Publicidad

miércoles, diciembre 23, 2015

¡Felices Fiestas! Bones Festes!

De todo corazón quiero desearos...


Bon Nadal i Feliç Any Nou!

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

Merry Christmas and a Happy New Year

Fröhliche Weihnachten und ein glückliches Neues Jahr!

Joyeux Noël et Bonne Année!



¡Ah! Y mil gracias por seguir Memento Mori!

-Ireneu Castillo-







sábado, diciembre 19, 2015

La aventura radiofónica de un hombre curioso

Cuando en el 2011 me encontré de una forma totalmente inesperada delante de la reclamación por el Canal de la Infanta aquí en L'Hospitalet (ver Canal de La Infanta en L'Hospitalet: Unos restos que molestan), los medios de comunicación locales -y no tan locales- empezaron a querer contactar con nosotros. Yo era un absoluto desconocido para ellos, de tal forma que empezaron a contactar con algunos compañeros que, por una u otra causa, eran más conocidos y tenían más recorrido mediático. Lo gracioso vino después, cuando me encontré con un alud de periodistas pidiéndome información, habida cuenta que mis compañeros me pasaban toda la responsabilidad mediática de la reivindicación. Con todo el cariño del mundo no pude, por menos, que decirles... ¡¡¡Cabroneeeees!!!


Radio, prensa, televisión... me había puesto la mochila del Canal a las espaldas y, aunque soy vergonzoso y mi oratoria está más cercana a la de una vaca española (como dicen los franceses) que a la del mejor vendedor de mantas de Palencia que ha existido nunca (léase Albert Rivera), acepté el reto, y uno tras otro fui atendiéndolos como buenamente pude o supe. He de reconocer que la experiencia me resultó muy divertida... y se conoce que para los medios también, porque al poco tiempo me ofrecieron presentar un mini-espacio en la Televisión de L'Hospitalet dedicado al patrimonio y la historia de la ciudad.


Amadeu Alemany
De esta forma, durante estos años, y conforme la reivindicación iba evolucionando o yo iba sacando libros, he ido pasando por entrevistas en los periódicos, en la televisión, en la radio o allí donde han creído que mi humilde persona podía serles de interés. En este sentido, a principios de verano de 2015, me contactó Amadeu Alemany, un simpático escritor y hombre de radio que, de la mano de Jaume Sans, había tenido el gusto de conocer en una de mis entrevistas en Radio Sant Boi. La sorpresa fue mía cuando me propuso hacer un espacio estable semanal donde explicar los temas que acostumbro a tratar en este blog. ¿Su nombre? L'Espai de l'Home Curiós -el Espacio del Hombre Curioso, en catalán. Si me he atrevido incluso a hacer danza del vientre (ver La masculina Danza del Vientre) y anteriormente no había declinado ningún reto mediático, este no iba a ser el primero, evidentemente.

Así, de esta manera, el 15 de septiembre, y englobado dentro del programa diario matinal "La República Santboiana" que el amigo Amadeu conduce extraordinariamente, los martes por la mañana, a partir de las 10h, un servidor empezó a explicar sus historias a la nutrida audiencia de Radio Sant Boi.

Desde entonces, y hasta el día de hoy, llevamos 13 semanas emitiendo "L'Espai de l'Home Curiós" y he de reconocer que estoy disfrutando lo que no está escrito... y estoy enganchado. Enganchado y deseando que llegue el siguiente martes para pasármelo en grande explicando estas historias curiosas y poco conocidas (que los que me seguís algunas ya conoceréis), pero que valen la pena de ser divulgadas por la radio para aquellos que no sean mucho de leer.

En pleno directo
Durante estas semanas hemos repasado temas tan sorprendentes como la ballena que fue volada con dinamita, el hombre que nació tres veces, la aventura de Shackleton, la máquina que transformaba negros en blancos o la batalla más estúpida de la historia, entre muchos otros. Unos de temática más local y otros de temática más global; unos inspiradores y otros indignantes; unos para aplaudir y otros para llevarse las manos a la cabeza... pero todos ellos explicados de una forma sencilla y dicharachera en la "curiosa" tertulia entre amiguetes que, gracias al savoir faire de Amadeu y su equipo, montamos los martes por la mañana alrededor de las grandezas y vergüenzas del ser humano. Os invito, de todo corazón, a que no os la perdáis.

Si queréis escucharla en directo podéis hacerlo o por radio, en el 89.4 de la FM, o por internet, a través de la dirección...


...donde, además del directo, podréis encontrar los podcast de La República Santboiana para escucharlo. Sea como sea, si queréis escuchar únicamente "L'Espai de l'Home Curiós", tenéis la opción de acceder al canal de YouTube de Memento Mori!...

El blog de Ireneu: Memento Mori!


