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sábado, enero 29, 2011

El vertido asesino de Minamata.

Todos sabemos lo pernicioso que son los efectos de la contaminación por metales pesados en el cuerpo humano, sin embargo esto, que ahora es evidente para todo el mundo, no lo era para el grueso del gran público hace unos años. Fue necesaria una gran catástrofe medioambiental y el conocimiento de todo lo que ello conllevó para que medio planeta se concienciara de los serios problemas que producen los vertidos contaminados por la industria. Estamos hablando del desastre de la bahía de Minamata.

Minamata es una pequeña ciudad industrial de unos 28.000 habitantes situada en la costa oeste de la isla de Kyushu, en el sur del Japón. En esta población, a principios del siglo XX (1908, más concretamente) se instaló una fabrica de productos químicos a cargo de la compañía Chisso Corporation. La factoría, que vertía sus residuos líquidos a la bahía de Minamata, en un principio se dedicó a la fabricación de fertilizantes dando a los pocos años, ya sus primeros problemas por el impacto medioambiental de dichos vertidos, ya que produjo una importante reducción de la pesca, afectando a los pescadores que faenaban en la bahía. Ello hizo que durante los años 20 y 40 tuvieran que pagar compensaciones a los afectados.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, la factoría empezó la producción en masa de diversos productos, entre ellos el acetilaldehido, sustancia química que sirve de base para la síntesis de pinturas, lacas, plásticos, caucho, papel, entre otros usos y que, como inconveniente principal es que necesita sulfato de mercurio para ser catalizado. Al aumentar la producción de este producto, los desechos empezaron a contener cantidades cada vez mayores de mercurio, que al depositarse en el fondo marino reaccionaron convirtiendose en metilmercurio, un compuesto muy tóxico y que entra en la cadena alimenticia con una facilidad pasmosa.

Los vertidos provocaron que los peces y mariscos que se encontraban en la bahía tuvieran concentraciones bárbaras de mercurio. Los pescadores que vivían a orillas de la bahía se alimentaban casi en exclusiva del producto de la pesca diaria y empezaron a acumular cantidades cada vez más importantes de esos productos en su cuerpo. A partir de 1956 empezaron a darse las primeras señales de que la cosa empezaba a desmadrarse.

Fue a partir de entonces que los pescadores empezaron a dar síntomas de una rara enfermedad que les provocaba dificultad en el andar, en el habla y fuertes convulsiones. Esta enfermedad, no solo afectaba a las personas, sino que afectaba también a perros y gatos, los cuales enloquecían y convulsionaban hasta la muerte (ver vídeo en inglés)por lo que se supuso erróneamente que era una enfermedad contagiosa estigmatizando gravemente al colectivo.

Diversas entidades empezaron a investigar el brote "epidémico", entre ellas la misma Chisso Corporation, la cual, al intuir cual era la causa empezó por desviar el vertido de aguas hacia un río adyacente, pero que hacía evacuar las aguas fuera de la bahía envenenada. La intención era clara: la de que los investigadores independientes de la Universidad de Kumamoto tuvieran el máximo de dificultades para señalarlos como los culpables. Chisso no iba a cooperar en la investigación lo más mínimo, y se encargaron de silenciar sus propios trabajos con gatos en que, claramente, señalaban a los vertidos como los culpables .
 
Pese a todo, las evidencias eran abrumadoras. En la zona de desembocadura del canal de vertidos, se hallaron hasta dos kilos de mercurio por tonelada de sedimento, y los habitantes de la zona tenían una tasa media de mercurio de 191 partes por millón, alcanzándose los 700 ppm en algunos casos. Si tenemos en cuenta que la tasa media de los habitantes fuera de la zona de Minamata era de tan solo 4 ppm, ello nos indicará la gravedad del envenenamiento. Para más inri, se empezaron a detectar los mismos síntomas aguas abajo en el río al que se había desviado el vertido, afectando a las pesquerías y a la salud de las personas.

Los afectados empezaron a movilizarse solicitando compensaciones y el cierre de la fábrica, pero los intereses de la compañía así como de las fuerzas vivas de la población, la economía de la cual dependía absolutamente de la factoría, hicieron que Chisso continuase sus actividades contaminantes. Por su parte, el gobierno japonés obligó en 1959 a que revertiera el desagüe de aguas residuales a su canalización original y a imponer un sistema de depuración de los vertidos, el cual, a pesar de ser inaugurado a bombo y platillo, resultó ser totalmente inoperante y una simple cortina de humo que sirvió para que la gente creyera que el problema estaba resuelto y bajar el nivel de presión social contra la empresa.

Durante los 60, se hicieron nuevos estudios debido a que se continuaban produciendo muertes, tomándose muestras de cabello de la población. Esta vez los resultados fueron de escándalo, detectándose casos de intoxicación congénita en recién nacidos de madres sanas cuando, contrariamente a lo que suele ocurrir la placenta, concentraba el metilmercurio en el feto y lo elimlinaba de la sangre de la madre. Las muestras de cabello marcaron un récord de concentración de mercurio de 900 ppm en una señora de una de las islas de la bahía. No obstante, no se avisó a los afectados y no fue hasta 1968 en que el gobierno japonés dio una explicación oficial a la enfermedad, cuatro meses después de que la empresa dejase de fabricar acetilaldéhido.

Ante la situación, Chisso intentó llegar a un acuerdo económico, tal y como lo había hecho anteriormente, pero se llegó a juicio gracias a parte de los afectados que no aceptaron las compensaciones, pese a las graves presiones de los trabajadores y directivos de la empresa que veían en peligro sus puestos de trabajo. Durante el juicio se destapó las malas artes y trapicheos de la compañia para esconder su responsabilidad, lo que si bien produjo la indignación de los más de 3000 afectados, no evitó que debido a las presiones de la compañía, el proceso se alargase ad eternum, no llegándose a pagar las primeras indemnizaciones a las que fue condenada Chisso hasta 1996. 

