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jueves, marzo 31, 2016

El año en que las libélulas invadieron todo un país

Migración de libélulas
En catalán tenemos un refrán que dice "A l'estiu, tota cuca viu" (En verano, todo bicho vive), haciendo referencia al hecho de que, al llegar el buen tiempo y el calor, todo parece ponerse en movimiento otra vez; los insectos, lo primero. Mosquitos, moscas, avispas, cucarachas... al abrigo de las buenas temperaturas empiezan a hacer acto de presencia, molestando lo que no está escrito, sobre todo cuando aparecen en forma de plagas. Es en esos momentos en que estás emulando al alfiletero de un sastre de tanto picotazo, cuando echas de menos a sus depredadores (ver Una solución al mosquito tigre) y en estos casos, quien tiene una libélula, tiene un tesoro, ya que se alimentan de moscas, mosquitos y otros bichos de mal vivir. Aunque, claro,... una cosa es tener unas cuantas graciosas libélulas revoloteando a tu alrededor y otra muy diferente tener una nube de libélulas tal que te ocupe 17.000 km2. Y no se piense que pasó donde Cristo perdió la zapatilla, no. Este raro fenómeno natural pasó en pleno corazón de Europa: en Bélgica.

Ocupó la mitad de Bélgica
Cuando estamos cerca de un estanque o un curso de agua, si éste se encuentra en óptimas condiciones medioambientales, no será difícil que veamos una grácil libélula posada sobre una caña, cuando no volando velozmente cual helicóptero vivo de unos pocos centímetros. No obstante, la mañana del 5 de junio del año 1900, en Bélgica se despertaron con una inesperada tormenta alada: millones y millones de libélulas estaban atravesando el país.

Libélula de cuatro puntos
A las 7 de la mañana, las regiones belgas más cercanas a la frontera alemana (provincias de Namur, Lieja, Luxemburgo, Limburgo...) notaron la presencia a una cierta altura de unas nubes grises que se movían parejas a los cúmulos existentes. Estas nubes, en realidad no eran nubes, sino que estaban formadas por millones de libélulas de 4 puntos (Libellula quadrimaculata) que se desplazaban con determinación en dirección este-oeste a una velocidad constante de unos 18 km/h. El espectáculo, como era de esperar, no dejó indiferente a nadie, aunque hacia las 8, la cosa iba a cambiar un poquito.

A partir de esta hora, la nube de libélulas decidió bajar de las alturas y seguir su camino a ras de suelo a alturas de entre 1 y 10 metros. Ello hizo que gran cantidad de pueblos y ciudades belgas se encontraran en medio del inalterable trayecto del enjambre. Por contra, el hecho de encontrarse frente a frente contra las construcciones humanas no amilanó en absoluto al inmenso ejército de bichos alados, que siguió impertérrito su avance.

Helicóptero viviente
Estos pequeños animales, con un tamaño de unos 4 o 5 cm de largo y 8 cm de anchura de alas, lejos de rodear los edificios que iban encontrando, los iban superando por altura. De esta forma, cuando encontraban un obstáculo, ya fuera un edificio o un árbol grande, no pasaban por el lado -camino más fácil- sino que tomaban altura y lo pasaban por arriba, haciendo una curiosa coreografía aérea. Coreografía tanto más espectacular cuanto mayor densidad tuviera la nube, cifrada en algunos casos en 6 libélulas por segundo, llegando a oscurecer el día.

No se sabe de donde salieron
La nube de libélulas, por su parte, iba avanzando el país de sudeste a noroeste, ocupando Bélgica central y parte del norte de Francia en un frente de unos 170 km de largo y unos 100 km de ancho que ocupaba, a efectos prácticos, la mitad del país. Esta velocidad de avance permitió a los pequeños expedicionarios llegar entre las 9 y las 11 (según testimonios) a Amberes y a Gante, respectivamente. A partir de aquí se siguieron encaminando hasta la costa donde, adentrándose en el mar,  fueron avistadas por diversos barcos en mar abierto.