...donde voy incorporando los capítulos radiados en forma de "radiovídeos", así como otras entrevistas mías y algunos artículos explicados en formato vídeo, de tal forma que podáis recuperar el espacio en el momento que mejor os parezca.

En conclusión, que sólo me queda agradecer a Radio Sant Boi y, en particular, a Amadeu Alemany por la confianza y la oportunidad de poder participar en esta magnífica aventura de radio, de entretenimiento y de cultura que ya hace 3 meses que está en marcha.

Gracias a todos y espero que sea de vuestro agrado.


El equipo de La República Santboiana

jueves, diciembre 17, 2015

El USS Indianapolis o el peor ataque de tiburones de la historia

El peor ataque de tiburones
Un antiguo refrán africano dice que, cuando dos elefantes se pelean, la que siempre sale perdiendo es la hierba. Este ejemplo de sabiduría popular es especialmente sangrante sobre todo en las grandes guerras, donde el campo de batalla, por mucho que nada tenga que ver con la contienda, acaba recibiendo las consecuencias directas de la confrontación. Sea como sea, toda regla tiene su excepción, y eso fue lo que pasó durante una batalla de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, en que, dando la vuelta a la tortilla, quien más ganó fue el mar en que se produjo. Bueno... para ser precisos, los tiburones que vivían en él, porque protagonizaron el ataque a humanos más sangriento que se ha documentado hasta la actualidad.

USS Indianapolis CA-35
Julio de 1945. La Segunda Guerra Mundial está dando sus últimos coletazos en el Pacífico a pesar de que los japoneses no están dando su brazo a torcer. Esta obstinación nipona lleva a los Estados Unidos a decidir el lanzamiento de la recién desarrollada primera bomba atómica sobre Japón. No obstante, debido a la lejanía entre los dos países, se decide llevar los componentes a la base de Tinian, una isla perteneciente a las Marianas -española hasta 1899-  y que hacía menos de un año había sido arrebatada al ejército nipón, desde donde se podría alcanzar territorio japonés con facilidad. En esta tesitura, el crucero USS Indianapolis fue el encargado de llevar algunas de las partes vitales de la bomba a Tinian, y una vez acabada su misión sin incidentes, su siguiente destino fue encontrarse con el acorazado USS Idaho en medio del Mar de Filipinas para organizar una más que segura invasión de Japón. La misión era secreta, por lo que no llevaría ningún tipo de escolta -el capitán -Charles Butler McVay- la pidió, pero se la negaron- y las comunicaciones estaban restringidas. Sin embargo, la cosa iba a complicarse. Y mucho.

Trayecto frustrado
A las 23 h del 29 de julio, a medio camino de su encuentro con el Idaho, el Indianapolis fue interceptado por un submarino japonés. Éste disparó dos torpedos que alcanzaron los depósitos de combustible y la santabárbara (el polvorín, vamos), lo que produjo una explosión en cadena y el hundimiento del crucero en tan solo 12 minutos. 900 de los 1.196 hombres de la tripulación pudieron salvarse saltando al mar, aunque poco imaginaban que aquello no era el fin de sus padecimientos sino, justamente el principio.

I58, el submarino atacante
Ante el caos imperante en una situación como aquella, cada uno salió como pudo. Unos saltaron con chalecos salvavidas, otros sin nada y, los menos, tuvieron la oportunidad de subirse a los pocos botes que habían podido ser arriados, de tal forma que al hundimiento siguió una constelación de gente en el agua, mirándose de mantener a flote como buenamente podía.

En medio de este jaleo, las explosiones, el chapoteo y el olor de la sangre de los heridos y muertos llamaron de inmediato la atención de los tiburones que rondaban por aquellas aguas. Evidentemente, en un mar abierto y desierto como aquel, estaban siendo llamados a gritos a participar en un auténtico festín.

Naufragos entre tiburones
Por su parte, la imposibilidad del capitán del Indianapolis de enviar un S.O.S. por haber sido dañados los generadores de electricidad por los torpedos, hizo que el alto mando estadounidense no se enterara en absoluto del incidente. Así, de esta manera, los 900 supervivientes, la gran mayoría en el agua, con pocos víveres y menos agua potable tuvieron que enfrentarse a una temible noche rodeados de depredadores hambrientos.

Al principio, los tiburones comenzaron a atacar a los cadáveres que flotaban entre los supervivientes, pero conforme se animaban a comer los restos de los infortunados marinos, los heridos, cuyas heridas sangrantes eran un perfecto reclamo, empezaron a ser el foco de los escualos, hasta el punto que los marinos sanos, apartaban de su lado a los heridos como si fueran apestados. Pero la cosa aún no había empeorado lo suficiente.

