Publicidad

martes, septiembre 30, 2014

El macabro juicio a un papa muerto... y presente

El papa Formoso
Ahora que la "legalidad" parece tener un hueco en las primeras páginas de la actualidad diaria, me viene a la mente uno de los episodios más lamentables y vergonzosos que ha pasado nunca el papado y, por extensión, la cristiandad entera. Invocando la legalidad vigente en el Vaticano en su momento, el papa Esteban VI (¿o era VII?) no dudó en juzgar a un papa anterior -el papa Formoso- por un asunto de corrupción, por lo que se le hizo estar presente en el juicio y se le asignó un defensor de oficio. Hasta aquí, pudiera ser considerado todo normal, pero claro... cuando resulta que el acusado había muerto 9 meses antes, la cosa cambia bastante... y, como le puede dar en la nariz, a peor.

A finales del siglo IX, la labor de los papas no puede decirse que fuera exactamente plácida ni sencilla. En aquella época, el Imperio Carolingio era lo más parecido a un reino de taifas que podía existir y estaba dividido entre diversos pretendientes que, dominando cada uno diferentes partes del antiguo imperio de Carlomagno, no dudaban en presionar al papa de turno para que les coronase como emperador, habida cuenta que tan sólo el visto bueno del sumo pontífice daba validez al emperador de turno.

Formoso, pero con mejor pinta
Siguiendo estas premisas, los papas tenían que hacer auténticos encajes de bolillos entre las opciones que más interesaban a su papado, las tendencias familiares y las encerronas diplomáticas de los diversos contendientes. Ello implicaba que, por ejemplo, entre el 866 y el 872, el papa Nicolás I enviara a Formoso -entonces cardenal obispo de Porto (localidad cercana a Roma)- a diversas misiones en Bulgaria y Francia para calmar los ánimos búlgaros y convencer al rey de los Francos de ser el siguiente emperador del Imperio en detrimento de otros pretendientes. Y tan bien lo hizo que se ganó el cariño de los búlgaros y convenció a Carlos el Calvo, para ser coronado emperador. No obstante, todo se iba a complicar.

A la muerte de Nicolás I en 872, Formoso fue nominado como "papable", pero finalmente no fue agraciado con la "lotería" papal, sino que salió elegido Juan VIII. Este nuevo papa lo tenía entreojillo en tanto que había sido competidor suyo, tenía cierta reputación de buen hacer y, sobre todo, desde que se había opuesto a que Carlos el Calvo fuera también coronado rey de Italia, tal y como pretendía Juan VIII. Formoso, y una parte importante de Roma, preferían la opción germánica de Arnulfo de Carintia. Todo era cuestión de gustos.

Carlos el Calvo
En 875, Juan VIII se salió con la suya, y ante la llegada de Carlos el Calvo para su coronación, Formoso se arremangó las sayas y salió pies-para-qué-os-quiero de Roma junto a otros activistas del bando de Arnulfo, lo cual fue aprovechado por Juan VIII para excomulgarlo y acusarlo de corrupción, conspiración... y hasta de la muerte de Manolete. La excomunión le duró hasta el 883, en que el nuevo papa Marino I lo rehabilitó y lo restituyó en los cargos que tenía anteriormente. Pero si algo tenía aquella época, era que los papas duraban menos que un caramelo en la puerta de un colegio y en el 891, tras dos pontífices más -a parte de Marino- le tocó a Formoso, finalmente, ser papa.

Arnulfo de Carintia
A pesar del (poco) tiempo pasado, las rencillas entre los bandos "germanófilo" y "francófilo" seguían plenamente vigentes y ante el jaque -mate, claro- que los francófilos pusieron a Formoso para forzarlo a coronar como emperador a Lamberto de Spoleto, Formoso contestó llamando a su amigo Arnulfo de Carintia el cual se presentó con sus tropas en Roma para desbancar a Lamberto. En 896, Arnulfo vence a Lamberto y Formoso lo nombra emperador. Sin embargo, en abril de aquel mismo año, Formoso muere con 80 años, y  pocos meses después Arnulfo se ve obligado a retirarse a sus dominios bávaros por haber sufrido un ictus en una batalla contra Lamberto. Todo vuelve a cambiar.

Esta situación inesperada permite al bando de Lamberto poner al frente del papado a uno de los suyos, Bonifacio VI, pero como les dura 15 días -contados-, instauran después a Esteban VI, el cual coronará a Lamberto de Spoleto (¡qué casualidad!) como Emperador.

