Publicidad

sábado, octubre 31, 2015

El escalofriante espectro del Tercer Hombre

El factor Tercer Hombre
Cuenta Ernest Shackleton que, durante su intrépida epopeya que le llevó a estar 2 años y 22 días perdido en medio de los mares y hielos antárticos (ver La inaudita proeza de Shackleton), cuando estaba cerca de llegar a una estación ballenera de las islas Georgia del Sur y después de 36 horas de caminar con dos compañeros por glaciares en plena tormenta de nieve, medio muertos de frio y hambre, notó cómo había una cuarta persona que les acompañaba a una cierta distancia y que le infundía la seguridad necesaria de seguir adelante. Esta presencia, que no fue desvelada en aquel momento por Shackleton para no desanimar a sus compañeros -pero que en realidad vieron todos- es uno de los fenómenos más escalofriantes descrito por infinidad de personas que, encontrándose en situaciones desesperadas (a punto de morir en la montaña, en las Torres Gemelas...), han llegado a notarla dándoles el valor de seguir adelante. Se trata del llamado Factor Tercer Hombre

Hermann Buhl
En 1953, el escalador austriaco Hermann Buhl, en plena ascensión al Nanga Parbat (8.125 m.), ante la retirada de sus compañeros, decidió hacer la cima en solitario. A pesar de conseguirlo, tardó más de lo esperado y se vio obligado a pasar la noche acurrucado en un saliente, sin oxígeno, ni alimentos, ni agua. La situación fue desesperada, pero durante la noche y al día siguiente, la presencia de alguien que lo seguía de cerca y lo animaba a seguir, le dio fuerzas para bajar de la cumbre y llegar hasta el campo base. Y este es simplemente uno de la miríada de testimonios de este extraño pero animoso acompañante que está ahí en el momento en que más lo necesitas.

Ernest Shackleton
Este fenómeno -el cual se ha de definir, como mínimo, de inquietante- a falta de una explicación lógica y concluyente por parte de la ciencia, ha sido atribuido por los amantes de lo paranormal como la prueba inequívoca de la existencia de fantasmas, del ángel de la guarda o incluso de Dios. Uno puede estar de acuerdo o no con estas explicaciones pseudomitológicas pero encontrarse en la situación, si algo no se puede negar es que ha de ser impactante. Sin embargo, estudios recientes demostrarían que este tercer hombre, lejos de ser una presencia ectoplasmática al uso, en realidad tendría más que ver con el (mal) funcionamiento de nuestro cerebro que con una acción divina.

Una presencia en momentos graves
La presencia de un tercer hombre, con todo, no solamente se ha determinado en las situaciones cercanas a la muerte como las explicadas anteriormente, sino que también son reportadas por enfermos de esquizofrenia y de epilepsia. Estos enfermos explican que hay otras personas que los acompañan y que muchas de las veces les hablan, induciéndolos a hacer cosas que ellos no desean. Fue, justamente estudiando estos fenómenos en un grupo de enfermos, y viendo que los escáneres cerebrales seguían un patrón definido, que un equipo de neurocientíficos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) decidió hacer un experimento a finales de 2014.

La máquina genera "fantasmas"
El experimento consistía en tomar un individuo, taparle los ojos, y con una especie de joystick conectado a algo parecido a un lápiz, dibujar en su propia espalda lo que primero se le pasase por la cabeza. Dicho de otra forma, el típico juego que hemos hecho todos de escribir letras en la espalda de alguien para que lo adivine pero, en este caso, hecho por uno mismo. Al principio no había ningún inconveniente, porque el movimiento del "joystick" se transmitía instantáneamente y el individuo reconocía su propia acción. La cosa se complicaba un poco en el momento que se inducía a un cierto retardo.

Esquema de la "fantasmera"
En efecto, la máquina -que no dejaba de ser un brazo robot- al transmitir a la espalda del conejillo de Indias con un cierto retardo su propio movimiento, volvía loco al cerebro. Ello hacía que los pacientes (algunos de ellos totalmente sanos) empezaran a sentir presencias extrañas a su alrededor, a pesar de que ninguno tenía ni idea de qué era lo que se pretendía conseguir con el experimento. Hasta tal punto tuvo éxito haciendo "fantasmas" que hubo quien declaró haber notado tres y hasta cuatro presencias y quien, muerto de miedo, solicitó finiquitar el experimento antes de tiempo. La explicación del fenómeno sería, a pesar de todo, relativamente sencilla.

Escáneres cerebrales
Según los neurocientíficos encabezados por el profesor Giulio Rognini, disponemos en nuestro cerebro de una imagen consciente de nosotros mismos, la cual adaptamos a la realidad percibida por nuestros sentidos. Durante el experimento sincrónico, las partes del córtex cerebral encargadas de esta autoconsciencia se reconocían a sí mismas como las generadoras del movimiento, pero en el momento en que el movimiento no era sincrónico, el cerebro no reconocía como suyos los movimientos efectuados por la máquina. Ello forzaba al cerebro a generar nuevas presencias, habida cuenta que para él, no era él el que producía esos movimientos, sino que tenía que ser "otro" quien se las hiciera.

