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viernes, junio 25, 2010

Únicos responsables.

Levantarte después de una verbena de San Juan, y enterarte que cerca de tu casa un tren ha arrollado a un grupo de personas con el resultado de 13 muertos y un montón de heridos, no es plato del gusto de nadie. Uno busca información al respecto y se entera de que el atropello ha venido provocado al atravesar las vías por un sitio prohibido. Es entonces, por mucho que duela el decirlo, que llega uno a la conclusión de que, por mucho que digan o se pidan responsabilidades a unos o a otros, la responsabilidad última del accidente ha sido única y exclusivamente de quien ha atravesado las vías estando expresamente prohibido.

Se han levantado voces criticando a Adif porque habían cerrado una pasarela de acceso, a la Generalitat por no haber previsto un contingente de vigilantes que impidiesen que la gente bajase a las vías, y al Sursum Corda porque no había previsto que casi un centenar de descerebrados inconscientes, en vez de hacer cola para salir por el sitio más seguro iban, con toda la chulería del mundo, a saltarse todas las prohibiciones habidas y por haber. Pero va a ser que no.

Estamos demasiado habituados a eludir las responsabilidades echando las culpas siempre al de arriba o al de abajo, sin querer ver que NOSOTROS tenemos siempre la responsabilidad de nuestros actos. Tal como dijo Sartre, somos asquerosamente libres para hacer y no hacer, por lo que los atropellados, mal que pese a quien pese, ejercieron su libertad de hacer lo que quisieron. Cogieron el camino más arriesgado pudiendo escoger el más seguro, nadie les obligó y lamentablemente, sufrieron las consecuencias.

Los reglamentos, avisos y prohibiciones tienen su razón de ser, y reclamar ahora, tal como lo hace el cónsul de Ecuador, una serie de responsabilidades a nuestros gobernantes, a Adif o incluso al pobre conductor del tren es una excusa de mal pagador para intentar endosar al Estado la responsabilidad de la soberana imprudencia ejercida por los atropellados.

Todos nuestros actos tienen consecuencias y las responsabilidades pesan, pero la sociedad se estaba acostumbrado a eludir ese peso moral quitándose las molestas pulgas de encima y endiñándoselas hipócritamente al que tiene más cerca. Muchas veces ha funcionado, pero a día de hoy, 13 muertos nos ponen violentamente delante de los ojos que somos los únicos responsables de lo que hacemos.

Los únicos.

Si lo atropellan...¿ la culpa será del tren?.

sábado, junio 12, 2010

Deudas y Burros.

No soy amigo de hacer correr cadenas, ni similares, pero reconozco que esta tiene su gracia. Posiblemente sea una de las mejores representaciones de la situación actual que haya leído en tiempo, y no le falta ni pizca de razón. Las cosas se han hecho rematadamente mal, y se continuan haciendo exactamente igual de mal. Lean, lean... vale la pena.


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Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran.

Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.

Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros.

Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno.

Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.

Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.

Resultado:La aldea quedó llena de burros y endeudados.

Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.

Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrado gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado.

Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado:
Los listos del principio, forrados.
Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda.
Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida.
El Ayuntamiento igualmente arruinado.

¿Resultado final?:

Para solucionar todo esto y salvar a todo el pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios.

Nos lo merecemos.

domingo, junio 06, 2010

Hoy, cuento: El peaje.

He de reconocer que lo que más me ha gustado siempre de las Operaciones Salida, han sido las interminables colas que se producen en la autopista cuando toda la gente, en un acto de sinergia sin parangón en la historia, se pone de acuerdo para echarse a la carretera todos a la vez. Es, sencillamente, algo paranormal.

Es en esos momentos donde puedes recrearte con los rostros alegres y felices de la gente que, como uno mismo, se dispone a alargar "ad nauseam" ese corto trayecto a ritmo de paso de Semana Santa para así compartir con todo el mundo aquel momento de profunda libertad y armonía. Hoy, como es habitual cada viernes a las 19.30 horas, no podíamos faltar a la jubilosa cita.

Después de más de dos horas repartiendo felicidad a diestro y siniestro dentro de nuestro espacioso utilitario de tres puertas, llegamos a la batería de cabinas del peaje, donde con desbordante sonrisa nos esperaban impacientes los abnegados trabajadores de la empresa concesionaria, siempre prestos a recoger nuestros insignificantes óbolos. Pero algo fallaba. Hoy no era como todos los días. ¿Qué estaba pasando?