El papa Esteban VI (o VII)
De esta forma, presionado por la facción lambertiana, y aprovechando sus facultades papales, Esteban VI -o VII, hay confusión entre los autores por el numeral- , a principios de 897, convocó un sínodo (una junta de obispos, vamos) en que se juzgaría el papado de Formoso, pero con la macabra novedad de que el mismísimo papa muerto nueve meses antes, estaría en persona ante el auditorio. El llamado Sínodo Cadavérico había dado comienzo.

Para ello, se desenterró el cadáver de Formoso, y así, a medio corromper -se supone que no debía oler exactamente a jazmín-, se vistió con sus trajes papales y se le sentó en un trono en medio de la sala. Eso sí, para que pudiera defenderse equitativamente, se le asignó un joven diácono que tenía el papelón de hacer las veces de abogado defensor... siempre que le dejara  Esteban VI, que para eso era el que organizaba el sarao, y era el que llevaba la voz cantante. Formoso, todo sea el decirlo, iba a presentar poca batalla.

Espacio carolingio en 898

El lamentable espectáculo en que se convirtió el sínodo, en que Esteban VI sacó sapos y culebras por la boca en contra del cadavérico Formoso, acabó con la sentencia de culpabilidad por perjurio, conspiración, violación de las leyes canónicas e incluso de actuar como obispo cuando era un simple seglar, comportando como castigo la anulación de su elección como papa y todos los nombramientos que había hecho el cadáver presente en vida -el del emperador rival, incluido.


Pero el tétrico y revanchista juicio no acabó aquí. Finalmente, a los despojos de Formoso se le rasgaron las vestiduras papales, se le cortaron los tres dedos con que bendecía y se le enterró en una fosa común, pero tan solo como paso previo a ser lanzado al río Tiber, donde fue encontrado por un monje que, piadosamente, guardó el cadáver. No obstante, el "Synodus Horrenda" acabó por ser un boomerang mortal para el propio Esteban VI.

Basílica de San Pedro
Durante el sínodo, corrió el rumor de que el cuerpo de Formoso, una vez desenterrado había producido milagros, lo que, junto al infame trato del cadáver, hizo que el pueblo de Roma se revolucionase en contra del Papa Esteban VI. El populacho, lleno de ira, depuso al papa y lo encarceló, donde murió estrangulado en agosto de 897. El nuevo papa (Teodoro II) a finales de 897 rehabilitó la memoria de Formoso y ordenó que fuera enterrado en la Basílica de San Pedro con vestimentas papales. La faena fue acabada por el papa Juan IX en 898, ya que el anterior papa había durado tan solo 20 días, confirmando la nulidad del Sínodo del Cadáver y prohibiendo que se pudiera hacer nuevos juicios a personas muertas.

Sergio III
Sea como fuere, en 904,- y tras 2 papas más tras Juan IX- accede al papado Sergio III, antiguo obispo presente en el infausto sínodo y anti-formosiano irredento, el cual anuló los edictos de rehabilitación de los dos papas anteriores pro-formosianos e intentó rehabilitar la memoria de Esteban VI.  Por suerte, Formoso no dio más tumbos después de muerto y, a pesar de las idas y venidas de las facciones papales, el pobre hombre pudo finalmente reposar en paz hasta el día de hoy, no sin antes haber sido protagonista involuntario de uno de los episodios más lúgubres y deplorables que han trascendido de la historia vaticana.


La tétrica farsa del Sínodo Cadavérico

Webgrafía

viernes, septiembre 26, 2014

Ford Nucleon, el futurista coche nuclear

Ford Nucleon
Incidentes como Fukushima, Chernobil o Three Mile Island han hecho que la opinión pública se cuestione ampliamente el uso de la energía nuclear como fuente de energía eléctrica debido a sus más que evidentes riesgos para la población. Esta es la visión en la actualidad, pero no siempre ha sido así y, justo después del final de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de la tecnología atómica con fines civiles hacía presagiar al común de los mortales que la energía nuclear sería la fuente limpia, barata e inagotable del futuro. Dentro del contexto de esta ilusa burbuja "happy flower" nuclear de los años 50 y principios de los 60, los diseñadores -al mejor estilo Tete Cohete- quisieron aplicar reactores nucleares a todo lo que fuera posible. ¿Se imagina circular en un coche que funcionase con un reactor nuclear? el menor golpecito pondría los pelos como escarpias a cualquiera hoy en día. Pues bien, en 1958 eso no era ningún inconveniente y los ingenieros de Ford diseñaron el que estaba llamado a ser el primer coche atómico de la historia: el Ford Nucleon.