El cerebro ve lo que quiere ver
Este experimento, que ha sido la primera vez que ha conseguido recrear las presencias "fantasmales" del Tercer Hombre en laboratorio, demostraría que tanto los enfermos de esquizofrenia como las personas que se encuentran en situaciones muy complicadas, sufren alteraciones del córtex cerebral que rige la conciencia de sí mismo. Ya sea por enfermedad neuronal (esquizofrénicos y epilépticos) o por alteración neuronal severa por pasarlas peor que el que se tragó las trébedes (personas normales en situaciones extremas), el cerebro, ergo nosotros mismos, organiza como quiere o como puede las informaciones que recibimos del exterior, provocando todo tipo de distorsiones sensoriales a las cuales intentamos dar una explicación lógica aplicando patrones conocidos para nosotros (ver El arte de engañar con las apariencias: La Perspectiva Borromini). El Factor Tercer Hombre, en este caso, entraría de pleno en este territorio.

En conclusión, por mucho que creamos que lo conocemos todo, hemos de ser lo suficientemente humildes para reconocer que es más lo que ignoramos que lo que sabemos y el funcionamiento del cerebro humano, aún a pesar de ser el centro de operaciones de la humanidad, nos es absolutamente desconocido. Hay gente que lo que desconoce lo atribuye a seres divinos o fantasmales, pero la realidad es terca y a cada paso que es capaz de dar la ciencia, las cosas raras y paranormales cada vez más dejan de serlo para formar parte conocida de esta Naturaleza sorprendente, maravillosa y a veces inquietante y aterradora, que nos envuelve cada día.


El Tercer Hombre aparece en momentos de shock vital

Webgrafía

miércoles, octubre 28, 2015

El creativo y espectacular paisaje de La Geria

Cultivos de La Geria
La "forzosa", por mucho que duela el sentirlo -y sobre todo el padecerla-, es uno de los principales motores de creatividad de la humanidad. Es en esos momentos en que te ves entre la espada y la pared en los que el cerebro, estrujándose las meninges cual bayeta de cocina, saca lo mejor de sí mismo y, de forma sorprendente, es capaz de salir de una situación que a priori parecía insalvable. Esto que hoy en día está tan valorado, pero que nuestros ancestros ejercían a cada minuto del día (que se lo digan a los de "Aventura en pelotas") fue más o menos lo que les pasó a los habitantes de la isla canaria de Lanzarote en el siglo XVIII. ¿Resultado? Uno de los paisajes agrarios más alucinantes del mundo: La Geria.

Montañas de Fuego de Timanfaya
1 de septiembre de 1730. Entre las 9 y las 10 de la noche de aquel día, las tierras en un inmenso bramido se abrieron en Timanfaya (ver El Paricutín o cómo sembrar maíz y recoger un volcán). De la grieta que se formó, empezó a salir lava y cenizas volcánicas en tal cantidad que 167 de los 845 km2 de extensión de la isla quedaron cubiertos de lava, y el resto de la isla cubierta con una gruesa capa de lapilli que en algunas partes llegó a ser de 2 metros de espesor. Fue un auténtico desastre, y no era para menos.
Ubicación de La Geria

Durante seis largos años de erupción continua (desde 1730 al 1736), el Timanfaya, en una de las mayores actividades volcánicas que se han dado durante la historia de la humanidad, enterró bajo toneladas y toneladas de materiales volcánicos 10 pueblos lanzaroteños hasta entonces tranquilos y apacibles. Pero no solo fueron las desgracias materiales, sino que todos los cultivos de la isla se vieron afectados y no pudieron producir suficientes alimentos para los lugareños. Un periodo negro como la ceniza volcánica se cernió sobre los pobres conejeros. Sin embargo, la bombilla se le encendió a algún espabilado campesino.

Lapilli volcánico
Efectivamente, la vega central de la isla de Lanzarote tenía buenas tierras arables que desde la conquista medieval por parte de Castilla se habían dedicado a la producción de cereales. Las tierras, de hecho, no habían desaparecido, sino que simplemente habían sido cubiertas por una capa de lapilli -material volcánico granulado del tamaño de garbanzos- por lo que si querían cultivar, simplemente tenían que irlas a buscar. Y a eso le pusieron empeño.

De esta forma se les ocurrió hacer unos agujeros en forma de cono invertido en el lapilli que llegasen hasta la antigua capa agrícola fértil y allí plantar lo que fuera menester. La cosa parecía una auténtica locura, pero la necesidad apretaba fuerte... aunque pronto se vio que dicho cultivo no era todo inconvenientes, sino que tenía incluso algunas ventajas.

Una geria con una viña
El hecho de plantar en el fondo de un pequeño cráter (llamado geria) permitía que el agua del rocío que se condensaba fuera directamente a regar la planta que tuvieran sembrada, pero no solo eso, sino que esta agua, junto con la de las escasa lluvias, debido a la porosidad del lapilli, llegaba hasta la capa fértil. Ello permitía que la antigua tierra mantuviera mucho mejor la humedad gracias al aislante natural que, en forma de lapilli, la cubría totalmente. Para más ventajas, el hecho de estar en el fondo del embudo de tierra permitía que los vientos no afectaran a los cultivos, aunque para que fuera más eficaz, los agricultores levantaban pequeños muretes de piedra seca al borde del pequeño cráter. Un auténtico trabajo de chinos, pero o era eso o hincharse a comer minerales y vitaminas en estado puro. Entre lo uno y lo otro, la elección estaba clara.

