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lunes, mayo 30, 2016

La Torre del Rellotge de Barcelona, donde paralelos y meridianos se dan la mano

La Torre del Rellotge
Uno de los mayores atractivos de Barcelona sobre un mapa es su llamativa cuadrícula ortogonal que une todos los antiguos pueblos (hoy barrios) que ocupaban el Llano de Barcelona desde el Tibidabo hasta el mar. Esta cuadrícula, conocida como Eixample (Ensanche) y que no es más que la degeneración de lo que en su momento había sido el idealizado proyecto de Ildefons Cerdà, determinó el nacimiento de toda una serie de calles largas y anchas que en la actualidad conforman el meollo de la Ciudad Condal. Y entre todo el marasmo de calles verticales y horizontales, destacan dos muy conocidas pero que no siguen la cuadrícula: la Avinguda del Paral·lel (Avenida del Paralelo) y la Av. Meridiana, cuyos nombres corresponden al trazado de sendos paralelos y meridianos. Ahora bien, a todo paralelo le toca cruzarse con algún meridiano, pero en Barcelona son calles alejadas que no  intersectan en ningún sitio... aunque no se lo acabe de creer, porque hay un punto de la ciudad en donde el Paralelo y la Meridiana se encuentran: La Torre del Rellotge.

Joris Prosper Van Verboom
La Torre del Rellotge (la Torre del Reloj, en castellano), en la actualidad pasa desapercibida para los millones de turistas que pasean por Barcelona cual pollo sin cabeza. No obstante, a poco que se fije, en medio del Muelle de Pescadores (frente a las instalaciones del Maremagnum, si le sirve de referencia) observará una torre de unos 17 metros de alto que destaca por tener 4 relojes encarados a cada uno de los puntos cardinales. ¿Relojes en medio del puerto? No se apure, tiene su razón de ser.

Después de caída Barcelona en el 1714 a manos de Felipe V, las obras públicas de la ciudad pasaron básicamente por humillar la ciudad tras su derrota (ver Moragues, 12 años de humillación, 300 años de recuerdo) y adaptarla a las necesidades militares del momento (ver Quarts de Casa, los históricos cuchitriles de la Barceloneta).

En esta situación, el desarrollo del puerto de Barcelona, pasó a ser prioritario, habida cuenta el creciente movimiento del mismo y los constantes problemas de encenagamiento que tenia (ver Maians, una isla delante de Barcelona). Fue por ello que en 1743 el ingeniero holandés Próspero de Verboom diseñó una prolongación del muelle principal, al final del cual ubicar un faro que marcase la entrada al recinto portuario. Empero, no fue hasta 1772 que, tras diversos diseños propuestos, se llevó a cabo el que vemos en la actualidad.

El faro a finales del s.XIX
La Torre del Reloj consta de una base en forma troncopiramidal de 4 caras, con una decoración que recuerda bloques de sillería (aunque no lo sean) en la cual se ubica la entrada principal a la torre. A partir de aquí, formando una pequeña terraza, se levanta lo que diríamos la torre verdadera, la cual, mediante escalera de caracol, accede al cuerpo cuadrado en el cual se encuentran hoy los diferentes relojes, pero que en el momento de su construcción formaban la linterna del faro. Faro que estuvo activo hasta 1904, cuando debido a una ampliación del puerto, éste quedó sin utilidad en beneficio del recién construido Faro de Montjuïc, siendo instalados los relojes que le son característicos y que le dan el nombre. Pero... ¿dónde metemos la Meridiana y el Paralelo? Que no panique el cundo...

Faro reconvertido
En 1791, la Academia Francesa de las Ciencias decidió acotar el meridiano que, pasando por París, iba desde Dunquerque hasta Barcelona, para poder determinar la longitud exacta del metro (la medida de longitud, no me sea zote). Así, triangulando que triangularás, Pierre François Méchain fue bajando hasta llegar en 1798 a la punta del Muelle de Poniente de la Ciudad Condal, donde el faro coincidía exactamente con el Meridiano de París, convirtiéndose en la última medida que tomaría para determinarlo.

Ildefons Cerdà
Pasado el tiempo, las necesidades de expansión de Barcelona hicieron que se derribaran las murallas y, desde el Ayuntamiento, se organizase un concurso para encontrar un proyecto urbanístico que observara la unión urbanística entre todos los pueblos del Llano de Barcelona.

Se presentaron 13 proyectos, ganando en 1859 el presentado por Antoni Rovira i Trias por unanimidad, pero como mandaba el Ministerio de Fomento, y a éstos le gustaba más el de Cerdà, pues ahí que lo endiñaron, a pesar del rebote que cogió todo el mundo en Barcelona (Madrid, siempre haciendo amigos...).

