Bobastro
Cuando los invasores musulmanes llegaron a la Península Ibérica en el 711, se encontraron con la desventaja de estar ocupando un territorio belicoso y muy alejado que le impedía disponer de refuerzos con cierta facilidad. Esta falta de disposición logística militar hizo que los jefes musulmanes intercalaran las acciones militares de sometimiento de ciudades estratégicas, con una política de pactos que les permitiera ahorrarse los enfrentamientos militares en la medida de lo posible. Esto produjo que los musulmanes dejaran tras de sí numerosas bolsas de pobladores cristianos que, bajo el dominio islámico, intentaban adaptarse a las condiciones negociadas por los ocupantes, normalmente una cierta permisividad a sus creencias cristianas a cambio de unos gravosos impuestos. Impuestos que, todo sea el decirlo, sólo pagaban los no musulmanes, ya que los que se islamizaban no los pagaban. Obvia decir que los visigodos ricos que no habían querido o podido huir, se convirtieron al Islam con una facilidad pasmosa simplemente por poder mantener su estatus y riquezas. Pero no todos eran ricos.

Imperio Almorávide
Conforme se vio que la ocupación no era cosa de una mañana tonta, los cristianos aislados en tierras musulmanas (los mozárabes) fueron cayendo en número progresivamente, habida cuenta los beneficios sociales que tenía la conversión al Islam. El ser cristiano en aquellas circunstancias implicaba ser un ciudadano de segunda que, a parte de pagar más impuestos que nadie, no tenía derecho ni a tener armas, ni montar a caballo (sólo mulas), ni aspirar a según qué trabajos. Por no tener, no tenían ni derecho a ser saludados por los musulmanes, ya que éstos los consideraban impuros por ser infieles. Con todo, a pesar de ello, muchas comunidades cristianas se mantuvieron fieles a su fe, en un equilibrio precario entre sus creencias y la vida social de los lugares donde habitaban. Equilibrios que les hacían añorar la libertad para con su culto de las tierras cristianas del norte de la Península.

Alfonso I el Batallador
Al pasar de los siglos (no tenían prisa tampoco, ver Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando), la reconquista por parte de los reinos cristianos del norte fue avanzando progresivamente hacia el sur, lo que envalentonaba a los soberanos cristianos a hacer incursiones cada vez más arriesgadas. En esta situación, Alfonso I de Aragón -conocido como El Batallador- recibió en 1124 la llamada de los mozárabes de Granada que intentaron (y consiguieron) convencerle de que Granada era poco menos que el “coño de la Bernarda” debido a su caos interno y que sería muy fácil para él conquistarla. Alfonso, que hacía poco que había conquistado Zaragoza, Calatayud y Tudela y ya tenía la espada “calentita”, no dudó en ir en ayuda de los cristianos de Granada.

"Tour" de Alfonso I
Así las cosas, con un contingente de unos 4.000-5.000 caballeros (según los organizadores, 1.500 según la policía... estooo... los historiadores) y una cantidad de unos 15.000 infantes -exageraciones de pescador amateur a parte-, Alfonso I partió hacia Granada el 2 de septiembre de 1125, camino de Valencia dirección Teruel.

A partir de aquí, la caravana real tomó vía hacia Denia, Murcia, y de allí a Baza y Guadix (donde pasó las Navidades del 1125) hasta llegar a las puertas de Granada. Lo gracioso del asunto fue que las escaramuzas con los ejércitos de los almorávides fueron mínimas de tal forma que, aquello, si no hubiese sido por algunos saqueos y algún asedio frustrado (caso de Baza), era más parecido a un tour turístico que a una operación militar. Tour que hacía que muchos mozárabes de las tierras por donde pasaba la “caravana multicolor” del Batallador, se añadiesen a la comitiva para emigrar a los reinos cristianos.

Los combates fueron ocasionales
En enero de 1126, después de avisar mediante carta oficial a los mozárabes granadinos de su cercanía a la ciudad y provocar, con ello, un gran revuelo en la comunidad cristiana que alertó a las fuerzas musulmanas (la discreción no era lo suyo, estaba visto) el aragonés, finalmente, se plantó en Granada.