Medio ambiente de las libélulas
El desfile libelular duró entre cinco y siete horas, llegando al máximo a las dos horas de comenzar el fenómeno, desapareciendo totalmente a la caída del sol. No obstante, el gigantesco desplazamiento de libélulas de cuatro puntos -el mayor documentado hasta la actualidad- no acabó aquí, sino que el día 10 de junio del mismo mes, otro enjambre de libélulas, pero esta vez volando en dirección contraria oeste-este, afectó toda la zona costera belga y parte de la holandesa, pero no en el interior. ¿Qué había pasado aquí? La verdad es que los naturalistas de la época obtuvieron más interrogantes que respuestas.

Larvas de libélula de 4 puntos
Para empezar, no se pudo determinar de donde salió semejante cantidad de libélulas, máxime porque, si bien fue la parte oriental de Bélgica (rayana a Alemania) la que observó primera el fenómeno, en la parte alemana nadie fue testigo de que por sus tierras o cielos pasase ninguna nube de estos pequeños depredadores alados. A esto se le tiene que sumar el hecho de ignorar cómo fue posible que se pusieran en movimiento tantos individuos a la vez, y más teniendo en cuenta que eran individuos jóvenes y que ello significaba que habían eclosionado de sus ninfas todas a la vez.

Libélula eclosionando de su ninfa
Según los estudios de los entomólogos de la época, se cree que fue una combinación de un invierno duro y una primavera especialmente fría la que retrasó la eclosión de las libélulas, y que, con la llegada brusca del calor, salieron todas a la vez. Ello provocaría una superpoblación en las lagunas limítrofes con Alemania, que acabaría con una migración súbita talmente como la de los lemmings (ver El mito no tan mito del suicidio masivo de los lemmings) en dirección al Mar del Norte. Así las cosas, después de unos días sobre el mar, las supervivientes de la nube primigenia habrían vuelto al continente y ocupado la zona costera de Bélgica y los Países Bajos.

En definitiva, el hombre, por mucho que le pueda molestar, no está solo en este mundo. Tratamos el territorio como si fuera nuestro, sin querer darnos cuenta que nuestro entorno es algo más que un espacio del cual extraer beneficios económicos. Es en ese momento en que la naturaleza, de forma totalmente inesperada, se nos muestra con todo su esplendor cuando vemos la inmensidad de nuestra pequeñez. Una pequeñez que más que acercarnos al papel beneficioso de las libélulas, nos acerca a pasos agigantados al desastroso y caótico papel de las plagas de langostas.

Una invasión de helicópteros vivientes

Webgrafía

viernes, marzo 25, 2016

El teclado Dvorak: el ostracismo del teclado más competitivo

Teclado alternativo Dvorak
El hecho de dedicarse a la escritura implica que, estadísticamente, el riesgo de cometer un error ortográfico sea muchas veces superior a aquel de quien no se dedica. Esta mayor probabilidad de meter la pata hasta el corvejón cuando estás enfrascado en el fragor de tu cerebro y tu teclado, te obliga a estar permanentemente atento a que no haya un trastrueque de letras que, con las prisas, te deje poco menos que en ridículo. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez despidiéndose con unos cordiales "slaudos" o agradeciendo algo con un sincerísimo "garcias"? Si este es su caso, no se crea que padece un extraño caso de "dislexia informática" (sobre todo si se repiten constante y obsesivamente), sino que lo que está padeciendo en realidad es el mal diseño de su teclado de toda la vida; así, como lo lee. Pero no se apure. Su ordenador lo sabe y, por si se da cuenta, está equipado con un teclado mucho más eficaz que el que usa normalmente: el teclado Dvorak.

Qwerty vs Dvorak
En la actualidad, con la gran integración de cualquier aparato electrónico a Internet, pocos son los artilugios tecnológicos que no disponen de un teclado en su haber. Ordenadores, móviles, tabletas, incluso las televisiones, tienen incorporado un teclado (virtual o real) con el cual introducimos mensajes o comandos. Este teclado, si bien con diferencias según los países, se conoce como QWERTY, nombre que hace referencia a las 6 primeras letras que encontrará a la izquierda de la fila superior de su teclado y que se ha convertido, de facto, en el estándar mundial.

Christopher Sholes
La historia de este teclado parte de 1873 cuando el estadounidense Christopher Sholes vende la patente de su máquina de escribir a la empresa Remington, la cual, de construir máquinas de coser pasa a hacer el agosto comercializando la primera máquina de escribir. No obstante, la máquina tenia el pequeño inconveniente de que los tipos, al ir montados en varillas metálicas y dispuestos simplemente de forma alfabética, se enganchaban entre sí, sobre todo cuando el ritmo de tecleo era alto. Ello provocaba parones que ralentizaban el hecho de escribir en la máquina de forma profesional.