Submarino nuclear
En las primeras fases de la que se ha dado a llamar Era Atómica, los riesgos de la energía nuclear, más allá de su uso como armamento de destrucción masiva, eran prácticamente desconocidos para la sociedad. Los gobiernos, atraídos por la posibilidad de una fuente de energía barata e inacabable, no dudaron en vender la energía atómica como una auténtica panacea, por lo que la aplicación de esta tecnología se creía que sería la gran solución a todos los niveles en un futuro inmediato. El camino del vanguardismo y la innovación tecnológica pasaban, indefectiblemente, por la energía nuclear.

Central nuclear de uso civil
Estados Unidos, inmersos en su particular pugna con la Unión Soviética (ver La Bomba del Zar, la bomba nuclear que asesinó a la Tierra), llevaba la voz cantante en las novedades que aplicaban la tecnología nuclear a la vida civil. Centrales nucleares de generación de electricidad, buques mercantes, satélites de comunicaciones, terapias médicas... todo en lo que el I+D norteamericano pudiera montar un reactor nuclear, se hacía, y la Ford, como vanguardia de la industria automovilística, no estaba dispuesta a perder el carro de la modernidad.

Con su reactor en la parte de atrás
En 1958, el joven diseñador Jim Powers, entonces en su primer año trabajando para Ford, presentó unos primeros esbozos que gustaron al director del equipo, el cual le animó a desarrollar la idea. Este espaldarazo desembocó en la construcción de una maqueta en escala 3/8, primeramente en arcilla y posteriormente en fibra de vidrio, de lo que tendría que ser el primer automóvil nuclear de la historia, presentándolo al público bautizado como Nucleon.

Diseño atómicamente vanguardista
El Ford Nucleon, en sus 5,08 metros de largo por 1,96 m de ancho y tan solo 1,05 de alto, montaba en su parte trasera un reactor nuclear que proporcionaría la energía suficiente para que el vehículo tuviera una autonomía de más de 8.000 kilómetros. Si bien el sistema de propulsión no está clara, parece que montaría una turbina de vapor al estilo de los submarinos nucleares, pero de tamaño más pequeño, y que el comprador podría optar por diversos "cubicajes" que dependerían del tamaño de la barra de combustible radiactivo que pudiera gestionar. En el momento de repostar -el cual se efectuaría en una estación de servicio acondicionada-, el material radiactivo consumido se sustituiría simplemente por otro nuevo. ¡Sin problemas!

Accidente de Fukushima
El fabricante, además de asegurar que no contaminaría el aire como los de combustible fósil, afirmaba que no tendría ningún problema en circular por mucho frío que pudiera hacer, ya que el calor que generaba el reactor sería suficiente para calentar el habitáculo y para mantener en movimiento la máquina. En caso de calor, la turbina generaría electricidad suficiente para poner en marcha un aparato de aire condicionado en su interior. Todo ventajas, vamos.

La versión con alerones
El paso del tiempo y la progresiva caída en desgracia de la energía nuclear para usos públicos, hicieron que la Ford, dejara en el cajón el diseño de automóvil atómico como algo inviable aunque, la verdad sea dicha, nunca confió demasiado en poder llevarlo a producción. El equipo de creación diseñó el coche sabiendo que era un prototipo que dependía de la más que probable -en aquel entonces- miniaturización de los motores a reacción nuclear y de la capacidad de reducción de riesgos de este tipo de energía. Algo que, simplemente, no llegó... y difícilmente llegará jamás.

La maqueta del Ford Nucleon, que se redescubrió en 1981 por investigadores del Instituto Smithsonian, se puede observar en la actualidad en el Museo Henry Ford, en Dearborn, Michigan.


William Ford y el Nucleon. Demasiado adelantados a su época

Webgrafía

jueves, septiembre 25, 2014

El Jeriñac, el loco nombre oficial del brandy llamado coñac

Brandy de Jerez
Hacker, mouse, celebrity, marketing, mail... el castellano, en los últimos años, conforme que el tiempo y las tecnologías han ido avanzando a una velocidad mucho más rápida que el idioma,  ha ido añadiendo todo un compendio de nuevos términos préstamo del inglés que, la mayoría de veces no tienen traducción directa. Aunque es un proceso que ha pasado en todas las lenguas y todos los tiempos. esto ha dolido (y duele) a los puristas, por lo que muchas veces, desde los estamentos oficiales se intenta imponer el uso de versiones más o menos artificiosas, las cuales, la mayoría de veces no tienen ningún éxito. Sin embargo, el problema se agrava cuando el préstamo se refiere a productos o marcas comerciales registradas, por lo que el uso de algunas palabras está estrictamente prohibido so pena de meterse en camisa de once varas. Tal fue el caso del champán, que se tuvo que cambiar por "cava" por los productores catalanes, o el coñac, que tuvo que utilizar el nombre de "brandy" por los bodegueros jerezanos... aunque, todo sea el decirlo, éste último no fue el elegido oficialmente, porque el que se escogió fue, simplemente, el despiporre.

