domingo, septiembre 25, 2016

La Devotio Ibérica o la costumbre hispana de seguir al líder hasta la muerte

La Devotio Ibérica.
Para los que seguimos la vida política de España, si a alguna conclusión hemos llegado es que las inercias y las formas de hacer de esta jaula de grillos tienen muy poco que ver con el resto de países de nuestro entorno. El hecho que un partido político, enfangado en casos de corrupción hasta las orejas, sea una y otra vez el más votado en unas elecciones, que la más mínima disensión dentro de los partidos sea tomada como la peor de las traiciones o la obsesión -a veces hasta extremos ridículos- de querer descabezar al líder de una formación concreta, son detalles que evidencian (y mucho) nuestra diferente idiosincrasia política. No obstante, ésta forma de actuar a nivel colectivo para con sus líderes en la Piel de Toro, no es ni mucho menos nueva y, si queremos buscarle un origen, deberemos remontarnos, ni más ni menos, que a la época de los celtíberos. Y es que, hace unos 2.500 años, los habitantes de la península ya tenían una tradición social que los hacía muy diferentes: la Devotio Ibérica.

Equipación íbera
Llama poderosísimamente la atención cómo, en un país cuya pluralidad secular lo convierte desde siempre en un auténtico reino de Taifas, los partidos políticos, ya sean a izquierda o derecha del arco parlamentario, actúen muchas de las veces con un monolitismo interno tal que deja a la altura del betún a cualquier régimen totalitario. El culto al líder, la represión del debate interno, la incondicionalidad a ultranza de sus seguidores o las estrategias políticas, aunque estén a la orden del día en la actualidad (camino de unas terceras elecciones), era algo que ya era bien conocido de los generales romanos cuando les tocaba guerrear en tierras de Hispania. Y es que, era imposible que el alma de la más potente legión romana no se encogiera cuando se encontraban frente a unas belicosas tribus bárbaras que habían jurado lealtad a su caudillo hasta morir y que llegaban al punto de suicidarse cuando éste había caído muerto en combate. Habían consagrado su vida a la de su jefe.

Pueblos prerromanos
La devotio ibérica, como se la conoce por los textos romanos, se trataba de un pacto militar en la que los guerreros de una comunidad juraban al jefe y ante una divinidad, tenerle fidelidad hasta la muerte. Este pacto, basado en el honor y la lealtad del individuo para con su líder (que si bien también se daba entre otros pueblos europeos, su máxima expresión se dio en la península Ibérica), implicaba que el guerrero se comprometía a priorizar en todo momento la vida del gerifalte a la suya propia en el campo de batalla. Y tal como prometían, cumplían.

Al ser la guerra una cosa que no estaba al alcance de todos los bolsillos -sólo podían guerrear los que tenían suficiente solvencia como para comprarse un caballo y armas, no como ahora, que es al revés-, los guerreros “devotos” formaban parte de la élite social de las tribus hispanas, por lo que el mantener el juramento hasta el fin era una cuestión que mezclaba la religiosidad con el mantenimiento del honor personal o familiar.

Caída de Numancia
Así las cosas, cuando se veían en obligación de entrar en batalla, luchaban con bravura inusitada siguiendo a sus líderes hasta la victoria final... pero con la particularidad de que, cuando venían mal dadas, aún luchaban más fanática y fieramente de cara a proteger al jefe. La situación llegaba al colmo de que, como cayera en combate, sus seguidores (conocidos como devotii) no podían sobrevivirle, de tal forma que o bien se suicidaban o bien se lanzaban a un combate suicida del cual no podían salir vivos. Todo por el líder.

Asedio de Sagunto
En esta situación, cuando los cartagineses y los romanos se dedicaron a darse un garbeo por la península Ibérica entre el siglo III y II a.C. se encontraron de bruces con unos pueblos íberos y celtíberos que les plantaban cara de forma brutal. Unos pueblos que, casados con el caudillo de turno por la devotio ibérica, no dudaban en inmolarse antes que dar su brazo a torcer, como pudieron comprobar en los sitios de Sagunto, Numancia o Calagurris (Calahorra). Sin embargo, los romanos pronto encontraron el punto débil de esta férrea institución: el propio líder.

Al depender la lucha básicamente del papel del jefe de los indígenas, pronto se vio que si se quería ganar una batalla, la pieza clave a destruir era, justamente, la cabeza. Ello implicaba que en cuanto se cazara al capitoste de la tribu, por muy a favor que llevaran la contienda, esta acabaría del lado de los romanos ya que, para las tribus hispanas era un grave pecado sobrevivir (en batalla, se entiende) a la muerte del rey.