Intersección de lineas terrestres
Total, que Cerdà, quiso hacer una de las entradas principales de la ciudad aprovechando el meridiano determinado por Méchain medio siglo antes. Así, de esta forma, a la vez que hacía una avenida principal, hacía un homenaje al papel principal de Barcelona en la determinación de este meridiano y, con él, la del metro. Pero todo meridiano tiene su paralelo, y Cerdà, aprovechando la existencia del meridiano, y la necesidad de hacer morir su cuadrícula a pies de Montjuïc de una forma congruente, proyectó una vía que seguiría el paralelo 41º 22' 34”. Paralelo el cual pasaba rozando la montaña y coincidía con el que intersectaba el Meridiano de París en el entonces aún Faro de Barcelona, tiempo a venir, Torre del Rellotge.

Totalmente desapercibida
Así las cosas, dos avenidas principales de la ciudad, una por la que pasa un meridiano y otra por la que pasa un paralelo se encuentran en un punto emblemático del puerto de la capital catalana. Una torre que, escondida en el tumulto caótico de la gran ciudad, aparece como modesto símbolo del punto de encuentro que, de norte a sur y de este a oeste, desde siempre ha caracterizado la vida de esta gran ciudad que es Barcelona.




La Torre del Rellotge, donde paralelos y meridianos se dan la mano

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viernes, mayo 27, 2016

Fernando VII y la populista promoción de los toros

Una mera cuestión política
Resulta chocante ver cómo las administraciones, durante los últimos tiempos, han sido reticentes a prohibir las corridas de toros, a pesar de las voces -cada vez más altas- contra “la fiesta” y ante la absoluta indiferencia de una gran mayoría. Es justamente por el hecho de mantenerlas activas a capa y espada, en un mundo en que la violencia contra los animales produce más repulsa a cada día que pasa, que, escudados en el mantenimiento a ultranza de una tradición, cada vez queda más patente el papel meramente político de la promoción del toreo. Y por si hubiera alguna duda, simplemente hay que ver las razones por las que, después de la prohibición total de las corridas por parte de Carlos IV, su hijo Fernando VII las volvió a instaurar y, no solo eso, sino que las promocionó activamente al mismo tiempo que cerró todas las universidades españolas durante dos cursos. Curioso cuando menos.

Prohibición de 1805
Cuando en 1805 el rey Carlos IV decidió aplicar en serio la ley que desde 1771 prohibía las corridas de toros con muerte por “poco conformes a la humanidad que caracteriza a los Españoles, causan un conocido perjuicio a la agricultura por el estorbo que oponen al fomento de la ganadería vacuna y caballar, y el atraso de la industria por el lastimoso desperdicio de tiempo que ocasionan en dias que deben ocupar los artesanos en sus labores”, no se produjo ninguna conmoción social. De hecho, los toros solo se celebraban en aquellos sitios donde la administración había dado permisos en razón de una costumbre tradicional documentada, mientras que en el resto del país simplemente no se celebraba. El follón producido por la Guerra de la Independencia pocos años después tampoco no ayudó a dar vidilla a las corridas, debido a que bastante faena tenían los españoles en su día a día en medio de una confrontación militar como para dedicar esfuerzos a unos espectáculos que, además, estaban prohibidos.

Fernando VII
No fue hasta 1814, con la vuelta de Fernando VII al poder y, con él, del absolutismo más rancio y casposo (ver ¡Muera la libertad!... y no era una broma) que, en su afán de deshacer el camino de obertura de la Constitución de Cádiz de 1812 y de volver al statu quo anterior, derogó las leyes antitaurinas promulgadas por su padre y abuelo. No obstante, también le vio la utilidad populista.

Espectáculo sangriento
Los toros, por aquel entonces, a diferencia de los de hoy en día, eran auténticos baños de sangre, en los que no sólo caían los toros, sino que los caballos de los picadores, sin ningún tipo de protección, eran corneados con total alegría.

Este espectáculo, más cercano a las luchas de los circos romanos que a otra cosa, no eran muy del agrado de la élite ilustrada, por lo que la prohibición se veía como algo positivo. Sin embargo, los toros eran de los pocos espectáculos de masas que había en aquel momento, por lo que atraía la atención de la gente como si fueran moscas.