Máquina Sholes (1874)
Después de muchos ensayos, Sholes, en 1878, y tras estudiar la disposición de las letras en el teclado y de su uso en inglés, perfeccionó el llamado Qwerty. En él las teclas se disponían de una forma característica que reducían considerablemente los atascos de las varillas, haciendo que el tecleo fuera más homogéneo y continuo. El invento tuvo éxito y se popularizó su uso en todas las máquinas de escribir.

Lío de teclas
Al pasar los años, las carencias y defectos del teclado Qwerty llamaron la atención del psicólogo August Dvorak y su cuñado, el profesor de la Universidad de North Texas, William Dealey. Estos observaron que el teclado de Sholes obligaba a los dedos a hacer un recorrido excesivo y no natural entre las letras de más uso (se rumorea que para ralentizar la velocidad y así evitar el choque de los tipos), cosa que reducía la eficacia del teclado y provocaba daños a los usuarios en las articulaciones de las manos -el conocido como túnel carpiano.

August Dvorak
De esta forma, Dvorak (pariente lejano del músico checo Antonín Dvorak), en 1936, presentó la patente de su nuevo teclado. Un teclado que, teniendo en cuenta las distancias entre las teclas, el uso de cada una de las letras en inglés y la cantidad de teclas que tenía que tocar cada uno de los dedos, reducía notablemente la distancia que tenían que hacer las manos para escribir un texto -casi el 40%. Ello repercutía positivamente en la disminución de la fatiga de los mecanógrafos y en un aumento extraordinario de su rendimiento final.

Uso de la mano según teclado
Tal era la eficacia del teclado que Dvorak, a partir del 1933, presentaba a estudiantes entrenados con su teclado a concursos de mecanografiado rápido, que empezaron a llevarse todos los trofeos como quien lavaba: no en vano, nueve de los mecanógrafos presentados por Dvorak, enfrentados a mecanógrafos de prestigio y con mayor entrenamiento, se llevaron 20 premios. Y es que tal acopio de victorias provocó que el jurado del Concurso Internacional de Escuelas de Comercio (Chicago, 1937) expulsara a los nueve concursantes que participaban con un teclado Dvorak, con la excusa de "competir deslealmente". Definitivamente, la envidia es muy mala.

Bárbara Blackburn
A pesar del esfuerzo de Dvorak para introducir su teclado en el mercado como estándar, dado su innegable rendimiento (el récord Guinness de mecanografía lo tiene Bárbara Blackburn, en 1985, con 150 palabras por minuto y con un teclado Dvorak), la falta de inversión de las empresas en I+D del periodo de entre guerras, la llegada de la Segunda Guerra Mundial y el "boom" del teclado Qwerty como estándar en informática frustraron la generalización del teclado Dvorak. Un teclado competitivo que, no por nada, está admitido por la ANSI como sustituto al teclado Qwerty y que, si desea usarlo, se encuentra definido entre las opciones por defecto de Windows y otros sistemas operativos.

Un claro ejemplo de como, una buena idea, en esta sociedad mediocre, no siempre es lo más valorado (ver Hedy Lamarr, la inventora más bella del mundo).


Teclado Dvorak en su versión en castellano

Webgrafía

domingo, marzo 20, 2016

El cegador problema de la contaminación lumínica

Contaminación lumínica
¿Cuanta gente en la actualidad son capaces de reconocer en el cielo el Carro o el Camino de Santiago? Pocas, por no decir ninguna. Nos hemos separado tanto de la naturaleza que estas constelaciones, antaño conocidas y reconocidas por cualquier campesino, ahora nadie las reconoce. Y es que las ciudades y pueblos se han llenado de tantas luces que, ahora, es imposible ver nítidamente el cielo, incluso en las poblaciones poco habitadas, y lo que era antes habitual ahora se ha convertido en algo anecdótico. La contaminación lumínica no es algo para tomarse a broma.

