Publicidad

jueves, marzo 28, 2013

Hoy, receta: Crema de Calabacín con Zanahoria y Puerros

Uno de los mayores enemigos de la cocina es la pereza, pero por desgracia, la opción de alimentarnos de productos preparados o con cualquier cosa que podamos comer rápidamente, es el mayor enemigo de nuestra salud. Sin embargo, no siempre una cosa rápida es dañina, y la receta que a continuación os explico, es bien sana amén de rápida: una Crema de Calabacín con zanahoria y puerros.

Para esta receta para dos personas, necesitaremos los siguientes ingredientes:

  • 575 grs de calabacines
  • 200 grs de zanahorias
  • 200 grs de puerros 
  • 1 pastilla de caldo
  • 1 quesito tipo El Caserío
  • agua
  • sal
  • aceite
  • piñones
  • pasas
Yo, utilizo una olla exprés sobretodo para cocer las verduras, ya que se ahorra un montón de tiempo y porque, llegado el caso, se puede hacer servir como una olla normal. En este caso lo haremos servir de las dos formas.

Para empezar, lavaremos todas las verduras, las pelaremos y las cortaremos en dados y reservamos. Normalmente no pelo los calabacines porque después le da a la crema un aspecto de tener purpurina verde, pero eso ya es cuestión de cada uno.

Cogemos la olla exprés (se puede hacer con la normal, lo único que pasará es que los tiempos se alarguen un poco), ponemos una cucharada de aceite en el fondo y calentamos. Cuando esté caliente, sofreímos los puerros y zanahorias hasta que estén un poco blandos removiendo constantemente y vigilando que no se quemen. Tiramos el calabacín a la olla y seguimos removiendo un par de minutos. Rectificamos de sal.

En este momento, cubrimos de agua las verduras, tiramos la pastilla de caldo y procedemos a cerrar la olla exprés. Cuando ya esté hervida la verdura (en mi caso lo tengo 7 minutos en la máxima potencia de presión), destapamos con cuidado de hacer perder la presión previamente y con un cazo, quitamos el máximo de caldo posible, dejando la verdura escurrida. Es importante no tirar este caldo de primeras, más que nada porque lo podemos necesitar después si la crema nos queda demasiado espesa.

Una vez lo tenemos escurrido, y dentro de la misma olla, con una batidora procedemos a triturar todo el contenido y rectificamos de caldo si vemos que la hemos dejado demasiado seca (no acostumbra a pasar). 

Añadimos el quesito para dar más consistencia de crema, y continuamos triturando hasta que quede homogéneo. Rectificamos de sal, emplatamos y utilizamos las pasas y piñones para decorar.

Os aseguro que os chupareis los dedos!

Crema de Calabacín con Zanahoria y Puerros

miércoles, marzo 27, 2013

Hoy, receta: Chupito de Yogur Griego con Sorpresa

Hoy os enseñaré un postre que por su sencillez, economía, buena pinta y mejor sabor, serán la delicia de grandes y pequeños. 

Cuando hacemos alguna comida familiar, después de los platos principales, el mejor colofón es un buen postre. El problema es que a estas alturas, ya nos hemos comido al Niño Jesús y nos hemos bebido el Ebro, por lo que según qué postre pongamos, nos arriesgamos a que nuestros comensales ya no den más de si. 

Por otro lado, cuando el ágape es de cierta categoría, acabar con la sufrida naranja, tampoco queda muy fino por lo que o tiramos de pastelería o de postres preparados. El problema añadido es que en estos tiempos que corren tenemos los bolsillos más secos que un torrente en verano, y descartada la opción de la pastelería, poner un postre de marca blanca a palo seco encima de la mesa tampoco tiene mucho glamour que digamos. ¡Que no panique el cundo! ¡Aquí tenemos la solución!: El Chupito de Yogur Griego con Sorpresa.

Para hacer esta "delicatessen" para 6 personas se necesitan:

  • 6 vasos de chupito tipo barrilete de 100 ml
  • 4 yogures estilo griego de 125 grs (los de Mercadona son perfectos)
  • 1 bote de mermelada de 250 grs de fresa
  • canutillos de chocolate
  • almendra laminada
  • una bolsa de plástico transparente

Cogemos la mermelada (en este caso está hecha con mermelada de fresa, pero puede utilizarse cualquier otra que os apetezca: melocotón, albaricoque, frambuesa...) y la removemos con una cucharilla para romper los grumos de gelatina que pueda tener y dejarla en forma de crema en la medida de lo posible, a fin de poderla extender uniformemente.