Tras 10 días de espera con mal tiempo, y viendo que los mozárabes de la ciudad no se habían revuelto como habían convenido, Alfonso I decidió abortar el ataque y dirigirse hacia Córdoba, no sin antes abroncar agriamente a los mozárabes por su pasividad. Los mozárabes granadinos, por su parte, reprendieron al soberano maño por haber tardado la vida en llegar a Granada (es lo que tiene el turismo) y por haber roto el efecto sorpresa con su indiscreta misiva, cosa que permitió prepararse con mucha antelación a los defensores musulmanes. Ni en los chistes de Gila, vamos.

Tropas almorávides
Alfonso I, tras el frustrado ataque, se dirigió hacia Córdoba, donde se dedicó a saquear los campos del sur de la provincia, siendo interceptado en Arnisol (actual Anzur) por las tropas musulmanas provenientes de Sevilla de Alí ibn Yusuf a las cuales venció en la única batalla de todo su periplo andalusí. Desde aquí, seguido de cerca por la caballería almorávide que los hostigaba, se dirigió a la costa de Motril, desde donde volvió otra vez a Granada para intentar capturarla. Desgraciadamente, ya habían llegado refuerzos del norte de África y las fuerzas aragonesas, vista la imposibilidad de salir victoriosos, emprendieron vía Guadix, Caravaca (Murcia) y Játiva, un penoso viaje de vuelta debido a los 10.000 mozárabes civiles que llevaban con ellos, a la peste y a las continuas escaramuzas con sus perseguidores musulmanes. Esos mozárabes, si bien ralentizaban la marcha, tenían la ventaja de que le venían de coña a El Batallador, habida cuenta la necesidad de repoblar con cristianos las tierras acabadas de reconquistar al sur de Zaragoza. Sea como sea, a los cristianos de Granada no les iban a ir tan bien las cosas.

Costa de Motril
Una vez pasada la amenaza cristiana, el Cadí de Córdoba Abū l-Walīd Muḥammad ibn Rušd (a la postre, el abuelo del filósofo Averroes) que se había dirigido a Marrakesh a informar el Emir de lo ocurrido, promulgó una fatua (un edicto, vamos) en otoño de 1126 por la cual se ordenaba la expulsión de todos los cristianos que habían en tierras andalusíes. El hecho de haber colaborado con Alfonso I para derrocar el poder almorávide los hacía especialmente incómodos, por lo que Ibn Rušd decretó su deportación masiva al Magreb, más concretamente a Meknés y a Salés (ver La pillería de Colón que hizo que Rodrigo de Triana se volviera musulmán) como castigo a su rebeldía.

Paisaje de Guadix
Esta deportación de un número indeterminado de mozárabes (posiblemente varios miles) significó un golpe durísimo para unas comunidades cristianas que se habían mantenido ante viento y marea en tierras musulmanas desde hacía cuatro siglos. Comunidades autóctonas que si bien no desaparecieron del todo (aún se hicieron nuevas deportaciones en 1138 y 1170) prácticamente fueron eliminadas de Granada, Córdoba y Sevilla. Magro resultado para una incursión alocada y chapucera que, a pesar de los 10.000 mozárabes trasladados a tierras aragonesas hizo más mal que bien justamente a aquellos que tendría que haber beneficiado: los cristianos autóctonos

¿Y aún se extraña de que durase tanto la Reconquista?


Granada, un objetivo fallido con unas graves consecuencias

Webgrafía

miércoles, enero 11, 2017

El Voto de Santiago o cómo la Iglesia sangró a los españoles gracias a una leyenda

¡Santiago y paga España!
Que el Patrón de España es el Apóstol Santiago es algo que, por conocido, a estas alturas no llama la atención de nadie. Sin embargo, lo que no es tan conocido es la forma en que llegó a ser declarado patrón de esta olla de grillos y cómo, la Iglesia, se aprovechó de este patronazgo para enriquecerse a manos llenas a costa de los españoles hasta bien entrado el siglo XIX. Estoy hablando del conocido como Voto de Santiago.

