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sábado, abril 23, 2011

La curiosa hipoteca del emperador.

El novio hipotecado
Si hay alguna cosa que envidiamos de las altas esferas y grandes fortunas es que, a final de mes, no tienen encima de sus espaldas las pesadas y odiosas cuotas de la hipoteca. Tener dinero suficiente para no tener que padecer por llegar a pagar la incómoda mensualidad a nuestros paupérrimos bancos (nótese la ironía) es una de las grandes preocupaciones de la gente joven y no tan joven en este país. Pudiéramos pensar que un industrial, o un político, o un aristócrata no tienen este tipo de tribulaciones, pero resulta que un conocido rey español tuvo que pedir una hipoteca -cual vulgar españolito mileurista- para poderse casar. Curioso, pero cierto.


El cuñado
Corría el año 1525 y las arcas reales del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, estaban más limpias que una caja de bombones en un club de mujeres. Las Cortes castellanas, por su parte, habían solicitado al emperador que se casase con alguna princesa española con la intención de "españolizar" un poco al monarca, habida cuenta que había nacido en Gante (Flandes, actual Bélgica), se había criado y educado en el extranjero, y la gente lo tenía prácticamente por un forastero. Todo el cúmulo de circunstancias empujó al monarca, de 25 años, a buscarse una moza casadera entre la nobleza disponible.

La novia
Tras muchas deliberaciones y negociaciones, Carlos I decidió casarse con su prima-hermana Isabel de Avis, hermana del rey Juan III de Portugal. Y lo que más le atrajo de la aspirante a emperatriz consorte fue, además de su belleza y de sus 23 fértiles años -lo cual le aseguraba la descendencia- las 900.000 doblas de oro que aportó como dote para el casorio. La cifra no era nada desdeñable para las cuentas del monarca, ya que si tenemos en cuenta el peso en oro de dicha dote (3.6 gm de oro cada moneda) y el precio de dicho oro actualmente (33.27 € el gramo), la cantidad aportada superaría hoy en día los 107 millones de euros. La cantidad estaba la mar de bien, pero quedaba feo que la familia de la novia pusiera tanto y el novio pusiera sólo la mano, por lo que a pesar de que la cosa estaba achuchadilla, el rey algo tenía que poner y tuvo que buscar financiación.

Baeza, el aval
Al final, tras negociar con los bancos de la época, consiguió aportar 300.000 doblas de oro como arras para el enlace. ¿Cómo consiguió los 36 millones de euros que, al cambio, aportó? Sencillo. Simplemente tuvo que hipotecar algunas de sus posesiones para que los banqueros le dieran la cantidad que necesitaba para poder contraer matrimonio, y estas fueron, ni más ni menos, que las tres ciudades andaluzas de Baeza, Andújar y Úbeda -con sus lugareños, edificios y monumentos, evidentemente. ¿Qué si no, puede hipotecarse un monarca? Suponemos que la noticia no haría mucha gracia a los habitantes, si bien también es muy posible que el pueblo llano jamás llegara ni a enterarse de semejantes triquiñuelas reales.

El lugar del convite
Sea como sea, el 11 de marzo de 1526 a las 12 del mediodía se celebró la boda real -con todos los fastos posibles- en el Real Alcázar de Sevilla con una ceremonia oficiada por el Arzobispo de Toledo. La historia no dice nada de qué fue lo que pasó con la hipoteca, por lo que podemos entender que el rey atendió sus compromisos sin mayor inconveniente, pero de lo que sí ha quedado constancia es de que, en España, ni los emperadores se escapan de estar entrampados con los bancos y sus siempre cómodas hipotecas.

En España, de la hipoteca no se escapa ni el Emperador.
Artículo actualizado el 1/12/13

lunes, abril 18, 2011

El pájaro que más se parece a un MP3.

Una de las características que más nos atraen de los pájaros es la existencia de especies con la extraña capacidad de imitar la voz del hombre. Periquitos, loros, cuervos, urracas, minás,... llenan las jaulas de muchos hogares por su innata aptitud de copiar palabras, melodías y locuciones humanas, a base de repetirlas hasta la saciedad. Sin embargo, hay una especie en Australia que deja a la más locuaz cotorra por un auténtico loro de plástico: el ave-lira.

El Ave-Lira Soberbia (Menura novaehollandiae) es un pájaro de casi un metro de longitud que habita en los bosques del sur de Australia y, gracias a su introducción en 1930, también en Tasmania donde prosperan especialmente. El nombre de ave Lira, proviene del hecho que su cola está formada por dos grandes plumas, separadas entre sí por 14 plumas más finas, dando la sensación, cuando están desplegadas, de ser una gran lira. Esta característica cola, parecida a la cola de los pavos reales, tiene, como en esta otra ave, la función de atraer las hembras durante el cortejo de apareamiento. Pero no es su única arma para atraerse las "churris".

Además de hacer su parada nupcial, el macho del ave lira (las hembras también, pero en menor medida) tiene la capacidad de imitar todo tipo de sonidos. Estos sonidos son utilizados por el macho para diferenciarse de la competencia, ya que cuantos más sonidos sea capaz de imitar, mayor será su capacidad para atraer a las féminas de su especie. No obstante, tal es la capacidad de este pájaro en imitar los sonidos de su entorno más inmediato, que incluso ha copiado los sonidos humanos que se pueden encontrar en los bosques en que habita.

