Publicidad

miércoles, enero 29, 2014

La historia de cuando llovieron codornices en Bilbao

Codorniz  (Coturnix coturnix)
Cuando se produce una tormenta fuerte no es extraño escuchar a alguien diciendo que están cayendo chuzos de punta, como forma de expresar la violencia de los meteoros en ese momento. Este dicho, como es fácilmente comprensible, es una exageración ya que no acostumbra a ocurrir en realidad... aunque con el cambio climático tendremos que estar atentos. Sea como sea, ver caer cosas diferentes al agua, como mínimo nos llena de inquietud... nieve, granizo, piedra, barro, codornices... Efectivamente, codornices. Imagínese como se quedaron en Bilbao el 24 de septiembre de 1906 cuando vieron que del cielo caían gran cantidad de estas pequeñas aves. Que caigan chuzos no hace gracia a nadie; que te pegue una codorniz en la cabeza, tampoco.

Vista de Bilbao
La crónica cuenta que por la noche del 23 al 24 de septiembre se abalanzó sobre la capital vizcaína una lluvia de codornices que sorprendió a propios y extraños. Estas aves cayeron sobre las calles, el río y muchas quedaron enredadas sobre los cables de telégrafo y teléfono, de donde fueron recogidas con cierta profusión por los bilbaínos. Sin embargo, aquella lluvia de codornices no fue la única y tan solo tres días después se produjo una nueva lluvia de estos plumíferos bichos. Es de suponer que a la gente le faltaría tiempo para recogerlas y llenar los pucheros con ellas, habida cuenta que las condiciones de vida de la época no eran exactamente las actuales.
Turbulencias otoñales

Tras leer este relato, más de uno podrá pensar que esta noticia, que salió en los periódicos de la época, fue simplemente un invento de alguna mente periodística calenturienta y ociosa, pero por extraño que parezca, este tipo de "lluvia emplumada" existe. Y no solo existe, sino que tiene su explicación científica y todo.

Codorniz común
Efectivamente, las codornices (Coturnix coturnix), ahí donde las ven pequeñas, pesadas y rechonchetas, es un ave migrador que recorre dos veces al año las distancias que separan sus lugares de anidamiento en Europa Central, sur de Escandinavia, Islas Británicas y Mediterráneo de las de invernada en el norte del continente africano. 

Estas pequeñas aves, parientes de los faisanes de poco más de 15 cms de largo, tienen la costumbre de hacer los viajes de migración en bandadas bastantes numerosas en primavera y en otoño, y aquí el quid de la cuestión.

Atmósfera contra codornices
Durante finales de verano y principios de otoño, la atmósfera en el área mediterránea se comporta de una forma muy violenta y extrema debido a la entrada de las primeras masas de aire frío provenientes del norte y su choque con la poco menos que olla hirviendo del cálido Mediterráneo. Este choque de masas de aire tan dispares, acostumbra a provocar grandes tormentas sobre la península Ibérica que pueden llegar a ser muy violentas, provocando destructivas inundaciones (ver La tempestad que consiguió provocar un terremoto).

Inundaciones mediterráneas
En esta situación de inestabilidad atmosférica, cualquier bicho viviente que se atreva a levantar el vuelo, puede verse inmerso en las tempestuosas turbulencias de aire, viéndose arrastrado por las potentísimas corrientes que se producen en el interior de las nubes. Tornados, mangas marinas o corrientes fuertes de aire, pueden sacudir a las pequeñas aves como las codornices (cuyo peso ronda los 100 gramos) como si fueran auténticas plumas, llevándolas muy lejos de sus rutas y haciéndolas caer pesadamente al suelo una vez que la corriente que las sustentaba ha perdido fuerza. Se dice entonces que "llueven" codornices, para alegría de las ollas de los carpantas de turno.

Se tienen noticias de otras lluvias de codornices en Madrid y Valencia en años anteriores y posteriores, y todas curiosamente coinciden con la época de migración de estas pequeñas gallináceas. Si tiene suerte de presenciar una lluvia de estas aves, aproveche para preparar la olla: unas buenas codornices en escabeche es toda una bendición, y tal como está la cesta de la compra, no se puede desperdiciar este maná de los cielos... para desgracia de las pobres codornices, claro.