Una vez removida la mermelada, con una cucharilla de postre pondremos en el fondo del chupito una capa de 1 cm como mucho, vigilando de no manchar las paredes del vasito. Agitamos suavemente el vaso con la mermelada para que haga una capa uniforme sin "montañitas". Repetimos la operación con el resto de chupitos.

Cogemos la bolsa de plástico limpia, la llenamos con el yogur griego y la utilizaremos a modo de manga pastelera cortando una esquina. Rellenamos de forma circular y uno por uno los chupitos -ya con la mermelada- hasta un par de milímetros por debajo del borde. El yogur griego es menos espeso que la mermelada por lo que no hace falta agitar para homogeneizar, ya que su propio peso rellenará los huecos e irregularidades que pudiera haber.

Una vez puesto el yogur, ponemos un poco de canutillos de chocolate por encima para hacer el contraste con el blanco del yogur y acabamos echando unas cuantas láminas de almendra en el centro de cada vasito... y ¡voila!

Si quisiéramos podríamos servirlos ya directamente, pero personalmente me gusta tenerlos un rato antes en la nevera, ya que al estar frescos encuentro que tienen un comer aún más agradable.

¡Espero que os guste!


Chupito de Yogur Griego con Sorpresa

martes, marzo 26, 2013

Hoy, receta: Alones de pavo con pisto de verduras al vino

Hace unos días, curioseando entre las estanterias del BonArea de Guissona, descubrí un producto que para los tiempos que corren estaban bastante bien de precio: los alones de pavo.  Los alones de pavo corresponderían a los antebrazos de las alas y,  a pesar del gran hueso central y algunos tendones en la zona de inserción con las articulaciones,  tienen un buen pedazo de fina carne, que se puede cocinar como el pollo.

En esta ocasión, los alones los hice con un pisto de verduras aderezado con vino y un par de guindillas de cayena. A continuación os explico como los hice:

Ingredientes (para 2 personas):

  • 4 alones
  • 1 pimiento verde mediano
  • 2 calabacines medianos (400 grs)
  • 1 cebolla (150 grs)
  • 1 lata de tomate triturado de 1/2 kg
  • aceite de oliva
  • sal
  • orégano
  • 2 guindillas de cayena pequeñas.
  • un vaso de vino tinto
  • agua

Lavamos, pelamos y cortamos la cebolla, el pimiento y el calabacín (éste sin pelar) en trozos pequeños, y lo reservamos todo. 

En una cazuela, ponemos una cucharada de aceite y calentamos. Cuando esté caliente salamos los alones y los pasamos un poco de tal forma que se hagan un poco -vuelta y vuelta- y reservamos.

En la misma cazuela, con el aceite que haya sobrado -si se lo ha embebido, añadimos un poco más- sofreímos la cebolla. Cuando esté transparente, añadimos el pimiento y revolvemos mirando que no se queme. Cuando esté todo un poco blando, añadimos el calabacín y seguimos removiendo. Salamos al gusto.

Un par de minutos después, añadimos el tomate, removemos y ponemos una pizca de orégano. Cocinamos un minuto más y tiramos el vaso de vino y unos 300 ml de agua, dejándolo bastante caldoso.

Cuando comience de nuevo la ebullición, añadimos los alones y ponemos las guindillas de cayena. Tapamos y dejamos cocer a fuego medio-bajo (5 sobre 12) durante unos 20 minutos. A los 10 minutos giramos los alones para que se haga correctamente por los dos lados.

Cumplidos los 20 minutos, destapamos y dejamos que se evapore el liquido para espesar la salsa. Quitamos las guindillas y servimos en plato plano.

¡Que aproveche!

Alones de pavo con pisto de verduras al vino

lunes, marzo 25, 2013

El real espejismo de un hombre en la cocina

Hay formas y formas de que cada uno entre dentro del mundo de la cocina y descubra que le gusta, pero siguiendo mi tradición de ser más raro que un perro verde, yo descubrí mi afición a las sartenes y las ollas curiosamente mientras estaba haciendo una dieta que me llevó a bajar más de 10 kilos. ¿El mundo al revés? No tanto.

Todo empezó cuando ante una lista inmensa de cosas prohibidas, le das la vuelta a la situación y te fijas que la lista de cosas permitidas es mucho mayor, por lo que el reto se convirtió en hacer recetas con los elementos que tenías a disposición, descubriendo todo un mundo de posibilidades a cual más interesante. 