Isla Tinian
Efectivamente, tras una primera noche de horror, la ayuda seguía sin llegar. La falta de agua, el hambre y la insolación empezaron a hacer mella entre los supervivientes, los cuales se juntaban en grupos para hacer frente a los tiburones. Unos grupos en los que el centro era lo más buscado, mientras que permanecer en la periferia era poco menos que estar sentenciado a muerte por el continuo acoso de los hambrientos tiburones.

La situación se hacía crítica por momentos. A la insolación se sucedía la sed, que llevaba a la locura a los marineros, los cuales llegaban a beber agua de mar, produciéndose envenenamientos por la ingestión de sal, o lo que es lo mismo, tenían alucinaciones, perdían el conocimiento, sacaban espumarajos por la boca  para acabar en violentas convulsiones; convulsiones, que llamaban la atención de los siempre dispuestos tiburones. El colmo llegaba en el momento de abrir alguna de las latas de carne que llevaban,  ya que el fino olfato de los tiburones era atraído por el aroma de la carne, por lo cual, el miedo hacía que ni tan solo se atrevieran a comer. Y eso, en el mejor de los casos, ya que algunos de los supervivientes eran incapaces de coordinar el más mínimo movimiento debido a que el miedo a los tiburones los tenía paralizados. ¿Lo peor? Que tuvieron que aguantar en esta situación de terror psicológico durante cuatro eternos días.

4 días de infierno
En la mañana del cuarto día, un avión estadounidense de reconocimiento submarino que pasaba por la zona vio el grupo de supervivientes en el mar, dando aviso al Alto Mando, el cual, a pesar de que el Indianapolis tenía que haber llegado el 31 de julio a su destino, no lo echó en falta en ningún momento. El primero en llegar fue un hidroavión que, a pesar de tener prohibido amerizar y viendo la situación, bajó y estuvo ayudando a los malogrados marinos hasta que a la noche llegó el destructor USS Cecil J. Doyle, y pudo ponerlos a salvo.

Primeros auxilios
El resultado fue pavoroso. De los casi 900 náufragos que se salvaron inicialmente del hundimiento del Indianapolis, tan solo pudieron ser recuperados con vida 316. El resto murió fruto de las heridas, la falta de alimentos, de agua y, sobre todo, por los tiburones, ya que se estima que la mitad de los que murieron durante aquellos cuatro truculentos días, fueron presa de los afilados dientes de los escualos que por allí pululaban.

Charles B. McVay
La historia acaba en 1968 con el suicidio del capitán McVay, al ser declarado culpable en el Consejo de Guerra que se le abrió. De nada sirvió que alegase que no se le permitió llevar escolta, ni que el propio comandante del submarino japonés -detenido con el final de la guerra- asegurase que iba a su caza y que, si hubiera fallado, hubiese enviado a sus torpedos suicidas (ver Los kaiten, los kamikazes submarinos japoneses), que el Alto Mando, buscando tapar su propia ineptitud, lo degradó y lo envió a oficinas, provocando tan luctuoso final. Tampoco sirvió de mucho que, en el año 2000, Bill Clinton rehabilitase su memoria. Más que nada por llegar un pelín tarde, claro.

En definitiva, la tragedia del Indianapolis fue dos veces mortífera. Primero fue el naufragio con más víctimas de la marina estadounidense y, por otra, el ataque de tiburones más sangriento documentado hasta la actualidad. Con todo, y a pesar de la horrible matanza, haríamos bien en no ver a los tiburones como los culpables o los malos de esta película, ya que, si algo fue lo que provocó las muertes fue la estupidez humana en forma de guerra, y la inutilidad manifiesta de los responsables de la Marina norteamericana para vigilar por sus marines. Los tiburones, al fin y al cabo, estaban en su casa.

... y se encontraron con la mesa preparada.

Un auténtico festín a cuenta de la guerra
Webgrafía

miércoles, diciembre 16, 2015

Hipertricosis, la mutación que convierte el hombre en lobo

Hipertricosis
Una de las definiciones del ser humano que más han corrido por los mentideros populares es el de ser un mono sin pelo. Cuestiones aparte de si el vello se ha de considerar pelo o no, el hecho de no estar cubiertos de pelo más que en la cabeza, cara, axilas y salva sea la parte, nos diferencia del resto de animales, los cuales, en un tanto por ciento muy elevado están cubiertos por una espesa capa de pelo. Sin embargo, tal vez no debiéramos decirlo demasiado alto, ya que igual que hay perros que tienen el pelo corto y otros que lo tienen largo, resulta que hay humanos que no tienen pelo y otros que sí lo tienen. Y no, no me estoy refiriendo a los calvos y a los melenudos -que me los conozco-, sino a la hipertricosis, una afección muy rara detrás de la cual estaría el mito del Hombre Lobo.