Chisso, durante los 80, se vio obligada a limpiar la bahía del mercurio vertido, lo cual, curiosamente, más que un castigo fue una bendición, ya que los lodos tenían tal concentración de mercurio que la empresa hizo negocio extrayéndolo y vendiéndolo de nuevo para su reutilización. Cuando acabó con la auténtica mena de mercurio que eran los fangos vertidos durante tantos años, la zona más afectada se rellenó de tierra y se le ganó al mar, creando un parque urbano que ha inmovilizado el mercurio que quedó en el fondo.

Sea como sea, aún, a día de hoy, el litigio sigue abierto ante la discriminación de parte de los afectados -sobretodo congénitos- que no fueron reconocidos como afectados por el envenenamiento masivo por la empresa, negándose a pagar indemnización alguna. Los afectados se cuentan por miles, y los que no han muerto, padecen gravísimas secuelas que el dinero racaneado por la empresa causante del daño no van a poder paliar, en una de las peores catástrofes ecológicas producidas por el ser humano en las que su propia desidia se ha vuelto contra él como un boomerang, recordándonos que, queramos o no, formamos parte de una naturaleza que no debemos maltratar.

Sufrimiento humano en estado puro.

domingo, enero 23, 2011

Pando, el vivísimo árbol inmortal.

¿Usted cómo se piensa que es el mayor organismo vivo sobre la Tierra? ¿Del tamaño de una ballena azul? ¿O del tamaño de una secuoya? Como pista le digo que pesa más de 6600 toneladas, y tiene la friolera de unos 80.000 años...¡ahí es nada! Si le añado que dicho organismo ocupa unas 43 hectáreas, seguro que le acabo de liar un poco más si cabe. No es ninguna broma, tal bicho viviente existe, se lo aseguro..., y se llama Pando.

Pando es el nombre que el botánico Burton V. Barnes dio a un bosque de álamos temblones (Populus tremuloides) que se halla en Estados Unidos, en el Parque Forestal de Fishlake (Utah), y que resulta estar compuesto por más de 47.000 árboles, que en realidad son todos el mismo individuo. No se asuste, tiene una explicación científica convincente.

El álamo temblón, como tantos otros árboles, tienen la capacidad de reproducirse de forma asexual, a través de emitir "chupones" que crecen desde las raíces y que acaban generando un nuevo árbol. En este caso, Pando ha estado emitiendo chupones indefinidamente desde hace unos 80.000 años (la edad media de los troncos actuales es de unos 130 años cada uno) y, gracias al continuo crecimiento de sus raíces, ha conseguido extenderse por una superficie de 43 hectáreas -casi 3 veces la superficie del parque de la Ciutadella, en Barcelona.
La colonia de clones de chopos ha conseguido llegar a nuestros días a pesar de que se estima que, debido a los cambios climáticos acaecidos en nuestro planeta, la última vez que floreció fue hace unos 10.000 años, con la curiosidad de que Pando es macho. Como desde la última floración, no ha podido emitir semillas, desde entonces la única forma de reproducción ha podido ser por estolones, reponiéndose de esta forma a los incendios que han asolado la región durante los últimos milenios.

El cambio de clima debido al fin de la última glaciación, ha llevado a Pando a pasar de vivir en una zona fresca y húmeda -favorable a la reproducción sexual de la especie- a una zona semiárida, en que la mayor competencia actual es la progresión de los bosques de coníferas, que se encuentran más a gusto en un clima como el actual.

Algunos estudios han concluido que esta colonia podría estar viva desde hace un millón de años, pero sólo se ha podido demostrar que lo ha hecho durante los últimos 80.000. Sea como sea, Pando es el ser vivo individual más antiguo de la Tierra de la que se tiene constancia, y eso ya tiene mucho mérito. Esperemos que el ser humano tenga la suficiente cordura para permitir que este singular árbol plural pueda vivir otro tanto o más. 

Pando ya ha demostrado que ha sido capaz de hacerlo.

¿Un bosque? No, un solo árbol.

sábado, enero 22, 2011

Caransebes, la batalla más idiota de la historia.

¿Ustedes se imaginan que en una batalla, se presente uno de los contendientes y se encuentre con que el otro le ha hecho toda la faena, es decir, que se ha medio aniquilado él solito? Pues esto, que bien podría ser considerado como el paradigma de la imbecilidad militar o directamente extraído de un chiste de Gila, parece que ocurrió en Caransebes (Rumanía) el 17 de septiembre de 1788.

Pongámonos en situación. Por aquel entonces las dos potencias que cortaban el bacalao en Europa central eran el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano, y no es que estuvieran a partir un piñón exactamente, más bien al contrario. La lógica de la época dictaba que si podían dirimir sus disputas a hostias...¿para qué parlamentar? Y en ello estaban desde un año antes.

La tarde del 17 de septiembre, un contingente de más de 100.000 hombres del ejército austriaco se dirigían hacia la ciudad rumana de Caransebes, en espera de enfrentarse al ejército turco. Llegado el momento, las fuerzas de vanguardia, los húsares -la caballería-, cruzaron un río para vigilar la posición del ejercito turco. Del ejército turco no vieron ni rastro, por lo que se prepararon para acampar. Sin embargo, sí encontraron a un grupo de gitanos que llevaban aguardiente, comprando unos cuantos barriles y aquí empezó a liarse todo.

Los húsares habían empezado a beber del aguardiente cuando llegaron las avanzadillas de la infantería, como no, muertas de sed. Los caballeros no estaban muy por la labor de repartir su "bebercio" como les solicitaban los soldados, por lo que empezaron a pelearse por el licor. Soldados borrachos y armados... tangana asegurada.

Los ejércitos austríacos destacaban por ser una suerte de Naciones Unidas con mosquetes y sables, en que se mezclaban contingentes de todos los territorios pertenecientes al Imperio Austro-húngaro, es decir, serbios, italianos, rumanos, eslovenos, húngaros, etc., con los consiguientes problemas lingüísticos, ya que pocos había que hablaban alemán. En plena pelea por los barriles de aguardiente un disparó sonó en el aire.