Codornices en escabeche

Webgrafía

lunes, enero 27, 2014

El triste fin del último pingüino

Alca Gigante
Siempre se nos ha enseñado que los pingüinos son unas aves acuáticas que viven en el polo Sur y cuya característica principal es que no vuelan. Sin embargo, esto no ha sido siempre así y, de hecho, el nombre de "pingüino" proviene de un ave de similares características a los de los actuales, pero que vivió hasta no hace mucho en las aguas del Atlántico Norte. ¿Se imaginan porqué desapareció? Efectivamente, porque habían pocos. Esto, que pudiera parecer una perogrullada, no lo es tanto porque éste sutil detalle se convirtió justamente en el motivo de su desaparición total y absoluta a mediados del siglo XIX. A continuación le explicaré la triste historia del Gran Alca, el último de los pingüinos.

Dibujo s. XIX
El Gran Alca, Alca Gigante o Pingüino (Pinguinus impennis) único representante del género "Pinguinus" y pariente cercano de las actuales alcas, era un pájaro que vivía en aguas del Atlántico Norte y que destacaba por su incapacidad de volar pero que nadaba de maravilla. Esta capacidad le permitía vivir exclusivamente en el agua, donde se alimentaba de pescados que cazaba con su pico, saliendo a las costas rocosas de las islas del Atlántico, simplemente para reproducirse.

Exposición actual
Su porte era erguido, de entre 70 cm y 1 m de altura, unos 5 kilos de peso, con plumaje negro y vientre blanco y con una característica mancha blanca en la frente, que los hacía inconfundibles. De hecho, fue este detalle el que le dio el nombre de "pingüino", ya que el nombre procede del gaélico "pen gwyn" (cabeza blanca) y fue bautizado así. Los marinos ingleses, al ver pájaros similares en el hemisferio Sur, les dieron el mismo nombre, si bien no tienen nada que ver con ellos al ser su similitud física el resultado de una convergencia evolutiva.

Reproducción de un huevo
La vida de esta ave era todo lo plácida que pudiera ser la vida en las gélidas aguas entre América y Europa y era incluso conocida por los romanos, ya que se dejaba ver incluso en el Mediterráneo Occidental, donde se desplazaba a invernar gracias a su gran habilidad natatoria. Sin embargo, tenía un pequeño inconveniente: era fácil de cazar y ponía un único huevo de hasta 13 cms de largo, lo cual lo hacía un bocado apetitoso.

Zona de distribución
Los Gran Alcas, por esta facilidad, eran cazados profusamente en toda la zona de cría (llegaba incluso a criar en el Cantábrico) e incluso los indios americanos de la costa este de Estados Unidos lo cazaban ceremonialmente desde Florida hasta Terranova. Ello produjo que a partir del siglo XVI, la especie no fuera muy boyante, pero aún así aguantaba como buenamente podía. Sin embargo, a partir del siglo XVII, empezó a ser depredado por los marinos tanto para comer como por sus plumas, que eran especialmente interesantes para la confección de sombreros, lo cual hizo que en 1794 se prohibiera en Gran Bretaña su caza con este fin... lo cual fue, irónicamente, su perdición.

Alca apolillándose
Al conocerse la escasez de este tipo de ave, los museos y coleccionistas se lanzaron en tropel a conseguir tanto ejemplares como sus huevos, con el fin de poderlos mostrar en sus respectivas colecciones. Lo más gracioso del asunto fue que en ningún caso se pretendían mostrar vivos, por lo que matarlos fue una condición sine qua non para poderlos adquirir, ya que se conservaban disecados, con sus esqueletos montados o bien con sus vísceras en alcohol. Los furtivos se lanzaron a la caza del Gran Alca como pirañas sobre la carne sangrienta.

Pero como cuando todo va mal siempre hay margen para empeorar, la mayor colonia islandesa en la que se refugiaban -unos 50 individuos, no se piense-, la rocosa e inaccesible isla Geirfuglasker (la isla del Gran Alca, en islandés), hacia 1830 sufrió una erupción volcánica que hizo desaparecer directamente la isla bajo el océano, obligando a los pocos alcas gigantes supervivientes a trasladarse a otras islas cercanas. El problema fue que eran accesibles para el ser humano... y ya puede imaginar lo que pasó: 24 muertos en el primer año, 18 en el segundo... y así hasta acabar con ellos.