Vista aérea de La Geria
Entre tanto, a mediados del siglo XVIII llegó el cultivo de la viña, el cual abría una puerta a poder desarrollar una agricultura más allá del mero cultivo de subsistencia, y para el que el uso de las gerias se demostró inmejorable

A partir de entonces, todo el centro de la isla empezó a parecerse a un auténtico cartón de huevos de color negro de kilómetros y kilómetros de extensión, en el que los isleños han cultivado -a pesar de soportar una nueva erupción en 1824 que obligó a emigrar a una parte de la población- frutales de todo tipo y, sobre todo, la variedad de uva malvasía. Variedad de uva que ha permitido erigir a La Geria lanzaroteña en una importante zona productora de vino malvasía y a sus curiosos campos de cultivo, en uno de los paisajes agrícolas más trabajados, más creativos y más espectaculares del planeta.


Un paisaje agrícola absolutamente alucinante

Webgrafía

viernes, octubre 23, 2015

Mi nuevo libro, ya a la venta: CRÒNIQUES D'UNA CATALUNYA DESCONEGUDA

¡Hola a todos!

Tengo el placer de informaros que, de la mano de Editorial Foc, he tenido la oportunidad de lanzar un nuevo libro al mercado. El libro, que ha sido editado en formato eBook (digital, vamos) se llama Cròniques d'una Catalunya desconeguda, y se trata de un recopilatorio de 50 artículos en los que explico al lector historias curiosas y poco conocidas que han tenido lugar en Catalunya o bien protagonizadas por catalanes y catalanas.

Cróniques d'una Catalunya desconeguda tiene la particularidad de estar escrito en catalán, lengua junto al castellano en la cual me expreso habitualmente y en la que me hacía una especial ilusión poder publicar un libro. Para ello, he de agradecer las facilidades que me ha proporcionado el editor Miquel Deyà, para el cual también es su estreno en una publicación en lengua catalana, habida cuenta que su sello Editorial Foc, acostumbra a publicar autores y obras en castellano.

Con todo, también quiero agradecer a la escritora, periodista política y buena amiga Gemma Aguilera por, a pesar de que los políticos de este país le hacen tener la agenda más apretada que el corpiño de la Carmen de Mairena, haber encontrado un huequecito para leerse las galeradas de Cróniques d'una Catalunya desconeguda y escribir un emotivo y simpático prólogo.

Así que ya lo sabéis... si queréis conocer la historia de un Gibraltar catalán, del recibimiento absolutamente gore que tuvo el ferrocarril en Mataró, del referéndum en Canet de Mar que pasó a la historia o del por qué al Power8 Stadium del Espanyol los goles se marcan en dos poblaciones diferentes según la portería... y no tenéis inconveniente en hacerlo en catalán, este es vuestro libro.

¡Espero que os guste!

-Ireneu Castillo-


PD. Podéis encontrar Cróniques d'una Catalunya desconeguda a un precio anticrisis en una gran cantidad de plataformas digitales, entre ellas...



Mi nueva obra, ya a la venta. ¡Espero que os guste!

sábado, octubre 17, 2015

La sorprendente montaña de ánforas llamada Monte Testaccio

Subida al Monte Testaccio
La huella que está dejando el ser humano en el planeta, como puede comprobar cualquiera que mire a su alrededor es, sencillamente, de impresión. Carreteras, canteras, ciudades, embalses... el hombre ha tomado la Tierra al asalto y la está destrozando, la mayoría de veces por simple especulación económica. No obstante, tanta actividad frenética tiene un precio, y ese es el de los residuos que se generan. Históricamente, estos desechos se han depositado en cualquier agujero en el suelo o en el corral, cuando no en medio de la calle (ver Las mareas que afectaban Madrid a pesar de no tener mar). Tan solo modernamente se han habilitado grandes espacios abiertos donde acumular la ingente cantidad de residuos de todo tipo que generan las grandes ciudades (ver La pútrida avalancha de Can Clos) con unos impactos ambientales de impresión (ver El dulce mar de la Falconera). Con todo, estas montañas de desechos no han sido patrimonio exclusivo del hombre de los últimos 100 años, sino que los romanos también producían sus basuras y las acumulaban de forma masiva. Tal es el caso de una colina artificial existente en la actualidad en Roma, la cual, si bien estuvo considerada durante un tiempo la más grande de toda la ciudad, no es esta su gracia principal. Y se preguntarán ¿cual es su particularidad? Pues que está construida única y exclusivamente por trozos de ánfora. Me estoy refiriendo al Monte Testaccio.

Monte Testaccio
¿Qué es lo que llevó a los romanos a hacer una montaña de 12 pisos de alto y 200 metros de largo tan solo con trozos de ánfora? Esta pregunta se la han hecho los historiadores y arqueólogos durante los últimos siglos cuando observaban esta curiosa colina de 35 metros de alto a orillas del Tíber, pero únicamente en los últimos 20 años se ha logrado discernir la magnitud de esta magnífica acumulación de cerámica. La conclusión es que, los romanos -por si tenia alguna duda- ante todo eran prácticos y que, hace 2000 años, ya utilizaban envases no retornables. Definitivamente, no hemos inventado nada.