Coñac francés
La industria del coñac, en Andalucía, no es una cosa de nueva creación. Durante los últimos doscientos o trescientos años, los productores vinícolas del sur de España tradicionalmente han destilado licores espirituosos de alta graduación procedentes de la cría en barricas de los vinos producidos en la tierra, obteniendo un producto muy similar al que los franceses de la población de Cognac (en la región viticultora de Poitou-Charentes) pusieron de moda internacionalmente y que es con el que ha hecho fortuna en medio mundo.

Sin embargo, el producto andaluz no desmerecía el francés, por lo que durante el siglo XIX se empezó a exportar a Holanda e Inglaterra, sobre todo de mano de bodegueros ingleses que, atraídos por el vino de Jerez, intentaban hacer negocio con sus productos derivados -el coñac elaborado con vino de Jerez, era uno de ellos- más allá de las fronteras españolas.

Bodegas de Pedro Romero
El coñac jerezano, pese a su calidad, recibía el genérico nombre de "brandy", nombre con el que era apodado por los ingleses y que procedía de la palabra holandesa "brandewijn" (vino quemado). A finales del siglo XIX, Domecq, Osborne y otros bodegueros comienzan la producción, embotellado y comercialización desde España del excepcional "brandy de Jerez"... solo que el personal se había acostumbrado a llamarlo "coñac" y no había forma de dejar atrás el sambenito del producto francés, a pesar de ser un producto con personalidad propia.

El objetivo era emular al "cava"
En la primera mitad del siglo XX, en tanto que las exportaciones y las ventas aumentaban, los responsables del Consejo Regulador del Jerez decidieron que ya estaba bien de que el producto tuviera un nombre que no usaba nadie (brandy) y que fuera conocido por un nombre que no podían utilizar (coñac). Querían encontrar un nombre que, a imagen de los productores catalanes de champán, que habían conseguido hacer fortuna con su "cava", también les denominara por sí solo a su licor. En 1950, decidieron convocar un concurso público para dar, por fin con tan ansiado nombre.

El Coñac procede de Cognac
El concurso fue un auténtico éxito de participación, con más de 30.000 nombres que se disputaban el suculento premio de 10.000 pesetas con que estaba gratificado el ganador. Sin embargo, aquí quedó todo el éxito obtenido, porque la galería de nombres aportados, más bien parecía una galería de los horrores léxicos.

Nombres tan esperpénticos como Pepe, Ballena, Extremo derecha, Vinardiente, Banderillero, Pirosin o Cherquemado, se mezclaban sin solución de continuidad con otros histriónicamente impronunciables como Coñajer, Joñac, Jerezsolvín, Astiñac, Ceretñac, Jernac, Xeriñac, Jercó, Brandixer, Jerlicor, Xibrany, Jerendy, Jerein, Brendano, Jerezvid... en fin... una colección de nombres que rizaría los pelos al mismísimo Quevedo.

Jose Mª Pemán
Sea como fuere que entre tal miríada de propuestas se tenía que escoger una -ya que una de las condiciones del concurso es que no quedara desierto- el jurado, entre los que se encontraba el escritor Jose María Pemán, el día 3 de julio de 1950 tuvo que emitir finalmente su fallo. Fallo que, todo sea el decirlo, y visto el revuelo formado después, fue un auténtico fallo: el nombre agraciado con el premio, que tenía que hacer olvidar "brandy" y que tenía que dejar a la altura del betún a "coñac" fue... Jeriñac. Bueno... finalmente fue "jerinac" porque los académicos aconsejaron al Consejo Regulador convertir la "ñ" en "n" porque en el extranjero no tenían esa letra. Todo un detalle.

La risotada colectiva al conocerse el veredicto fue de órdago. La noticia corrió como un reguero de pólvora, provocando el descojone de Dios y su padre y sacando chistes con el nombrecito de marras: "Por favor... un Jeriñac; si, al fondo a la derecha" se decía. Evidentemente, la industria del brandy, tan escéptica como el resto de la población, vio enseguida que aquello tenía menos futuro que una tienda de jamones en La Meca, por lo que hizo mutis por el foro. Siempre hubo alguien que vio las posibilidades del nombre para pedir un "jeringazo"... aunque a la mayoría le pareciera una "jericoña".