Ejemplares jóvenes
Para más inri, en 1840, unos marinos pillaron uno vivo aislado en Stac an Armin, una isla de la costa escocesa. Lo mantuvieron vivo durante tres días, pero se levantó un temporal tremendo que azotó fuertemente la isla. Los marinos, supersticiosos como ellos solos, pensaron que el pobre alca había provocado la tormenta por brujería, por lo que no se lo pensaron dos veces y mataron al inocente bichejo a bastonazos. Fue el último testimonio de alcas gigantes en las islas británicas.

Isla Eldey
El 3 de julio de 1844, los dos últimos pingüinos verdaderos fueron cazados en la isla Eldey (Islandia). Esta última pareja, muerta por estrangulamiento, estaba incubando, por lo que había un huevo en su nido en el momento de matarlos. Como no podía ser de otra forma, uno de los furtivos lo pisó mientras intentaban pillar a los adultos. Como diría Rajoy: fin de la cita.

Desde entonces no se han vuelto a ver Alcas Gigantes, por lo que se dio por extinguida la especie, si bien hubo un avistamiento esporádico en 1852 y otro tan tarde como en 1929, pero sin prueba material de su existencia.

Cráneo de un Alca Gigante
En la actualidad existen en museos y colecciones 75 huevos, 24 esqueletos completos y 81 pieles como pruebas de la existencia del Gran Alca. Los cuerpos de los dos últimos desaparecieron, si bien hay sospechas fundadas para pensar que corresponden a los ejemplares que hay hoy en día en Los Ángeles y en Bruselas. Las vísceras se encontrarían en alcohol en el Museo de Zoología de Copenhague.

Resulta indignante ver como, justamente por su escasez, las instituciones que deberían haberlos salvaguardado para la humanidad se dedicaron a propiciar la caza salvaje de los indefensos Alcas Gigantes con el fin de poderlos mostrar convenientemente disecados y apolillados en la polvorosa vitrina de un museo. Tal vez ello nos tendría que hacer ver que, si bien la tarea de museos y zoológicos es muy necesaria como fuente de conocimiento, lo realmente prioritario para la humanidad es mantener nuestro planeta en condiciones para que no se produzcan más inútiles y gratuitas extinciones. Esperemos que aprendamos de estos errores aunque, desgraciadamente y viendo el actual ritmo de extinciones, mucho me temo que no lo estamos consiguiendo.


El triste fin del último pingüino

Webgrafía

viernes, enero 24, 2014

Caffa, las catapultas que bombardearon la peste a Europa

Murallas genovesas de Caffa
La guerra biológica es algo que, por mucho que nos parezca mentira, no es exclusivo de nuestros días y se ha utilizado profusamente durante la historia (ver Fort Pitt o la guerra biológica contra los indios). El avance de las tecnologías durante los últimos decenios han propiciado que estas armas, letales como ellas solas, tengan una eficacia incontestable porque pueden ser lanzadas en cohetes o bombas y lanzadas desde distancias muy grandes sobre el enemigo, con mortíferos efectos. Sin embargo, una vez más, todo está inventado, y los mongoles utilizaron una forma de guerra biológica a distancia que indujo la muerte de millones de personas.

Ubicación de Caffa (actual Feodosia)
En 1346, la Horda de Oro, un imperio mongol que se extendía desde la actual Ucrania hasta prácticamente la frontera con China tenía una piedra en el zapato de su frontera occidental: Caffa. La ciudad de Caffa (antigua colonia griega de Teodosia, actual Feodosia) se encontraba en la costa de la península de Crimea, en el Mar Negro y desde un tiempo atrás era una colonia de los genoveses, los cuales la habían convertido en un floreciente puerto comercial. Los genoveses controlaban la costa de Crimea y monopolizaban los intercambios comerciales de la zona -entre ellos el comercio de esclavos-, lo cual molestaba ligeramente (nótese la ironía) al khan Jani Beg.

Jani Beg o Janibeg
Jani Beg, con sus tropas ya había intentado poner sitio a la ciudad en 1343, pero los refuerzos genoveses llegados para socorrer la ciudad, habían hecho que el jefe mongol levantara el sitio. El mal sabor de boca y la necesidad de asegurarse el control de los productivos centros costeros bajo control genovés, hicieron que volviese a intentarlo tres años después. Así las cosas, sus tropas volvieron a poner sitio a la fortificada y cristiana ciudad de Caffa a finales de 1346, la cual se defendió como gato panza arriba.

