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lunes, mayo 22, 2017

Khodinka 1896, cuando hambre y postureo se unieron mortalmente

Campo de Khodynka
Campo de Khodynka
El hecho de encontrarse en medio de cualquier aglomeración humana, ya sea de una manifestación, de la salida de un partido de fútbol, o de un sábado a principios de mes en cualquier centro comercial es, para mí, una sensación, como mínimo inquietante. Y la verdad es que no es para menos si pensamos que el comportamiento humano, en un momento de emergencia, deja totalmente aparcado su raciocinio y actúa como si de una estampida de ñus se tratara. Es decir, "tonto el último". Este comportamiento que de racional tiene poco pero mucho de animal, hace que en cualquier concentración, como haya la más mínima señal de peligro la gente se mate literalmente por huir de allí, aún a pesar de no conocer la amenaza, ni de si es real o no. Ejemplos hay a patadas, ya sea en campos de fútbol o en manifestaciones donde hay cargas policiales, en que la muchedumbre no duda en llevarse por delante a cualquiera que se encuentre en el suelo. Sin embargo, hubo una estampida humana en Rusia que se llevó la palma porque el detonante fue un simple rumor y porque las consecuencias fueron, sencillamente, terroríficas. Me refiero a la tragedia de Khodynka.

Recuerdo de la coronación
Recuerdo de la coronación
La Rusia de los Zares de finales del siglo XIX, vista desde la lejanía del tiempo, era una mezcla entre la Edad Media más oscura y el postureo más decadente del Despotismo Ilustrado, donde la aristocracia asociada al zar se llevaba todo lo bueno (todo) y, como no podía ser de otra forma, el común de los mortales las pasaba peor que el se tragó las trébedes. Y no estoy exagerando: los rusos pasaban hambre. Mucha hambre.

Coronación de Nicolas II
Coronación de Nicolas II
En este contexto social en que la Ley del Embudo funcionaba a la perfección en beneficio de los nobles, los fastos de conmemoración de la coronación del zar Nicolás II el 26 de mayo de 1896 (para los rusos, como seguían el calendario Juliano, era el 14 de mayo) tendrían que ser de una ostentosidad tan grande como lo era el territorio ruso. Es decir, tremebundo. Y para ello se decidió que el sábado día 30 de mayo (su día 18) se haría en Moscú una gran celebración para el populacho en los llamados Campos de Khodynka, un solar de 1 km2  situado al noroeste de la ciudad.

Comida y actuaciones gratis
Comida y actuaciones gratis
En este espacio inmenso, los gerifaltes rusos decidieron instalar teatros donde se harían actuaciones en directo, tiendas de venta de diversos tipos, 20 chiringuitos que repartirían cerveza gratis y unos 150 puestos desde donde repartir a la gente un pack con diverso merchandising de la que acabaría por ser la última coronación de un zar en Rusia. Un pack que consistía en un vaso de metal esmaltado con motivos zaristas, 1 libra de pan (unos 450 g), media libra de salchicha (unos 200 g), un pan de jengibre de unos 150 g, unos 350 g de chuches y varios recuerdos de la boda. Obvia decir que, en un país donde la hambruna entre las clases populares estaba cronificada, el conocer que se iba a repartir comida gratuitamente desató la pasión por no perderse el evento.

Vaso conmemorativo
Vaso conmemorativo
A pesar de que la apertura del recinto estaba programado para las 10 de la mañana de aquel día 30, tal fue la locura por poder recoger los presentes prometidos que a las 0 h del día 30, ya se acumulaban más de 200.000 personas. Cifra que quedó en una mera anécdota cuando unas 500.000 almas se agolpaban a las 5 de la mañana sobre las débiles cercas de madera que limitaban Khodynka. Los 1.800 cosacos encargados de mantener el orden se vieron totalmente desbordados y más cuando circuló el rumor de que no habría suficientes regalos para todo el mundo. La muchedumbre enloqueció.

En vistas del follón que había entre la gente por poder entrar cuanto antes mejor, la organización decidió abrir las puertas a las 6 de la mañana, lo que produjo una brutal estampida por alcanzar los chiringuitos donde se repartía la comida (no fuera que se acabase, claro). Sin embargo, se encontraron con una trampa añadida: el propio solar.

¡Que se acaban! ¡Que se acaban!
¡Que se acaban! ¡Que se acaban!
Khodynka, a parte de un solar muy grande a las afueras, era un campo de entrenamiento del Ejército ruso, por lo que estaba lleno de trincheras, pozos de cierta profundidad tapados con planchas e incluso tenía un barranco de un torrente cercano. En circunstancias normales no hubiera pasado nada, pero en un momento de estampida masiva y desbocada de gente, aquello se convirtió en una auténtica ratonera.