Iguales, pero con pelo
La hipertricosis universal congénita, también conocida como síndrome de Ambras o del Hombre Lobo, no es una enfermedad como tal, sino una mutación genética que hace que quien posea este gen modificado, tenga pelo grueso como el del cabello por todo el cuerpo menos en las palmas de las manos y de los pies. Esto produce en los portadores una apariencia física peluda que se aproxima a la imagen que tenemos de un hombre lobo. Lo más gracioso del asunto es que aquí acaba la "enfermedad", ya que los portadores de esta modificación genética no se ven afectados por ninguna otra dolencia física y son perfectamente normales. No obstante, justamente aquí comienza su desgracia, no por su pelo corporal,  sino por culpa de los prejuicios y la ignorancia del resto de humanos que, desde antaño, los han visto como un mera atracción de feria. Y eso, en el mejor de los casos...

Bebé con hipertricosis
Como he dicho anteriormente, la hipertricosis no afecta físicamente más allá del exceso de pelambrera porque es una modificación de un gen -aún no se sabe cual- que simplemente afecta al fenotipo (los rasgos externos) de la especie humana y que, encima, se transmite por herencia genética de forma dominante. Esto se traduce en que si los individuos tienen el gen, en el momento de reproducirse (afecta igual a hombres que a mujeres), sus hijos tendrán una muy alta probabilidad de tener hipertricosis, aunque el verdadero problema es el hecho de reproducirse, ya que el resto de la sociedad, poco menos que los repudia.

Es hereditario
A pesar de que son personas absolutamente normales, solo que con pelo por todos lados, el conjunto de la sociedad, acostumbrada como está a ver la diferencia como algo malo, rechaza el contacto con ellos, como si fueran apestados. De esta forma, los afectados de hipertricosis se ven obligados a vivir solos o a circunscribirse al ámbito cercano de la familia. Evidentemente, las salidas laborales de esta gente, quedan reducidas al ámbito circense y poco más, ya que la sociedad, en general, les da la espalda simplemente por su aspecto físico.

Petrus Gonzalvus
Esta variación capilar, si bien se conoce desde antiguo, es extremadamente rara, ya que tan solo se han documentado una cincuentena de casos desde que en 1642 se publicó el primer caso de hipertricosis, cuando el caso del tinerfeño Pedro González fue nombrado por el naturalista italiano Ulises Aldrovandi en su obra Monstrorum Historia

Pedro González, también llamado Petrus Gonzalvus o el "hombre lobo canario", fue un gentilhombre de Tenerife que vivió durante 44 años en la corte del rey de Francia, casándose en París con una dama de compañía de la reina Catalina de Medicis y donde tuvieron 6 hijos, 4 de los cuales tuvieron hipertricosis. Sus retratos se encuentran en el castillo de Ambras (Innsbruck-Austria), de donde se tomó el nombre de síndrome de Ambras para denominar esta afección. Según parece, descendía de menceyes guanches (ver La modorra que acabó con los guanches canarios) y sus nietos también la padecieron.

Viven de ser atracciones de feria
La extrema rareza de la hipertricosis desde antiguo, mezclado con que hay otras enfermedades, tal como la porfiria  (ver La dura realidad de los vampiros de carne y hueso) o el hirsutismo, que también provocan un aumento del pelo por diversas causas, junto con el miedo ignorante y la repulsa social del resto de la población, sin duda se encuentran, para la desgracia de estas personas incomprendidas, detrás del desarrollo popular del mito del hombre lobo.

Bien visto para unos, mal para otros
Sea como sea, las personas que tienen el gen de la hipertricosis, en el fondo no están afectadas de nada. No es ninguna enfermedad, ni se contagia, ni afecta en nada en sus facultades cognitivas ni físicas. Bien al contrario, estas personas son el ejemplo viviente de la evolución de las especies donde, dentro de una población específica, las mutaciones del ADN dan y quitan ventajas evolutivas a su libre albedrío. Ahora te tiñen de un color, ahora dan pelo, ahora te hacen bajito, ahora te hacen alto... y a pesar de que eso no tiene la más mínima importancia, seguimos discriminando, apartando o aislando a quien es diferente por simple ignorancia o miedo a lo que desconocemos.

Loquito estoy de que llegue el momento en que haya una mutación en nuestros genes que elimine la estupidez humana.

Llámenme utópico.

La triste mirada de un hombre lobo incomprendido

Webgrafía

martes, diciembre 15, 2015

La dura realidad de los vampiros de carne y hueso

Nosferatu o la porfiria.
Entre todos los monstruos que la mente humana ha sido capaz de imaginar después de una indigestión de garbanzos, los vampiros han sido uno de los más terroríficos que han habido. Su nocturnidad, alevosía, su aversión a la luz y, sobre todo, su necesidad de chupar sangre de los humanos, ha hecho que las noches oscuras y sin Luna sean, para las almas especialmente sensibles, un foco de temibles imaginaciones.  No obstante, no todo es imaginación, ya que detrás de todo mito, detrás de todo monstruo, siempre hay algo de verdad y, tras los vampiros, no iba a ser menos. Ese "algo" de verdad que se encuentra en los vampiros es real y se llama "porfiria".