Catedral de Santiago
España, durante decenios se ha dado a llamar "la reserva espiritual de Europa", y es que si hay un país donde la Iglesia Católica se encuentra especialmente a gusto, ha sido este. Y no es para menos, si tenemos en cuenta el especial trato (periodos convulsos a parte) que tradicionalmente se le ha dispensado por los gobiernos de todo tipo que ha habido en el país. Sin embargo, a parte de este favoritismo que por todo tipo de condicionantes políticos ha podido ir manteniendo siglo tras siglo y que, ya de por sí puede parecer indignante, el colmo viene cuando te enteras de que, por "gracia divina" del Apóstol Santiago, la diócesis de Santiago de Compostela estuvo cobrando una auténtica fortuna en forma de "impuesto revolucionario" llamado Voto de Santiago desde la Edad Media hasta el 1834. ¿A cuento de qué vino el cobrar este voto? La historia, oscura y rocambolesca como pocas, se remonta a, nada más y nada menos, que al siglo IX.

Ramiro I de Asturias
Durante los primeros compases de la conquista árabe de la península Ibérica, los cristianos se vieron arrinconados a la Cordillera Cantábrica, donde se organizaron como buenamente pudieron y se opusieron a los ejércitos musulmanes que, todo sea el decirlo, tampoco tenían demasiado interés en someterlos. Así las cosas, las tropas del Emirato de Córdoba se conformaban con cobrarles impuestos (parias) normalmente abusivos para tenerlos controlados, a la vez que los cristianos evitaban un enfrentamiento militar del cual, en situaciones normales, iban a salir mal parados. No obstante, parece ser que al rey Ramiro I de Asturias, se le infló lo que no suena de tanta paria y decidió presentar batalla al ejército moro.

Apóstol Santiago
Cuenta la leyenda (y digo leyenda porque nada de esto se ha podido confirmar históricamente) que el rey Ramiro I, el 23 de mayo del 844, se enfrentó a las huestes musulmanas de Abderramán II en la batalla de Clavijo (La Rioja) ya que estaba harto de pagar impuestos y de pagar el tributo de las 100 doncellas anuales. Estaban recibiendo la del pulpo los cristianos (para no perder la costumbre) cuando al rey Ramiro I -refugiado en el castillo de Clavijo- se le apareció el Apóstol Santiago en sueños comunicándole que entraría en combate junto a los cristianos y que vencerían a los infieles.

Clavijo y su castillo
A la mañana siguiente, cuando entraron en batalla, el apóstol, montando un bellísimo caballo blanco, se mezcló con las fuerzas cristianas, que al ver la ayuda divina, se vinieron arriba y acabaron por vencer a los ejércitos moros, acuñando desde entonces el sobrenombre de “matamoros” para el Apóstol Santiago (ver La sorprendente veneración indígena por Santiago "mataindios").

Ramiro I, a los dos días de la victoria, decretó un edicto por el que ordenaba que Santiago fuera nombrado el Santo Patrón de España, pero no solo eso. Además, como agradecimiento al apóstol por haberlos ayudado en la batalla de Clavijo, cada labriego tendría que pagar a la Seo compostelana un impuesto en metálico (a añadir a lo que ya pagaban en impuestos) al cual se tenía que sumar una décima parte de la cosecha de cereal que obtuvieran. Una auténtica sangría.

Quevedo, santiaguista total
Como he comentado antes, no hay constancia histórica ni de la batalla, ni del edicto firmado por Ramiro I, pero lo que sí hay constancia es de que este “voto” se pagó desde el siglo XII, afectando a un territorio inmenso que iba desde Galicia a La Rioja. La Iglesia, habida cuenta el fortunón que ello significaba para la diócesis de Santiago de Compostela, que había entrado en crisis tras la bajada de peregrinos por la ocupación musulmana, no se opuso de ninguna forma a cobrar dichos cánones. Cánones que iban aumentando conforme los territorios bajo dominio cristiano aumentaban lenta pero inexorablemente.