Cayo Julio César
De esta manera, los romanos -prácticos como eran (ver Lago Albano: ingeniería romana para drenar un volcán)- empezaron a tener claro el objetivo a batir y, en vez de ir a lo burro gratuitamente, optaron por tejer un entramado de alianzas al estilo íbero, consiguiendo establecer una red clientelar (¿les suena?) que asegurase a los generales romanos la fidelidad a ultranza de los diferentes pueblos hispanos y evitar en lo posible el enfrentamiento con ellos. No en vano las huestes íberas eran conocidas por su bravura y siempre era mejor tenerlas a tu favor que en tu contra, cosa que se aseguraban con una devotio al jefe... romano.

Tan inteligente estrategia (junto oportunas victorias militares) funcionó a la perfección, acabando con la incorporación definitiva de Hispania en el Imperio Romano. Asimismo, la fama de los íberos llegó al nivel de que los propios generales y emperadores romanos (el caso de Quinto Sertorio, Julio César o Augusto) tenían grupos de indígenas peninsulares que se encargaban de su seguridad personal, cosa que llevó a la cohorte hispana de Sertorio a su suicidio inmediato cuando éste fue asesinado durante un banquete.

Muerte de Indíbil
Así pues, la devotio ibérica con su entrega ciega hacia el líder, habría influenciado tanto a Roma que estaría detrás -según los expertos- del posterior culto al Emperador que tanto se llevó en boga durante toda la época imperial. Tradición que, a la vez, se habría mantenido entre el pueblo hispano como substrato inconsciente en la forma de relacionarse de una forma estable y ventajosa con el poder, llegando hasta el día de hoy.

Así las cosas, cuando vea que los partidos hacen cosas raras escogiendo por unanimidad a sus líderes, o cerrando filas ante las acusaciones de corrupción, o la oposición pidiendo la cabeza del jefe para poder formar gobierno, no se estire de los pelos. Piense que esto es Celtiberia y que la devotio ibérica, por muchos siglos que hayan pasado, en este país aún sigue viva.

Normal...¡por algo la inventamos!

Tésera íbera con un pacto de hospitalidad

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jueves, septiembre 22, 2016

Capar renos a bocados, la receta saami contra el calentamiento global

Rebaños de renos.
Negar el cambio climático es, a día de hoy, tan cerril como sostener que la Tierra es plana o que en España no hay corrupción política. Y es que, después de tener en septiembre unas temperaturas caniculares que no se habían visto en la vida, el hecho de que el planeta se está calentando como una olla al fuego resulta evidente para todo el mundo (que quiera verlo, claro). En esta tendencia al alza, las zonas que más están padeciendo son las tierras polares -sobre todo el Ártico-, donde los inviernos cada vez son más cortos y los veranos más largos, pero, sobre todo, las zonas de transición al clima polar, debido a que los períodos fríos son notablemente más cortos y menos intensos, afectando a todo bicho viviente en aquella zona, ya sean plantas, insectos, mamíferos o el propio ser humano. Es en esta franja especialmente sensible del planeta que tienen su hogar pueblos como los Saami, que habitan el norte de la península Escandinava y que viven del pastoreo de los renos desde siempre. Sin embargo, se están encontrando que, con el cambio climático, sus renos tienen cada vez más problemas para alimentarse en invierno... y han hallado una solución ecológica, sostenible, aunque un tanto impactante: capar los renos a bocados. Como lo leen.

Desplazamientos anuales
El hecho de que el clima se vaya calentando de forma global hace que los climas de transición, en tanto y en cuanto están a medio camino de uno u otro clima, se vean obligados a decantarse a uno u otro lado del filo de la navaja. Ello hace que climas templados pasen a ser cálidos (ver La increíble supervivencia de los cocodrilos del desierto) y zonas que eran casi polares, se atemperen (caso de partes de Escandinavia, Canadá o Siberia). No obstante, y por mucho que el calentamiento sea acelerado a nivel geológico, el cambio se produce gradualmente, alternando períodos cálidos anormales con períodos fríos totalmente normales lo cual tiene sus lógicas consecuencias.

Líquen bajo la nieve
En el caso que nos concierne, cuando acaba el verano, las primeras nieves hacen un colchón que protege térmicamente a las hierbas y a los líquenes de los duros días de invierno, manteniendo el interfaz entre suelo y nieve tanto más estable cuanto más grueso sea el manto de nieve. Normalmente a cero grados.