Antiguamente se utilizó "coñac"
Al final, los más contentos fueron las 6 personas que coincidieron con el nombrecito, las cuales se repartieron como buenos hermanos las 10.000 pesetas del premio. Por su parte, el "Jeriñac" cayó en el baúl del eterno olvido popular -que continuó llamándolo "coñac"- y desde los bodegueros se dio por bueno el nombre que ya se utilizaba, y que es el que se utiliza aún en la actualidad: "Brandy de Jerez", demostrando, como tantas otras veces, que por mucho que la oficialidad diga una cosa, el pueblo siempre acaba teniendo la última palabra.

Nunca mejor dicho.



Una copa de coñac y un puro y déjate de... "jericoñas"

Webgrafía

miércoles, septiembre 24, 2014

La indignante muerte y milagrosa resurreción de una laguna de interior

Estany d'Ivars i Vila-sana
Que el agua es un bien escaso, es algo que, mientras tengas un grifo cerca, parece que no vaya contigo, sobre todo en la calurosa área mediterránea. No obstante, tomamos consciencia al momento, tan pronto como nuestra cómoda fuente particular deja de manar y nos encontramos con que no hay suficiente agua a nuestra disposición ni para ir al váter. Sea como sea, la existencia de lagos y lagunas que mantengan una capa de agua casi permanente, suponen auténticos oasis para la vida natural y humana, tal y como han sabido desde antiguo los habitantes de todas las zonas esteparias del planeta y las secas llanuras leridanas, no son una excepción. Sin embargo, a mediados del siglo XX, el hasta entonces mayor lago de Catalunya, situado en medio del páramo del Pla d'Urgell (a 35 km de Lérida y 8 de Mollerussa) fue desecado como producto de la especulación disfrazada de conversión en tierras de cultivo. ¿Otro caso de espacio natural perdido por un pelotazo urbanístico? No, por suerte éste se ha podido recuperar. Es la historia del resucitado Estany d'Ivars.

Laguna de Ivars, 1935
La Laguna de Ivars y Vila-sana (Estany d'Ivars i Vila-sana, en catalán), con 126 ha de superficie, es en la actualidad el lago natural con mayor superficie de Cataluña, dejando en segundo lugar al conocido Lago de Banyoles con 112 ha -aunque con un volumen de agua mucho mayor- y su historia pudiera seguir los pasos de tantos otros cuerpos de agua de tierra adentro que, debido a los turbios intereses humanos, se han perdido irremisiblemente durante los últimos tiempos (ver Réquiem por un mar). Pero no; afortunadamente, este ha sido de los pocos que, gracias a la presión social, ha podido dar marcha atrás y recuperar su antiguo esplendor paisajístico y biológico.

El origen de esta laguna lo hemos de buscar en las escasas aguas de lluvia de la zona, las cuales, debido a caer en un relieve llano como la palma de la mano, se acumularon en el fondo de una cubeta formada por materiales arcillosos impermeables sin salida hacia ningún río. Si a la poca agua que corría ya de forma natural, sumamos la alta evaporación, ello provocaba que el Estany d'Ivars fuese una lámina de agua salobre (incluso se extraía sal) relativamente grande, pero poco profunda. No obstante, en 1861 sufrió un cambio radical.

La caza era una actividad tradicional
A partir de ese año, la construcción del Canal d'Urgell puso en regadío toda la llanura que rodeaba la laguna de Ivars, haciéndola receptora de los sobrantes del agua de riego de los campos colindantes. Este aporte de agua dulce hizo que el lago cambiara de salobre a dulce y que no llegara a secarse en verano, lo que le permitió llegar a una máxima extensión de 2400 x 800 m, un calado máximo de 3.8 m, y a formarse un desagüe natural. La riqueza faunística y biológica se disparó, convirtiendo el lago en un punto de reunión y de actividad de los pueblos de alrededor, centrados sobre todo en la caza de patos y fochas y en la pesca de la anguila (ver La escurridiza vida de la misteriosa anguila) , la cual se convirtió en un plato típico de la zona.

El lago era un lugar de ocio
Sin embargo, las zonas húmedas, tradicionalmente habían sido señaladas como culpables de las epidemias de todo tipo que esquilmaba a la población -que se lavaran sólo los años bisiestos y que no tuvieran para medicinas no tenía nada que ver, claro- por lo que se hicieron diversos proyectos para desecar la laguna dados los "inmensos" beneficios que reportaría. En 1914 se previó el primero, pero la oposición de la comunidad de regantes y de los pueblos lo hicieron inviable, pero vino la Guerra Civil y la dictadura y la cosa iba a dar un vuelco dramático.