Efectivamente, además de imitar a, como mínimo, veinte especies de otros pájaros a la perfección, como es el caso del Cucaburra, no ha dudado un instante a incorporar a su largo repertorio de "ligoteo" sonidos tan naturales como los de las motosierras, sierras de mano, alarmas de coche, obturadores de cámaras de fotos, etc... todo lo que ha escuchado alguna vez a su alrededor y que utiliza para atraerse a todas las hembras que puede a su "nidito de amor" (de hecho, es polígamo). Y si no se lo cree, mire este vídeo, en el que el conocido naturalista David Attenborough nos muestra este curioso "pajarillo".

Sea como sea, el ave lira tiene una de las mayores capacidades de imitar sonidos entre los pájaros, y si bien, el hecho de que añada a sus conciertos tantos sonidos humanos significa que el hombre está llegando en masa a todas las partes de su hábitat, también quiere decir que este pájaro tiene una asombrosa facilidad para adaptarse a un entorno cambiante.
La próxima vez que esté en las inmediaciones de este ave, vaya con cuidado con lo que dice o hace... el ave lira tiene un oído muy fino y...¡una lengua muy larga!

¿Ave Lira o Ave MP3?

viernes, abril 01, 2011

Catalan Bay o los catalanes que tomaron Gibraltar.

Catalan Bay
Al mirar con un poco de detenimiento un plano de Gibraltar, podremos observar que es un territorio pequeño y eminentemente rocoso, al tratarse -geológicamente hablando- de un islote enganchado al continente por una estrecha lengua de tierra. En estos algo más de 6.5 km2 de superficie, en los que se ha metido a machamartillo todo tipo de infraestructuras, incluidos un aeropuerto, las playas no son ni numerosas, ni grandes, pero hay una, ubicada en la costa Este de la Roca, que destaca para nosotros por su curioso nombre: Catalan Bay. O lo que es lo mismo, "Bahía Catalana". ¿Porqué una pequeña playa en esta parte del mundo está dedicada a los catalanes? Aunque le parezca mentira, tiene su razón de ser.

A principios del siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, toda una serie de naciones se dieron de bastonazos entre ellas en suelo español, al ser éste el trono que ansiaban los Borbones y los Austrias y donde se pusieron en juego todos los juegos de estrategia geopolítica de la Europa del momento.

En esta situación en que, por un lado, los Borbones tenían por aliados a los castellanos y los franceses, y los Austrias eran apoyados por los catalanes, ingleses y holandeses (entre otros), cuando se enfrentaban en el campo de batalla, los ejércitos eran multicolores en relación al origen de las tropas y auténticas torres de Babel en cuestión de lenguas, con todo lo que ello conllevaba (ver Batalla más tonta de la Historia).

Gibraltar desde el aire
En uno de los lances de esta guerra, el Archiduque Carlos decidió la toma de Gibraltar, hasta entonces en manos castellanas (ergo borbónicas), para mantener el control del Estrecho. Para ello, encargó a sus comandantes, el Príncipe Georg von Hessen-Darmstadt -hasta poco tiempo antes, lugarteniente de Cataluña- y el almirante Sir George Rooke, el organizar la expedición para tomar el peñón. El ejército se compuso de una flota anglo-holandesa y de unos 3000 hombres, entre los cuales se incluía un batallón de unos 350 catalanes.

El día 1 de agosto de 1704, las tropas austracistas desembarcaron en Gibraltar, entre ellas el batallón de catalanes que lo hicieron en la caleta a la que los ingleses, posteriormente, darían el nombre de Catalan Bay en homenaje. Tras 3 días de bombardeos de la plaza desde los barcos holandeses e ingleses apostados en sus costas, el día 4 de agosto de 1704, los resistentes se rindieron y el príncipe Georg (Jordi, para los catalanes) hizo la entrada triunfal, tomando Gibraltar en nombre del rey Carlos III.

Una vez que los soldados partieron, el batallón de catalanes quedó como retén para constituir la primera fuerza de orden en el peñón y llegaron a tener cierta importancia en su vida política. Un tal Alonzo de la Capela llegó a ser juez de Gibraltar y Joseph Corrons fue nombrado Alcaide del Mar (responsable del puerto), dejando constancia de la presencia catalana en la Roca.

Con el tiempo, los tratados de Utrecht cedieron la soberanía del peñón a los ingleses, y produjeron cambios demográficos en los iniciales ocupantes, al incorporar soldadesca británica y marinería genovesa, si bien continuaron llegando catalanes huyendo de la represión ejercida por Felipe V sobre el principado.

Sea como fuere, Gibraltar dejó de ser española (si bien no era posesión española, sino exclusivamente castellana) hasta la actualidad gracias a la colaboración decisiva de tropas catalanas... para regocijo y fruición de los nacionalistas españoles, claro.

Catalan Bay, un recuerdo a los catalanes que tomaron Gibraltar.