¿Es necesario tanto despilfarro?
Las ciudades, en los últimos 30 años, han crecido desmesuradamente y con ellas su consumo de energía, ya sea para consumo doméstico, industrial o para iluminación de las calles. Cada vez utilizamos más y más luz, ya que artificialmente hemos alargado nuestra actividad diaria al haber sido capaces de alargar el ciclo de luz. Hemos creado, por así decirlo, soles portátiles para poder seguir trabajando más allá del momento del ocaso: las bombillas. Y aunque resulta inútil remarcar los beneficios de tener luz continuamente, lo que nadie parece tener en cuenta son los perjuicios, los cuales no son pocos.

Las constelaciones ya no se ven
Más de uno pensará que el hecho que la contaminación lumínica afecte a la visión de las galaxias y constelaciones, no deja de ser más que un daño secundario que afecta más al romanticismo de la noche que a otra cosa. Sin embargo, si tenemos en cuenta la afectación que tiene en nosotros el variar tan solo una hora durante el cambio horario verano-invierno (ver Ahorro horario, derroche presupuestario) o el jet lag de los viajes en avión, nos daremos cuenta de la gravedad del asunto.

El medio ambiente se ve afectado
La falta de oscuridad de las ciudades y las zonas periurbanas, crea innumerables perjuicios medioambientales, ya sea a las especies de hábitos nocturnos -a las que rompe tanto sus sistemas de defensa o ataque- como a los ecosistemas marinos al alterar el ciclo normal de noche y día y con él la producción de plancton. Sin embargo, al que más afecta es al ser humano, precisamente el que menos importancia da al asunto.

La noche ha desaparecido
Los millones de años de evolución de la especie supeditada constantemente al ritmo diario de luz-oscuridad ha producido que nuestros sistemas neuronal e inmunológico estén ligados a la luz del sol. Por ejemplo, la hormona melatonina, un potente antioxidante que generamos durante la noche que se ve afectada gravemente en caso de prolongar el periodo de luz más allá de lo normal. La falta de este antioxidante aumenta el riesgo de padecer cáncer y, en general, hace al cuerpo muy proclive a padecer enfermedades degenerativas de todo tipo. Estudios efectuados en Israel confirman la relación directa entre la afectación de ciertos tipos de cánceres y las zonas con más contaminación lumínica. Es para tenerlo en cuenta.

Un inútil malgasto de energía
Si a todos estos inconvenientes les sumamos el evidente despilfarro económico en forma de luz lanzada al espacio, en un periodo de crisis en que todo cuesta demasiado, podremos comprender la importancia de restringir la luz que consumimos. En especial la que se encuentra en el exterior de nuestras casas, las cuales muchas de las veces no tienen una finalidad práctica más allá de la de decorar, dar cierta seguridad y dar estatus al poseedor de la potente luz: una Feria de Abril, por lo visto, no sería tan Feria de Abril si no tuviera la auténtica burrada de bombillas y kilovatios desperdiciados tontamente en su Real.

Oscuridad: una auténtica utopía
Hemos perdido nuestra visión nocturna, los accidentes por deslumbramiento han aumentado en nuestras carreteras debido al contraste entre el exceso de luz y la oscuridad, y aún así tenemos nuestras calles iluminadas como si nuestros coches no tuviesen faros. Todo va sumando, y aunque en Catalunya ya tengamos algunas leyes encaradas a preservar la oscuridad de la noche, ello no evita que en noches claras, el resplandor del área urbana de Barcelona se vea en Mallorca, a más de 300 kms de su origen.
Posiblemente sea ya hora de apagar la luz e intentar estar un poco más a oscuras. Nuestros cuerpos y el medio ambiente, se lo agradecerán enormemente.


Desde la Estación Espacial Internacional: una auténtica locura
Art. Rev. 19/10/10 1:13 41v

sábado, marzo 19, 2016

Mezzofanti, el cardenal que dominaba 78 idiomas

Giuseppe G.Mezzofanti
Uno de los ridículos que más a menudo nos hacen pasar nuestros políticos es el hecho que, para encontrar uno que al menos se defienda en inglés, tienes que poner una instancia. Día si y día también, nuestros gerifaltes, a pesar de la necesidad de comunicarte de tú a tú en un mundo globalizado, tienen que ir todo el día de la manita del intérprete de turno porque si no, no sabrían ni pedir un café. Sea como sea, el poliglotismo general de los españoles -a excepción hecha de honrosas excepciones o de las zonas donde otras lenguas conviven con el castellano- es ciertamente penoso, y sacarlos de su zona de confort de la "lengua del Imperio" es lo más parecido a meterlos en una olla de aceite hirviendo. Con todo, el esfuerzo de conocer una lengua extranjera no tendría porqué ser ningún drama para nadie, ya que una cosa es aprender a defenderse en inglés (o cualquier otra lengua) y otra pretender llegar al nivel del Cardenal Mezzofanti. Para su información, este religioso italiano llegó a dominar nada más y nada menos que 78 idiomas. ¿Cómo se le queda el cuerpo?