Canal d'Urgell
En 1945, la empresa Locomociones y Transportes S.A., presentó al gobierno franquista el proyecto de desecación del lago de Ivars. Hasta aquí, todo normal, pero lo más gracioso es que esta tal empresa, hasta aquel momento se había dedicado exclusivamente a los medios de transporte (gestionó los aparcamientos de la Expo del 29 en Barcelona, solicitó permiso para un funicular en La Molina, gestionó el Funicular de Nuria, instaló un telesilla allí mismo...) ¿cual fue el motivo de embarcarse en un proyecto que nada tenía que ver con lo suyo? La filantropía, seguro que no, pero el caso es que se lo concedieron.

Pese a la oposición de los vecinos y de los propietarios expropiados, y tras hacer caso omiso a los primeros (la dura represión de posguerra no dejaba margen para mucha queja), y pagar miseria y compañía a los segundos -alguno se quejaba de que no le valía la pena ni desplazarse a Lleida a cobrarlo-, la compañía comenzó las obras de desagüe. Habida cuenta que obtenía el beneficio de poder vender las tierras sumergidas compradas por cuatro chavos a precio de tierra de cultivo, el negocio se planteaba interesante... solo que la naturaleza imponía su ley.

1950, la laguna a medio desecar
Las obras de drenaje duraron del 1949 al 1951, pero el fondo salobre resultó que daba, como mucho, para plantar arroz, por lo que las expectativas de obtener pingües beneficios a costa de la reconversión en tierras de cultivo se esfumaron rápidamente, pero el mal ya había sido hecho. La empresa, a principios de los 60 se vendió a precio de saldo los terrenos acondicionados como terrenos agrícolas normales; unos terrenos agrícolas que, en realidad, eran muy pobres y no daba apenas rendimientos. Tierras malas y un entorno ecológico y humano perdido para siempre... o no.

Gran riqueza biológica
Con el retorno de la democracia, las voces de recuperación del lago de Ivars se hicieron cada vez más insistentes, tanto desde la sociedad civil como desde los movimientos ecologistas, lo que desembocó en que a principios de los años 90, el ayuntamiento de Ivars impulsara el proyecto de recuperación de la antigua laguna.

2007, en proceso de relleno
Durante los años 90, el desarrollo del proyecto, la compra de los terrenos a inundar a sus propietarios y las idas y venidas de los juzgados por algún propietario que no quería vender, hicieron que la puesta en marcha de la recuperación se demorara hasta el año 2001. A partir de este momento, se forma el Consorci de l'Estany d'Ivars i Vila-sana, el cual gestiona los terrenos adquiridos, y se inician los trabajos en los desagües, el traslado de las lineas eléctricas afectadas y de reacondicionamiento del fondo lacustre para, finalmente, en 2005 dar el pistoletazo de salida al relleno con agua proveniente del Canal d'Urgell.

El lago en medio de los campos
En la actualidad, el Estany d'Ivars tiene 2142 x 730 m y una profundidad máxima de 3.95 m, convirtiéndose en uno de los puntos de interés biológico más importantes de toda la provincia de Lérida y de Catalunya en general, con más de 400 taxones de plantas, 200 tipos de aves, 29 tipos de mamíferos, y numerosas especies de reptiles, anfibios y peces - últimamente, incluso se ha dado permiso para la pesca de la carpa. Todo un éxito de recuperación de un espacio natural arrasado por la codicia humana y que pone de manifiesto que, por mucho que haya oscuros intereses entremedio, si la sociedad quiere, se puede.

...si no está anestesiada, claro.


El Estany d'Ivars, una belleza ecológica recuperada

Webgrafía

martes, septiembre 23, 2014

El Happy Meal Project o cómo documentar la incorruptibilidad de una hamburguesa

Sally Davies
Si hay algo que no llego a comprender es el porqué, a estas alturas, hay tantas enfermedades y tantas infecciones en el mundo. Tan solo viendo los ingredientes de cualquier alimento, podemos ver que la cantidad de estabilizantes, emulgentes, correctores de acidez, edulcorantes, colorantes y conservantes superan en número y en volumen a la comida que ingerimos con ellos, por lo que, tan solo por contacto con ellos, ya tendríamos, como mínimo, que llegar a edades con las cuales tildar a Matusalem de jovenzuelo. No obstante, avances en este sentido se están haciendo, como pudo comprobar una artista, la cual compró una hamburguesa y unas patatas del McDonald's y procedió, tras dejarlos a la intemperie, a tomarles fotos a diario para ver cómo el tiempo hacía que se pudriesen... y aún está esperando que lo haga.