Santiago Matamoros
De esta forma, el Voto de Santiago se implantó durante siglos para alegría de todos los “paganos”, a pesar de que había serias dudas sobre su autenticidad y las nuevas diócesis entraban en pleitos por no tener que pagar a Santiago de Compostela unas contribuciones basadas en leyendas. No obstante, el voto recibió un sonoro espaldarazo de mano de los Reyes Católicos, los cuales, tras la compra de Granada (ver ¿Qué fue de Boabdil después de rendir Granada?), instauraron el llamado “Voto de Granada” (pagado también a Santiago) apelando a la oficialidad del voto compostelano. Evidentemente, si los Reyes Católicos nombraban el Voto de Santiago y los privilegios de Ramiro I, ello significaba que existían...¡a ver quién les llevaba la contraria!

Defendiendo el Voto
Así las cosas, el Voto de Santiago (defendido a capa y espada por la potentísima Orden de Santiago)  se siguió abonando pese a los denodados esfuerzos y pleitos de las otras órdenes, las cuales intentaron desbancar el patronazgo oficial de Santiago como forma de limitar el ingente poder que acumulaba la sede compostelana y sus entidades acólitas. Pero sin grandes resultados.

Los pleitos contra el Voto de Santiago, debido a esta más que dudosa autenticidad, siguieron constantes, aunque el “original” del edicto de Ramiro I que se utilizaba para corroborar el voto “curiosamente” desapareció en 1534 de la Real Chancillería de Valladolid en uno de estos pleitos, quedando tan sólo copias de él. Copias que, historiográficamente, demostraban que los diversos edictos eran falsificaciones “oficiales” encaradas a legitimar una serie de impuestos que de otra forma no hubiera sido lícito pagar.

En contra del Voto
Justamente por ese interés de los reyes en el mantenimiento de los equilibrios político-eclesiásticos, los Austrias se movieron entre una ligera oposición al voto y un total apoyo a la causa “santiaguista”. Tal fue el caso de Felipe IV que, no solo confirmó el pago del Voto de Santiago en una gran parte de la península (la Corona de Aragón estuvo siempre exenta de su pago), sino que institucionalizó la ofrenda anual al santo compostelano que consistía en, además de las correspondientes misas el día 25 de julio (presididas por el rey si eran año jacobeo), en una aportación de 1.000 escudos de oro para la diócesis. No hace falta decir que la Iglesia la aceptaba de mil amores.

Los siglos pasaron, y pese a los pleitos y quejas generalizadas del pueblo, de diócesis y de órdenes ajenas a las santiaguesas, el Voto se siguió cobrando hasta 1812, en que la entrada en vigor de la Constitución de Cádiz por los liberales, abolió dicha prebenda para la Iglesia. No obstante, la involución conservadora de Fernando VII (ver ¡Muera la libertad!... y no era una broma) hizo que cuando volvió en 1813, éste lo volviera a imponer y que cuando los liberales retomaron el poder en 1821, lo volvieran a quitar. Enfrascados en este quita y pon del Voto, en cuanto el “rey felón” volvió en 1824, lo volvió a endiñar hasta 1834, en que una vez muerto, la reina regente María Cristina (ver Fernando VII, el Borbón que competía con el negro del Whatsapp) lo eliminó ya definitivamente... aunque no del todo, ya que aún colea.

Máxima extensión del Voto
Efectivamente, aunque se eliminó la tasa impositiva, la ofrenda anual y el abono de los 1.000 escudos de oro (actualizada a pesetas y reducida a una cantidad simbólica) se siguieron haciendo hasta la Segunda República en que, habida cuenta que España en aquel momento se había convertido en un estado laico, el gobierno renunció a hacer ningún tipo de ofrenda (ni religiosa, ni pecuniaria) al Santo Patrón.

Franco, emulando al reaccionario Fernando VII, tras la Guerra Civil volvió a implantar la ofrenda oficial -según él España continuaba estando en deuda con el Apóstol Santiago- siendo él mismo el que presidiría la misa compostelana en los años jacobeos, costumbre que, tras la muerte del dictador, traspasó al rey Juan Carlos I, el cual ha presidido todos los habidos hasta la actualidad. Felipe VI, por su parte, aún no ha tenido la oportunidad, ya que el último fue el  2010 y el próximo año santo compostelano es el 2021.