Bologna (Italia)
El Cardenal Giuseppe Gasparo Mezzofanti fue un religioso italiano que, nacido en Bolonia (Italia) el 19 de septiembre de 1774, destacó sobre todo por su excepcional capacidad de aprender idiomas. Una capacidad que le sirvió para que, con tan solo 23 años, a la vez de ser ordenado sacerdote y tras haber estudiado filosofía, teología y lenguas orientales en el seminario, obtuviera la cátedra de hebreo, árabe, lenguas orientales y griego por la Universidad de Bolonia. Lo que vendría a ser un ni-ni, vamos.

El papa Pio VII
Durante el cambio de siglo, Mezzofanti se dedicó a ser asistente de los hospitales de la zona y a cuidar a los numerosos heridos extranjeros que iban llegando procedente de las guerras napoleónicas. Situación que le permitió entrar en contacto con nuevas lenguas y aprenderlas como quien se aprende la lista de la compra. La capacidad de absorber idiomas del futuro cardenal llamó tanto la atención que hasta el propio Napoleón, en 1806, le ofreció un puesto en París, aunque el hombre rechazó tan insigne invitación.  Con todo, en 1831 y después de pasar diversas vicisitudes, es fichado por el papa Pio VII para la Congregación para la Propagación de la Fe, órgano eclesiástico que coordinaba los asuntos relacionados con las misiones en todo el mundo. Obvia decir que Mezzofanti, en esta función que le permitía estar en contacto con gente de todo el planeta y aprendiendo sus idiomas, se encontraba como gorrino en cochiquera.

La biblioteca Vaticana
En 1833, fue nombrado supervisor jefe de la Biblioteca Vaticana y en 1838, fue ordenado cardenal y director de estudios de la Congregación para la Propagación de la Fe. Mezzofanti murió en Roma el 15 de marzo de 1849, pero su fama y su capacidad políglota, lejos de irse con él a la tumba, han logrado trascender hasta la actualidad.

Efectivamente, él mismo, en vida, reconoció que hablaba con cierta fluidez unos 78 idiomas (la lista entera se la ahorro, pero puede buscarla en la webgrafía). No obstante, años después, Gaetano Minarelli -un sobrino suyo- rebuscando entre sus papeles y su documentación, llegó a la conclusión de que, entre idiomas y sus dialectos, su tío podía expresarse más o menos decentemente en unas 114 lenguas diferentes. Ahí es nada.

El Cardenal Mezzofanti
La capacidad de aprender idiomas del cardenal Mezzofanti, parece ser que se debía a poseer una portentosa memoria y -según estudios neurológicos recientes- al hecho de que los hiperpolíglotas tienen más desarrollada la parte del cerebro que corresponde a la gestión del lenguaje. En el caso personal del cardenal, parece ser que, conforme iba adquiriendo nuevos idiomas, mayor era la capacidad para aprenderlos, habida cuenta que podía sacar patrones de relación entre las diversas lenguas (ver Papúa-Nueva Guinea, el país de las 830 lenguas). Al fin y al cabo, todas las germánicas, eslavas, románicas, etc... tienen en común una regla general, más evidente cuantos más idiomas de esos grupos conoces. Si, encima, tienes una memoria tremenda, el resto viene solo, claro.

Así las cosas, la gente, conociendo la destreza de Mezzofanti con los idiomas, no dudaba en ponerlo a prueba, haciéndole preguntas cada uno en su lengua materna. Preguntas que el cardenal respondía una a una en su lengua correspondiente... aunque, todo sea el decirlo, alguna vez se encontraba con sorpresas.