Los renos, habituados a estos ambientes, con sus pezuñas y cuernos (es el único cérvido que tanto machos como hembras tienen cuernos) remueven la capa de nieve y acceden a la superficie del suelo donde se encuentran los líquenes y hierbas de los que se alimentan habitualmente. Pero el cambio climático está alterando esta pauta...

Consecuencias del calentamiento
Al alternarse en invierno las épocas frías con épocas anormalmente calientes, cuando caen las  nieves, estas no se mantienen estables, sino que, por efecto de los períodos de calor, estas pueden llegar a derretirse. Este deshielo a destiempo provoca que la nieve se humedezca durante el tiempo que duran las temperaturas altas y que, en la siguiente entrada de aire frío, el agua líquida se congele, transformando la mullida capa de nieve en una capa de hielo que cubre toda la superficie, complicando muy mucho la vida de las especies que allí viven, sobre todo la de los renos.

Los rebaños dependen de los machos
De esta forma, al haberse producido una dura capa de hielo, los renos tienen serias dificultades para llegar a su alimento, habida cuenta que los animales han de ejercer una fuerza especial para romper ese inesperado escudo helado; escudo que no todos los individuos de las manadas tienen la capacidad de romper. O dicho de otra manera, que los individuos más grandes rompen el hielo para comer ellos, pero los más débiles se aprovechan de esta ventana “rota” para poderse alimentar también.

Dificultades cada vez mayores
Así las cosas, conforme que el calentamiento progresa, los renos se encuentran con el inconveniente de que, o eres grande, o no comes, muriendo de hambre por el hecho de no haber suficientes renos grandes que abran huecos en el hielo en el que poder comer... y porque los grandes machos están más pensando en luchar por las hembras que por alimentarse, todo sea el decirlo. Y aquí es donde entra el papel de la castración a bocados.

Una actividad tradicional
Los saami -o sami-, al dedicarse al pastoreo de renos desde antiguo (desde los últimos 5.000 años como mínimo), ya tenían la tradición de castrar a algunos machos en las manadas ya que, cuando los machos entran en celo, se vuelven muy agresivos y difíciles de controlar en los grandes desplazamientos que hacen anualmente por los pastos. Aunque claro... ¿cómo castrarlos sin provocarlos heridas exteriores que se lleguen a infectar? Pues pegándoles un bocado en los huevos y romperles los testículos como quien casca una avellana con las muelas. Sencillo.

Los niños también participan
El método tradicional empleado por los samis, llamado “gaskit”, por burro que pueda parecer, tiene sus ventajas. Según parece, al no eliminar los testículos del reno de forma quirúrgica, éstos continúan segregando una cierta cantidad de testosterona en el cuerpo, la cual hace que el animal aumente su masa muscular sin perder vigor. Ello se traduciría a su vez en una mayor capacidad física para sobrevivir al invierno (ver El inquietante caso de los renos de Saint Matthew) junto a una menor pérdida de energía al no tener necesidad de luchar por los harenes de hembras. Todo ventajas.

Se centran en buscar comida
De esta forma, los renos machos, como fruto de su castración, cogen peso extra y se vuelven los más grandes de la manada con lo que adquieren una mayor capacidad de romper las capas de hielo que se forman como consecuencia del cambio climático. A su vez, al no estar dominados por sus hormonas sexuales, estos pasan a estar centrados en la búsqueda de comida ayudando a la manada a abrir las ventanas de nieve y hielo sobre los líquenes, en las cuales se alimentarán las hembras y las crías.

Castrar para sobrevivir
Sea como sea, el problema viene del hecho que, como se considera una castración dolorosa para los renos (gracia no les hace, evidentemente), en virtud de una ley contra el maltrato animal, el gaskit se ha ido dejando de hacer en beneficio de otras formas menos dolorosas, más caras y más difíciles de implementar. No obstante, este cambio ha hecho que se reduzca el número de individuos castrados a aquellos imprescindibles para mantener la manada en orden, por lo que el progreso del calentamiento climático y sus inconvenientes ha pillado a los pastores con rebaños con muy pocos renos “capones”. Situación la cual, ha llevado a los ganaderos (recordar que el reno para los saami es el cerdo para nosotros) a estudiar la reintroducción del gaskit como forma fácil, barata, sostenible y segura de evitar que sus rebaños mueran por pasar más hambre que un caracol en un espejo.