Víctima pisoteada hasta la muerte
Víctima pisoteada hasta la muerte
Las miles de personas a la carrera se encontraron con las trincheras cayendo a ellas por centenares, lo que provocó la muerte por aplastamiento de todo aquel que no era lo suficientemente rápido para salir y evitar lo que se les venía encima, pero no solo eso. Las planchas que sellaban (poco y mal) los pozos cedieron por el peso del inmenso gentío que se apiñaba alrededor de los enclenques kioskos que repartían los regalos reales, lo que hizo que la gente, desesperada por coger la comida cayera en masa, muriendo dentro de ellos, ya no tanto por la caída como por el continuo impacto de los cuerpos que les caían encima. Khodynka quedo lleno de cuerpos aplastados y prácticamente irreconocibles.

Según cifras oficiales, hubo 1.389 víctimas mortales y más de 1.300 heridos, si bien de forma extraoficial se comentó que fueron entre 4.000 y 5.000 muertos y otros tantos heridos.

Centenares de personas aplastadas
Centenares de personas aplastadas
Las autoridades, al frente de las cuales se encontraba el tío de Nicolas II, el Gran Duque Serguei Alejandrovich, que era el Gobernador General de Moscú, al enterarse de la tragedia, decidieron silenciar lo ocurrido y, deprisa y corriendo, recoger todos los cadáveres lo más rápidamente posible (los bomberos sacaron 40 cuerpos de uno de los pozos) y deshacerse de ellos en el mismo día. De esta forma, cientos de cadáveres se enviaron a sus puntos de destino y el resto se enterraron en un cementerio cercano al lugar de la tragedia, donde se habilitaron 1.800 tumbas y diversas fosas comunes. Se tenía que borrar cualquier rastro de la catástrofe, y se hizo.

Quedaba feo avisar de la tragedia
Quedaba feo avisar de la tragedia
En paralelo, Nicolas II seguía con la apretada agenda de sus celebraciones en el Kremlin ignorante del drama sucedido, y no fue hasta las 10 de la mañana en que fue informado del tumulto y de sus consecuencias. Apesadumbrado, se dirigió a las 12 hacia Khodinka con su esposa (Alexandra Feodorovna) pero, a parte del casi medio millón de personas que se agolpaba esperando sus obsequios -muchas de las cuales ni se habían enterado de lo que había pasado- y el poder ver al nuevo zar saludando a la plebe desde el pabellón habilitado para ello, no vio absolutamente nada.

Invitación a la coronación
Invitación a la coronación
La corte decidió seguir con la agenda prevista por el monarca a fin de no enturbiar aún más "tan feliz" día, y después de la comida con la reina madre, a las 8 se encaminó a la embajada de Francia donde se organizó un baile de gala con toda la flor y nata de la aristocracia y los representantes diplomáticos internacionales. Nicolas II se planteó el suspender los actos debido a la tragedia, pero tanto su camarilla como la embajada francesa le presionaron para que no las suspendiera por lo que había costado organizarla y para evitar un conflicto diplomático. Las víctimas daban lo mismo, y los 1.000 rublos por familia para los heridos (que se redujeron a pagar 90.000 rublos a los afectados), ya eran suficiente compensación... ¿para qué más? El nuevo zar claudicó y siguió con los fastos.

Sergei Alexandrovich
Sergei Alexandrovich
Cuando la opinión pública rusa se enteró de lo sucedido, se indignó y pidió enseguida la cabeza de los responsables de aquella catástrofe, lo que significaba la destitución inmediata, por incompetencia, del conde Vorontsov-Dachkov y de su tío Serguei Alexandrovich en tanto que organizadores de los actos. El inconveniente es que formaban parte de la familia real (todo quedaba en casa) y ante el peligro de que fueran castigados, diversos integrantes de la familia con cargos en el gobierno se plantaron ante Nicolas II y amenazaron con dimitir todos ellos si eran destituidos. Como era de prever, los únicos que pagaron por las muertes de Khodynka fueron algunos mandos intermedios que fueron los chivos expiatorios del desastre.

Galleta conmemorativa
Galleta conmemorativa
La tragedia de Khodynka conmocionó al pueblo ruso y abrió los ojos de forma brutal, a la necesidad de derrocar aquel régimen que se las daba de avanzado y moderno, pero que mantenía a su población en condiciones miserables. Más de uno consideró aquel incidente como un mal augurio para el reinado de Nicolas II; mal augurio que se confirmó en 1917 con la Revolución Rusa y en 1918 con el asesinato de toda la familia real.