En efecto, los romanos si han destacado por algo durante la Historia ha sido por sus innovaciones técnicas y por su infinito pragmatismo, y el Monte Testaccio (también llamado Monte dei Cocci) es una de sus manifestaciones más evidentes.

Producto básico mediterráneo
Uno de los productos que más consumían los romanos era el aceite de oliva. Este aceite de oliva, que hoy igual que ayer, es ampliamente usado por los países de la costa mediterránea, procedía de colonias romanas de más allá de la península Itálica tales como Túnez y Libia, pero sobre todo de la Bética, la actual Andalucía. No por nada, sino porque con la limitada producción propia, no daban abasto para atender las necesidades del millón largo de almas que habitaban la Ciudad Eterna. Esta circunstancia hacía que se tuvieran que organizar correctamente los transportes -básicamente marítimos- para hacer llegar a Roma el preciado oro verde. Y para ello, un buen contenedor que preservase el producto era crucial; y lo tenían.

Dressel 20 y Tituli Picti
Desde el siglo I al III d.C, los barcos romanos que se dedicaban al transporte de víveres utilizaban un tipo de ánfora que era especialmente práctica a la hora de acarrear el aceite de oliva. Esta arquetípica ánfora de cerámica, llamada por los arqueólogos Dressel 20 por ser catalogada así por el arqueólogo alemán Heinrich Dressel (1845-1920), pesaba unos 30 kg y con su forma globular era capaz de transportar unos 70 litros de aceite. De esta forma, desde los centros productores de aceite de las riberas del Guadalquivir, salían los barcos que cargados con el aceite hacían el trayecto hasta Roma, donde acababan el viaje.

Una vez llegados a la capital del imperio, las ánforas se vaciaban en depósitos y los cacharros, al contrario de lo que pudiéramos pensar, no se reutilizaban, sino que se descartaban y se llevaban enteras a un vertedero especial, es decir al Monte Testaccio.

Etiquetas a la romana
Acarreadas con burros o mulas, se llevaban hasta el montón por rampas, y aquí se rompían las ánforas, depositándose los trozos de forma organizada creando terrazas que se aseguraban con paredes de contención hechas de ánforas rellenas de fragmentos. Estas terrazas, a su vez, se cubrían con capas de cal, que además de evitar los nauseabundos olores de aceite rancio, servían de base para las nuevas capas de ánforas que continuamente se iban acumulando. Acumulación que, según los arqueólogos, pudo haber llegado a superar los 50 metros de altura, debido a que el comercio del aceite movía millones de ánforas. No en vano, los investigadores estiman que en el Monte Testaccio están los restos de unos 25 millones de ánforas (el 80% de ellas proceden de la Bética), que habrían transportado no menos de 175 millones de kilos de aceite.

Mosaico con transporte de Dressel20
La realidad es que no se sabe porqué los romanos no reutilizaban estas ánforas como lo hacían con otros productos, pero se especula que la dificultad de limpiarlas del aceite hacía más rentable el comprar nuevas que aprovechar las viejas, por lo que se convertían en envases de solo un uso... para regocijo y fruición de los arqueólogos actuales, evidentemente.

Una gozada arqueológica
El hecho de que trataran las vasijas así, ha permitido a los investigadores encontrar una ingente cantidad de información que, de otra forma no se habría obtenido. Ello es así, debido a que los romanos, organizados como eran, marcaban cada ánfora con datos del productor, los lotes de producción, las fechas de envasado, las empresas encargadas de los transportes, las rutas, y un montón de datos (llamados Tituli picti) que, como las empresas de hoy en día, controlaban las mercancías que se transportaban de un lado para otro.

Pared de contención
El trajín de aceite y el uso práctico del Monte Testaccio acabó con la caída del imperio romano (ver Rómulo Augústulo, el último emperador romano), pero los restos de aquel inmenso comercio permanecieron, desapareciendo de la memoria colectiva el porqué de aquella extraña acumulación hasta finales del siglo XIX, en que los arqueólogos e historiadores han llegado a comprender mínimamente la importancia de este vertedero. No obstante, esta ignorancia supina de su origen durante siglos es la demostración inequívoca de la importancia de la memoria histórica y de que, por mucho que duela a quien duela, el advenimiento del cristianismo significó el frenazo en seco y la marcha atrás a una cultura occidental desarrollada que ha tardado 1.500 años en recuperarse.

Un curioso vertedero romano perfectamente organizado

Webgrafía

miércoles, octubre 14, 2015

La welwitschia, la planta extraterrestre... o casi

Welwitschia mirabilis.
Cuando nos hablan de extraterrestres, el común de los mortales piensa en seres auténticamente disparatados que no tienen nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver sobre la faz de la Tierra. Seres antropomorfos, altos, verdes, con trompetillas por orejas y seis brazos, o aquella combinación estrambótica que la imaginación pueda llegar a crear, pasarían por el "estándar" de un ser de otro planeta. Sin embargo, tampoco hace falta irse a la otra punta de la galaxia para buscar seres vivos que tienen más que ver con E.T. que con lo que conocemos habitualmente. Solamente con irse al desierto de Namibia, ya tendrá suficiente para encontrarse con una planta que podría estar perfectamente en cualquier jardín de Vulcano. Me refiero a la Welwitschia, posiblemente la planta más extraña del mundo.

