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miércoles, diciembre 06, 2017

Theolongo Bacchio, cuando la posverdad recibe una plaza en Barcelona

Theolongo Bacchio
Uno de los términos que mayor fortuna está haciendo en los últimos tiempos es el de “posverdad” palabreja que quiere denominar a aquella situación en que la realidad se reescribe de forma consciente con un fin concreto. En sí el “palabro” no tendría ninguna trascendencia si no fuera porque, haciendo honor a su etimología, es falsa en sí misma, al dar a entender que ha habido algún momento de la Historia en el que se ha transmitido la verdad objetiva, cuando los historiadores sabemos que la norma ha sido “cocinar” la realidad como si fuera una vulgar encuesta del CIS. Y hasta tal punto es así que, en Barcelona, hay una plaza dedicada a un héroe que nunca existió y que fue producto de un caso de manipulación de la realidad que se remonta al siglo XVI.

Guerreros iberos
En un lateral de la barcelonesa Rambla de Prim, en el barrio del Besós, podemos encontrar la plaza de Theolongo Bacchio, un espacio entre edificios en forma cuadrada que, rodeado por árboles, no deja de ser una de tantas plazas duras y desangeladas que salpican la capital catalana. No obstante, si miramos detenidamente, veremos que, en esta plazoleta hay un monolito (un cacho de piedro informe, para qué nos vamos a engañar), con un perfil humano laureado y algo semejante a una lápida a los pies con una dedicatoria. Este es el monumento a Theolongo Bacchio, un héroe íbero de la turística villa de Blanes (ver El desconocido delta del río Tordera) que se enfrentó a las tropas cartaginesas de Aníbal, el cual da nombre a la plazoleta en cuestión. Hasta aquí, todo normal, pero es que los expertos han llegado a la conclusión de que el tal Theolongo no existió jamás. La historia de cómo pudo llegar a tener dedicada una calle en Barcelona es, como mínimo, rocambolesca.

Barrio Besós en 1966
Cuando en el 1960 el Patronato Municipal de la Vivienda franquista decide comenzar a construir el barrio de Besós, lo que menos tuvo en cuenta era las infraestructuras que necesitaba el nuevo barrio para ser una zona mínimamente habitable. En esta época, todos los partidos y sindicatos estaban prohibidos por la dictadura, de tal forma que no existía ninguna asociación de vecinos que se pudiera quejar de la dejadez de la administración. A lo sumo, existía la Asociación de Cabezas de Familia, la cual se movilizó (con permiso del régimen) para solicitar las mejoras sociales, aunque sin mucho éxito. 

Vista la situación, la asociación decidió intentar cambiar el nombre al barrio y dedicar un monumento para, así, forzar al ayuntamiento a hacerles un poco de caso. El cambio de nombre no cuajó (incluso se les ocurrió bautizarlo con el nombre de la mujer de Franco -no fuese que el régimen se pensase que eran unos rojos revolucionarios-), pero la erección del monumento tuvo un poco más de fortuna.

Aníbal Barca
Así las cosas, uno de los miembros de la asociación, Joan Fontanillas decidió, sin encomendarse a ningún santo, buscar algún personaje histórico, preferiblemente con alguna relación con el barrio, al cual se le pudiera dedicar un monumento y pudiera utilizarse para llamar la atención de los políticos. Y en esta búsqueda le cayó en las manos el libro Historia de Cataluña el cual, escrito por el badalonense Antoni Bori i Fontestà en 1898, hacía referencia a Theolongus Bacchius como héroe layetano que se había opuesto a los ejércitos de Aníbal y que, incluso, había atacado Barcelona cuando esta era una primigenia colonia cartaginesa. Miel sobre hojuelas.

Calle dedicada en Blanes
Estirando del hilo, se enteró que este tal héroe, tenía una calle en Blanes, el cual había sido dedicado a este héroe y después de mucho dar por saco a su ayuntamiento, por el cronista local Vicenç Coma i Soley en los años 20. Contactado con el consistorio blanense, Fontanillas consiguió información al respecto de Theolongo Bacchio con el cual confeccionar el informe histórico y el apoyo del ayuntamiento de Blanes, el cual colaboró en la inscripción de la lápida. El ayuntamiento de Barcelona, por su parte accedió a la instalación del monumento en el lugar donde hoy se encuentra, inaugurándolo oficialmente el 22 de mayo de 1973. Sin embargo y a pesar del visto bueno oficial, algunos expertos vieron que las “aventuras” del tal Theolongus retrocedían su existencia solamente hasta 1543 ¿Qué pasaba aquí?

Placa dedicada a Theolongus
En 1543, el escritor castellano Florián de Ocampo edita en Zamora la Crónica General de España, recopilatorio de historias y leyendas antiguas hispanas, en que entre muchas crónicas se encuentra la del héroe blanense, Theolongo Bacchio. En él, da razón de una inscripción que el viajero y coleccionista medieval Ciríaco de Antona, había encontrado y que había sido dedicada por sus conciudadanos. No obstante, el problema es que Ciriaco de Antona no había estado nunca en la península Ibérica y que, encima, ni ha quedado la inscripción, ni el escrito original del coleccionista, al haber desaparecido en un incendio. La cosa se complicaba y no iba a ser la última complicación.

Copia de la inscripción de C. Ancona
Según los expertos, Ocampo no pudo extraer la historia de Theolongus solamente de la inscripción perdida de Ciríaco de Ancona, por lo que se especula que tuvo que tener acceso a las obras de algún humanista catalán del siglo XV en que se hablase de Blanes (la Blanda romana) con las cuales generar todo el entramado Blanes-Teolongo-Barcelona. Y es que, en aquella época (1462-1472), Cataluña estaba de guerra civil y Blanes era frente de batalla entre los partidarios de Juan II (ver La azarosa historia del monasterio de Montserrat... de Madrid) y sus opositores, siendo famosa una declaración hecha en Blanes por Joan Margarit, obispo de Girona, en favor de Juan II.

Ciriaco de Ancona
De esta forma Ocampo, habría hecho una síntesis libre de todo lo que había encontrado relacionado con Blanes y se montó una historia que le quedó la mar de creíble y que habría pasado a la posteridad. El único inconveniente es que, en la actualidad, se sabe que al sur de Italia (en lo que sería el empeine de la bota) existe otra “Blanda” que durante la Segunda Guerra Púnica se pasaron al bando cartaginés, por lo que los ejércitos romanos tuvieron que luchar contra el lugarteniente de Aníbal que estaba allí apostado. Así las cosas, la inscripción de Ciriaco de Ancona no se referiría a la conocida Blanda hispánica, sino a la desconocida Blanda itálica, dejando con el culo al aire al imaginativo Florián de Ocampo, sin héroe local a los vecinos de Blanes y sin valedor histórico al barrio de Besós de Barcelona. Un pleno, vamos.

En definitiva que, como se dice habitualmente, antes se coge a un mentiroso que a un cojo en bicicleta, contrapunto al adagio periodista de que la realidad no te eche a perder una buena noticia (ver El periodístico festín de hienas del suicidio del General Tojo). En estos momentos convulsos en que los medios de (des)información no dudan en ponerse en favor de quien más les conviene, haría bien en ser crítico con todos ellos, ya que no dudarán en vestirle la realidad como mejor les venga para, luego, hacer con usted lo que les plazca.

Y eso, no es una “posverdad”, sino una verdad absoluta.


Útil monumento a un héroe inventado

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