Los soldados pensaron que había sido un francotirador turco, y a la desbandada, salieron a la carrera gritando "¡Los turcos!". Los oficiales austriacos intentaron poner orden, gritando "¡Alto!¡Alto!" (Halt en alemán), pero la mayoría de soldados eran rumanos y entendieron "¡Alá!¡Alá!", el grito de ataque turco, lo que acabó por montar una marimorena de órdago.

En aquel preciso instante, otro grupo de soldados se acercó al campamento, que parecía unos grandes almacenes en día de rebajas. Al ver a los húsares en sus caballos, y los soldados corriendo gritando "!Turcos!¡Turcos!", no dudaron en atacar sable en mano, a lo que pensaron que eran las en realidad inexistentes tropas turcas. La gente empezó a disparar a diestro y siniestro a todo lo que parecía otomano, ya que las sombras del atardecer complicaban el reconocimiento a una cierta distancia.

Por si fuera poco, los diversos batallones que iban llegando a la zona, se iban añadiendo a la juerga flamenca de tiros y sablazos que se estaban repartiendo gratuitamente y con generosidad entre los "contendientes". La llegada de la artillería significó la llegada de los fuegos artificiales a la fiesta, al bombardear la zona de conflicto. Aquello se convirtió en una auténtica batalla campal que duró varias horas y en que todo el mundo era enemigo de todo el mundo -hasta el mismísimo emperador José II cayó de su caballo en el fragor de la "contienda"-, hasta que, llegado el momento, las maltrechas tropas huyeron del improvisado campo de batalla.

Dos días después, los turcos llegaron a Caransebes con la sorpresa mayúscula de encontrarse con el dantesco espectáculo de más de 10.000 muertos austriacos tendidos en el suelo. Alguien les había hecho la faena, y ellos no habían tenido que pegar ni un tiro.

La "batalla" que se había producido en aquellas tierras fronterizas rumanas quedó como el arquetipo de la idiotez más absoluta del ser humano, el cual, en circunstancias favorables y mezclando el alcohol con las armas, es capaz de aniquilarse a sí mismo de la forma más tonta posible y demostrando, a su vez, que al género Homo aún le falta muuuuucho camino para llegar a ser "sapiens".

Lo peor de todo es que, encima, no ganaron.

lunes, enero 17, 2011

La escurridiza vida de la misteriosa anguila.

Alguien me contó que una vez, después de comprar anguilas frescas, las procedió a cortar a trozos y dejarlas dentro de la nevera para cocinarlas posteriormente; pasadas unas horas en el refrigerador, cuando fueron a cocinarlas, los trozos empezaron a moverse por sí solos como si no llevasen horas cortados y fuera del agua, con el susto consiguiente. Este relato, totalmente cierto, da fe de las características casi fantasmagóricas de un pez tan conocido y apreciado en la cocina, como misterioso y desconocido tanto para el público como para los científicos: la anguila.

Anguila en tierra
La anguila (Anguilla spp.) es un pez muy raro que tiene en jaque a toda la comunidad científica debido a sus raros hábitos de vida, ya que de ella se desconoce muchísimo más de lo que se conoce. Es un tipo de pez de unos 70 cm que vive usualmente en aguas salobres y dulces, con una piel escamosa cubierta por una capa gelatinosa que la hace especialmente resbaladiza y deslizante, lo que le da su fama de escurridiza. Esta característica, junto a su capacidad de respirar a través de la piel, la permite permanecer horas fuera del agua y, como una serpiente, desplazarse por la tierra de charca en charca buscando la mejor corriente de agua.

Cabeza de anguila
Esta especie, cuando llega a la madurez sexual, inicia un viaje hacia el mar que dura varios años, encaminando sus pasos hacia el lejano Mar de los Sargazos, donde parece que dispone de sus zonas de desove. Y decimos "parece", porque en el momento que la anguila se interna en la oscuridad del mar, su vida se vuelve todo conjeturas.

Para empezar, en mar abierto, no se han constatado más que tres o cuatro capturas de anguilas adultas, y han sido en zonas muy cercanas a las costas, por lo que se supone que viven en los fondos más profundos. Aún así, los científicos han conseguido obtener miles de raras especies de peces abisales, pero ninguna anguila. El misterio continua.

Etapas de crecimiento
Se intuye que en el Mar de los Sargazos tienen su zona de desove porque es allí donde se han encontrado las crías de menor tamaño, pero no se ha podido observar en ningún caso a ninguna anguila desovando o apareándose. Se supone también que los huevos quedan flotando en el mar, debido a que en esa zona, el océano alcanza más de 5000 metros de profundidad. A partir de la eclosión, las pequeñas larvas se dirigen -en un viaje que dura un par de años- de nuevo hacia los ríos de donde salieron sus padres, con la curiosidad de que las crías de anguilas americanas, vuelven a los ríos americanos, y las europeas, tras 5000 kms de ruta, vuelven a sus ríos de origen, en el cual no erran de ninguna forma su  proveniencia: no se han capturado anguilas americanas en Europa, ni europeas en América.

Angula
Para más misterio, resulta que las anguilas machos se encuentran en las aguas salobres, mientras que las hembras son las que habitan los ríos y las aguas dulces, por lo que parece que el gradiente de salinidad es primordial para que las pequeñas angulas de 7 centímetros decidan su sexualidad. Esto provocaría que en aguas de salinidad excepcionalmente baja, como el caso del Báltico, la proporción de hembras sea descomunal, mientras que en las aguas más saladas del sur de Europa la proporción de machos sea la predominante. De esta forma, los chulitos "anguilos" mediterráneos, se irían a ligar a las fornidas anguilas suecas en el lejanísimo Mar de los Sargazos. Está visto que el turismo sexual caribeño, no es exclusivo del ser humano.

Plato de anguila cocinada.
Las anguilas eran muy abundantes en todos los sitios durante el siglo XX, y forman parte de las cocinas tradicionales de todos los pueblos ribereños de Europa y América. Asimismo, las angulas -sus alevines- son muy apreciadas también en la cocina, alcanzando precios, que en algunos casos superan al del oro. Sin embargo, la excesiva captura de estos animales, así como la degradación de las aguas de los cursos fluviales por los embalses construidos, han provocado que las poblaciones de esta especie haya descendido de forma alarmante en todos los ríos del mundo, lo que ha dado el toque de alerta a los conservacionistas.