Produce quemaduras al sol
La porfiria (o también denominada "Enfermedad del Rey Jorge", porque la padecía el rey Jorge III de Inglaterra) es una enfermedad genética hereditaria muy rara que afecta a las enzimas con las que se genera la hemoglobina -es decir, la sangre- causando toda una serie de trastornos metabólicos que, en los casos más duros, producen síntomas que, para alguien profano en la materia, pondrían los pelos de punta y haría pensar más en fenómenos de ultratumba que en una mutación del ADN.

Hay diversos tipos de porfiria
En esta enfermedad, por un mal funcionamiento de las enzimas que afectan al grupo hemo de la hemoglobina, se genera una superproducción de las llamadas porfirinas. Estas porfirinas son, estrictamente, las encargadas de recoger el oxígeno y de dar color a la sangre (de aquí lo de "porfirinas", del griego "porphura", que significa "púrpura") y si bien el cuerpo las produce en gran cantidad en la médula osea y en el hígado para poder generar sangre en cualquier momento, un exceso de ellas puede llegar a ser fatal.

Afección grave de porfiria
De esta forma, el cuerpo, al generar porfirinas, pero no ser utilizadas, comienza a depositarlas por todos los tejidos corporales, a la vez que el individuo se ve afectado de una fuerte anemia por no poder crear la hemoglobina correspondiente. Ello hace que quien padece de porfiria tenga una tonalidad muy extraña entre el rojo de las porfirinas depositadas en la piel y el blanquecino de la anemia, al que se ha de sumar un efecto secundario de las porfirinas: reaccionan a la luz.

La piel no soporta la luz
Esta reacción a la luz, hace que las porfirinas liberen ingentes cantidades de oxígeno libre, que provoca quemaduras en las capas superficiales de la piel, pudiendo llegar a deformarla hasta el punto de desfigurar la cara de los afectados. Ello determina que, quien padezca de porfiria, tenga que evitar la luz solar como sea y tenga unos hábitos, preferentemente nocturnos. Pero no todo acaba ahí.

Las diferentes porfirias
Efectivamente, los afectados de porfiria aguda, al ver afectados multitud de órganos internos pueden tener desde insuficiencias respiratorias, cirrosis hepáticas que desemboquen en cáncer de hígado, así como alteraciones psicológicas graves fruto de la obligada reclusión, la falta de vitaminas procedentes de la síntesis del sol por la piel y del rechazo social de la enfermedad. Y si esto es hoy... ¿cómo sería la vida de los afectados de porfiria en siglos anteriores?  Pues tiemble... literalmente.

George III
Si bien los orígenes bioquímicos de la enfermedad se conocen desde 1874, la enfermedad ya fue reconocida por Hipócrates hacia el 400 a.C., pero claro... ello no significa que la gente supiera lo que realmente pasaba.

Si durante la Edad Media, alguien tenía la tremenda suerte de padecer porfiria aguda (vale la pena destacar que hay muchos grados de afectación, desde la asintomática a la aguda), se le deformaba la piel por las quemaduras, estaba blanco como la leche, y era -por fuerza- de hábitos nocturnos, la gente ignorante pensaría de todo... y nada bueno. Si a esto le añadimos el hecho de tomar sangre de vez en cuando -actualmente se sabe que no es muy efectivo, porque se digiere, pero una cierta parte pasaría por capilaridad y ayudaría a sobrellevar la anemia-, y le añadimos unas gotas de misterio nocturno y fervor religioso, el mito del vampiro lo tendríamos servido en bandeja.

Una enfermedad cruel
En definitiva, que el mito de los vampiros, no sería más que la deformación calenturienta de los miedos humanos ante una enfermedad desconocida, pero cuyos efectos son absolutamente desastrosos para la desgraciada persona a la que le ha tocado recibirlos. Solo faltó el toque literario de Bram Stoker a las tradiciones orales de los vampiros para generar el vampiro más malo de todos los tiempos: Drácula.

Lastima que, en toda esta historia, lo realmente peligroso sea, como siempre, la ignorancia.

Y a esa sí que hay que clavarle una estaca.