Los renos son parte de los sami
En conclusión, que por muy salvajes que nos parezcan las prácticas de castración saami con los renos, el hecho es que, por culpa de nuestra propia actividad diaria (y aquí no nos salvamos nadie), les estamos obligando a que retomen una forma de hacer que tenían prácticamente olvidada. Nos puede gustar o no, nos puede importar o no, pero tal vez lo que teníamos que hacernos mirar muy seriamente es que, si por un lado nos asquea ver cómo los capan a bocados y, con altanería,  ¡exigimos! que no sean crueles con sus -aunque no lo parezca- queridos renos, por otro lado, con nuestra inconsciencia para con el medio ambiente, los estamos forzando a que utilicen y extiendan una  práctica cruel, para evitar algo más cruel todavía: la muerte.

¿Doble rasero? No. Sencillamente, hipocresía humana.

Una forma poco ortodoxa de capar renos

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martes, septiembre 20, 2016

La Piscina del Diablo, la piscina natural más peligrosa y vertiginosa del planeta

Un baño en la Piscina del Diablo.
Nuestro planeta, si algo tiene es que, a pesar de la machacada constante que hace el ser humano de su medio ambiente, es capaz de deslumbrar a cualquier alma suficientemente sensible de la maravilla natural que tiene ante sus sentidos. En este sentido, las cataratas y caídas de agua, tanto grandes como pequeñas, tienen la capacidad de dejar con la boca abierta a cualquiera. El ruido, y la energía con que cae el agua desde una altura considerable, acostumbra a ser uno de los espectáculos más imponentes que se pueda presenciar, posiblemente porque nos hace pequeños, pequeños, pequeños... Con todo, a pesar de la cura de humildad que nos provocan, la curiosidad que nos despierta puede más que la precaución y el respeto a estos gigantes naturales, pero claro... no toda la gente tiene los arrestos -ni la fuerza física- de acercarse al borde del precipicio de una cascada y ver cómo el agua cae estruendosamente a sus pies sin que se lo lleve la corriente. No obstante, hay un sitio en el mundo en el que usted, que me está leyendo, puede darse un chapuzón tranquilamente a un palmo escaso de una apabullante caída de agua de más de 100 metros de altura. Se trata de la Piscina del Diablo, en las famosísimas cataratas Victoria.

1708 m de frente de caída
Cuando el 16 de noviembre de 1855 el doctor Livingstone descubrió las cataratas Victoria (por la Reina Victoria de Inglaterra, of course) los huevos poco menos que se le cayeron al suelo. La magnitud de la caída de agua que producía el inconmensurable río Zambeze en aquel punto de África había llevado a los nativos a llamarlas Mosi-Oa-Tunya, es decir, el Humo que Truena. Y no es para menos, ya que por aquel acantilado el Zambeze aboca, con un frente de 1.708 m, una media de 1.088 m3 de agua...¡por segundo! desde una altura de unos 108 metros (lo que viene siendo un escalón, vamos); medidas desmesuradas que la hacen la mayor catarata de agua del mundo.

Ubicación de las cataratas
El origen de esta caída de agua, que se encuentra en la frontera entre Zambia y Zimbabwe, la hemos de buscar en las fallas que atraviesan la meseta de basalto que forma esta parte del sureste del continente africano. Estas fallas ponen en contacto los materiales base formados por areniscas con las capas sucesivas de rocas basálticas mucho más duras que las cubren fruto de las erupciones volcánicas que tuvieron lugar hace 180 millones de años. Y es en estas circunstancias geológicas que el río Zambeze, uno de los grandes ríos africanos, se clava en estas fallas y, excavando el zócalo de arenisca, durante los últimos 100.000 años ha ido formando estas fantásticas cascadas.

La dura lucha entre el río y la roca
La erosión del Zambeze, por tanto, ha ido erosionando lentamente el borde del acantilado debido a la extrema dureza del basalto. Dureza que ha hecho que el río se haya tenido que encastrar en profundos cañones zigzagueantes, aprovechando los puntos de debilidad de la roca.

Es en esta tenaz lucha entre el agua y el basalto (ver Columbretes: la ignota joya volcánica de la Isla de las Serpientes) que, muy cerca del borde de caída del agua, la corriente ha dado a formar lo que se llama en geología una "marmita de gigante", es decir, una concavidad que, fruto de la fuerza del agua que hace girar las piedras y sedimentos que lleva el río, desgasta las paredes de roca y forma algo similar a una olla de dimensiones considerables (quien esté acostumbrado a ver ríos en zonas calcáreas, seguro que no le será desconocido).