Esperemos que las escurridizas anguilas, que han sobrevivido en el planeta durante 140 millones de años y de las cuales se desconoce casi todo menos su sabor, no sean aniquiladas por completo debido a la voracidad humana antes de llegar a conocer todos los entresijos de la vida de estos misteriosos supervivientes natos.

sábado, enero 15, 2011

La desgracia doble de ser un negro blanco.

Sabemos que la vida de un negro en una sociedad blanca, acostumbra a ser bastante penosa, debido a los prejuicios y racismos varios de la sociedad de acogida. Sin embargo, no nos podemos ni llegar a imaginar lo duro que puede llegar a ser la vida de un blanco entre negros, y no me estoy refiriendo a los ricos terratenientes europeos en África o a los miles de cooperantes occidentales que allí trabajan, no. Me refiero a los negros albinos.

Ni blanco,ni negro.
El albinismo es una anormalidad genética según la cual el individuo que la padece nace sin melanina, teniendo una piel prácticamente transparente y sin defensas ante la luz y las radiaciones solares. Esta anomalía, que se produce en todas las razas humanas, aunque pueda parecer mentira tiene una afectación grandísima entre las personas de raza negroide, con una media de un caso cada 4.000 personas, mientras que en la raza blanca se produce un caso cada 20.000 personas. A pesar de todo ello, pocos casos de albinismo entre negros llegan a nuestros ojos habitualmente, y todo tiene una razón. En este caso, una trágica razón.

Destacan demasiado.
Un albino de raza negra tiene el primer handicap en la zona climática de la tierra en que viven. El hecho de vivir en la zona más tórrida del planeta, junto con el hecho de tener una disfunción genética que les impide defenderse correctamente del sol inclemente que cae a plomo sobre su indefensa piel, les produce numerosas enfermedades dérmicas, entre ellas cáncer -uno de cada seis albinos la padece- y daños en la vista, que puede producirles ceguera. Todo ello produce que los negros que padecen albinismo no pasen de los 30 años de vida de media, pero, desgraciadamente, esa no es su principal amenaza.

Negra albina mutilada.
Efectivamente, la principal amenaza para estas personas es, sin dudarlo, la superstición, los prejuicios y las miserias de los países del áfrica negra en que viven. En esas zonas, los albinos por un lado son considerados como pájaros de mal agüero -atraen la mala suerte y, por tanto, se les expulsa de las familias-, y por el otro es considerado por la brujería como un elemento con capacidad de atraer la buena suerte. El problema estriba en que la forma en que esta pobre gente atrae la buena suerte, es a base de servir de ingrediente a pócimas "secretas" hechas con su sangre, pelo o piel o sirviendo de amuletos para supersticiosos adinerados, que no dudan en pagar miles de euros por obtener dedos, brazos, piernas, pies o incluso la cabeza entera de alguno de estos desgraciados entre los más desgraciados del planeta.

En Tanzania, Burundi o Rwanda, la persecución de los albinos ha llegado a niveles de escándalo: en Tanzania se han detectado 57 asesinatos relacionados con el tráfico de albinos, y 14 en Burundi en los dos últimos años. En Burundi, la policía descubrió el caso de una niña de cuatro años que fue desmembrada para venderla en el mercado ilegal de la brujería, lo que deja constancia del nivel de peligro e inseguridad en que viven.

Esta situación continua y generalizada en todos los países de África donde los negros son mayoría, produce una gran desazón a los enfermos de esta anomalía genética, llegando al punto de huir de sus países. Tal fue el caso que, en abril de 2009, se dio en España al llegar una patera a Tenerife con un negro albino de 18 años que huyó de su país, Benín , y al que pretendían sacrificar ritualmente, pidiendo asilo político por ello.

Albino con cáncer de piel.
Sin embargo, no todo es negro en el futuro de esos negros blancos, ya que hay organizaciones como "Under the Same Sun" (Bajo el mismo Sol) que de forma altruista se dedica a defender los derechos de los albinos africanos. Esta asociación trabaja en Tanzania recogiendo ropa y material diverso -como, por ejemplo, gafas de sol-, así como dando cobertura sanitaria a las graves patologías que padecen y a las que, normalmente, no tienen ninguna posibilidad de acceder.

Esperemos que con el tiempo, la situación mejore para estos "hijos de la Luna" (recordando la manida canción de Mecano). De momento, el gobierno tanzano ha puesto un albino al frente de la lucha contra la discriminación de este sector de la población, e incluso alguno ha hecho carrera musical, como le ha pasado a Salif Keita, uno de los más famosos cantantes de pop de Mali, y que son el ejemplo viviente de que, lo más peligroso del ser humano, no es lo que conoce, sino lo que desconoce.

Desgraciados entre los desgraciados.

Webgrafía

jueves, enero 13, 2011

El caro placer de un café de mierda.

Civeta de las palmeras
Usted, que es un gran amante del café y que disfruta a todas horas con esta bebida, seguro que sabe apreciar el sabor de un buen café de Colombia o las variedades más exóticas y aromáticas de Java o un Blue Mountain de Jamaica. Pero según su opinión...¿cual cree que es la variedad más cara? ¿la de Etiopía?¿la de Hawaii?¿o tal vez el de Costa Rica? Pues no es ninguna de ellas. La variedad de café más caro es la Kopi Luwak...eso sí, el proceso "extractivo" de este tipo de café, como mínimo se le ha de tildar de poco habitual.

El Kopi Luwak se produce en Indonesia, Vietnam y Filipinas, justo en los mismos lugares en que habita un tipo de gineta asiática llamada civeta, "luwak" en indonesio. Y es que este animalejo del tamaño de un gato tiene un protagonismo esencial en la producción de este tipo de caro café.