Planta masculina
La welwitschia  (Welwitschia mirabilis) si bien a simple vista puede parecer una planta rastrera más o menos habitual, a poco que nos detengamos ante ella veremos que de normal tiene poco, por no decir nada.

Esta planta particular, la cual habita las zonas más áridas de la costa del suroeste africano, si la tuviéramos que describir con algún patrón conocido, la describiríamos como una zanahoria con dos hojas, aunque más que una zanahoria sería como un cono de helado. ¿Confundido? Pues tranquilo, que seguro que conforme la conozca, quedará más confundido todavía.

Una planta muy particular
La welwitschia, como he comentado antes, tiene un tallo corto con forma de cono de helado que, contrariamente al que se pudiera pensar de una planta desértica (ver El árbol del Pastor: modestia por arriba, récord mundial por debajo), tiene un sistema de raíces muy finas y densas, pero que profundiza muy poco en el substrato arenoso del desierto -sin duda para aprovechar las escasas lluvias de la zona. Pues bien, de la parte más ancha de este cono, salen dos hojas opuestas que recuerdan mucho a las hojas de las orquídeas, con la particularidad de que estas hojas no se caen en ningún momento y que continúan creciendo indefinidamente durante toda la vida de la planta. O dicho de otra forma, tienen el crecimiento típico de las uñas humanas. Lo más gracioso del asunto es que, no es que se trate de una plantita de temporada, sino que los botánicos estiman que puede alcanzar a vivir los 2.000 años. Ahí es nada.

Individuo juvenil con las dos hojas
Efectivamente, la welwitschia, conforme se desarrolla, va emitiendo hoja. Hoja que debido a los vientos y al durísimo medio ambiente que lo rodea, se va rompiendo y rasgando prácticamente hasta su base mientras que las puntas se secan y se desintegran, creando una auténtica maraña de cintas que, en realidad, son todas la misma. De hecho, si no fuera así, con un ritmo de crecimiento de 0,37 milímetros al día, el espécimen más viejo que se conoce y que supera los 1700 años, tendría unas hojas de 230 metros de largo, cuando en realidad hace 4 metros de diámetro y tan solo 1,40 metros de altura. Y no acaban aquí sus rarezas...

Hembra con sus "piñas"
Aún su extrañísimo aspecto, esta planta resulta ser una conífera que está cercanamente emparentada con los pinos y los abetos, de tal forma que genera una especie de piñas pequeñas que crecen en ramitas que salen del mismo borde de nacimiento de donde salen las hojas. Para colmo de rareza biológica, encima, las welwitschias (conocidas en la zona como "tumbo") son dioicas, de tal forma que existen ejemplares macho y ejemplares hembra, las cuales son fecundadas por un escarabajo -la chinche de la welwitschia (Odontopus sexpunctatus)- que es prácticamente el único encargado de polinizar sus flores y que acostumbra a habitar en estas plantas.

La chinche de la welwitschia
Sea como sea, esta auténtica "Rossy de Palma" de la botánica remonta sus orígenes a la época de los dinosaurios, durante el Cretácico inferior, hace casi 100 millones de años. No obstante, a pesar del tiempo transcurrido, la especie no se ha movido demasiado de su sitio ya que, a parte de su zona actual de distribución entre Angola y Namibia, las welwitschias tan solo se han encontrado en el registro fósil de América del Sur, demostrando tener una zona de dispersión bastante reducida - deriva continental aparte, claro.

Aguanta condiciones durísimas
En definitiva, que desde que esta especie fuese descubierta en 1859 por el botánico austríaco Friedrich Welwitsch, ha quedado definida como una verdadera singularidad biológica. Su raro aspecto físico y su capacidad de vivir durante siglos en uno de los entornos más áridos e inhóspitos del planeta ha hecho que, la welwitschia, sea merecedora de ser considerada un símbolo nacional en Namibia y, por méritos propios, una de las plantas más extrañas del planeta.


La welwitschia más longeva que se conoce, con 1700 años

Webgrafía

lunes, octubre 12, 2015

Síndrome de Covada o el embarazo psicológico de los hombres

Síndrome de Couvade
Quien haya tenido perros en casa, seguro que no le será desconocida la extraña "enfermedad" que "ataca" a algunas perras, en que, sin más ni más, éstas comienzan a mostrar todos los síntomas de estar preñadas, pero sin estarlo. Esta situación, en que la hembra ha estado lo mismo de cerca de un macho que usted de acertar la lotería es, como mínimo, divertido y problemático a la vez, ya que según la virulencia del "embarazamiento" pueden sufrir diversas complicaciones (mastitis, hipersensibilidad...) que comporten una incómoda -sobre todo por la factura- visita al veterinario. Esta preñez ficticia, en que las hormonas se ponen tontas y hacen cosas raras, ocurren en todas las hembras de los mamíferos, inclusive en las mujeres, donde no es infrecuente. No obstante, lo que no es tan normal es que estos mismos embarazos psicológicos ocurran en los hombres, pero, aunque le pueda parecer mentira, hay hombres que los sufren: es el conocido como Síndrome de Covada.