Porfiria e ignorancia, un cóctel vampírico

Webgrafía

sábado, diciembre 12, 2015

El bacalao y la estúpida historia de su sobrepesca


Penca de bacalao tradicional
Hay pocos pescados que tengan tantas recetas en su haber como el bacalao. Doquiera miremos de la geografía española, ya sea de costa o de interior, allí encontraremos recetas de lo más variopinto tales como el bacalao al pil-pil, bacalao con garbanzos, con arroz, en esqueixada, a la cazuela, a la vizcaína... que llevan este ingrediente como elemento principal. El bacalao, habitualmente conservado en salazón, ha sido durante muchos siglos un plato típico de las mesas más humildes, al cual se le llegó a llamar "el pescado de los pobres". Sin embargo, ¿qué es lo que ha pasado para que este alimento, muy asequible en otras épocas, se haya convertido de un tiempo a esta parte en un prohibitivo producto de lujo para la mesa, con unos precios que compiten con los de las glamurosas ostras? La codiciosa estupidez del hombre vuelve a estar por medio. ¡Qué casualidad!

El bacalao, una especie en extinción
El bacalao (Gadus morhua) es un pez depredador que habita los fondos entre 100 y 300 metros de las frías aguas del Golfo de Vizcaya, el Mar del Norte y Terranova, pudiendo llegar a los dos metros y casi los 100 kilos de peso, aunque en la actualidad te puedes dar con un canto en los dientes si llegan a los 4 kilos y los 60 cms de largo. Su carne es especialmente interesante por su cantidad de proteínas y grasas Omega-3 (ingrediente principal del aceite de hígado de bacalao), lo cual lo hace un alimento especialmente nutritivo, pescado intensamente desde la Edad Media por los pueblos costeros de Europa. El descubrimiento de América y de los tremendos caladeros de Terranova dieron el impulso a su pesca comercial, ya que se cuenta que había tal cantidad de bacalaos que se podían pescar simplemente lanzando una cesta al agua. Los bancos de estos preciados peces eran, en la práctica, inagotables y los conflictos por los intereses comerciales de los países implicados, igualmente inacabables.

Pesca masiva y fácil
La pesca era muy lucrativa y si bien las capturas eran muy altas, el hecho de efectuarse con técnicas tradicionales y no excesivamente dañinas para el medio ambiente permitía que las extracciones se regeneraran rápidamente, gracias en parte también a la elevada tasa de fertilidad de la especie. Sin embargo, las primeras señales de agotamiento se dieron a finales del siglo XIX, con una bajada de las capturas que hizo inquietar a los políticos canadienses. A principios del siglo XX, con el desarrollo de las artes de arrastre y los avances en la introducción del diésel en los barcos de pesca, las capturas siguieron en aumento gracias también a la alta demanda de una población mundial igualmente en aumento. 

Los arrastreros marcaron la caída
A pesar que las capturas llegaban a las 300.000 toneladas anuales, la situación no sufrió demasiados cambios hasta finales de los años 50 del siglo XX, cuando la introducción de los grandes buques-factorías, equipados con sonar y equipos de refrigeración industrial, destrozó el mercado igual que sus redes de arrastre destrozaban los fondos marinos. Las capturas se dispararon y se llegaron en 1968 a las 800.000 toneladas. Nunca jamás se había llegado a tal producción y nunca jamás se volvería a conseguir, ya que las capturas cayeron en picado: se había superado la tasa de regeneración y la población de bacalao entró en colapso.

Sobrepesca codiciosa
Hasta tal punto cayeron las capturas que en 1977, los países instauraron la exclusión de las 200 millas alrededor de sus países para proteger sus caladeros y permitir la regeneración de la especie, pero lo que se consiguió fue aumentar la presión de los caladeros, ya que aumentaron las flotas propias que pescaban en ellos. El desastre fue total, ya que las técnicas de arrastre acababan con los bacalaos y, lo que fue peor, con las especies que eran los alimentos de los bacalaos, los cuales se desechaban cuando llegaban a bordo de los pesqueros. Los ejemplares que sobrevivían no tenían alimento, documentándose casos de canibalismo entre los bacalaos debido a la falta de alimento en la zona. En 1992, a pesar de los intereses de las pesqueras se produjo una moratoria total que dejó a más de 40.000 personas de la costa de Terranova en paro. El descalabro económico y social de las zonas bacaladeras, no hace falta decir que fue espectacular.

Gráfico del colapso de capturas
Quince años después, en 2007, el bacalao se pudo volver a pescar en sus caladeros tradicionales, pero se pescaron tan solo 2.700 toneladas. La destrucción de todo el hábitat marino implicado en su ciclo biológico, produjo el hundimiento total de las poblaciones de bacalao, esquilmándolas hasta el punto de no retorno inutilizando su pesca comercial durante décadas, por no decir siglos: sus poblaciones actuales no llegan en la actualidad a ser el 1% de lo que fueron en el 1977 y hasta ha sido catalogada como especie amenazada de extinción.

Suma y sigue. Donde el hombre pone el punto de mira, como un Atila cualquiera, allí no vuelve a crecer nada. ¿Cuando parará esta espiral de destrucción? Esperemos que pronto, porque nosotros estamos en medio de esa corriente sin freno y más pronto que tarde, acabará por afectarnos.