Civeta haciendo "café"
La civeta (Paradoxurus hermaphroditus) que vive en las selvas del sureste asiático, es un carnívoro que, al igual que sus parientes europeos, no tiene ningún problema de hacer a pelo y a pluma en cuanto a lo de hincar el diente se refiere. En la época propicia, este animalejo no duda tampoco en comer todo tipo de vegetales, libar en flores, comer frutos... o ponerse morado a base de comer bayas maduras de café. ¿Se va "oliendo" algo?

"Alegrías" de civeta.
Efectivamente, la civeta, cuando encuentra un cafeto con sus rojizas bayas bien maduras no para hasta que casi revienta. Al comérselas, el estómago digiere la dulce pulpa, pero las semillas son de difícil digestión y pasan por el tracto intestinal prácticamente intactas. Pero claro... antes de entrar, dejen salir... y cuando el bichejo decide aliviarse convenientemente para seguir comiendo más bayas, allí hay una persona dispuesta a recoger el "adabelardo" de la civeta y tratarlo convenientemente para que usted se deje el dinero para saborear el café más caro del mundo.

¡Al tostadero!
El caso es que el proceso es bastante sencillo, ya que la civeta ha hecho buena parte del trabajo en su estómago e intestinos, en que los ácidos gástricos han digerido parcialmente la pulpa, rompiendo con sus enzimas los péptidos y liberando buena parte de los aminoácidos, dándole un especial "toque", que después de un ligero lavado y más ligero tueste, llega a las mesas de las más selectas cafeterías.



En definitiva, que la próxima vez que le pongan un café aguachinado y diga "es una mierda",  sepa que el café más raro y, por ende, más valioso del mundo, justamente sale de una de ellas. Por mi parte, permítanme que siga disfrutando de mis tes negros y verdes, con limón, naranja, canela, chocolate...

Y es que...¡allá cada cual con sus gustos!


Presentación comercial del café de civeta.

miércoles, enero 12, 2011

Central Nuclear de Lemóniz, la historia de una sinrazón.

Restos de Lemóniz
A quien más, a quien menos, no le hace demasiada gracia tener una central nuclear demasiado cerca de casa debido a todos los riesgos que implica. Sin embargo, imagínese que usted vive en Madrid o Barcelona, y por decreto, alguien decide que usted ha de tener una central nuclear en Móstoles o Castelldefels, pero no suficiente con eso, le pretenden meter dos nucleares más a menos de 50 km de su casa... ¿cómo se le quedaría el cuerpo? Pues una situación similar es lo que sucedió en Bilbao en los últimos coletazos del franquismo con la inacabada y actualmente olvidada central nuclear de Lemóniz.

Ubicación de la nuclear fallida
Corría abril de 1972 cuando Iberduero dirigía una carta al alcalde de Munguía, solicitándole permiso para una licencia provisional de obras para la construcción de una central nuclear en el enclave de Basordas, cercano a Lemóniz (Lemoiz, en vasco). Si bien en un primer momento no fue concedida, debido a que la zona elegida para la instalación era calificada como rural  y no como industrial, la Dirección General de la Energía (dependiente del Ministerio de Industria) le concedió el permiso provisional para construir dos reactores nucleares de 900 megavatios cada uno. Era época de dictadura y una recalificación o la falta de estudios de impacto del proyecto eran poca traba para los intereses de la oligarquía empresarial pro-franquista. En agosto de 1972, gracias a las presiones de las altas esferas y a 5 millones de pesetas, el consistorio concedía una licencia "provisional" para construir obras "provisionales".

Cala Basordas antes de la central
A pesar de esa "provisionalidad", la central de Lemóniz, a tan solo 18 kms del centro de Bilbao, empezó a construirse a un ritmo endiablado en la cala Basordas -la cual fue totalmente destruida- ganándole al mar el espacio donde se situarían los dos reactores nucleares. Hubieron tímidas reacciones de la sociedad civil en contra del proyecto, pero la férrea dictadura aún daba sus últimos coletazos y acallaba cualquier tipo de disidencia, pero todo iba a cambiar tan solo un año después.

En septiembre de 1973, Iberduero dio la campanada al solicitar los permisos de obras de dos nucleares más, una en Ispaster, a unos 30 km de Bilbao, y otra en Deva, a 30 km de San Sebastián y 45 de Bilbao. La sociedad vasca explotó de indignación y, a pesar de la represión franquista, empezó a movilizarse de forma generalizada contra los proyectos. Una central, tira que te vas, pero tres, en 50 km a la redonda, ya era demasiado.

Lemóniz demolición
La construcción de Lemóniz siguió adelante -la entrada en servicio de Lemóniz I se esperaba para 1976 y Lemóniz II para 1978-, sin una licencia definitiva de obras, ni estudios de impacto, ni planes de seguridad, simplemente con la connivencia total de las autoridades de la época, más interesadas en el dinero que significaba la inversión en nucleares, que en las necesidades y voluntad de la sociedad que las tenia que soportar. Las dictaduras están para algo, y no para atender las necesidades del pueblo.¡Faltaría más!

Obras adelantadas
Con la caída del franquismo en noviembre de 1975, las cosas no cambiaron demasiado. El gobierno siguió dando apoyo a Iberduero para la explotación de Lemóniz, y la Diputación de Vizcaya seguía dando la callada por respuesta a los grupos cada vez más numerosos que se movilizaron abiertamente contra las nucleares, en una respuesta vecinal como no se ha visto otra igual en el País Vasco: recogida de 150.000 firmas en contra, marcha de más de 50.000 personas el 29 de agosto del 76 o una manifestación de unas 200.000 personas en julio de 1977, fueron algunas de las movilizaciones, que no consiguieron doblegar la voluntad de los dirigentes tanto vascos como españoles que apostaban abiertamente a favor de la central. Sin embargo, la entrada en escena de ETA en el conflicto dio un vuelco total a la situación.

La lucha antinuclear fue tan espectacular y la posición de los poderes fácticos pro-nucleares tan impertérrita, que ETA vio en la lucha armada contra Lemóniz la oportunidad de granjearse la simpatía de la sociedad vasca. El 18 de diciembre del 77, ETA atacó el puesto de la Guardia Civil que vigilaba las obras, produciéndose un etarra herido que murió un mes después. Esta acción abrió el camino a una de las épocas más convulsas de la historia de Euzkadi.