Habitual en hembras
Los síntomas externos del embarazo, en las mujeres, son harto conocidos. Desde el aumento de peso (¿quién no ha dudado entre si era obesidad o embarazo antes de felicitar a alguna conocida?), las náuseas, los antojos y, sobre todo, los cambios intempestivos de humor, los cuales llevan de auténtico cráneo a más de un marido. Toda esta sintomatología, junto con el hecho de venida del bebé, es un auténtico trastorno tanto para la mujer como para el hombre, pero para estos últimos puede suponer un mazazo a nivel psicológico y, para algunos, incluso a nivel físico.

Mazazo psicológico
Lo más normal es que, ante un embarazo, el hombre sienta que todo lo que le gusta, es decir, salir los fines de semana, el fútbol, las cervezas con los amigotes o dormir a la patalallana, se va a ir al traste gracias a la venida de una criatura. Esta nueva responsabilidad familiar puede provocar reacciones psicológicas de todo tipo que pasan desde el abandono de la pareja, negaciones de paternidad o mil pequeñas cosas que las embarazadas se ven obligadas a capear como pueden. Sin embargo, en algunos casos, el hombre, ante la llegada de un retoño, empatiza tanto con la gestante que llega a presentar los mismos síntomas que ella.

¿Compartiendo el embarazo?
Dolores lumbares, náuseas matutinas, cambios de humor, aumento de peso, abultamiento de la barriga (al margen de las cervezas, conste), dolores de cabeza, vómitos, pérdida de apetito, insomnio... los hombres que padecen el Síndrome de Covada  (del latín Cubare -yacer- y de aquí al francés, Couver -incubar-) pasan un auténtico embarazo paralelo al de sus compañeras, pero no sólo psicológicamente, sino que, incluso, llegan a sufrir físicamente.

Más allá de los síntomas psicosomáticos, los estudios que se han efectuado han probado que los hombres que padecen este síndrome sufren un auténtico cóctel de hormonas, con alteración de los niveles de estrógenos, dopamina, oxitocina e incluso de prolactina -la hormona que induce a segregar la leche- por lo que, en algunos casos graves, puede necesitar tratamiento médico. Con todo, si bien se conocen perfectamente los síntomas, no se tiene claro cuál es el origen de esta afección.

Sufren antojos
Hay científicos que piensan que es meramente psicológico, ya sea por el cambio que supone en la vida habitual del hombre, por las ganas de tener un hijo, por empatizar en exceso con la pareja, por la responsabilidad, por celos, o tal vez por todo a la vez. Por el contrario, hay otros que piensan que la alteración hormonal de la mujer encinta produce elementos químicos (ver El misterioso caso de las chicas con reglas simultáneas) que son captados por un especialmente sensible futuro padre, produciéndole los disturbios endocrinos antes comentados. Sea uno o sea otro, los síntomas tienen su punto más álgido durante el primer trimestre de gestación y el último, y si bien los síntomas mejoran ostensiblemente haciendo ejercicio regularmente, acaban desapareciendo totalmente tras el parto, cuando las "pre-ocupaciones", dejan paso a una "ocupación" muy real.

Vivir la paternidad
El hecho de que un hombre pueda sufrir un auténtico embarazo empático, posiblemente sea visto como una debilidad desde el punto de vista del machismo más rancio y obsoleto. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que estamos inmersos en un proceso de feminización de la sociedad, en que los valores femeninos están al alza y que, tal y como van las cosas, esta particular dolencia posiblemente contenga la clave de la supervivencia humana. Y es que, en un mundo en que los recursos escasean a medida que la población se multiplica, la supervivencia de los grupos familiares -tal y como pasaba durante el Paleolítico- sólo es posible con la participación conjunta y equitativa de hombres y mujeres.

Tengámoslo en cuenta.

 
¿Desorden psicológico o influencia de la embarazada?

Webgrafía

jueves, octubre 08, 2015

El Fuego de San Telmo: el poder de un santo encerrado en una botella

Fuego de San Telmo.
Navegar por esos mares de Dios ha sido, desde siempre, sinónimo de adentrarse en lo desconocido. Las enormes masas de agua que envuelven los continentes han sido un foco constante de seres y fenómenos extraños para los cuales, una marinería absolutamente analfabeta, no tenía ninguna explicación razonable. Las sirenas, el mar de los Sargazos, la isla de San Borondón (ver La inalcanzable isla de San Borondón) o el Maëlstrom (ver El Maelstrom, el torbellino del infierno) llenaban de inquietud a quien se encontraba con ellas. Pero si había un fenómeno que ponía los pelos de punta a los marineros era el conocido como Fuego de San Telmo, una llamarada que surgía de los mástiles de los barcos cuando estos se encontraban en medio de una galerna. A día de hoy, el mar ya no es tan desconocido como antes, y aunque el Fuego de San Telmo se sigue produciendo, las cosas han cambiado de tal forma que incluso lo tenemos en casa. Sígame y le explico dónde.