Estando en plena faena asediadora ante las murallas de Caffa, las tropas mongoles empezaron a sufrir bajas debido a una epidemia de peste bubónica. En esta circunstancia, los cuerpos de los soldados muertos empezaron a ser un incordio y en vez de enterrarlos, decidieron enviárselo a los genoveses en forma de regalito expedido por correo aéreo. Es decir, pusieron los muertos en las catapultas y los lanzaron al interior del recinto amurallado. De esta forma, se quitaban de en medio un cuerpo apestado y, a la vez, inoculaban la peste a los genoveses los cuales, al estar encerrados, doblegarían su resistencia.

Danza de la Muerte
Los genoveses, al ver lo que les "caía" del cielo, intentaron desprenderse de los cuerpos lanzándolos al mar, pero pese a sus esfuerzos, la peste acabó por contagiarse a principios de 1347 y empezó a producir enormes bajas entre los sitiados. No obstante, la peste, no solo se apoderó de los sitiados, sino que se extendió gravemente entre las tropas mongoles, hasta tal punto que Jani Beg, ante la cantidad de bajas que estaba sufriendo, tuvo que levantar el asedio y retirarse. Los asediados no estaban en mejor situación, pero a los supervivientes, al levantarse el sitio, les faltó tiempo para coger sus barcos y huir de la ciudad, llevándose con ellos un indeseado acompañante: la peste.

Génova
Los huidos de Caffa, recalaron primeramente en Constantinopla, en la salida del Mar Negro, contagiando la capital del Imperio Bizantino. Al poco tiempo llegaron a Sicilia -que no se salvó de la infección- y finalmente a Génova, contagiando con la peste bubónica también la metrópoli. La peste, coincidiendo con el calor de la primavera, empezó a extenderse como una mancha de aceite por una Europa que no estaba habituada a esta enfermedad. Los supervivientes se reducían a un 20% de los afectados, lo que comportó la muerte de la escalofriante cifra de 25.000.000 de personas y reducir en menos de 4 años, la población europea a la mitad.

Ilustración de afectados de peste
Si bien algunos autores ponen en duda la eficacia real de transmisión de la enfermedad con los cuerpos muertos (se dice que los cuerpos, una vez muertos no son vectores de transmisión), ya sea por este método o por las pulgas, o por transmisión de las ratas que deambulaban entre el campamento mongol y el interior de Caffa, la verdad es que los sitiados consiguieron su objetivo de diezmar los habitantes cristianos de la ciudad. Los mongoles fueron mortalmente eficaces en sus pretensiones, pero desgraciadamente lo fueron al precio de no poder tomar Caffa por sus propias bajas y de contribuir a la mayor mortandad por una epidemia de la historia. 

Triste daño colateral producido por la ambición política de un gobernante.

Ilustración medieval árabe del sitio de Caffa


Webgrafía

jueves, enero 23, 2014

La gigantesca belleza de la cueva Son Doong

Hang Son Doong
Quien haya visitado las cuevas de Nerja o las del Drac, en Mallorca, habrá quedado fascinado por el tamaño y belleza de estos prodigios de la naturaleza, que las hacen especialmente dignas de ser visitadas. Sin embargo, y a pesar de su gran tamaño, no son ni mucho menos las más grandes que existen. El honor de ser la gruta más grande del mundo se lo merece una cueva en la que, en algunas partes de su recorrido, cabría holgadamente la madrileña torre de comunicaciones de Torrespaña y casi la de Collserola (que es un poco más alta). Eso si, tendrá que desplazarse un poco: se encuentra en Vietnam y se llama la Cueva Son Doong.

Ubicación geográfica
La cueva Son Doong (hang Sơn Đoòng, en vietnamita) es, simplemente, impresionante. Enclavada en medio de la selva del Parque Nacional Phong Nha-Ke Bang de Vietnam, esta sorprendente gruta fue descubierta por una expedición de espeleólogos británicos en 2009 y si bien ya se conocía desde hacía bastante tiempo (se utilizó como refugio durante la Guerra de Vietnam), se ignoraba totalmente la magnitud de la cueva que había en su interior.

Salas inmensas
Excavada en la roca caliza, esta cueva tiene una longitud de casi 9 kilómetros. La medida, de por sí, ya sería excepcional, pero lo que deja boquiabierto es conocer que no es un estrecho y largo pasillo, sino que hay algunas salas que llegan a hacer hasta 200 metros de ancho y unos 250 metros de alto, conformando un espacio inmenso dentro de las montañas vietnamitas en las que incluso podría caber tranquilamente un Jumbo 747.