Herramienta política
Fernando VII, en su intención de atraerse el cariño del pueblo tras su vuelta y, de paso, distraer la atención sobre los problemas y restar apoyos a los liberales (el conocido “pan y circo” de los romanos), derogó las prohibiciones que caían sobre las fiestas taurinas que implicaban la muerte del toro o del novillo. De esta forma, los españoles eran libres de organizar libremente tantas corridas como quisieran. O lo que es lo mismo: más corridas, más entretenimiento y menos problemas para el gobierno.

Las corridas, de esta forma, se empezaron a extender, pero de una forma muy limitada, habida cuenta que la prohibición había hecho bajar la profesionalidad de los toreros y, por tanto, la calidad del toreo y del espectáculo en general. Ello se tradujo en una gran cantidad de percances con los diestros, los cuales llegaban a morir en las corridas por simple falta de conocimientos en el arte que, supuestamente, dominaban.

Las cogidas eran frecuentes
Ante esta situación de decadencia, la necesidad de crear una escuela donde se enseñaran los principios básicos del toreo se hacía imprescindible. Y más, si se pretendía una mejora del espectáculo que permitiera su mantenimiento como distracción social y, por ende, su uso como bálsamo calmante de la ominosa década que Fernando VII estaba endilgando a la España del primer tercio del siglo XIX.

Así las cosas, el 28 de mayo de 1830, entraba en vigor un Real Decreto por el cual se creaba el Real Colegio de Tauromaquia de Sevilla, primera institución oficial dedicada al mantenimiento y promoción del arte del toreo en España. Institución que, hospedando una decena de alumnos y auspiciada por el Conde de la Estrella, contó entre sus primeros profesores con el afamado torero Pedro Romero el cual tenía 76 años entonces. No obstante, en poco tiempo se vio que la medida no estaba errada. Y es que a Fernando VII se le estaban poniendo extremadamente mal las cosas.

La revolución vence en París
El  26 de julio de ese mismo año, Francia se levantaba en armas contra Carlos X debido a su pretensión de implantar una serie de leyes encaminadas a recortar la libertad de prensa. Recortes que hemos de ver encuadrados en el intento de seguir el camino del cangrejo que su pariente borbónico Fernando VII estaba llevando a cabo en España.

La revolución, con el apoyo de los estudiantes universitarios franceses y la intelectualidad relacionada con ellos, derrocó al Borbón francés y provocó una oleada de liberalismo por toda Europa -Francia, Bélgica, Portugal, Italia, Polonia...- dejando aislada a la corona española. Fernando VII, por mucho que gastara un trabuco del quince (ver Fernando VII, el Borbón que competía con el negro del Whatsapp) realmente los tenia por corbata.

Francisco Tadeo Calomarde
Conociendo que la élite intelectual española en el exilio estaba tomando posiciones en Francia para pasar a España, el rey, de la mano de su impopular ministro de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo Calomarde, ordena suspender las clases en las universidades españolas. Decreto que tiene la finalidad de dificultar en lo posible la conspiración contra su persona, ya que sabía que el entorno universitario estaba moviéndose en contra de sus reales posaderas. De esta forma, poniendo las barbas a remojar en vistas de que sus vecinos las tienen ardiendo, el 12 de octubre de 1830, decreta el cierre de todas las Universidades, suspendiendo las clases durante casi 3 años (dos cursos, vaya).

Pan y toros
De esta forma, Fernando VII, por un lado promocionaba el “panem et circenses” de las corridas de toros como forma de mantener a las masas más o menos entretenidas y, por otra, suspendía las enseñanzas superiores, habida cuenta que su principal amenaza no venía del ignorante pueblo bajo, sino, justamente, de las élites ilustradas las cuales eran conocedoras de los aires libertarios que soplaban cual huracán en el resto del continente.

En conclusión, que posiblemente no hubiera una intención real de que la enseñanza de la tauromaquia supliera a la educación universitaria, a pesar del miedo profundo al colectivo más culturizado del país. Sin embargo, lo que no se puede negar es que Fernando VII vio en los toros una forma de hacer populismo, a la vez que evitaba que los españolitos tuvieran la mente en otras cosas.

Una forma de manipulación de la sociedad por lo bajini que, con la excusa de la tradición y los “valores patrios", se ha mantenido por los gobiernos posteriores de forma constante hasta la actualidad pese a que, hoy en día, el papel de los toros de antaño ya lo ejercen el fútbol, las carreras de coches, los videojuegos y la telebasura.

Para recapacitar.