San Telmo y su fuego
Estar en mitad del más desierto océano, en plena noche y encontrarse con una tormenta tropical donde los rayos y los truenos caen a todo trapo, es una situación la cual, si hoy en día hace encoger el estómago a la tripulación de los mercantes más grandes y experimentados, pueden imaginarse lo que debía de ser para los cascarones de nuez que se atrevían a cruzar el Atlántico en el siglo XVI: si usted se encontrara en su situación, aún siendo ateo, los avemarías los iba a cantar como quien canta la canción del verano. Pues bien, en esta situación tan desesperada, algunas veces, sobre los mástiles, se empezaba a producir una llamarada azulada que perseguía el barco en su movimiento. Este fenómeno, totalmente inexplicable, acostumbraba a ser tomado por las tripulaciones como señales de mal agüero, aunque los navegantes españoles, curiosamente, lo consideraban una señal de buena suerte en tanto que significaba que San Telmo les había ofrecido protección. Sea uno u otro, el fenómeno no pasaba inadvertido para nadie. Pero...¿cómo se produce el fenómeno?

Estructura de una tormenta
Durante las tormentas, las nubes van llenas de gotas de agua que, debido al roce entre ellas se cargan de energía electrostática negativa. Estas mismas nubes, crean en la superficie de la tierra un manto de cargas eléctricas positivas que intenta equilibrar las cargas eléctricas negativas de la nube, y cuando entran en contacto unas con otras, si la energía acumulada es suficiente, se descarga en forma de rayo. En tierra, las montañas, los árboles, los edificios y a veces las personas (ver La figura de Lichtenberg, el tatuaje gratuito del rayo) ponen en contacto ambas zonas de carga, pero en el mar, los barcos es lo más prominente que hay de la superficie marina, convirtiéndose en un perfecto pararrayos. Sin embargo, no siempre se produce un rayo.

Fuego de San Telmo en un barco
A pesar de estar muy cargadas eléctricamente tanto la nube como la tierra (o mar), hay situaciones en que la diferencia de potencial entre ambas no es suficiente para hacer saltar un rayo. En ese momento, la energía que se desprende en la zona de contacto entre la nube y la tierra, es capaz de ionizar el aire que le rodea, convirtiéndolo en un plasma que empieza a lucir con una luz más o menos potente. En el caso de los barcos, la zona de contacto eléctrico entre la nube y la superficie del mar son las puntas de los mástiles, por lo que la zona de plasma ionizado entorno a ellas se envolvía con un aura azulada y lo seguían en todo el trayecto mientras hubiera energía suficiente para soportar el fenómeno. Curiosamente, el Fuego de San Telmo se produce hacia el final de las tormentas (no hay suficiente energía como para seguir con la tamborrada de truenos y rayos), por lo que los marinos españoles, cuando lo veían, respiraban aliviados por estar en manos del santo.

Cuernos iluminados por la electricidad
Este fenómeno del Fuego de San Telmo, hoy igual que ayer, se sigue produciendo en la naturaleza. Barcos, aviones e incluso el ganado, pueden ser susceptibles de ver aparecer la luz del santo en sus estructuras y cornamentas, pero la gracia es que incluso se ha llegado a domesticar; sí, sí,... domesticar. Y es que el principio del Fuego de San Telmo es la base de funcionamiento de los tubos fluorescentes que podemos encontrar en cualquier hogar actual, con la única modificación de que el aire se cambia por una mezcla de gases (sodio, mercurio, neón...) que aumenta la luminosidad de la descarga y permite iluminarnos en la oscuridad con ella. El poder del santo, metido en una botella... ¡qué cosas!

Fuego de San Telmo en un avion
En definitiva, la humanidad, conforme ha ido evolucionando, ha sido capaz de encontrar la explicación a fenómenos naturales que hasta no hace mucho eran simples focos de ignorancia y superstición. La religión se aleja de nuestro entorno conforme que el conocimiento humano va avanzando, como quien rompe la oscuridad con una linterna, pero no hemos de ser tan arrogantes de creer que lo sabemos todo, ya que no conocemos ni una décima parte de todo el mecanismo físico que nos envuelve. Hoy son fenómenos paranormales; mañana serán obviedades: abramos nuestra mente al increíble mundo que nos rodea.

...antes de que nos lo carguemos, claro.

El poder de un santo encerrado en una botella

Para saber más

domingo, octubre 04, 2015

El Corral del Veleta, el glaciar andaluz que se resiste a morir

Sierra Nevada y la Alhambra
El cambio climático, si bien hay gente que no tiene ningún pudor en negarlo a pesar de que las castañeras vendan las castañas asadas en bikini, es una realidad que está afectando todo nuestro entorno. Desde los árboles, que cada vez adelantan más sus épocas de floración, las olas de calor cada vez más fuertes o los registros pluviométricos cada vez más escuetos a cada día que pasa (ver El punto más lluvioso de España en medio de la España más seca: Grazalema), el hecho de que el clima está cambiando a pasos agigantados es algo más que una especulación científica. Y si algo hay que está notando especialmente el calentamiento global, esos son los glaciares, sobre todo los que están situados más al sur, que sufren de primera mano el frente de calor que va remontando el continente. En la actualidad, el glaciar más al sur de Europa (con menos hielo que mi nevera, todo sea el decirlo) es Il Calderone, en Italia, pero hasta 1913 estuvo en Sierra Nevada, cuando un verano caluroso deshizo el glaciar del Corral del Veleta para siempre. Sin embargo, donde hubo fuego, cenizas quedan y, en este caso, el dicho no es una excepción: El glaciar del Corral del Veleta, aún existe.