Al llegar a la ventanilla del peaje, la otrora simpatía deslumbrante de la operaria se trocó en una cara gris, larga, que te miraba con asco mientras se limaba las uñas apáticamente. Bajé el vidrio y la miré inquisitorialmente, a lo que ella me respondió con una mirada igualmente miope. Pasados unos minutos en que de tanto cruzarnos las miradas ya habíamos quedado estrábicos, la operaria rompió el hielo:

-Usted dirá -me dijo con un tono de languidez histérica.

-Desearía hacer efectivo el importe del peaje, si es posible-respondí yo con una rotundidad y firmeza a la cual no estoy acostumbrado.

La mujer se quitó el monóculo y con su mirada estrábica me asestó un golpe moral que incluso me dio la vuelta al salacot -por cierto, muy bonito y elegante- que vestía en aquel momento.

-¿Cuánto quiere usted pagar?

La pregunta me descolocó. Normalmente siempre pagábamos una holgada voluntad, habida cuenta los inmensos beneficios que nos reportaba a la sociedad la existencia de aquella autopista. Ni corto, pero un poco perezoso, deposité encima de la repisa de la cabina del peaje los dos panes de a kilo y el chorizo de Cantimpalo que tenía ya preparados de antemano para ahorrar tiempo en el momento del pago.

-¿Esto?¡¿Pretende pagar con esto?!- me gritó amorosamente la operaria.

En ese momento la trabajadora comenzó a apedrearme con una letanía de razones por las cuales debía aumentar mi oferta. Tuve suerte de mi bonito salacot que hizo las veces de casco y me evitó una saturación perniciosa de mis estoicas neuronas auditivas.

Una vez acabada la sinfonía de argumentos interpretada magistralmente por la encargada del cobro del peaje -y acabados a su vez los aplausos con que toda la familia habíamos premiado la actuación de la cajera- , me decidí a contraatacar utilizando las dotes persuasivas que me habían hecho famoso en mi época de instituto cuando, sin mucha dificultad, conseguí convencer a todo el profesorado de que aquellos ceros absolutos obtenidos con tanto esfuerzo por mi parte eran simplemente la mitad de los dieces que me merecía, aprobando todas y cada una de las asignaturas.

-¡Lo máximo que aumento mi oferta es con esto!-le dije, procediendo acto seguido a colocar un queso de bola de color naranja de legítimo origen holandés entre los panes y el chorizo que ocupaban la repisa de la cabina.

La mujer arrugó el morro como quien intenta darse un beso en la oreja. Entendí que mi sagaz estratagema no había surtido el efecto deseado.

-Me falta un vino de Ribera del Duero y un kilo de tomates. ¡Usted verá! - dijo la operaria calzándose su monóculo en el otro ojo.

¡Horror! Los tomates estaba dispuesto a darlos, pero no el vino. Máxime porque en aquellos momentos nos quedaba solamente un preciado Penedés y un vino de mesa de origen incierto, al habernos bebido el Ribera del Duero durante el camino entre mi mujer, mis dos críos y yo. Más entre ellos tres que yo, he de reconocer. No soy muy aficionado a dicho vino castellano.

Tras una larga y penosa negociación en la que llegaron a entrar mis dos hijos -que no fueron aceptados por la operaria con la burda excusa de que comían mucho-, conseguimos consensuar el pago del peaje con el par de panes, el chorizo de Cantimpalo, medio queso de bola, un bote de aceitunas rellenas de hueso, la botella de vino descastado, medio kilo de tomates, unos calcetines de deporte poco usados y la dentadura postiza de mi difunto suegro.

Me supo mal por tener que partir el queso, ya que después se seca y pierde propiedades organolépticas, pero creo sinceramente que fue un intercambio justo. Al fin y al cabo, un buen fin de semana, bien vale un pequeño sacrificio ¿no?.

Ruego me disculpen. El coche de delante se ha movido un poco, y he de poner la atención en la carretera.
¿Cuánto quiere usted pagar?

sábado, junio 05, 2010

Cuestión de dignidad y derechos.