Esa mota es una persona
La circulación del agua durante los últimos milenios, a parte de formar estas inmensas concavidades, ha creado nuevas estructuras como estalactitas y estalagmitas, algunas de ellas grandes como columnas que dejan pequeño a cualquier persona. Los espeleólogos descubrieron una estalagmita de más de 60 metros de alto (como la estatua de Colón en Barcelona, vamos) a la cual llamaron la "Mano de Perro" por su parecido con una pata de este animal. Y es que, la escala humana en este escenario, sólo comparable a los de Viaje al Centro de la Tierra, pierde todo su sentido.

Corte en planta de la cueva
Por su interior hay terrazas calcáreas, paredes de barro y unas raras concreciones en forma de canicas -llamadas Perlas de las Cavernas- que se forman con la caída de gotas de agua sobre granos de arena y que son muy raras de ver; lo excepcional es que en Son Doong las "perlas" tienen tamaños de una bola de béisbol  producto del impacto de las gotas cayendo desde un techo a más de 200 metros de altura. Ahí es nada.

Belleza geológica
Sin embargo, estas tremendas cavidades a veces acaban por colapsar, hundiéndose el techo y formando un acceso desde el exterior que permite la entrada de la luz y de la vida que existe en la jungla circundante. En un par de sitios, estos colapsos han dado lugar a dolinas en las que se precipitan cascadas de agua hacia el interior de la cueva, formando una paradisíaca extensión de la selva allí donde la luz llega. Incluso se han encontrado diversos endemismos aclimatados a la vida cavernícola de Son Doong.

Auténticos jardines del Edén
Visitar esta maravilla planetaria no es ni barato, ni sencillo. De hecho, el acceso a la cueva está restringido y por unos 3000 euros se organizan recorridos para grupos de espeleólogos especialistas, los cuales pueden llegar a tardar hasta 6 días en recorrer de punta a cabo toda la longitud de estas espectaculares grutas. Unas grutas sin parangón en el planeta dignas tan solo de la desbordante imaginación de Julio Verne.



La escala humana pierde el sentido

Webgrafía

miércoles, enero 22, 2014

El pozo superprofundo de Kola, 12 kms de entrada al infierno

Pozo superprofundo de Kola (1974)
El desarrollo tecnológico de la humanidad, si algo ha tenido, ha sido la capacidad de reducir las distancias que nos separan de cualquier punto del universo. Hasta hace no mucho tiempo recorrer unos cientos de kilómetros era una auténtica proeza y ahora nos estamos planteando poner el pie en Marte, que está a unos 60 millones de kilómetros. Estos avances han llevado al hombre a alcanzar todos los límites del mundo a su alcance; han permitido subir a la montaña más alta, bajar al océano más profundo, llegar a la Luna e, incluso, enviar una nave que salga más allá del Sistema Solar. En esta escala de distancias inmensas, una distancia como la que separa Barcelona de Sant Boi o Madrid de Getafe parecería un paseo de domingo por la tarde, si no fuera porque, ésta mísera distancia, no ha podido ser superada por ningún artilugio humano en una dirección: hacia abajo.

Península de Kola
Resulta paradójico que habiendo sido capaces de ir hasta la Luna, no hayamos sido capaces de profundizar bajo la corteza terrestre más que unos pocos miles de metros, haciendo bueno el dicho de que es más fácil mirar las estrellas que mirar hacia nosotros mismos. Sea como sea, el record de profundidad bajo la corteza terrestre fue conseguido por los rusos en 1989 en un pozo situado en la península de Kola con una profundidad de 12.262 m.

Este pozo, iniciado en 1970, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Lenin, está situado en la península Escandinava, cerca de la frontera con Noruega y Finlandia, siendo proyectado para estudiar la estructura de la corteza terrestre en esta zona del planeta, aunque más bien fue un episodio más de la Guerra Fría

Edificio de perforación (2007)
Los americanos, en 1957 habían puesto en marcha el Proyecto Mohole, un pozo por el cual alcanzar la discontinuidad de Mohorovicic (linea de separación entre la corteza terrestre y el manto) atravesando la corteza oceánica del Golfo de México, pero que había sido abandonado por falta de presupuesto en 1966 después de horadar unos 600 metros por debajo del lecho marino. Los soviéticos, en plena carrera espacial con Estados Unidos, decidieron que ellos iban a ser mejores (y más guapos), y decidieron igualar y superar la marca de los yanquis, pero, más chulos que nadie, en tierra firme, donde la corteza continental es más gruesa. Su objetivo era llegar a los 15.000 metros.