Día 1
Sally Davies, una fotógrafa norteamericana de Nueva York, compró una hamburguesa "Happy Meal" y unas patatas fritas en el McDonald's más cercano a su casa. La idea de Sally era dejar estos alimentos fuera de la nevera y hacer una secuencia de fotos durante un tiempo para ver como esta popular comida se desintegraba a la intemperie. Ni más, ni menos como lo sabe cualquiera que haya tenido el inmenso placer de haber tenido una patata o una cebolla podrida en la despensa. Corría el 10 de abril del año del Señor de 2010.

Día 3, un poco seca
Después de preparar estéticamente los deliciosos (corramos un tupido velo) alimentos a fotografiar y dejarlos en una estantería tras un vidrio, Sally procedió a efectuar una foto de ellos puntualmente cada 24 horas. El Proyecto Happy Meal, comenzaba su andadura.

Día 126, tal como el día 3
Al principio, la hamburguesa y las patatas ambientaron con "Eau de Fritanga" el apartamento de la fotógrafa, pero en menos de un día, los productos dejaron de hacer ningún olor. Pero, evidentemente, esto es simplemente uno de los cambios que el paso del tiempo produce sobre la materia orgánica en degradación. Sin embargo, la sorpresa se la llevó Sally cuando tras varios días fotografiando, observó que aquel cambio organoléptico había sido el único que se había producido en todo aquel tiempo.

Día 353... y ahí sigue
10, 20, 30 días... aquello no cambiaba, ni se degradaba, ni que lo matasen. A lo sumo, la hamburguesa se secaba de forma inapreciable y reducía de forma igualmente inapreciable. Las patatas, eso sí, estaban como el primer día, dejando en ridículo las más avanzadas técnicas de momificación de los egipcios o los aborígenes neozelandeses (ver La macabra idea de un filósofo en una vitrina) y entrando en dura competencia con las esteticistas de Cher y de la Duquesa de Alba.

Día 611, impasible el ademán
Al final, y en viendo que aquello se corrompía menos que Eliot Ness,  pasó a  hacer las fotos de tanto en tanto,  aunque aquello pasó a ser poco menos que un documental de La 2, dedicado a la descomposición en directo de una momia, porque las fotos del día 171, las del primer aniversario, las del segundo, tercero y cuarto, son exactamente iguales: no hay síntomas evidentes ni de pudrición, ni enmohecimiento... nada. Y la última que tiene expuesta en su reportaje, correspondiente al día 1545 (2/7/14), es idéntica a la del día 3. ¿Lo que compró era comida o un trozo de bakelita? Llegado este punto tengo mis serias dudas.

837 días dándolo todo
El reportaje se hizo tremendamente popular en los primeros meses y corrió como la pólvora. McDonald's se defendió como pudo denostando las condiciones en que se habían hecho las fotos, pero la realidad es que, desde entonces, muchísima gente ha hecho el mismo experimento y los resultados han sido similares. La empresa se escuda en la calidad de su carne de vacuno (si por vacuno se entiende cebú, bisonte o búfalo cafre, mejor no preguntar) aunque, eso sí, reconoce que le pone ácido cítrico y algo llamado "terbutilhidroquinona" que debe ser lo más parecido que hay al elixir de la eterna juventud, visto lo visto.

Día 1193 y ni inmutarse
Sea como sea, el proyecto de Sally Davies lleva 1627 días en funcionamiento y la cosa sigue como el primer día. Si usted es de los que usualmente come este tipo de productos, sepa que la vida eterna está al alcance de sus dedos: si no la alcanza por la excepcional calidad de los conservantes que ingiera, lo hará por la vía tradicional, mediante una trombosis o un fallo coronario. ¡Ánimo! ¡Usted puede!

El Happy Meal, por su parte, ya lo ha conseguido.


1545 días ridiculizando a la momia de Tutankamon... y ahí sigue

Webgrafía

lunes, septiembre 22, 2014

El Baychimo, el increíble Barco Fantasma del Ártico

S.S. Baychimo
Los barcos fantasmas, como aquel del Holandés Errante, han salpicado desde los tiempos de maricastaña la historia de la navegación marítima. Bajeles que surcaban los mares cargados de tesoros y con una tripulación inexistente o consistente en anoréxicos cadáveres, han estado desde siempre en boca de los marineros en las anodinas noches de viajes oceánicos. La inmensa mayoría de estas historias de barcos con "derecho a decidir" propio que han llegado hasta la actualidad han sido fruto del folclore o de la desbordante imaginación -aderezada con una buena cogorza normalmente- de las tripulaciones de los barcos durante siglos pero no todas lo son. De hecho, un carguero, abandonado en 1931, fue visto en 1969 navegando tranquilamente... y a fecha de hoy no se tiene constancia de que se haya hundido. Se trata del SS Baychimo, el Barco Fantasma del Ártico.