El revuelo que se ha formado a raíz de las diversas proposiciones de prohibición de los burka o del nicab islámico es de los que están haciendo época. Ayuntamientos como los de Lleida, no han dudado en aprobar restricciones de su uso en las zonas públicas mientras que por otra parte, los partidos del gobierno tripartito de Catalunya defienden que se está haciendo una montaña de todo y que dado que el problema es de ámbito muy reducido, no hay ninguna necesidad de legislar al respecto. Es curiosa esta reacción del Govern de la Generalitat.

En este país en que la norma es hacer las cosas tarde, mal y nunca, se está dando la situación en que algunas administraciones locales estén legislando poniendo la tirita antes de producirse la herida. Y esto, que sería de desear por todo el mundo en todas las circunstancias de la vida, resulta que es criticado desde las altas esferas con un “ahora no toca” o incluso atacando de racismo y xenofobia a quien está intentando hacer las cosas mínimamente bien. Pero... ¿porqué esta reacción desmesurada del gobierno?

La principal razón es que es una medida que -en principio- hace impopular al gobernante ante la comunidad musulmana, y más cuando se está intentando encontrar todos los apoyos posibles desde esta comunidad. En un momento en que están cayendo chuzos de punta para el gobierno, lo que menos le interesa es ganarse más enemigos que le pongan más piedras en el cuello de las que ya tiene. Por ello, no dudan en negar la mayor, y poner todas las trabas posibles para que las diferentes iniciativas tiren adelante.

Este interés suyo de no ganarse enemistades ahora, está haciendo que se esté dando la imagen de que si eres de izquierdas, has de estar de parte del burka, y esto es una gran perversión interesada. Una perversión que hace mucho daño a la izquierda de base, ya que implica que o estas a favor de todo lo musulmán, o eres un xenófobo. No hay término medio..., y mira por donde va a ser que no.

Hay tradiciones que por muy antiguas que sean, no tienen ninguna razón de ser, vengan de donde vengan y las haga quien las haga. Igual que era una barbaridad lo de tirar las cabras desde el campanario de una iglesia, y se suprimió porque era una cabestrada, o se abolió la esclavitud, o tantas otras cazurrerías que ha ido transmitiendo el hombre de generación en generación, la tradición del burka es una ignominia para cualquier ser humano que lo padezca, en este caso, las mujeres.

No me sirve que me digan que es una tradición y una opción personal, ya que aunque sea la misma mujer la que lo quiera llevar, lo único que está denotando no es el ejercicio de una libertad personal, sino un formateo secular de su forma de pensar para justificar lo injustificable. Nadie en el mundo, ni por razón de sexo, ni por creencias religiosas, ni por su lugar de nacencia puede tener la obligación de ser un fantasma en vida, ni de estar enclaustrado tras una rejilla en mor de una tradición netamente sexista y anacrónica. Es, en este marco, que el prohibir la burka, aquí, cuando todavía no es un problema, en vez de un símbolo de racismo, se convierte en un acto de proclamación de la libertad e igualdad humana ante la intransigencia y el sectarismo secular.

Pero, atención, estamos hablando de la prohibición del burka (se mira por una rejilla) y el nicab (se mira por una rendija), pero en ningún caso de la prohibición de los hiyab (pañuelos de cabeza) o los shador (integral, pero dejando la cara a la vista), ya que si bien se utilizan por tradición religiosa y como señal de identidad, su uso no está quitando identidad individual a quien los utiliza, equiparándose en este caso a las mantillas cristianas. La libertad en el vestir no está reñida con las influencias sociales de cada uno, por más que los intereses partidistas de cada formación política quieran pintar una delgada línea roja donde la línea aparece ancha como una autopista.

En bonsai tenemos una premisa que dice que los brotes que molestan –o prevemos que van a molestar-, cuanto más pequeños se quiten, menos problemas producen al árbol. De no hacerlo así, si se dejan crecer más de lo conveniente, en el momento de cortarlos, se producen heridas que dejan feas y profundas cicatrices, foco de todo tipo de enfermedades.

Ahora, aunque a alguien no le interese, es el mejor momento para quitar el futuro molesto brote de los burka del árbol de la convivencia intercultural... ¿o preferimos dejar que se escape de las manos y sea auténticamente conflictivo el eliminarlo?.

Para algunos, ahora no toca hacer las cosas bien.


Simple cuestión de dignidad y de derechos.

viernes, junio 04, 2010

Mujeres ricas, españoles pobres.