Trabajadores  perforando
El proyecto ruso se diferenciaba del americano por el hecho de que el llevado a cabo por los yanquis estaba englobado en el desarrollo de las tecnologías de perforado petrolífero y gasista. El soviético, sin embargo, era única y exclusivamente de investigación geológica, por lo que el sistema a utilizar para profundizar en la tierra no estaba limitado a la técnica petrolífera, sino que pudieron innovar libremente para conseguir avanzar en la roca, al contrario de los americanos. A pesar de esta ventaja, los problemas técnicos fueron tremendos.

Celebrando los 11000 m (1983)
Los rusos, en 1979 habían superado los 9500 metros de profundidad, y en 1984, habían llegado a los 12000 metros. Sin embargo, la energía que se tiene que hacer para que una broca de 12 kilómetros gire, hizo que un fragmento de 5 kms se retorciera sobre sí mismo haciendo imposible su avance. Ello obligó a un parón y a reanudar las obras a partir de la cota 7000 haciendo un nuevo agujero a partir de ahí. Los ingenieros rusos idearon entonces un sistema en que el mismo barro utilizado para lubricar la cabeza hiciera mover tan solo la punta de la barrena, evitando que se tuviera que hacer girar todo el resto de la columna de tubos. De esta forma, en 1989 se alcanzó el récord de profundidad, estableciéndose en los 12.262 metros antes citados.

Estructura de la corteza
La idea del proyecto era llegar en 1990 a los 13.500 m y en 1993 a los 15.000, pero los problemas presupuestarios se sumaron a los problemas técnicos derivados del hecho de una nueva rotura en la columna perforadora y que la geología, a aquellas profundidades funcionaba muy diferente de lo esperado, hicieron cesar la perforación. Por un lado, los geólogos esperaban que a aquellas profundidades, en mor del gradiente térmico, la piedra estuviera a unos 100º, cuando se la encontraron a 220ºC; por el otro se esperaban una roca metamórfica seca y compacta, cuando se la encontraron totalmente agrietada y llena de agua (H2O) y de dihidrógeno (H2). Todo ello hacía que la roca, a 12 kms bajo la superficie actuase como una plastilina, lo cual dificultaba enormemente el avance y encarecía aún más el proyecto, y más si tenemos en cuenta que el Estado ruso había dejado de invertir económicamente en él. De esta forma se abandonó la perforación y en 2008 se desmanteló toda la infraestructura existente.

Instalaciones desmanteladas (2012)
La perforación fue un éxito a nivel científico debido a los conocimientos adquiridos del estudio in situ de la geología de la zona del Escudo Escandinavo. Sin embargo, el pozo superprofundo de Kola fue protagonista de otra historia que acabó degenerando en una auténtica leyenda urbana.

Muestras extraídas de la perforación
Hacia los 12000 metros, los geófonos utilizados para detectar las vibraciones en una serie de longitudes de ondas concretas (entre 10 y 20 khz y entre 20 khz y 2 mhz) determinaron un ruido extraño y una posterior explosión que nunca volvió a ser escuchado. Los geólogos rusos no supieron explicar qué era lo que había pasado, más que nada porque a parte de esos sonidos, ellos no habían detectado nada extraño. Este desconocimiento reconocido hizo correr ríos de tinta cuando empezó a transmitirse el bulo de que se habían escuchado ruidos del infierno, con gemidos y gritos humanos en su interior de los pobres humanos quemándose por toda la eternidad en las calderas de Pedro Botero

Corona utilizada en la perforación
El bulo ya llegó al estatus de obra maestra de la rumorología cuando llegó a decirse que a 13000 metros de profundidad los geólogos habían encontrado un hueco con una temperatura de 1000 ºC y que del pozo -esta vez ubicado en Siberia- había salido un ser con alas de murciélago y había escrito en el cielo "¡he vencido!". El director del proyecto, el geólogo ruso David Myronovich, constantemente interrogado por los tabloides sensacionalistas por el rumor, acabó por enviar a los periodistas a un sitio poco decoroso, aunque reconoció que, como científico honesto, el asunto del ruido y la extraña explosión fueron totalmente reales.