La herramienta política de la promoción del toreo

Webgrafía

lunes, mayo 23, 2016

Betty Lou, el Empire State y un milagro de récord Guinness

Empire State en llamas
El ser humano, en su infinito egocentrismo, tiende a pensar que cuando le pasa alguna cosa mala es porque las estrellas, los planetas y los dioses se han confabulado -no se sabe cómo- todos contra él, sin pararse a pensar en que, la mayoría de veces, somos nosotros con nuestros vicios y malas elecciones, los que nos tiramos piedras a nuestro tejado. Con todo, no siempre pasa así y algunas veces parece que realmente se han puesto de acuerdo, pero no para fastidiarnos, sino para protegernos. Tal fue el caso de una ascensorista del Empire State de Nueva York, la cual tuvo la tremenda suerte de escapar de la muerte, no una sino dos veces en el mismo día, llegando a salir en el Libro Guinness de los Récords por ello. Acompáñeme y le explico la historia de Betty Lou Oliver. No le dejará indiferente.

B-25 Mitchell
Cuando el 11 de septiembre de 2001 los aviones impactaron contra las Torres Gemelas, no era la primera vez que los rascacielos neoyorquinos tenían que lidiar con el impacto de un avión de grandes dimensiones. No. Años atrás, el 28 de julio de 1945, acabada la Segunda Guerra Mundial en Europa, y aún abierto el flanco del Pacífico con un Imperio Japonés luchando contra los aliados como gato panza arriba, un bombardero B-25 decidió estamparse contra el más emblemático de sus rascacielos: el Empire State Building.

Boquete del impacto
El avión, de 20 metros de anchura de alas, 16 metros de longitud y 5 metros de altura, con una tripulación de 3 personas, se dirigía en un vuelo rutinario de transporte de tropas al aeropuerto de Newark Liberty, a unos 25 km de Nueva York, cuando, debido a una intensa niebla que reducía la visión a cero, el piloto erró la trayectoria y se empotró contra el piso 79 del Empire State a 300 km/h.

El impacto fue brutal. El bombardero, al chocar contra la fachada norte del edificio, produjo una bola de fuego debido a la explosión de los depósitos de combustible. Explosión que atravesó todo el piso, matando a los tres tripulantes y a once personas más que estaban trabajando en aquel momento en las oficinas, y a muchas de las cuales dejó achicharradas cual pollos a l'ast. Y es que, la violencia del impacto fue tal que uno de los motores atravesó 6 paredes y, saliendo por la fachada contraria (la sur), destruyó un taller de un artista ubicado en un ático de un edificio cercano. El otro (el B25 era bimotor) cayó por el hueco de un ascensor, al igual que uno de los tripulantes, el cual fue encontrado en el fondo de otro hueco dos días después.

Destrozo interior de la planta
En ese preciso momento, la ascensorista de 19 años Betty Lou Oliver estaba detenida en el piso 80, cuando la tremenda explosión en el piso inferior la expulsó violentamente del ascensor, produciéndole quemaduras y heridas de diversa consideración. De esta forma, envuelta por el fuego proveniente de la planta de abajo, junto a otros trabajadores que estaban en aquel momento en las oficinas de aquel piso, esperaron los equipos de rescate, los cuales, para su fortuna, no tardaron en llegar.

Portada del New York Times
Los rescatadores, al ver el lamentable estado de Betty, decidieron que la mujer tendría que ser evacuada a un hospital en ambulancia. No obstante, para evitar tener que bajar a pie los 1.575 escalones que la separaban de la entrada, no se les ocurrió una mejor cosa que meterla en otro ascensor para que bajase más rápidamente. Y vaya si bajó.

Bajaba sin novedad el ascensor cuando, por el piso 75, los equipos de rescate escucharon un chasquido violento. Los cables habían sido dañados por el impacto del B-25 y, ante el peso de la caja del ascensor, restallaron como un látigo en el momento de romperse. El elevador, con la infortunada Betty Lou Oliver en su interior, había iniciado una caída libre en vertical de más de 300 metros. El ascensor se dirigía a una velocidad endiablada hacia una muerte segura.

Vestíbulo de ascensores
Después de unos segundos de descenso incontrolado, los equipos de emergencias que estaban en las primeras plantas fueron alertados de que algo grave estaba pasando cuando, mezclados con el agudo silbido del aire comprimido desplazado por la cabina, escucharon los denodados gritos de terror de la ascensorista. El estruendo tremendo del choque del ascensor contra el suelo del subsótano les confirmo sus peores sospechas.

Betty Lou y su novio
Cuando llegaron al lugar del impacto, los equipos de rescate vieron el amasijo de hierros, cables y cascotes del ascensor y, tras hacer un agujero en la cabina, pudieron sacar el cuerpo de Betty Lou, sorprendente e inesperadamente, con vida. Un verdadero milagro que le sirvió para entrar de pleno derecho en el Libro Guinness de los Récords como la persona que ha sobrevivido a la caída en ascensor desde más altura documentada.