El otro día tuve la oportunidad de ver el programa “Mujeres Ricas”, y después de un rato de verlo, la sensación que tuve es una mezcla entre asco y estupefacción. El programa en sí, no tiene absolutamente nada, pero se dedica a repasar la vida cotidiana de diversas mujeres forradas de dinero hasta los dientes. Sin embargo, este repaso no tendría nada de especial si no nos encontrásemos en la situación en que nos encontramos aquí y ahora en este país.

En este país, en que casi el 20% de la población está en paro, en que la gente pierde sus casas al por mayor y en que Cáritas está duplicando las ayudas dadas en todo el año 2009 (¡¡un 10% de estas ayudas son para gente con estudios superiores!!), que se esté emitiendo con total impunidad y alevosía este tipo de reportajes por la tele es auténticamente pornográfico.

Alguien puede pensar que este es un programa totalmente inocuo y banal en el cual escandalizarse viendo los excesos de cuatro ricachonas, y posiblemente así sería hace un par de años, pero ahora, en este momento de crisis, lo que sería un programa tonto, pasa a ser una auténtica agresión a toda una población que está al borde de perderlo todo gracias a las veleidades empresariales especulatorias de mucha gente como la retratada.

Gastarse más de 8000 euros en un reloj porque la niña se ha graduado o comprarse todo un ajuar de ropa carísima para que dos amigas se vayan de fin de semana a un cortijo de otra amiga, entre otros excesos, sólo es comparable a emitir un programa del Arguiñano para los que se están muriendo de hambre en Etiopía o en Darfur.

¿Es lícito emitir este tipo de programas dados los problemas serios para llegar a fin de mes de la mayoría de la población española? No, evidentemente, pero es una forma de comprobar cómo en río revuelto siempre hay pescadores que ganan, aunque sea a base de sumir a la gente en la depresión más humillante.

Están haciendo un programa para enseñar a los pobres lo pobres que son, sin quererse dar cuenta de que el pobre del que se mofan posiblemente sea su propio vecino.

Más vale que no les toque a ellos.

¿Cuanta gente comería con 8000 euros?

jueves, junio 03, 2010

Asesinos de ideales.

He de reconocer que eso de estar a favor de algunas tesis cercanas a la derecha liberal siempre me mantiene con la mosca tras la oreja, pero si bien estoy totalmente de acuerdo con el estado del bienestar y la defensa de las clases más humildes, he de reconocer que se ha de poner limitaciones a los excesos que por parte de algunos trabajadores hacen de las prestaciones al desempleo. Posiblemente el hecho de ser un autónomo y que si me quedo sin trabajo, no cobraré ni un duro me de otra visión del asunto.

A nadie nos gusta trabajar para llevar el pan de cada día a la mesa, y siempre está mejor que nos lo traigan a casa -nadie somos tontos-, pero el hecho de depender “ad eternum” de las prestaciones del desempleo a cargo del Estado, no lo encuentro ni mínimamente ético. Es cómodo, claro que sí, pero nos convertimos en un mero parásito de la sociedad.

Los subsidios tienen la finalidad de ayudar a los trabajadores en paro a no vivir en la indigencia mientras encuentran un nuevo trabajo, pero todo el mundo conocemos a trabajadores en paro “espabilados” que apuran los dos años de prestación para no pegar un palo al agua, y cuando están a punto de caducar se ponen a buscar como desesperados. Es una opción legal, pero no lo considero ni medio bien, máxime cuando yo, trabaje o no, tengo que pagar de mis paupérrimos bolsillos mi cotización a la Seguridad Social, de la cual salen buena parte de estas prestaciones.

Duran i Lleida lanzó la piedra, y creo que no le falta razón, ya que si pedimos que los más ricos paguen más, en esta época de crisis nosotros tenemos la obligación de también poner de nuestra parte y reprimir a quien rechaza una tras otra las diferentes ofertas de trabajo que les propone la INEM con el solo hecho de vivir del trabajo ajeno. Si no queremos que nos explote la patronal, tampoco hemos de querer que nos exploten nuestros iguales y se tiene que poner remedio.

La medida es sumamente impopular, sobre todo para los sectores de la izquierda que son más papistas que el Papa y todavía no han visto que muchas de las posiciones radicales que en otra época eran legítimas, ahora son del todo contraproducentes para la misma clase trabajadora.

Los abusos matan los ideales... se tendrán que limitar, ¿no?

Que te sablee la patronal, duele, pero que te sableen los tuyos...