Un ejemplo más de que las masas, sea en el sentido que sea, siempre son temibles. Siempre.

Entierro de los muertos del Campo de Khodynka
Entierro de los muertos del Campo de Khodynka

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domingo, mayo 14, 2017

Eurovision 2017: Un gallo, 5 puntos y últimos

Patética, ridícula, bochornosa... y tal vez me quede corto con los adjetivos que puedan calificar la actuación de España en Eurovisión de este año. Vale que Ucrania esté en guerra con los rusos y le hayan vetado a la representante rusa, pero lo del catalán Manel Navarro en Kiev es como para que Rajoy se encuentre encima de su mesa una declaración de guerra en toda regla de los ucranianos tras el penoso espectáculo que se ha podido ver en tierras ucranianas... y encima perpetrado por un catalán. Si nos tenían poca inquina, de esta o nos meten la Brunete por la Diagonal, o nos dan la independencia ipso-facto.

La canción "Do it for your lover", mala con avaricia usurera, ha quedado última con 5 míseros puntos. No ha sido el cero absoluto (honor que ostenta Remedios Amaya con "Quién maneja mi barca"), pero en una edición en que se repartían más puntos que los que reparte el DIA al cabo del año (jurado y televoto votaban por separado), 5 puntos es más indigno si cabe.

La canción, que puede ser perfectamente la sintonía mala de una cerveza de tercera, estaba interpretada por un grupo que parecía ser un grupo de amiguetes que se van a la playa a tocar la guitarra y a fumarse sus porretes. El gallo más grande que el gallo Claudio que se ha marcado Manel Navarro, ya ha asustado definitivamente a todos sus potenciales votantes, llegando al caso de que no le ha dado puntos ni tan solo Portugal... y cuando se llega a estos niveles, la hostia que se presagiaba tenía que ser de órdago y, así ha sido: el 26º. ¡Ole tú, chaval!

Conforme iban avanzando las puntuaciones de los jurados y en viendo que España no rascaba un punto, Iñigo y Luisa Varela han decido no hacer ni un comentario sobre la situación, y si bien en el furgón de cola se iban aguantado a cero con la representante alemana (pesa demasiado ser del Big Five, ver Eurovisión 2016: el handicap de ser del Big Five), unos ínclitos 3 puntos otorgados a traición ha dejado a los alemanes por encima. España pasaba a ser el peor de los 26 y a pesar de eso... mutis por el foro. Es de suponer que la vergüenza ajena ha podido con los presentadores. Con todo, el colmo ha llegado con el hecho de ni tan sólo hacer la tertulia final post-concurso. Colofón final a un auténtico despropósito al que, por desgracia estamos demasiado acostumbrados.

¿Y el concurso? Aunque parezca mentira, el resto de países también ha participado, si bien este año ha sido un tanto extraño, ya que, al contrario de otros años, no han habido canciones que destacaran excesivamente. La tendencia a hacer un espectáculo para agradar al público LGTBI (grandes votadores del concurso) a base de tíos buenorros y de tías  macizorras, ha hecho que los participantes fueran excesivamente parecidos (Suecia, Chipre, Austria e Israel eran intercambiables entre sí), por lo que el representante portugués -Salvador Sobral- con una balada con alma de fado, bastante ñoña para mi gusto, ha resaltado lo suficiente como para llevarse de calle el festival con 758 puntos por encima del representante búlgaro (615).

Personalmente, creía que Suecia (5º), junto con Gran Bretaña (15º) e Israel (23º) estarían por la banda alta, y aunque la discotequera canción "Hey Mamma!" de los moldavos Sunstroke Project me gustaba, no creía que fuera a estar muy arriba. Curiosamente, así ha sido durante las votaciones de los jurados, aunque con el televoto se ha remontado hasta la 3ª posición. Bien por ellos.

Destacable también el representante croata, Jacques Houdek, un émulo de Pavarotti que, con doble personalidad, cantaba tanto en falsete como en tenor una canción que parecía ser de Frozen; el cantante húngaro de etnia gitana, Joci Papái, que ha cantado una pieza muy sentimental y étnica pero que no ha enganchado al personal; el Adriano Celentano payasete del representante italiano, y la pareja rumana, que a base de gorgorito tirolés un tanto estridente y cansino, ha conseguido hasta la 7ª posición. Australia, con Isaiah -un joven cantante aborigen- y una canción melódica muy sentida, ha dado el punto exótico a una edición que no pasará a la historia por su calidad o por sus grandes "hits".

...excepto por el tremendísimo gallo de Manel Navarro, claro está.


¡Ole tú, chaval! ¡Ole tú!

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