La historia del SS Baychimo se inicia en 1914, cuando con el nombre de Ångermanelfven, este carguero de vapor de 70 metros de largo y 1322 toneladas fue construido en Suecia para la marina alemana, participando durante la I Guerra Mundial. Una vez acabada ésta, el barco fue cedido al Reino Unido como compensación de guerra, donde pasó a ser llamado "SS Baychimo", nombre con el cual se ha hecho conocido.


El Baychimo, atrapado en el hielo
El Baychimo, adquirido por la Hudson's Bay Company durante su vida útil, se dedicó a recorrer las costas árticas de Canadá, conectando los diferentes puertos de la zona y comerciando con pieles. Todo fue bien -completó nueve viajes al Canadá- hasta que el día 1 de octubre de 1931, el Baychimo se vio atrapado en el hielo a un kilómetro mar adentro de Barrow (Alaska). La tripulación de 36 hombres, temiendo repetir la epopeya de Shackleton (ver La inaudita proeza de Shackleton) decidió abandonar el barco y se refugió en Barrow esperando que las condiciones mejorasen.

Pasados dos días, el barco se había desprendido del hielo, pero el avance de la época invernal y el movimiento de la banquisa hicieron que a los pocos días, el barco volviera a estar atrapado, aún con más fuerza si cabe. La tripulación fue evacuada en aviones, pero unos pocos quedaron en un puesto cercano en espera de recuperar el barco al llegar la primavera. La valiosa carga de pieles valía la pena. 

Rescate de la tripulación
El 24 de noviembre. una tremenda tormenta de nieve con temperaturas por debajo de los -60ºC, azotó la zona durante tres días y cuando amainó, los tripulantes encargados de vigilar el barco se dieron cuenta que del barco no había ni rastro. El SS Baychimo, atrapado por el hielo había desaparecido totalmente. El capitán, pensó que el barco no había sido capaz de soportar la tempestad y que se había ido al fondo del mar, por lo que dio por perdida la carga y la nave. Pasados unos días, la tripulación recibió noticias de un cazador inuit, el cual había visto el barco a unos 72 km al sur encajado en un témpano de hielo. 

El Baychimo, atrapado por la banquisa en 1932
Tras encontrarlo, descargaron las pieles más cotizadas y abandonaron el barco allí, ya que dado el estado del barco y la llegada del duro invierno, había pocas posibilidades de que el SS Baychimo pudiera sobrevivir a la rotura del hielo. Sin embargo, poco imaginaban que el barco sería capaz de soportar aquella temporada de hielos y, como mínimo... ¡38 temporadas más!

El primer avistamiento posterior al abandono se hizo 480 kms más hacia el oeste tan solo un par de meses después, y en marzo de 1932, se vio navegando tranquilamente cerca de las costas de Nome (Estrecho de Bering, Alaska). A partir de aquí fue visto en 1933, 1934, 1935, 1939... siendo visto por diversas personas -incluso un grupo de esquimales encontró en él refugio a una tormenta de nieve en 1933- siendo intentado recuperar por diversas expediciones que tuvieron que desistir por el mal tiempo.

Baychimo en 1933
Los avistamientos aislados siguieron desde entonces y, en 1962, se volvió a ver navegando a la deriva y sin tripulación en las costas del Mar de Beaufort, a miles de kilómetros al este de los primeros avistamientos. La última observación documentada se remonta al 1969, en que el SS Baychimo pudo verse incrustado en medio de los hielos polares. Desde entonces no se ha vuelto a ver, pero lo gracioso del caso es que, si se ha hundido, lo ha hecho sin dejar ningún tipo de rastro.

Esta desaparición misteriosa -si el desaparecer después de 38 años a merced del hielo polar, se puede entender por misteriosa- llevó al gobierno de Alaska a iniciar un proyecto en el 2006 con la intención de encontrar el barco fantasma del Ártico, ya estuviera todavía flotando o bien en el fondo del océano.

Sea como sea, del carguero de pieles no se ha vuelto a saber nada desde el último avistamiento en 1969. Tal vez haya sido solamente una casualidad de la naturaleza y la conjunción de toda una serie de afortunadas situaciones, pero la leyenda del SS Baychimo -en este caso un mito totalmente real- ha pasado a la posteridad como uno de los más misteriosos barcos fantasmas de la historia.


El SS Baychimo, el Barco Fantasma del Ártico


Webgrafía