Milagros a parte (a ver cuanto tarda en salir el cachondo de turno, que nos conocemos)... ¿cómo pudo pasar que la ascensorista se salvara tras 300 metros de caída libre con “tan solo” las piernas y la espalda rotas? Los investigadores difícilmente se lo explican.

Un verdadero milagro
La teoría más aceptada apuesta por que la bajada a todo trapo del ascensor por un hueco que era poco más ancho que él hizo que el aire que le precedía se comprimiera, actuando como un cojín que ralentizó la caída. A esto se le tendría que añadir el cable de compensación, que colgando del suelo de la cabina, al llegar al final hizo de improvisado colchón de recepción, lo justo como para evitar la muerte de la muchacha.

Betty Lou Oliver que, para más inri, era el último día que estaba en aquel trabajo porque había llegado su novio de la guerra y se iba a casar con él, estuvo, finalmente, 4 meses ingresada para sanar de sus heridas. Período pasado el cual, con un par de ovarios, no dudó en volver a subir al ascensor que casi acaba con su vida. Una vida a la que, como la de la persona que escapó de las 2 bombas atómicas (ver La extraordinaria suerte (o no) del hombre que nació tres veces) o la del que sobrevivió a una caída de 5.500 m. sin paracaídas (ver De cómo Nick Alkemade cayó 5500 metros sin paracaídas y sobrevivió para contarlo), si algo no le faltó, fue suerte.

¿Y aún se queja de la suya?


Esquema del impacto del B-25

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viernes, mayo 20, 2016

La belleza escandinava de los bereberes de ojos azules

Bellísimos ojos azules
Cuando hace unos años el mundo andaba revolucionado con la extraña desaparición en el sur de Portugal de la niña inglesa Madeleine McCann, la gente, en su afán de ayudar a encontrarla, avisaba de la presencia de niñas de similares características (4 años, pelo rubio y ojos azules) por un montón de sitios. Todos estos avistamientos acabaron siendo falsas alarmas, y de hecho, de la pequeña nunca más se supo, pero uno de estos falsos encuentros llamó especialmente la atención de los medios de comunicación porque se produjo en una aldea bereber del norte de África. ¿Una niña rubia como el oro y de ojos azules en medio de Marruecos? Sin duda tenía que ser la desaparecida. Al final resultó que era totalmente nativa, pero el incidente sirvió para que la gente se enterara de que, lejos de los estereotipos de que en el Magreb solo hay gente morena de pelo ensortijado, resulta que existen -y no pocos- magrebíes de pelo y ojos claros. Aunque... si son de raza árabe ¿cómo puede ser que haya tal profusión de personas rubias? Pues, aunque le parezca mentira, su origen lo hemos de buscar en un lugar tan alejado del Atlas como el sur de Suecia. Ahí es nada.

Bereber rubio
Un amigo de origen marroquí me contaba hace tiempo de un buen amigo de juventud que tenia especial éxito con las mujeres debido a que era rubio y de ojos verdes, llamando poderosamente la atención de las féminas de los alrededores de Meknes.  Éxitos o fracasos pelando la pava a parte, el hecho resulta significativo de que, si bien la norma dice que los pobladores del norte de África son morenos, hay una nutrida colonia nativa que podría pasar perfectamente por europeos nórdicos por su aspecto físico. Y, aunque nos hemos de remontar en la Historia, tal vez no estemos tan desencaminados...

En azul, la migración vándala
Según los investigadores, los ojos azules son un “invento” relativamente reciente que se produjo en la zona Báltica hará entre 6.000 y 10.000 años como mutación de un gen. Esta mutación se manifiesta en lo que podríamos llamar un albinismo parcial del iris del ojo, impidiendo que tenga el color marrón que le sería propio y adquiriendo las tonalidades claras que conocemos. El cabello rubio, por su parte, tendría un origen similar y durante las mismas fechas, aunque se piensa que es una respuesta de la piel a la menor insolación de la zona ribereña del mar Báltico. Sea como sea, los grupos humanos que habitaban esta zona, tenían (y aún tienen) una gran proporción de rubios y ojos claros.