No se quería la nuclear
Las movilizaciones contra las nucleares se radicalizaron (encabezadas por la izquierda abertzale); las posturas pro-nucleares de los políticos (PNV, UCD, PSOE...) también, y mientras que la gente se movía entre manifestaciones y desobediencia civil -básicamente, el impago de la luz-, ETA emprendía una campaña de sabotajes contra oficinas e instalaciones de Iberduero. Las torres de electricidad y transformadores de la compañía caían victimas de explosiones por todo el País Vasco día sí y día también, produciendo graves perturbaciones del suministro y pérdidas a la hidroeléctrica, llegando a atentar contra el mismo núcleo del reactor nuclear -al cual solo le faltaba el uranio para entrar en funcionamiento- produciendo un par de muertos entre los trabajadores de la central e importantísimos daños económicos que retrasaron las obras durante meses.

Movilizaciones multitudinarias
El gobierno español, por su parte, redobló en su intención de poner en marcha la central y en las actuaciones de las fuerzas del orden contra las movilizaciones, ya fueran pacíficas o armadas, que se saldaron con la muerte en Tudela de una antinuclear de un disparo a quemarropa de un Guardia Civil el 3 de junio de 1979 durante una manifestación contra otra central que pretendía construir Iberduero en dicha población navarra. Los ánimos se exacerbaron más si cabe, y ETA atentó otra vez contra las turbinas de la central de Lemóniz pocos días después, muriendo otro trabajador.

Asesinato J.Mª Ryan
Con esta acción, ETA desencadenó una espiral de violencia prácticamente diaria contra las fuerzas del orden e Iberduero, llegando a su paroxismo el 29 de enero de 1981 en que secuestró al ingeniero-jefe  de Lemóniz -Jose María Ryan- con la amenaza de que sería asesinado si no se demolía la nuclear antes de una semana. La negativa del gobierno a ceder al chantaje propiciaron que, al cumplir el plazo, y pese a las manifestaciones en favor de su liberación, ETA asesinara el ingeniero. Una huelga general en contra de la acción etarra se convocó en el País Vasco, con un 70% de participación.

La paralización costó cara
Debido al desenlace, Iberduero, el 10 de febrero del 81 formalizará una paralización temporal de la construcción, si bien no fue aceptada por el gobierno vasco (al cual se le había transferido las competencias en energía) y se le requirió la continuación de las obras, pero esta vez a través de una empresa de capital mixto público-privado. Los atentados contra las infraestructuras eléctricas continuaron haciendo la vida imposible a los constructores, a los que se tenía que sumar los continuos problemas laborales de los trabajadores derivados de la presión social, de los atentados, y los continuos parones en la construcción. ETA, por su parte, asesinó al director de la nueva empresa responsable de las obras de la central de Lemóniz el 5 de mayo de 1982.

Mole abandonada
Este último atentado significó la paralización total de las obras, ya que si bien las presiones de los grupos políticos mayoritarios conminaban a seguir la construcción, los mismos trabajadores saboteaban sus propias obras. A pesar de ello, Iberduero canceló los contratos de construcción, lo que llevó a más de 1500 trabajadores a la calle -con el consiguiente revuelo laboral. El gobierno intervino las obras para abrir de nuevo las construcciones, pero en septiembre de 1982, el PSOE ascendió al gobierno y ya no las hizo efectivas, al contrario.

Las gaviotas le dan uso
Un año después -el 13 de octubre de 1983- los socialistas decretaron una moratoria nuclear que paralizaba todos los proyectos en construcción, por lo que Lemóniz y todas las centrales atómicas proyectadas en el país se suspendieron. Las hidroeléctricas recibieron una compensación por sus inversiones (más de 350.000 millones de pesetas, en el caso de Lemóniz) debido a la suspensión de sus negocios nucleares, el cual todavía se está pagando actualmente en forma de impuesto en el recibo de la luz. Lemóniz, por su parte, se desguazó, quedando hoy día nada más que la estructura de una mole de cemento gris oxidado a orillas del mar Cantábrico.

La problemática del CO2 y el cambio climático han dado alas a los pro-nucleares para promover la reobertura de la central, pero lo cierto es que la controversia de la energía nuclear hará difícil el desarrollo de los proyectos existentes hace treinta años. Sea como sea, ahí está Lemóniz, un monumento a la intransigencia política, los negocios a cualquier coste y a la oposición social que hicieron despertar entre todos una problemática terrorista y económica de la cual aún estamos pagando las consecuencias... y lo que te rondaré morena.

Lemóniz, monumento a la locura colectiva.

viernes, enero 07, 2011

El caso de los árboles asesinos.

Bosquete de acacias.
Sabido es que las plantas son la base de la pirámide alimentaria mundial, y de ellas depende toda la vida en el planeta. Hasta ahora, hemos visto a las plantas como organismos inferiores, simples, sin sistema nervioso, y a los cuales podemos podar, romper, serrar o comer sin demasiados escrúpulos, pero... ¿qué pasaría si las plantas se rebelaran y pasaran al ataque? Que se lo pregunten a los más de 3000 antílopes que murieron en Sudáfrica a finales de los 80.


Cazador con un kudú.
Efectivamente, a finales de los ochenta, un gran numero de cotos de caza dedicados a la reproducción en semi-libertad de especies cinegéticas sudafricanas, empezaron a detectar muertes inexplicables de kudús, uno de los grandes antílopes de aquellas tierras. Los kudús morían a centenares sin motivo aparente y, en principio, en buen estado de salud, por lo que no se entendía qué era lo que estaba pasando con ellos. Incluso se hicieron autopsias de animales fallecidos que no dieron ningún fruto, por lo que los granjeros decidieron contactar con la Universidad de Pretoria para que investigaran el asunto, ya que sus negocios se estaban resintiendo fuertemente al ser el kudú una de las especies más solicitadas para su caza. El Dr. Wouter Van Hoven empezó sus pesquisas.