Reyes de España en la ofrenda de 2010
Total, que por cuatro mandobles que -dicen- pegó Santiago en el 844, buena parte de los españoles estuvo pagando, sin comerlo ni beberlo, una décima parte de sus ingresos a la diócesis compostelana como mínimo desde el siglo XII hasta prácticamente anteayer. De esta forma, la Iglesia, gracias a su sucursal en Santiago de Compostela, se lo llevó bien calentito en concepto de intermediación con el apóstol (ver La Iglesia, de los ricos. Dios, de los pobres) importándole bien poco que el Voto de Santiago se añadiese a otros tantos que ya gravaban pesadamente a los sufridos labriegos y que, encima, estaba basado en una leyenda que nadie ha podido confirmar. Un indignante ejemplo de cómo, a costa de  la ignorancia y la superstición del ser humano (vestida de religión o no, es indiferente), hay muchos ¡muchísimos! “vivalavirgen” interesados que han vivido, viven y vivirán como auténticos santos patrones.

Santiago, un Santo Patrón muy rentable para la Iglesia

Webgrafía

miércoles, enero 04, 2017

Con los sentimientos no se juega

El Castell de Santa Eulàlia
Patrimonio querido
Hasta no hace mucho, el Patrimonio Histórico y Cultural de L'Hospitalet de Llobregat era un asunto que, excepto para los estudiosos o gente especialmente sensibilizada, prácticamente no interesaba a nadie. El hecho de que gran parte de la población fuese gente recién llegada, hacía que los lazos sentimentales con su nuevo entorno urbano y natural prácticamente no existiesen, permitiendo que los sucesivos gobiernos locales no tuvieran consideración con el valioso tesoro que es su Patrimonio para cualquier ciudad.

El Pi de la Remunta
De esta forma, la especulación y la falta total de sensibilidad respecto la memoria histórica de L'Hospitalet se han cebado durante décadas con nuestra ciudad, aprovechando la escasa oposición popular y la tibieza de un Ayuntamiento que priorizaba absolutamente sus resultados económicos a la preservación de las raíces culturales e históricas de la ciudad. Sin embargo, afortunadamente, las cosas han cambiado... y no poco.

Cal Trabal
Aquellos emigrantes que hicieron triplicar la población de Hospitalet en menos de 20 años y que no tenían ningún vínculo con el territorio, han echado raíces y se han hecho suya la ciudad. Cada uno a su manera, aquella gente que una vez fue recién llegada se ha vuelto hospitalense y ha interiorizado cada rincón de su "pueblo". No estamos hablando de un pasado agrícola de Hospitalet que no han vivido (y es imposible de querer algo que no has conocido) sino de ESTA ciudad. Una ciudad atolondrada y hecha a golpe de parches pero, al fin y al cabo, allí donde se han reído, allí donde han llorado, allí donde han vivido.

Por el contrario, el actual consistorio actúa como si la descendencia de aquellos que vinieron hace 40 o 50 años, continuaran siendo recién llegados sin ningún tipo de sentimientos hacia L'Hospitalet, actuando con la misma indolencia con el Patrimonio que durante el franquismo o la Transición, sin darse cuenta de que la ciudadanía se ha vuelto muy sensible a cualquier modificación de SU ciudad.

El Coro
Ahora, cada rincón esconde una experiencia vivida, y su pérdida implica la pérdida de una parte de la memoria de vida de sus habitantes. Sólo así se entiende la aparición -hasta hace poco impensable- de cada vez más grupos que, al amparo de las redes sociales, se mueven ante cualquier nueva barrabasada contra el Patrimonio de nuestra ciudad.

Can Trabal (ver Cal Trabal: el fin de L'Hospitalet?), Can Rigalt, El Coro (ver El Coro, el edificio donde la Historia está en extinción), el Castillo de Santa Eulalia (ver El castillo de Santa Eulalia, la historia de amor de un barrio de L'Hospitalet)... son ejemplos de patrimonio amenazado que movilizan la ciudadanía de L'Hospitalet para su preservación. Un aviso para navegantes de que los tiempos han cambiado y que, por mucho que estuvieran acostumbrados a hacerlo, con los sentimientos de la gente no se juega.