Genes bálticos
Uno de estos pueblos, los vándalos, radicados en la parte sur de la península Escandinava, por causas que se desconocen, hacia el siglo II a.C. decidieron moverse hacia el sur, ubicándose en la región actualmente polaca de Silesia. Al pasar de los siglos, la presión demográfica, la decadencia del Imperio Romano y los conflictos con otros grupos germánicos (especialmente los hunos) hicieron que los vándalos se movieran hacia el oeste, llegando hacia el 400 d.C a la Galia y en pocos años más, atravesaran los Pirineos.

A partir de aquí, una parte del pueblo vándalo se dirigió hacia el norte de la península Ibérica y otra parte se dirigió hacia el sur, atravesando en el año 429 el Estrecho de Gibraltar y ocupando toda la zona costera mediterránea del Magreb.

La niña podía pasar por inglesa
Así las cosas, tras sólo 10 años, en el 439 fundaron lo que se dio a llamar el reino de los Vándalos tras conquistar, sin lucha, la ciudad de Cartago.  Y es que cuentan los cronistas que cuando llegaron las tropas vándalas a la ciudad, la mayoría de sus habitantes estaban en el hipódromo viendo las carreras de caballos. Realmente muy preocupados por invasiones no debían de estar los cartagineses del momento. 

El control por parte del pueblo vándalo de lo que hoy sería la zona costera de Argelia y de Túnez, le proporcionó el control también de amplias zonas de tierras fértiles que enriquecieron la economía del nuevo reino. Auge de la economía que le dio alas para, desde el norte de África, atacar y controlar las Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia, llegando a saquear Roma en el 455 d.C. cosa que contribuyó a que el Imperio Romano acabara cayendo definitivamente poco tiempo después (ver Rómulo Augústulo, el último emperador romano).

Reino de los Vándalos
De esta forma, durante un siglo, el Magreb estuvo controlado por el Reino cristiano de los Vándalos, con lo que ello significa de entrar en contacto (y en lucha) con los pueblos bereberes nativos de la zona, los cuales también eran cristianos. Sin embargo, el follón político en el área mediterránea era de los que hacían impresión y la presión de los ostrogodos en Sicilia, los bereberes por el interior y el expansionismo de Bizancio viniendo del este, hicieron que el reino vándalo cayera en el 534 a manos de los bizantinos, significando el fin de este reino norteafricano.

Vikingo berebere
La entrada en tropel de los bizantinos, por su parte, hizo que toda la población de etnia vándala (ergo predominantemente rubia y de ojos claros) tuviera que huir de forma caótica y apresurada hacia el interior de la cordillera del Atlas. Lugar donde los vándalos se mezclaron con la población autóctona berebere, perdiendo todo resto de cultura germánica excepto los rasgos físicos típicos de su origen nórdico. 

Belleza norteafricana
Tiempo a venir, las tropas árabes impusieron el Islam en todo el norte de África, pero los genes germánicos, cual picas en Flandes, continuaron transmitiéndose de generación en generación hasta llegar a la actualidad. Una actualidad en la que una buena parte de la población del Magreb, a pesar de la sorpresa (y no pocas veces, los prejuicios) de los habitantes de la orilla norte del Mediterráneo, lucen una sorprendente cabellera trigueña y unos bellísimos ojos azules.


¿Centroeuropeos disfrazados? No, bereberes del Magreb 

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jueves, mayo 19, 2016

La forma romana de castigar a los malos políticos: la Damnatio Memoriae

Condena de la memoria
Tras la muerte de Franco, las ganas de limpiar el agrio recuerdo de 40 años de dictadura hizo que los ayuntamientos se apresuraran a borrar todos los vestigios que de esa ignominiosa etapa de la historia quedaban por las calles. Estatuas de Franco, monumentos alegóricos al régimen, nombres de calles dedicadas a héroes franquistas... con mayor o menor rapidez y determinación según la simpatía o la antipatía popular con el personaje, acabaron por desaparecer del día a día de las ciudades. No obstante, esta situación no fue ni mucho menos nueva, ya que cuando el franquismo accedió al poder tras la Guerra Civil, hizo exactamente lo mismo con los símbolos de la Segunda República y ésta, a su vez, hizo lo propio con los símbolos monárquicos de Alfonso XIII, en una cadena de quitar y poner que se remonta hasta... ¡los romanos!. Y es que, aunque nos parezca lo contrario, en 2.000 años no hemos avanzado tanto, ya que los romanos institucionalizaron el borrado sistemático de toda la iconografía y memoria de los personajes especialmente deleznables de la sociedad. Es lo que se ha dado a llamar condena de la memoria o “Damnatio Memoriae”.