¿Bacalao al pil-pil? No. Atilas al pil-pil
Art. Rev. 22/5/12 8:44 224v

viernes, diciembre 11, 2015

El inesperado retroceso del desierto: Greening Sahel

Zona del Sahel
Cuando sentimos hablar de desertificación, una de las zonas más castigadas y paradigmáticas siempre ha sido la parte sur del desierto del Sahara, lo que se ha llamado como Sahel. Las continuadas sequías que azotaron la zona entre los años 60 y 90, así como el sobrepastoreo, habían dejado esta zona árida totalmente a merced del avance de las arenas del desierto, llevando a los habitantes de aquella zona a la hambruna más dura y cruel. Sin embargo, a partir de mediados de los 90, se ha descubierto un fenómeno que ha puesto en jaque a toda la comunidad científica. Y es que, a pesar de todo,... ¡el Sahel está reverdeciendo!

Los científicos no se ponen de acuerdo cuales son las causas, pero los continuados estudios efectuados desde satélite han confirmado que la cobertura vegetal de esta zona de África, al contrario de lo que se pudiera imaginar, ha tenido una progresión de hasta un 40% en algunas de las zonas, lo cual no deja de ser un buena noticia en este océano de pesimismo y malas nuevas medioambientales que nos inundan día a día.

Foto comparativa en Galma (Níger)
Hay múltiples factores que, según los estudios, han propiciado este resurgimiento de la vida vegetal en el Sahel centroafricano. Uno de los principales actores habría sido el aumento de las lluvias medias en la zona, lo cual habría permitido que después de las décadas de sequía continuada, la cobertura vegetal se viera un poco aliviada. Sin embargo, los datos no son concluyentes, porque si bien este aumento de precipitaciones efectivamente se ha producido, tampoco ha sido tan marcado como para explicar por sí solo el retroceso del desierto, ya que en algunas estaciones meteorológicas, las lluvias se han reducido. Entonces...¿qué ha pasado? Según parece el factor humano está siendo definitorio.

Porcentaje del reverdecimiento
Los científicos creen que la principal causa del reverdecimiento del Sahel está ligado directamente a la actividad humana en la zona. Por un lado, las continuas sequías y conflictos armados en todo este territorio subdesértico, han provocado un desplazamiento brutal de población desde las zonas rurales a las zonas urbanas, disminuyendo, por tanto, la presión que se ejercía sobre los medios naturales y permitiendo una lenta pero inexorable recuperación de dichos recursos.

A lo nombrado anteriormente, se añadiría el calentamiento global  por el aumento del CO2 en la atmósfera. El calentamiento global, por su lado, habría provocado un aumento de la temperatura de la zona que habría producido aumentos de la cantidad de agua evaporada por el territorio y la generación de bajas presiones que habrían producido un aumento de la cobertura nubosa y habrían llevado al aumento de las precipitaciones. El incremento del CO2, por su parte, habría permitido que la vegetación se desarrollase en mayor proporción, al utilizarlo como fertilizante improvisado, y colaborando por tanto en el aumento de la humedad atmosférica.

Iniciativas locales
La reducción del sobrepastoreo, la concienciación de la población de la necesidad de conservación de los hábitats con un aumento de los árboles plantados por el hombre, así como la implementación de las políticas de agricultura sostenible desde mediados de los años 90 del siglo XX y de racionalización del uso de los recursos hídricos por los países de la zona, habrían hecho el resto, propiciando que lo que antaño no era más que una superficie yerma, ahora, cuando menos, muestre sus brotes verdes.

El ser humano tiene un impacto tremendo en su medio ambiente, aunque no nos demos cuenta. Todo está interrelacionado y lo que hacemos aquí tiene un impacto en la otra punta del mundo. Por eso resulta tan importante que tomemos conciencia de que este mundo es el único que tenemos y que no es una goma que se estirará infinitamente. El ejemplo del reverdecimiento del Sahel es el ejemplo más claro de que aún no está todo perdido y podemos reverter la tendencia porque, como siempre, nuestro verdadero enemigo no vendrá de afuera, sino que lo tenemos dentro de nosotros en forma de malos hábitos, ignorancia e inconsciencia.