Napoleón se interesó por Mezzofanti
Uno de los días el lexicógrafo ruso Adalbert Vikentievich Starchevsky, le hizo una pregunta en un idioma que descolocó a Mezzofanti: se trataba de ucraniano. Mezzofanti, ni corto ni perezoso, invitó a Starchevsky a encontrarse dos semanas después. Pasados los 15 días, la sorpresa se la llevó el académico ruso, ya que pudo entablar una conversación en ucraniano con el cardenal. Sea como sea, algún idioma se le atragantó más de la cuenta. Tal fue el caso del chino, el cual le costó la friolera de...¡4 meses! Y es que, en el fondo, el clérigo políglota era humano (nótese la ironía).

Relaciones diplomáticas con carabina
En conclusión, que si bien el Cardenal Mezzofanti era un portento de la naturaleza, nadie ha dicho que tengamos la obligación de aprender todos los idiomas que él llegó a dominar. No obstante, igual que no es necesario llegar a un extremo, el hecho de negarse a hablar ningún otro idioma excepto el materno o el oficial y, encima, ser prepotente despreciando el de los demás (ver La trascendencia de un idioma despreciado), lo único que demuestra es cerrilidad e ignorancia supina.

Mezzofanti con sus decenas de lenguas era capaz de comunicarse, a efectos prácticos, con toda la humanidad. Por contra, el rastrero "que aprendan ellos", en un mundo intercomunicado hasta la nausea como el de hoy, es, simple y llanamente, hacer oposiciones a no salir del lavabo de casa.

Para recapacitar.


El cardenal Mezzofanti, un prodigio comunicativo

Webgrafía

jueves, marzo 10, 2016

Hiperosmia, la capacidad de oler un jazmín en un estercolero

Hiperosmia
Cuando paseamos por las calles de nuestras atolondradas ciudades, los ruidos y los malos olores se convierten en aquellos compañeros que, por su cotidianidad, ya no llaman la atención de nadie. No obstante, en mi caso padezco migrañas (ver Mi particular historia con las migrañas), por lo que, a parte de los dolores de cabeza, auras y afectaciones derivadas, el cerebro tiene una sorpresa añadida en forma de hipersensibilidad a la luz, a los ruidos y, sobre todo, a los olores... y es entonces cuando descubres la ciudad con toda su nauseabunda crudeza. No recomiendo a nadie que, en pleno ataque de migraña se de una vuelta por la calle: el olor a orines, a basura en descomposición, a las cacas de perro recién depositadas, las motos a escape libre, los coches a diésel, la gente que no se ducha desde la última olimpiada, la que se baña en perfume, las cloacas... no se pueden llegar a hacer a la idea lo angustiosa y lo repulsiva que puede llegar a ser la ciudad en semejante circunstancia. Ahora, imagínense este ataque de hipersensibilidad aumentado unas cuantas veces y que no se pase transcurrido un tiempo; tendrá ante si, para su entero disfrute, el mundo que rodea a una persona con hiperosmia.

Grenouille, un hiperósmico
En la película El Perfume, Grenouille, su truculento protagonista, nace con la capacidad de distinguir olores y matices que ningún otro mortal es capaz de detectar, lo que le permite encontrar trabajo como perfumista. Ficciones a parte, esta exacerbada capacidad de oler que se conoce con el nombre médico de hiperosmia, más que una bendición para el que la recibe, como viva en algún lugar mínimamente “civilizado”, se convierte en un auténtico suplicio. Cierto es que su especial don les permite trabajar como sumilleres, catadores, perfumistas, etc... pero, realmente, no es un buen negocio para estas personas especialmente dotadas para los olores. Pero... ¿a qué es debida esta extraña capacidad?

Anatomía del olfato
El interior de la nariz humana posee en su parte superior una serie de células detectoras de partículas volátiles que, atravesando el hueso del cráneo, transmiten impulsos eléctricos a lo que se da a llamar bulbo olfativo y que se encuentra en la base del cerebro. Este bulbo olfativo, conectado directamente con el cerebro a través de la amígdala (la zona del cerebro, no de la garganta, no me sean zotes) es el órgano que se encarga de  administrar la información olorosa recibida.