¿Dónde estaba Domiciano?
Cuando en el 211 d.C. el emperador Septimio Severo murió, dejó que sus dos hijos Geta y Caracalla llevaran el cetro imperial romano al alimón. Sin embargo, eso de tener que repartirse un imperio con alguien, por mucho que sea tu “tete”, es algo que no llevaban demasiado bien ni el uno ni el otro. En esta situación, previendo que Geta le levantara la camisa -y Roma-, Caracalla, aprovechando una reunión familiar con su madre, decidió quitárselo de en medio con una sobredosis de hierro suministrada por centuriones romanos. 

De esta forma, Caracalla pasaba a ser el único emperador de Roma tan ricamente. No obstante, el “amor” para con su hermano era tan fuerte (ejem) que, no solo se lo cargó físicamente, sino que promulgó un edicto oficial de “damnatio memoriae” según el cual se haría desaparecer el nombre y la efigie de Geta allí donde existiese la más mínima mención a su persona. ¡Y vaya si lo hizo!

Caracalla, sus padres...¿y?
Así las cosas, Geta empezó a desaparecer de todos los sitios de donde había estado hasta entonces. Monumentos, estatuas, documentos, pinturas, medallas... dejaron de mostrar la efigie del “hermanísimo” tras ser raspadas sus caras o borrados sus nombres (abolitio nominis). Incluso se llegaron a retirar monedas de la circulación porque llevaban el nombre o el perfil del difunto hermano de Caracalla, en un paroxismo de borrado de memoria que ha hecho que muy pocas imágenes inequívocamente de Geta hayan llegado hasta la actualidad. Por suerte, por mucho que se apliquen en una faena, resulta imposible ser tan sistemático como para hacer desaparecer todo rastro posible, por que si no, es posible que a estas alturas no supiéramos ni de la existencia de este personaje.

Eliminando a Saddam Hussein
Este es un ejemplo de la aplicación de la Damnatio Memoriae, que si bien es extremo y bastante cargado de mala leche, sirve para ejemplificar lo que significaba en el seno de la sociedad romana. Ahora bien, aunque este castigo oficial -de origen helenístico- ya se producía desde los primeros tiempos del Imperio, la finalidad no era tanto la de eliminar todo atisbo de memoria de los adversarios políticos vencidos, como la de eliminar la memoria de todo aquel que, por una causa u otra, resultaban de especial mal recuerdo para la sociedad del momento.

Traidores, corruptos y otros “chupópteros” enganchados cual garrapatas a la Res Pública, al morir (acostumbraba a aplicarse, sobre todo a los emperadores y altos cargos que habían salido “rana”) y tras la condena explícita del Senado romano, desaparecían del imaginario público para siempre -se llegaban a retrabajar estatuas para darles una nueva cara.

Retirada de la estatua de Jordi Pujol
De esta forma, con esta condena ejemplar se castigaba un proceder ilícito de un gobernante que atentaba directamente contra los principios de la sociedad romana del momento. Aunque, claro, si bien la idea primigenia era muy loable, no dejaba de ser una herramienta para los nuevos gobernantes, los cuales corrompían la ley y la utilizaban para eliminar la memoria de cualquier opositor o adversario, como le pasó a Geta con su hermano Caracalla.

El martillo borrador en acción
Emperadores como Calígula, Nerón, Domiciano, Cómodo, Heliogábalo... de esta manera sufrieron los efectos de la damnatio memoriae, en una práctica que, sin muchas diferencias se ha mantenido constante durante la historia posterior (ver El macabro juicio a un papa muerto... y presente) y hasta el mismo día de hoy. Día de hoy en que las leyes de Memoria Histórica siguen poniendo en el punto de mira del martillo borrador la iconografía pública de los personajes más detestables de la historia reciente de la Humanidad.


Damnatio Memoriae, la forma de castigar a los malos gobernantes

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miércoles, mayo 18, 2016

Peñón de Vélez: el patético y absurdo récord de la frontera más corta del mundo

Frontera peculiar
En esta época de crisis perpetua que parece que estamos viviendo, las fronteras se han convertido en foco de disputas y de conflicto continuo. Las diferencias insalvables entre países, culturas, ricos y pobres o de guerra y paz tienen su punto de encuentro más caliente en las zonas de contacto entre las diversas soberanías, muchas de las veces separadas por una delgada linea roja de hierro, cemento y concertinas que se elevan prácticamente hasta el cielo. No obstante hay algunas veces que las fronteras son simples puentes de peatones (ver El Marco, la aldea partida por el puente fronterizo más corto del mundo) y poca cosa más, aunque existe una frontera de la Unión Europea que no llega ni a ser eso. Bueno... de hecho no llega ni al estatus de linea roja, sino que se trata de una triste y cutre cuerda de color azul. Me refiero a la frontera entre España y Marruecos en el Peñón de Vélez de la Gomera.