Metabasalto (6238 m prof)
El conocimiento de la Tierra, por mucho que hayamos sido capaces de llevar un cacharro a la otra punta del universo, se encuentra todavía en pañales. Conocemos mucho más lo que hay sobre nuestras cabezas que lo que hay bajo nuestros pies, olvidando totalmente que formamos parte de un planeta del cual desconocemos más que lo que conocemos. El pozo superprofundo de Kola, a pesar de llevarnos tan solo a 12 kms de la superficie se revela ante nosotros como un auténtico misterio inquietante y tenebroso, reflejo de unos temores propios que nos llevan a buscar más allá de los planetas aquello que ni nos atrevemos, ni queremos ver, en nosotros mismos.


Boca sellada del pozo más profundo del mundo


Webgrafía

martes, enero 21, 2014

Inglaterra contra Zanzibar, la guerra más corta de la historia

Palacio del Sultán
Cuando hablamos de guerras cruentas, normalmente nos referimos a guerras largas y violentas en que ambos bandos se enzarzan en una guerra de desgaste en que el frente se convierte en lo más parecido a un matadero industrial de animales que podamos encontrar. Esto acostumbra a ser así ya que tenemos los precedentes de las guerras mundiales que desgraciadamente nos han habituado a oír hablar de centenares de miles de muertos si no de millones. Sin embargo, hay batallas que, a pesar de una gran cantidad de bajas y una gran violencia, no se han destacado por ser de una especial duración. Tal es el caso de la guerra que enfrentó a la Gran Bretaña con Zanzibar y que, con una duración de tan sólo 40 minutos, ha quedado para los anales como la guerra más corta de la historia.

Zanzibar en la época
A finales del siglo XIX, la costa de África que es bañada por el Océano Índico, no dejaba de ser más que un juego de mesa donde las potencias coloniales europeas jugaban a cual era la más potente del mundo. En este caso, Alemania y Gran Bretaña se repartían los cromos de sus zonas de influencia en vistas de controlar el tráfico de todo tipo de materias primas que eran extraídas inmisericordemente de estas zonas colonizadas, a espaldas totalmente de sus pobladores originales... o incluso siendo éstos parte de estas mercancías, ya que el esclavismo era parte lucrativa de este comercio.

El St. George y  el Philomel
Uno de los cromos que se repartían las potencias colonizadoras era el estado insular de Zanzibar, un bello archipiélago delante de las costas de la actual Tanzania (a la cual pertenece en la actualidad), que destacaba por su plantaciones de especias -sobre todo clavo- y hasta no hacía mucho del lucrativo comercio de esclavos negros con Arabia e India. Tras haber sido colonia portuguesa desde que Vasco de Gama llegó a ella en 1499 hasta 1698, posteriormente pasó a formar parte del Sultanato de Omán hasta 1861 en que se independizó de los omaníes. No obstante, poco a poco, Zanzibar fue cayendo en la zona de influencia del Imperio Británico hasta llegar a ser un protectorado suyo, si bien el sultán reinaba efectivamente sobre suelo zanzibarés... con permiso de los ingleses, claro.

El Thrush, uno de los barcos ingleses
Sin embargo, la competencia entre Alemania y Gran Bretaña por controlar toda el área era feroz, lo cual obligaba a los diferentes reinos del África oriental a acogerse a la protección de unos u otros en función de sus ganas de supervivencia, habida cuenta que, ya fuese por las buenas o por las malas, iban a estar bajo uno u otro yugo. En el caso de Zanzibar decidieron que era mejor estar a buenas con los ingleses, ya que los alemanes no eran exactamente un ejemplo de buen trato para con las otras razas. Aunque los británicos no iban con mejores intenciones, al menos mantenían las formas y eran anti-esclavistas; era cuestión de escoger entre el malo o el peor.

