Publicidad

jueves, agosto 27, 2009

Viaje. Compare. Enfádese.

Después de nuestro Tour veraniego particular, ya estamos otra vez por aquí, dispuestos a "disfrutar" de la vuelta a la rutina. La paliza de este año han sido 3268 kms de coche de viaje con destino en Munich (Alemania). ¿Lo mejor? que encima me ha gustado.

Este viaje, que debiera haber servido para huir de los calores mediterráneos, ha servido al final para creer un poco más en el calentamiento global (35 grados y una solana de justicia, en Munich, no es moco de pavo), para ver las escasísimas ideas de nuestros gobernantes para sacarnos de la crisis (todo el camino está levantado por obras...¿eso es lo que entienden ellos por "levantar" Europa?) y para ver que, en España, o somos tontos o nos toman por ello.

Munich, aún siendo la tercera ciudad de Alemania, y la de nivel de vida más alto de ese país, tiene una población y unos precios muy similares a los que padecemos en Barcelona, por no decir que los precios son más altos en Barcelona. Si contamos que los salarios son, de promedio, casi el doble que los que se perciben por estas tierras, la cosa comienza a escocer.

Y como ejemplo, unos datos. Comer en el mismo centro de la ciudad puede costar, para una pareja, sobre los 35 euros (17'5 per cápita) . Encima, las raciones a parte de buenísimas, son descomunales para los que venimos de estas tierras, por lo que a veces tienes que llevarte lo que te sobra en un "tupper" (literalmente, los restaurantes están preparados para ello)... y lo dice alguien a quien su abuelo pretendía presentarlo a un concurso de comilones.

Los hipermecados estilo Lidl o Aldi (muy corrientes en Alemania) tienen precios algo inferiores que los que encontramos aquí, con el añadido que son productos exactamente iguales, algunas veces incluso con el mismo etiquetado plurilingüístico. Con 15 euros, usted sale de cualquiera de estos recintos con la comida para un regimiento. Ah! y no se engañe... a los bávaros les encanta comer bien.

Y llegamos a la sección transportes públicos, vaya preparando la katana. El funcionamiento es, sencillamente, genial. Los transbordos son cortos y los convoyes vienen con una frecuencia y puntualidad tremenda. Tranvías, Metros y trenes ligeros (un estilo Rodalies o FGC) están coordinados y en menos de 30 minutos te plantas de una punta a otra, combinando los 3 medios antes denominados. ¿Los precios? Siempre se ha dicho que Munich es cara. Nosotros cogíamos el bono diario que servia para 1 zona, sin limitación de viajes, por 9.00 euros. En Barcelona el mismo cuesta 5.80, pero si contamos que el de aquí es unipersonal (solo válido para 1 persona), mientras que el de Munich es válido para hasta 5 personas, comprenderá el nivel del sablazo de nuestros compatriotas.

El gasoil estaba un poco más caro que aquí, entre 1.16 y 1.13 euros el litro (aquí está entre 0'98 y 1.03). Pero hemos de tener en cuenta que dado que la red de autopistas es gratuita, moverse en coche resulta mucho más económico. Si a esto añadimos que la gente utiliza mucho la bicicleta -has de tener más cuidado con ellas que con los coches- y que la red de transporte público funciona perfectamente a pesar de las obras estivales, el cambio es notable. Para los conductores "ecologistas", informarles que el gasoil que sirven lleva hasta un 7% de biodiesel disuelto.

En definitiva, aquí estamos cobrando sueldos de país subdesarrollado y pagando precios de centroeuropeos por servicios tercermundistas. Algo falla.

Que no me vengan nuestros políticos con historias de si hay crisis o que hemos de pagar más o menos impuestos, porque en Alemania tienen la misma crisis y, encima, los están atracando a mano armada a base de impuestos (IVA del 19%, por ejemplo) para pagar la unificación. ¿Porqué tal desfase? ¿Porqué nos desuellan vivos aquí? ¿Somos tontos? ¿Porqué no reacciona la sociedad civil? ¿Le da lo mismo?

Yo amo a mi tierra como el que más, pero ello no impide que me plantee si no vale la pena dejar este país por otro en la que se me valore más (total, por mi aspecto físico ya se piensan que soy centroeuropeo). Aquí, mis supuestos iguales, solo me ven como un limón al que exprimir cuanto más, mejor. Y ya cansa.

Salga al extranjero, no lo dude. Las comparaciones son siempre odiosas, pero no siempre para los mismos.

En Barcelona, definitivamente, nos toman el pelo.