Tras unos primeros estudios se detectó que las granjas con mayor mortalidad correspondían a las que había una mayor densidad de población de kudús, y que en estas, los animales muertos tenían en su estómago una tasa de fermentación notablemente más baja. Por su parte, los análisis efectuados en los hígados de los kudús muertos detectaron una alta concentración de taninos, que llegaba a ser de 4 veces más de lo normal en las muestras de los cadáveres de zonas de alta mortalidad. Los animales estaban muriendo intoxicados al no poder asimilar la gran cantidad de taninos que ingerían. No obstante, se desconocía cual era el origen de dicho envenenamiento masivo, habida cuenta que, debido a su estado de semi-libertad, no se había introducido ningún cambio en su alimentación herbívora más allá de una persistente sequía que afectaba la zona y que obligaba a los kudús a comer más hojas de acacia de las habituales. Una pista se abría ante sus ojos.

Kudú alimentándose.
Al estudiarse la acacia, se detectó que, cuando se sometía a estrés a estos árboles (imitando un ataque de kudús, a base de ramonear los brotes y romper ramas), tras pasadas poco más de dos horas, las hojas supervivientes aumentaban su concentración de taninos hasta un 250%. Lo más curioso de todo es que árboles cercanos al que había recibido la "paliza", aumentaron a su vez la cantidad de taninos en las hojas talmente como si hubieran sido ellos los que hubieran padecido el ataque de los "kudús" humanos. Todo se aclaró cuando se descubrió que, a la vez de aumentar su contenido en taninos, las acacias emitían grandes cantidades de etileno, un componente gaseoso muy ligero que, al entrar en contacto con las hojas de otras acacias, les hacía reaccionar aumentando, a su vez, las concentraciones de taninos en sus hojas. O lo que es lo mismo, que la acacia "puteada" avisó a sus congéneres de lo que le estaba pasando, y estas, en viendo las barbas de su vecina quemar, pusieron las suyas a remojar. Sencillo.


Brote de acacia.
Los kudús, recluidos en los cotos con mayor densidad de población, ejercieron una presión excesiva sobre las acacias debido a la sequía que impedía el crecimiento de otros tipos de hierba con los que diversificar el menú diario. Esta presión estresó demasiado los árboles, los cuales, para defenderse, aumentaron el contenido de taninos hasta niveles que no pudieron tolerar los kudús, matándolos y, por ende, aligerando la presión que ejercían sobre las acacias. Encima, como el ataque contra las acacias fue masivo, las que fueron comidas avisaron a las demás de lo que estaba acaeciendo, con lo que los árboles que no habían padecido el embate de los hambrientos antílopes se prepararon contra ellos, y los kudús se encontraron con que las acacias se habían organizado contra ellos...y lo consiguieron. Para desgracia de los granjeros, claro.

El estudio, además de esclarecer los crímenes, determinó que las plantas se comunican entre ellas, y que tienen muchas más capacidades y recursos de los que podemos llegar a imaginar para un ser supuestamente inferior. Un virus tiene 250 genes; una bacteria, 3000; un hongo tiene 6000; una mosca,12000; los humanos, 25000...y por algo será que las plantas tienen 50000 genes. Sería mejor que replanteásemos nuestra relación con ellas, porque ¿quién sabe los ases que pueden tener escondidos cuando la locura desforestadora sobre las plantas sea excesiva? 

Más vale que los vegetales no tengan un mecanismo para dejar de emitir oxígeno o para volver tóxicas las lechugas, porque se nos iba a quedar una cara de kudú la mar de auténtica.


¿Quién depreda a quién?

lunes, enero 03, 2011

El triste fin de un puente Real.

Cuando desde Barcelona se quiere coger la carretera N-340, un paso prácticamente obligado ha sido desde hace mucho tiempo el puente que atraviesa el río Llobregat a la altura de Molins de Rei. Este puente es, en la actualidad, un ecléctico, soso y eminentemente práctico puente de cemento que une las dos orillas del río, pero hasta el 1972 fue un hermoso y sólido puente de 15 arcadas que resistió incluso dos intentos de voladura durante la Guerra Civil. Tan solo la corrupción política y la dictadura pudieron acabar con él, en uno de los episodios más vergonzosos y flagrantes de finales del franquismo.

El puente de Molins de Rei, también conocido como "Puente de las Quince Arcadas" o "Puente de Carlos III", era un puente de estilo neoclásico construido entre 1763 y 1767 durante el reinado de Carlos III, cuya finalidad era salvar el paso del río Llobregat y dar continuidad al camino real que con el tiempo sería la actual N-340.

El puente, construido en piedra arenisca roja proveniente de las cercanas canteras de Corbera de Llobregat, tenía una longitud de 334,36 metros distribuidos en 15 arcadas, con una plataforma de 11.70 m de ancho y una altura de entre 10 y 12 metros. Las características de porosidad de la piedra y del mortero empleado le conferían una solidez extraordinaria a la construcción, a prueba de las frecuentes riadas que acostumbran a afectar al Llobregat. El dicho puente llegó a ser tan resistente que aguantó diversos bombardeos durante las guerras carlistas, y dos intentos de voladura durante la Guerra Civil, una cuando los batallones de la FAI quisieron frenar el avance de las tropas republicanas que pretendían imponer el orden en Barcelona y la otra por las fuerzas republicanas para frenar el avance franquista. Ambas intentonas no dañaron la estructura de importancia.

El aumento de tráfico en el área de Barcelona durante final de los años 60 llevó a una primera agresión al centenario puente en 1967, al aumentársele el ancho de la plataforma para poder instalar dos calzadas de dos carriles y permitir el paso de 36.000 vehículos diarios. El hecho de tener que soportar un tránsito diario tan elevado para una estructura que no estaba preparada para ello, produjo una sobrecarga del puente, debilitándolo gravemente. Aún así, el puente seguía en pie.