El despechado
El 25 de agosto de 1896, el sultán de Zanzibar, Hamad Ibn Thuwaini, murió. El sucesor legítimo tendría que ser su primo Khalid Ibn Barghash, pero a los ingleses no les hacía gracia porque no era demasiado colaboracionista y les podía dar algún que otro quebradero de cabeza. El otro candidato era el yerno de Thuwaini, Hamud Ibn Muhammad, el cual era más maleable y más del gusto de los británicos. Pero Barghash aspiraba al poder y más si tenemos en cuenta que tres años antes, en vez de Thuwaini, tenía que haber ido él, pero los hijos de la Gran Bretaña lo desestimaron por lo mismo, y como tenían la potestad de decir quién era el que ascendía a Sultán, pues Barghash se quedó a dos velas. La afrenta personal fue de las que hicieron época y no estaba dispuesto a repetirla.

Ubicación en la batalla
En esta circunstancia, como legítimo heredero, no esperó a las formalidades con los ingleses, y tan pronto como murió Thuwaini, lo enterró a toda prisa y al día siguiente, a las 3 de la tarde se coronó Sultán de Zanzibar. El cónsul inglés, que ya había informado al aspirante de que se abstuviera de hacer ninguna tontería, ya que si no daban ellos el visto bueno, se entendería como un casus belli y procederían a atacar, dio un ultimátum a Barghash: Si no deponía su actitud antes de las 9 de la mañana del día 27, se atendría a las consecuencias.

HHS Glasgow, el barco de Zanzibar
Barghash no hizo caso de las advertencias, convencido de que los ingleses buscarían más la vía diplomática que no la bélica y que, por lo tanto, iban de farol, por lo que se atrincheró en el palacio del Sultán y con unos 2800 soldados -la mayoría simples civiles armados- con un cañón ametrallador, un par de cañones de la época de maricastaña y un único barco de guerra (desfasado y casi de juguete) prepararon la defensa de sus derechos. El cónsul británico, pidió permiso a Londres por telegrama para atacar si se cumplía el plazo, permiso que fue concedido. En su caso disponía de un crucero acorazado de 2500 toneladas último modelo y un cañonero a vapor -que incluso había sido pilotado por Jorge V-, a los cuales se unieron dos cruceros torpederos y otro cañonero que estaban por la zona. Como efectivos humanos disponían de unos 150 marines y unos 900 zanzibareños que se oponían a Barghash. Total, una merienda de negros.

El Harén, después de la batalla
Sin embargo, Barghash no se bajó del burro y dejó que cumpliera el plazo. Los británicos, puntualmente y ante la falta de intención de los atrincherados de rendirse, a las 9'02 comenzaron las hostilidades. Desde los barcos de guerra anclados en el puerto, dispararon a las posiciones artilladas de los seguidores de Barghash y al barco de guerra zanzibarés, el cual fue hundido a las primeras de cambio. Los cañones y ametralladora fueron rápidamente anuladas con gran números de muertos, y seguidamente se pasó a bombardear el palacio del sultán, el cual quedó destrozado e incendiado. Tras 40 minutos de lucha sin cuartel (las fuentes dudan entre 38 y 45) Barghash arrió su bandera y se rindió, dando por finalizada la guerra más corta de la historia a las 9.40 del día 27 de agosto de 1896.

Ingleses posando ante un cañón
Barghash salió por pies a refugiarse en el consulado alemán, habida cuenta que los ingleses le iban a dar más que lentejas dan por un duro, pudiendo así huir hacia el continente. Tras de sí, y en poco más de media hora, había dejado un palacio destrozado, un buque hundido en el fondo del puerto -que debido a su poco calado dejaba sus mástiles al aire- y toda la artillería destrozada al igual que la vida de 500 soldados zanzibareses que murieron defendiendo al legítimo heredero del sultanato. Por su parte, los ingleses acabaron con un único marino herido de bala e imponiendo finalmente a su candidato preferido, Hamud Ibn Muhammad.

Hamud Ibn Muhammad
El desenlace de esta guerra puede parecer, visto desde la lejanía del tiempo, un tanto cómico, pero las consecuencias no lo fueron tanto. A parte de tener que pagar la reconstrucción de los edificios, Zanzibar tuvo que pagar la munición -que no los daños, ya que no los hubo- que habían gastado los ingleses con ellos y, lo que fue más grave, a partir de entonces Zanzibar pasó a ser un protectorado británico sensu strictu. El sultán perdió todo el control administrativo del país prolongándose este estatus hasta 1963 en que consiguió la independencia de Gran Bretaña. Ralo resultado de una desequilibrada y brevísima guerra en que la ambición política de una persona acabó por afectar a todo un país.





El HHS Glasgow se mantuvo así hasta 1912

Webgrafía