Sea como sea, se ha de decir que el mundo de la cocina no me era desconocido, ya que en casa siempre he sido un "cocinillas", pero debido al buen hacer de mi madre entre los fogones, mi graduación no pasó de pinche de cocina. La sorpresa es cuando te encuentras en esta tesitura creativa de apañarte con una dieta (a priori restrictiva) y ves que no solo disfrutas mientras "eludes" las limitaciones, sino que tienes cierta facilidad innata y los platos incluso te salen bien: unas acelgas hervidas con sólo una cucharada de aceite y sin patata son desoladoras; las mismas acelgas con calabaza y utilizando el mismo aceite para hacer un sofrito de cebolla y tomate con orégano, la cosa cambia como de la noche al día y, lo mejor, sin transgredir ni uno solo de los parámetros que marcaba la dieta. ¡Genial!

A partir de ese momento, he comenzado a hacer recetas de todo tipo y colores, pero sobretodo realistas, económicas y con elementos típicos de la cocina mediterránea, lejos de las recetas con doscientos ingredientes a cual más raro y caro, y que solo sirven para hacer una salsa que la mayoría de las veces no tienen ninguna gracia más allá del snobismo del momento.

Una vez explicado el porqué, abriré ahora una puerta al "cómo" y publicaré de vez en cuando mis recetas por si a alguien le interesa probarlas. Al fin y al cabo, el conocimiento no tiene sentido si no se transmite a los demás. 

¡Ah! y tranquilos... aunque sea un hombre, a mi, las barbacoas, me aburren: A quien gusta de pochar, aderezar, trinchar, majar y degustar, un vuelta y vuelta de un trozo de carne sobre  fuego, comprenderá que no le diga mucho... ;-)

Chicas, no es un espejismo...¡un hombre en la cocina!

viernes, marzo 01, 2013

Cuestión de supervivencia

Hace unos años, en una conversación informal con gente de la calle en relación a la expansión del área urbana de Barcelona, uno de los improvisados tertulianos me espetó: "Pues hasta Sitges, mira si hay espacio!". La respuesta me produjo un cortocircuito de principios, ya que pude comprobar que mi idea de racionalización del uso y extensión limitado del espacio urbano chocaba de frente con la tendencia general de la sociedad, para la cual el territorio es simplemente un papel en blanco donde hacer lo que se quiera cuando se quiera. De eso hace más de diez años, y mucho ha cambiado la cosa desde entonces, pero, desgraciadamente, esta visión de uso del territorio aún está arraigada en nuestra sociedad, o si no, no se entiende que aberraciones como Eurovegas o BCNWorld hayan encontrado quien se las escuche y, lo que es peor, quién se las haya tomado en serio.

Cierto que el territorio es el lienzo en blanco para el desarrollo de la sociedad humana, pero al contrario de lo que parece, este lienzo no es blanco del todo. Hay toda una serie de otras cosas, de condicionantes, de pautas, con las que debemos contar para que lo que escribamos sobre él sea o una hermosa página de un libro de poesía o una maraña de notas garabateadas sin el más mínimo sentido.

La sociedad humana de los últimos cien años se ha acostumbrado al "cada vez más" y le ha parecido que de todo podríamos tener más y de forma indefinida, simplemente deseándolo, ya que la técnica nos lo había permitido. Sin embargo, hay algo que la técnica, hasta ahora, no puede incrementar de forma exponencial como lo ha hecho con la alimentación o la tecnología y es, justamente, el territorio. Un territorio, que está limitado tanto en extensión como en recursos y del cual dependemos todos los seres vivientes de la tierra, incluido el hombre.

Hasta ahora, las instituciones, obcecada en sus mecanismos internos, han seguido el modelo de desarrollo expansionista que ha funcionado tan bien -sobre todo para algunos- durante los últimos dos siglos, pero esta dura crisis que nos rodea a todos los niveles está dejando bien patente que todo tiene un límite: O nos adaptamos a lo que tenemos, renunciando al "más y más" y disponiendo equilibradamente de los recursos que nos ofrece la Tierra, o , de un comportamiento calcado al de las langostas, sólo tendremos que esperar el mismo final catastrófico.

Es en este punto en que resulta dolorosamente obligatorio el poner límites a todo aquello que, tras las excusas más peregrinas, en el fondo implica un uso meramente especulativo del territorio. No es cuestión de gusto el limitar la explotación de los ríos, no es cuestión de gusto el limitar la destrucción de la agricultura periurbana, no es cuestión de gusto el limitar la construcción indiscriminada, no es cuestión de gusto limitar la destrucción del medio ambiente , no es cuestión de gusto limitar el gasto de energía, no es cuestión de gusto que se preserve el territorio.

No es cuestión de gusto, es cuestión de simple supervivencia.

Salvar Cal Trabal, la última zona agrícola de L'Hospitalet, no es por gusto.