El placer de oler
Según parece, los hiperósmicos, ya sea por cuestiones hormonales (migrañas, embarazo, menopausia...), genéticas (congénitas) o inducidas por sustancias externas como las anfetaminas, disponen de una mayor cantidad de conexiones neuronales entre las células detectoras y el bulbo olfativo.  Ello hace que cualquier mínima partícula volátil que sea susceptible de ser olida, en caso de padecer hiperosmia, se verá corregida y aumentada en intensidad. Si el olor es agradable, se disfrutará enormemente, pero si es malo...

Olores de ciudad
En caso de ser un olor asqueroso, las personas hiperósmicas lo pasan extraordinariamente mal. El hecho de que el olfato sea una vía directa de los sentidos con el cerebro, el oler según que olores desagradables (como puede ser el olor de un metro en verano) con una intensidad fuera de la normal,  puede provocar desde nauseas, vómitos, pasando por mareos y llegando incluso a producirse desmayos si la sensación es suficientemente angustiosa. Personalmente -y eso que lo mío es hipersensibilidad a los olores y no hiperosmia- he llegado a padecer un ataque de migraña simplemente con cruzarme con una mujer con un perfume fuerte. Así de duro.

Fumar parece que calma la hiperosmia
Por desgracia, el tratamiento de esta afectación no es sencillo, y la mayoría de las veces pasa por alejarse de los focos de olor, o del medio ambiente que le rodea, en búsqueda de zonas en que no hayan olores especialmente insoportables. Otra opción son tratamientos que inhiban las dopaminas - las sustancias neurotransmisoras que conectan las neuronas- de cara a limitar el flujo de información olfativa que llega al cerebro, pero no son excesivamente eficaces. Por contra, hay gente que afirma que el tabaco les reduce la excesiva capacidad olfativa, aunque en este caso, si vemos todas las consecuencias que tiene el fumar en la salud, casi es peor el remedio que la enfermedad.

El metro, un suplicio
En definitiva, que la hiperosmia, si bien tendría que ser una cualidad positiva por lo que tiene de tener una capacidad superior a la de todos los demás, en realidad es un verdadero tormento. Ser capaz de distinguir el más nimio matiz del aroma de una flor, o ser capaz de detectar todos los aromas que esconde un buen vino es una gozada para los sentidos pero, por desgracia, la sociedad actual no valora en lo más mínimo las exquisiteces ni las sutilezas. Lo mediocre, lo insustancial, lo zafio, lo soez, se ha enseñoreado de tal forma de nuestro entorno, de nuestra forma de ser, que ha acabado por anestesiar, no solo el olfato, el oído o la vista, sino el cerebro entero. Una auténtica desgracia para quienes, por hiperosmia, son capaces de reconocer un jazmín en un estercolero.

Una capacidad fuera de lo común que puede ser un tormento

Webgrafía

viernes, marzo 04, 2016

Who's Who, el antecesor de Facebook del siglo XIX

Who's Who 2015
Que Facebook se ha convertido en un elemento básico de nuestra forma de conectarnos con los demás es algo que, ahora por ahora, resulta incontestable. Quien más, quien menos tiene su muro en esta red social, y ya seas de los que proveen de contenidos o de los que simplemente chafardean lo que publican los demás, si no sales en ella, estás poco menos que muerto. Esto, que tal vez no tendría la menor importancia para la gente anónima, es fundamental para los que, como yo, difundimos nuestros trabajos en la nube y tenemos cierta presencia en Internet. No obstante, por mucho que pensemos lo contrario, Facebook no es una cosa tan novedosa como pueda parecer y un "libro de caras" primigenio ya existía en Inglaterra en 1849: se llamaba "Who's who" (Quién es quién), era en papel y, lo más extraordinario, aún se publica en la actualidad. Le invito a conocerlo.

Edición de 1855
El ser humano, de toda la vida, ha tenido la necesidad de destacarse respecto los demás. Ya sea por ser un personaje preeminente o por simple exhibicionismo, ayer igual que hoy, ser visible de una u otra forma para el resto de la sociedad siempre ha sido un caramelito que no ha amargado nunca a nadie. En la actualidad, las nuevas tecnologías han permitido que cualquier hijo de vecino tenga su palestra particular desde la cual llamar la atención (calidades, a parte) sobre su persona pero, en su momento, tan solo los más influyentes y poderosos tenían la capacidad de hacerlo.