La ciudadanía se ha vuelto muy sensible a cualquier modificación de SU ciudad

domingo, enero 01, 2017

Ranking de los artículos más leídos de Memento Mori en 2016

Acabado 2016, ha llegado el momento de hacer una mirada retrospectiva para ver cómo ha ido el año para este humilde blog que parece que, a cada día que pase, merezca cada vez más el beneplácito de una siempre exigente audiencia. Gracias infinitas por ello.

La tendencia durante el año 2016 para Memento Mori es, a pesar de no haberle podido dedicar todo el tiempo que hubiese querido (que se ha traducido en "tan solo" 84 nuevos artículos), es extraordinariamente positiva, cerrando el año con 647.200 visualizaciones. Hecho que ha permitido que el cómputo total  del blog se eleve hasta unas asombrosas 1.856.490 visitas. Una auténtica burrada para un blog de historia e historias como este.

No obstante... ¿cuales de esas 84 entradas han sido las más leídas en este recién finiquitado 2016? Si tiene un poco de curiosidad, a continuación le explico cuales han sido las cinco que más éxito han tenido:


El número 5:

¿Qué es la aluminosis?


Con 9.791 visitas, este artículo escrito el 30 de enero de 2016 se aúpa hasta la quinta posición. En él explicaba de forma amena pero acurada en qué consiste esta patología estructural que tienen muchos edificios de zonas costeras y que, por desgracia, he vivido en primera persona.

"Paisaje" típico de la aluminosis

El número 4:

La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo"


19.608 visitas ha tenido durante el 2016 este curioso artículo escrito el 8 de noviembre. En él relato las peripecias que tuvo que pasar la España de la Posguerra para poder conseguir un coche de importación y de cómo un ministro de Franco, con su conocimiento, repartía licencias de importación entre sus amigos como quien reparte palomitas.

Corrupción y miseria durante la Posguerra

El número 3:

El castillo de Santa Eulalia, la historia de amor de un barrio de L'Hospitalet


Sorprendentemente, este artículo escrito el 29 de noviembre, con 22.200 visitas, ha merecido alcanzar el tercer puesto de los artículos más leídos durante 2016. Y digo sorprendentemente, porque he de reconocer que no esperaba que este edificio singular de L'Hospitalet de Llobregat, actualmente dejado de la mano de Dios por parte del Ayuntamiento, fuese tan querido por su vecindario. Una grata sorpresa que, con un poco de suerte, ayudará a que el llamado "Castell de la Pepa" tenga el futuro digno que se merece.

Un edificio muy estimado por el barrio

El número 2:

Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando


Los reyes de España siempre han dado mucho de sí en Memento Mori, y si, además, mueren en el momento de dejar escapar al topo de la madriguera, ya es un más que seguro éxito. Y, efectivamente, así fue. No por nada este artículo escrito el 7 de octubre de 2016 se pone por méritos propios la medalla de plata en este ranking con 25.319 visitas. ¡Pa cagarse!

Magnicidio en un mal momento

...y, finalmente...

El número 1:

La belleza escandinava de los bereberes de ojos azules


36.030 visitas ha conseguido este artículo rompe-prejuicios que explica el porqué de que en el Magreb africano existan autóctonos rubios y con ojos claros contrariamente a la creencia general. Este post escrito el 20 de mayo de 2016 despertó hasta tal punto la curiosidad de los lectores y las lectoras que ha llegado a ser, no solo el más visitado del año, sino el más visitado de toda la historia de "Memento Mori". Un auténtico récord.

Una belleza exótica y de récord


En definitiva, que este 2016 recién acabado ha significado uno de los mejores años para Memento Mori. Espero que este año 2017, en que celebraré (Dios mediante) los 12 años de blog, Memento Mori siga mereciendo el favor del público y pueda seguir explicando nuevas e interesantes historias de este indómito, alocado, pero siempre interesante, mundo que nos rodea.


¡2016 gracias por tu visita a Memento Mori!