Simultáneamente, la construcción de la autopista de Tarragona (actual AP7), paralela al río por su orilla izquierda, requirió de una gran cantidad de áridos, no encontrando mejor gravera que el propio cauce del río para extraerla. La extracción descontrolada de áridos -que llegaba a hacerse al mismo pie del puente- produjo que el lecho del río bajase 2 metros, descarnando los pilares de nuestro puente y poniendo al descubierto las pilastras de madera de la base que se pudrieron en poco tiempo al quedar expuestas al aire. 

La sociedad civil de Molins de Rei (en aquel entonces Molins de Rey) se puso en pie de guerra en vista del desaguisado que amenazaba con hacer caer un puente histórico, pero entre las presiones de las altas instancias y el hecho de que el presidente de la Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental -encargada de velar de la integridad del cauce fluvial- era, a la vez, directivo de la mayor empresa de extracción de áridos del país, echaron al traste cualquier movilización. A pesar de ello, se remitió un informe reportando los daños estructurales del puente de Carlos III. Para más inri, el 20 de septiembre de 1971 se produjo la mayor riada que jamás se ha detectado en el Llobregat, con más de 3.000 m3/segundo, lo que debilitó aún más si cabe la estructura, si bien la excepcional calidad de su construcción permitió que, a pesar de ello, el puente siguiera en pie.

El gobierno, para acallar las protestas ante la eminente ruina de la infraestructura, hizo unas pantallas de hormigón delante de los pilares más afectados para evitar su descalce, pero sospechosamente tan mal hechas, que el 5 de diciembre de 1971, con una "riadita" de tan solo 800 m3/seg, estas pantallas  lo único que hicieron fue derivar todo el cauce que bajaba por el río hacia una de las pilastras, la cual acabó por ceder, llevándose consigo a un camionero que pasaba justamente en ese momento y que murió arrastrado por las aguas. 200 años de resistencia a todos los embates posibles llegaron a su fin.

Se hizo un vado temporal para permitir el paso del intenso tránsito pero, 25 días más tarde, el día 30 de diciembre, otra subida del río se llevó el vado construido y dos arcos más, por lo que en febrero de 1972 se decidió su demolición y la construcción en el mismo sitio de un nuevo puente. La población de Molins se opuso con todas sus fuerzas para salvaguardar el antiguo puente del siglo XVIII como patrimonio cultural de la población, pero otra vez las presiones de los poderes franquistas -que tenían intereses en la construcción del nuevo puente- así como la de los comerciantes e industriales de Molins de Rei que temieron que el desplazamiento de ubicación del puente principal les afectaría en sus negocios, dieron la puntilla al puente. De todas formas, las protestas siguieron.

El Ministerio de Obras Públicas, alegando que era más barato hacerlo nuevo, y ante la insistencia de las protestas, prometió que se numerarían todos los sillares, se desmontaría el puente, y se volvería a construir con más tranquilidad cuando hubiera la menor opción. Así se hizo, pero para desmontarlo no se encontró un mejor método que utilizar explosivos (el mortero utilizado en la construcción del puente era más duro que las piedras que tenía que unir), de tal forma que la demolición se hizo a base de barreno metido en la estructura, demostrando muy a las claras que no había la menor intención ni de conservar las piedras -destruidas en mil pedazos por las explosiones- y ni mucho menos de reconstruirlo pasado un tiempo

El puente, y todo lo que significaba para la comarca, voló por los aires hecho pedazos pero, eso sí, con todos sus sillares numerados, quedando durante lustros sus restos desperdigados en el cauce del río. Camiones, furtivamente, cargaban las piedras para ser utilizadas en las obras de la Zona Franca, desapareciendo totalmente cualquier rastro del puente de Carlos III.  Tan solo una única piedra, que se puede encontrar en la Plaça de la Bàscula de Molins, es todo el recuerdo que queda de una imponente construcción, símbolo de Molins de Rei, y que fue destruida gracias a la imbecilidad, la tiranía y la corrupción política de un puñado de personas.


Un puente magnífico que mereció un mejor fin.

domingo, enero 02, 2011

El dedo del Zar airado.

En el año 1843 se inició la construcción del ferrocarril que uniría las ciudades rusas de Moscú y Petrogrado (actual San Petersburgo). Esta linea ferroviaria de 650 kms, que como tantas otras se construyeron por toda Europa por aquella época, destaca por tener un trazado prácticamente rectilíneo si no fuera por una misteriosa curva de 17 kms que existe hacia mitad de recorrido y que parece que no tenga demasiado sentido. Un zar y una regla parecen estar involucrados en dicho trazado.

El recorrido entre Moscú y San Petersburgo es un territorio complicado debido a sus numerosas zonas pantanosas. Justamente por eso, en el momento en que los ingenieros presentaron el proyecto al Zar Nicolás I, el trazado presentaba una gran cantidad de curvas y sinuosidades varias habida cuenta la necesidad de salvar las diversas zonas de marismas que se encontraban en el camino.

El zar -que no era exactamente un dechado de simpatía-, cuando vio el trazado propuesto por los técnicos ferroviarios montó en cólera, ya que alargaba el recorrido en demasía. Con toda la mala leche del momento, Nicolás I cogió una regla y, poniéndola encima del mapa, marcó una línea recta uniendo Moscú y Petrogrado, ordenando a los ingenieros cual tenía que ser el trazado a construir ya que lo reducía a un tercio del original. Los ingenieros se acojonaron vivos.

Tanto miedo cogieron los técnicos a la ira del monarca ruso, que decidieron seguir exactamente el trazado marcado por el zar, hasta el punto de incluir dentro del recorrido la marca que dejó accidentalmente el dedo de Nicolás I en el momento de dibujar la nueva línea...¡a esas alturas, no iban a rectificar al mismísimo monarca!

Sea como sea, la linea se construyó con el arco, al que se llamó Desvío de Verebe, y constituyó en su momento la línea de doble vía más larga del mundo. Dicha curva sobrevivió más de 150 años hasta que el 24 de octubre de 2001 se procedió a suprimirla y trazarla recta debido a que los trenes de alta velocidad rusos no admitían bien dicha sinuosidad. Y es que, en la Rusia de hoy en día, los designios de los zares producen más bien poco miedo.

La "señal" que dejó el dedo de Nicolás I