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martes, diciembre 09, 2014

Pavlov, sus perros y los violines de las películas de miedo

Pavlov y uno de sus perros
Cuando estamos viendo una película en que el protagonista está en un pasillo oscuro lleno de puertas y, de repente, los violines se han vuelto locos, no podemos evitar pensar que algo gordo le va a pasar... y la mayoría de veces, pasa. Este recurso repetido hasta la nausea por la industria del cine, ha hecho que ya tan solo con oírlo, nos pongamos en alerta y tensos como una cuerda de piano, independientemente de la escena y del escenario que estemos viendo. Y es que si, en la misma escena, suenan los pitufos maquineros, como que la cosa cambia bastante. Pues bien, este es un ejemplo de lo que se ha dado a llamar "reflejo condicionado" y que fue descubierto en el último decenio del s. XIX por Pavlov gracias a un curioso experimento que llevó a cabo con perros.

Iván Petrovich Pavlov
Iván Pavlov (1849-1936) era un médico y psicólogo ruso que estaba interesado sobre todo en el estudio de los ácidos gástricos, por el que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1904. No obstante, en uno de sus múltiples estudios con animales -normalmente perros- un ayudante suyo encargado de darles de comer se dio cuenta que los animales salivaban tan pronto como lo veían llegar, aunque no tuviera intención de darles la comida. Informado Pavlov de este hecho, y deduciendo que este comportamiento no era innato en los perros sino aprendido, decidió hacer una serie de pruebas con ellos.

Tras hacerles un corte en la glándula salival e insertarles una cánula conectada a una probeta que recogiese la saliva secretada en cada momento (la cuestión ética del uso de animales vivos en la experimentación no estaba demasiado en boga en aquellos años) se les mantenía sin comer durante un tiempo. 

Uno de los perros utilizados
Pasado este tiempo, en el momento en que se les daba la comida, se hacía sonar un metrónomo (el aparato pendular que se utiliza para controlar el ritmo musical) a una cadencia determinada, por lo que los perros en cuestión relacionaban la comida con el sonido de aquel metrónomo -algunas fuentes dicen que era una campana o timbre.

Al cabo de los días, se procedió a poner el metrónomo pero sin poner la comida, y se pudo comprobar que los perros secretaban saliva talmente como si tuvieran el plato con la comida delante suyo y a punto de hincarle el diente.

Experimento de Pavlov
Posteriormente, tras repetir el sonido varias veces sin que acompañara la comida, los perros dejaban de salivar, ya que habían aprendido que lo que al principio significaba comida, había dejado de serlo y, por tanto, inconscientemente, los perros no tenían ninguna necesidad de secretar saliva para prepararse para comer.

La saliva se recogía en una probeta
De todos estos experimentos, Pavlov extrajo lo que llamó la ley del reflejo condicionado, según el cual los organismos pueden aprender ciertos comportamientos a través de estímulos neutros captados por los sentidos. Ello significa que la información recogida por los órganos receptores, tras ser procesada por el cerebro mediante la experiencia, puede producir una reacción en el cuerpo que no está directamente relacionada con la información recibida. O lo que es lo mismo, que la música de violines consigue darnos miedo en tanto que tenemos la experiencia de miedo=violines, ya que si no la tuviéramos, los violines seguirían siendo lo que son: simplemente un sonido.

Este fenómeno de los perros de Pavlov, aunque a primera vista parezca intrascendente, en realidad forma parte intrínseca de la forma de aprender de todos los organismos vivos. Ya sea retirando la mano cuando nos pinchamos, rezando en arameo cuando nos cortamos o vomitando cuando algo nos da asco, nuestro inconsciente capta todas las informaciones que nos llegan, adaptando nuestro comportamiento habitual a esta experiencia. Experiencia y fenómeno que son profusamente utilizados tanto por el mundo del cine, la literatura o, sobre todo, por el marketing.

¿Lo duda? Por si acaso no ponga veneno en un bote vacío de Cola Cao.

Consejo de amigo.


Con una rumbita de fondo, no sería lo mismo

Webgrafía

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante, pero el texto contiene multitud de imprecisiones gramaticales que deslucen tu trabajo.

Ireneu Castillo dijo...

Hola, Anónimo:

Pues paso bastante rato corrigiéndolo como para que no saliera ninguna, por lo que te (os) rogaría que cuando descubráis alguna que se me haya escapado me informéis lo antes posible.

¡Gracias! :-)