Desierto o Verde. Muerte o vida.  Nosotros elegimos.
Art. Rev. 21/05/12 12.30 115v


Webgrafía

jueves, diciembre 10, 2015

La modorra que acabó con los guanches canarios

Pastor guanche
Durante siglos, la idea de progreso de las potencias mundiales se basó, casi exclusivamente, en la conquista de nuevos territorios de los cuales sacar el máximo de materias primas y, en el mejor de los casos, comerciar con ellos. No obstante, esta conquista se hacía a expensas de los habitantes indígenas de aquellas tierras, los cuales se tenían que doblegar ante el invasor, ya fuera por las malas o por las peores. España no ha sido una excepción a esta regla y, cuando era algo en el panorama político mundial, hizo lo propio durante la conquista de América, arrasando de forma contundente con todos los pueblos aborígenes que se le puso por delante. Pero no solo en el Nuevo Mundo. Un territorio tan español como son hoy día las Islas Canarias estuvieron en su momento pobladas por indígenas que se opusieron a Castilla con uñas y dientes. La conquista duró casi un siglo, y posiblemente hubiera durado más si los aborígenes canarios no se hubieran visto afectados por una extraña enfermedad: La modorra guanche.

Alonso Fdez. de Lugo
En 1495, tres años después del descubrimiento de América, las islas Canarias aún no estaban enteramente bajo el dominio de la corona de Castilla. De todo el archipiélago, el cual empezó a ser conquistado en 1405 con la ocupación de El Hierro, tan sólo quedaba la isla de Tenerife (la mayor de todas) fuera del control castellano. Los guanches, los indígenas de probable origen bereber que habitaban la isla, habían obtenido en 1494 una sonora victoria sobre las tropas de Alonso Fernández de Lugo, al acabar con un 80% de los 2.000 soldados y 200 caballos que los castellanos habían presentado a la batalla. Fernández de Lugo, visto el descalabro y los dientes que le habían saltado al recibir una pedrada guanche, decidió salir pies-para-qué-os-quiero de la isla, buscar refuerzos, y rehacer sus fuerzas para volverlo a intentar. El hecho quedó para la posteridad como "La Matanza de Acentejo" y la cosa pintaba bien para los valerosos guanches, pero la cosa iba a tomar un giro dramático durante el invierno de 1495.

Tenerife en las Islas Canarias
Entre 1495 y 1496, los guanches se vieron afectados por una enfermedad muy rara que afectaba a todos los sectores de la población aborigen. Esta afección cursaba con fiebres altas, moquillo, dolores musculares, respiratorios y derrames internos, para acabar con una fortísima somnolencia (modorra) que acababa con la muerte del afectado en muy pocos días. Tal era la virulencia de esta epidemia que se estima que de los casi 20.000 habitantes indígenas, más de la mitad se vio afectado por la enfermedad, comportando la muerte de más de 4.000 personas.

Valle de la Orotava
Semejante grado de mortandad supuso un varapalo social tremendo para la población autóctona, la cual se vio debilitada en sus efectivos y en la capacidad de oponer resistencia a los invasores castellanos, mucho mejor preparados tanto táctica como técnicamente, los cuales, en diciembre de 1495 le devolvieron la pelota a los guanches. Esta vez, la matanza fue por el bando guanche, al morir unos 1.700 indígenas en lo que se llamó "Victoria de Acentejo", en el actual valle de La Orotava. La diferencia entre "matanza" cuando la padeces y "victoria" cuando la infliges, resulta cuando menos curioso.

Rendición de los menceyes
A partir de aquí, la población guanche ya no levantó cabeza. La epidemia, que para unos parecía que era un castigo divino para los guanches por la oposición, mientras que para otros era fruto del ambiente insano de tantos miles de cuerpos pudriéndose a la intemperie, junto con una epidemia de rabia entre los perros, la hambruna subsiguiente y las razzias de los castellanos contra los pocos grupos que aún batallaban, hizo que la isla prácticamente quedara despoblada de aborigenes. Esta situación provocó que los menceyes (reyes o cabecillas) guanches se rindieran en marzo de 1496, dando por terminada la conquista total de las Canarias.

Menceyatos de Tenerife
Según estudios actuales, la tal "modorra guanche" pudo haber sido un episodio de gripe especialmente virulenta transmitida por las tropas españolas para la cual, los indígenas tinerfeños estaban totalmente desprotegidos tal y como pasaba en otras partes del planeta donde los europeos entraban en contacto con aborígenes (ver Fort Pitt o la guerra biológica contra los indios). Esta gripe, además de su acostumbrada rapidísima dispersión, se habría complicado con neumonía y encefalitis letárgica, lo que producía el amodorramiento hasta llegar a la muerte posterior del individuo contagiado.

Estatuas de menceyes guanches
En definitiva, la "modorra guanche" fue uno de los "regalitos" que hicieron los europeos a los primigenios habitantes de las Islas Canarias y que, a modo de caballo de Troya, hizo las veces de improvisado ejército castellano. Tan solo así, los españoles consiguieron acabar con una cultura, la guanche, que había permanecido aislada durante siglos y sobre la que, a día de hoy, hay más preguntas que respuestas. Preguntas que, perdidas en el baúl de la estulticia humana, difícilmente llegaremos nunca a responder.


Beneharo, uno de los últimos reyes guanches

Webgrafía