Plazas de soberanía de España
Los territorios de soberanía española tales como el islote de Perejil, las Islas Chafarinas, el Peñón de Alhucemas o el Peñón de Vélez de la Gomera son aquellos relictos territoriales que, si bien en su momento podían tener un cierto interés geoestratégico, en la actualidad no tienen el más mínimo sentido más allá de su mantenimiento por puro y mero orgullo patrio. Y es que, en un mundo globalizado, donde las guerras se hacen desde drones, el hecho de mantener un destacamento militar en un peñasco aislado en el mar, lejos de las verdaderas zonas de interés, a merced de las inclemencias y de los suministros mensuales, es cualquier cosa menos inteligente. Como sea la cosa, este es el caso de los territorios antes nombrados, y los equilibrios fronterizos que los sostienen son tan inestables como las razones que justifican su mantenimiento.

Peñón de Vélez separado de la costa
Con todo, y como el rabo de un perro, por mucho que se mueva ahí permanecen en su aislamiento marino a unos pocos metros de la costa marroquí, aunque, a veces, cuando la naturaleza se pone un poco traviesa, los diplomáticos tienen más trabajo que de costumbre. Es, ni más ni menos, lo que pasó en el Peñón de Vélez de la Gomera.

Peñón de Vélez y su tómbolo
El Peñón de Vélez de la Gomera es un promontorio rocoso de 260 m de largo, entre 15 y 100 m de ancho y 90 de altura, que está situado a escasos metros de la costa mediterránea marroquí, a medio camino entre Ceuta y Melilla y frente la costa malagueña de Nerja. Este cacho de piedra edificado en su totalidad y ocupado por España desde 1564, no tiene ni agua, ni árboles, por lo que todo tiene que venir desde afuera, habida cuenta la hostilidad del vecino marroquí, que no reconoce la pertenencia a España. Y es que, por no haber, no hay ni comercio con las aldeas cercanas, de las cuales la separaba una somera lengua de mar de unas pocas decenas de metros... hasta que la naturaleza, sin encomendarse a ningún santo, hizo de las suyas.

Un simple peñasco edificado
El norte de África y la zona del Estrecho es una zona sísmica de primer orden debido al choque entre la Placa Africana y la Subplaca Ibérica. Esto produce que los terremotos de media magnitud sean poco menos que continuos.

En esta tesitura, el 9 de agosto de 1930, un fuerte terremoto de magnitud 7 en la escala de Mercalli con epicentro en Fez, sacudió el norte de Marruecos, sintiéndose en toda la costa mediterránea del país. Este terremoto, si bien no produjo grandes desastres debido a producirse en una zona rural, sí produjo una ligera variación de la linea costera. Variación que produjo que las corrientes marinas que circulaban por los bajíos ante el peñón de Vélez de la Gomera comenzaran a depositar arenas entre éste y el continente, formando un tómbolo que en 1934 había, finalmente, creado una nueva frontera terrestre (y un dolor de cabeza más) entre Marruecos y España.

Defendiendo la frontera (2012)
Mientras que el peñón había estado separado del continente, lo que pertenecía a cada uno (reivindicaciones a parte) estaba muy claro, es decir, el agua de Marruecos y la tierra de España -el peñón no tiene aguas territoriales. Sin embargo, en el momento que empezó a haber comunicación terrestre, la cosa empezó a liarse, ya que el acceso a pie tanto para un lado como para otro era factible. Y si los marroquíes eran reacios a que los españoles se acercaran, que los marroquíes se acercaran, los españoles lo eran más. No en balde, en 2012, activistas marroquíes accedieron al peñón con la intención de izar la bandera marroquí, liándosela parda a los regulares españoles, que acabaron por detener a 4 y dejando huir (a pie, claro) a otros 3.

Frontera sur de la Unión Europea
Sea como sea, una simple cuerda azul de 85 metros extendida de orilla a orilla del tómbolo se ha mostrado como la forma más patética y, a la vez, más eficaz (no hay quien la traspase sin alertar a los vigilantes de uno y otro lado) de marcar una raya fronteriza en tierra firme. Una frontera peculiar y absurda como todas que, además de separar España de Marruecos, además de separar la Unión Europea de África, además de separar el mundo desarrollado del subdesarrollado, encima, es la frontera entre dos países más corta del mundo.

En definitiva: la absurdidad hecha frontera.


La frontera más corta y más patética del planeta

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