El Veleta y su carretera
En lo alto de Sierra Nevada, a 3.396 metros de altura, el pico del Veleta se alza frente al Mediterráneo de forma majestuosa (con permiso de su hermano mayor, el Mulhacén, claro), proporcionando un magnífico telón de fondo a la roja Alhambra de Granada. Esta cima, a la cual se puede llegar en coche pidiendo permiso a la administración del Parque Natural de Sierra Nevada, pasa gran parte del año cubierta de nieve fruto de su extraordinaria altura, y esta particular característica, a demás de hacerle ganar el nombre de "sierra nevada" le permitió tener durante siglos, en su parte norte, un auténtico glaciar. Glaciar que, conocido de todas las culturas que han pasado por la región, fue extensamente documentado por el espectáculo de hielo y nieve que proporcionaba en unas tierras tan tórridas y secas como las andaluzas.

Morfologia del Corral del Veleta
El origen de este glaciar, el cual se ubica en el llamado "Corral del Veleta" (por ser un circo glacial de forma circular y ubicarse a pies del Veleta) lo hemos de encontrar en la última glaciación cuaternaria, la cual hizo descender de latitud las zonas árticas, produciendo los casquetes glaciales de los Pirineos y los Alpes. No obstante la altura de Sierra Nevada, el hecho de estar ubicada demasiado al sur impidió la formación de un denso casquete helado, pero no impidió que, aprovechando los valles fluviales, se formasen algunos glaciares aislados que llegasen a tener lenguas de hasta 12 km de largo modelando, sobre todo, su cara norte.

Evolución del glaciar
El final de la glaciación hace unos 12.000 años, llevó a que los glaciares redujeran rápidamente su extensión, quedando circunscritos a los circos (corrales, como se dice en la zona) de las partes más altas de la cordillera. En este sentido, el Corral del Veleta, por su orientación, aguantó todos los envites de la calor andaluza como un relicto glaciar con más piedras que hielo. Sin embargo, entre el siglo XIV y el XIX se produjo lo que se dio a llamar la Pequeña Edad del Hielo, un periodo en que los inviernos fueron muy fríos y los veranos suaves, lo que permitió que el casquijo de hielo y piedras del Corral del Veleta, tomara fuerza y volviera a ocupar la cabecera de su antiguo circo y volviera a fluir vertiente abajo.

1995, el Corral del Veleta, sin nieve
Fue a mediados del siglo XIX en que el final de dicho periodo frío hizo que el pequeño glaciar volviera a retroceder de forma alarmante debido a los veranos progresivamente más cálidos, hasta llegar a principios del XX (unos dicen 1910, otros 1913) en que el glaciar desapareció de la vista de los visitantes, dejando su puesto como glaciar más meridional de Europa al ya mencionado "Il Calderone". Pero el hecho de que no se viese, no significa que desapareciese...

El hielo en el Veleta
Efectivamente, si bien la capa blanca que cubría el otrora glaciar del Veleta había desaparecido, en 1999 se descubrió que, bajo el montón del casquijo de piedras y arena que formaban la base de la pared del circo, se mantenía toda una extensión de hielo de unos 130 m de longitud, 37 m de anchura y 8 metros de espesor de hielo, restos de aquel glaciar que había desaparecido a principios del siglo XX. 

Lagunilla delante del glaciar
Estudiado por los glaciólogos, llegaron a la conclusión que se había convertido en un glaciar rocoso que, gracias a la capa de gravas que se le había puesto encima y que le hacía de manta térmica, había conseguido llegar hasta la actualidad. Eso significaba que, a pesar de todo, el glaciar continuaba teniendo movilidad interna -se desplazaba como los grandes- pero a una velocidad muchísimo menor: tan solo se desplaza de 8 a 15 cm al año. Sin embargo, no todo son buenas noticias.

Evolución de la cobertura de nieve
El hecho de que el glaciar del Corral del Veleta haya sido capaz de mantenerse hasta hoy se debe, sobre todo, a las acumulaciones de nieve que han persistido durante el verano y que han permitido que la oscura capa de tierra y piedras que lo cubren no se haya calentado en exceso, haciendo correctamente su papel de manta térmica. Desgraciadamente, durante los últimos veranos, la temperatura ha aumentado y ha deshecho totalmente la nieve, calentando las piedras y haciendo que el espesor haya disminuido 2 metros en 7 años, lo que compromete seriamente la continuación en el tiempo de este auténtico superviviente glaciar en caso de que la temperatura siga subiendo. Y lo está haciendo.

Valle glacial del Corral del Veleta
El hombre, en definitiva, ha modificado el ambiente debido a su actividad inconsciente de destrucción de su entorno. Posiblemente, el glaciar del Veleta se haya fundido por causas naturales, pero resulta impepinable que la acción humana está acelerando de forma decisiva el deshielo de las acumulaciones glaciares de prácticamente todo el mundo.  Que el glaciar del Corral del Veleta se funda no importa lo más mínimo al planeta, habida cuenta que de aquí a unos miles de años una pequeña bajada de temperatura volverá a generar nuevos glaciares. Sin embargo, a nosotros no nos ha de dar lo mismo ya que, perder los glaciares en un lapso corto de tiempo, significará perder las principales fuentes de agua dulce en un mundo, el actual, donde las necesidades de agua potable aumentan a cada segundo que pasan.

Durante la próxima sequía, acuérdese del Corral del Veleta. Consejo de amigo.


El glaciar del Corral del Veleta en 1892