Fue en 1849, que la editorial Baily Brothers publicó el primer número de "Who's Who", un recopilatorio anual con los nombres de los personajes más importantes para la sociedad británica de mediados del siglo XIX. En él se incluían los miembros de la monarquía, la nobleza, parlamentarios, jueces y todas aquellas personas que, a criterio del editor Henry Robert Addison, se consideraba que era relevante para la vida pública del Reino Unido.

Listado de VIP's
La publicación, en tanto que daba publicidad a los próceres de la Pérfida Albión, pronto obtuvo un sonado éxito, hasta el punto que, el hecho de salir listado daba un estatus de reconocimiento social que no se obtenía de otra forma. Asimismo, a parte del honor de constar en el listado, el estar publicado sobre papel permitía hacer públicos los datos de contacto de dichas personas, de tal manera que cualquiera que dispusiera del libro podía dirigirse a ellos con total libertad. En un momento en que el asunto de la privacidad no era un problema, dicha facilidad fue utilizada por estafadores para sacar los cuartos a más de un noble incauto (ver La historia de las ciberestafas de origen español).

Who's Who (1910)
Así las cosas, la publicación fue aumentando el grosor de su listado hasta que en 1897 al ser adquirido por la editorial A&C Black (quien la sigue publicando desde entonces, pero ya perteneciendo desde 2000 al grupo Bloomsbury Publishing), cambió su registro. A partir de entonces, los personajes, además de los datos de contacto, estarían listados por orden alfabético -anteriormente estaban agrupados por su pertenencia a uno u otro grupo- y añadirían toda una serie de datos biográficos proporcionados por los mismos interesados. Obvia decir que recibir el formulario de la editorial conforme querían incluirte en Who's Who, era poco menos que reconocer que eras "alguien". No por nada, a partir de 1899, no se conoce el nombre del editor para evitar acusaciones de favoritismo y aleatoriedad, y más si tenemos en cuenta que, una vez incorporado, la única forma de salir es con los pies por delante. Como lo oye.

Lord Lucan, desaparecido... y sigue
Cuando alguien entra en el libro, su "perfil" -como diríamos hoy- permanece en él hasta la muerte del personaje, que pasa a formar parte de "Who was who" (Quién fue quién) en que se listan de forma quinquenal las personalidades fallecidas. Lo gracioso del asunto es que, si no hay constancia de la muerte del sujeto, su biografía sigue en su sitio ad aeternum, tal como le pasó al 7º Conde de Lucan, el cual desapareció sin dejar rastro en 1974 y, a pesar de darse por muerto en 1999, sigue apareciendo en el listado. Si no hay constancia de muerte, no se sale. Típico humor negro británico.

Tom Hanks, incluido
En la actualidad hay listadas más de 33.000 personas de todos los ámbitos sociales (política, diplomacia, literatura, artisteo, deporte...), tanto británicos como internacionales, que siguen dándose de hostias por entrar dentro de él y tener su propio espacio. Madonna, Robert de Niro, Kate Moss, Tom Hanks o Michael Douglas están incluídos en Who's Who, pero, cusiosamente, otros como John Lenon, Elvis Presley o Kirk Douglas (el del hoyuelo) nunca han formado parte de este libro, habiendo sido criticada la editorial por esta aparente falta de criterio a la hora de incluir unos u otros.

D.Sladen, último editor conocido
Sea como sea, Who's Who sigue siendo un referente -ciertamente snob- para todo aquel que quiere ser alguien en el Reino Unido o pretenda estar informado de quién lo es. Y es que poder adquirir este "tocho" de más de 2.600 páginas sin ilustraciones no está al alcance de todo el mundo, ya que cuesta la friolera de 280 libras esterlinas (361,92 ). Eso si, si prefiere poder consultar la versión on line, por 184 libras (237,83 €) tendrá todo un año para consultarlo.

En definitiva, que en la época de Facebook, Twitter, WhatsApp e Instagram, una publicación de 168 años, publicada en papel puntualmente (ni la II Guerra Mundial pudo con ella), marca la diferencia entre los verdaderos VIP del momento y el resto de pringadillos de la sociedad, los cuales nos hemos de conformar con un simple perfil en el "libro de caras" de Mark Zuckerberg. 

El día que se enteren los de Gran Hermano VIP...

Más de 2.600 páginas de perfiles autobiográficos

Webgrafía