Un baño más o menos seguro
Así las cosas, en uno de los márgenes de caída de las aguas, en la llamada isla Livingstone, se encuentra una marmita a la cual se puede acceder caminando, con la particularidad de que, en épocas de poco caudal -es decir entre septiembre y diciembre-, el agua circulante por ella tiene tan poca fuerza que permite que la gente se bañe dentro de ella. Es la conocida como Piscina del Diablo (Devil's Pool, en inglés).

Situación de la Devil's Pool
Es esta rareza geológica, dentro de las ya de por sí impresionantes Cataratas Victoria, la que la ha convertido en una auténtica atracción turística donde los más osados turistas (normalmente occidentales), pueden pegarse un buen remojón separados del abismo por una pared de basalto de metro y medio de alta y poco más de medio metro de espesor. Evidentemente, en época de crecidas y con puntas que pueden superar los 7.000 m3/seg, allí no hay Dios que se ponga.

Como resbale, nos vamos a reír...
A pesar del evidente riesgo que implica -como te asomes más de la cuenta y resbales con las algas del borde te vas catarata abajo- lo más sorprendente es que es una aventura muy segura y donde no hay constancia fehaciente de que se hayan producido accidentes mortales (más allá de algún rumor, más o menos dudoso). También se ha de decir que los baños -contratados con antelación desde los hoteles cercanos- se hacen con un guía local pertinentemente curtido que, bañándose con los turistas, controla que no se hagan excesivas burradas en tan diabólica piscina, cosa que lo hace coprotagonista más o menos obligado de no pocas fotos familiares.

La Piscina del Diablo, en definitiva, es un destino turístico dentro de otro destino turístico en que, si no tiene vértigo, la fuerza salvaje de la naturaleza tiene la inmensa amabilidad de dejarle remojarse en una bella y arriesgada curiosidad excepcional de esta sorprendente, frágil e inimitable bola flotante que es la Tierra.


Vista de satélite del río Zambeze y las cataratas Victoria

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viernes, septiembre 16, 2016

La Bomba Gay, el arma que quería convertir la guerra en una orgía homosexual

Una bomba particular
Cuando abrimos cualquier diario, vemos cualquier noticiario en la televisión o navegamos por las webs de información, raro es el día en que no sale alguna guerra, un asesinato o un hecho luctuoso similar, por lo que podemos llegar a pensar que al ser humano, eso de guerrear y matarse el uno al otro le pone mucho. No obstante esta afirmación casi axiomática, en el fondo, los humanos detestan la guerra y sus muertes: y es que, al fin y al cabo, lo que molesta del enemigo es que quiera acabar con nosotros con tanta saña y contundencia, no que esté muerto o vivo. Así las cosas, los ejércitos  no hacen más que investigar en armamento y formas de acabar con el oponente que no produzcan ningún baño de sangre (más allá del imprescindible, faltaría más) por lo que ponen toda su inteligencia y materia gris para conseguirlo. El único inconveniente es que, algunas veces, la neurona le hace la perla a más de una mente clarividente y salen algunas propuestas más dignas de un chiste de Jaimito que de una supuesta investigación seria. Tal es el caso de la llamada “Bomba Gay”.

Armas no letales -supuestamente-
Después de la Primera y la Segunda guerras mundiales, la Guerra Fría dejó claro que, si había una tercera, la cuarta sería a pedradas. Tal era el potencial de destrucción de las armas desarrolladas (ver La Bomba del Zar, la bomba nuclear que asesinó a la Tierra) que las formas de guerrear tenían que derivar a opciones que, sin hacer grandes destrozos, permitieran el control de las tropas enemigas con el mínimo de bajas posibles.

Antidisturbios en acción
En este contexto, se inventaron armas sónicas en las que el ruido aturdía al enemigo, las pistolas eléctricas -los taser-, gases urticantes de efectos temporales y un sinfín de nuevas tecnologías que son utilizados profusamente por las fuerzas del orden, sobre todo en disturbios callejeros, y que son aplicables también en el campo de batalla. Pero no todas las investigaciones de las empresas armamentísticas eran tan acertadas (valoración moral del uso de estas armas, a parte).

¿Soldados tras la Bomba Gay?
En 2005, gracias a la ley de Libertad de Información (Freedom of Information Act) trascendió que en 1994 el ejército de los Estados Unidos había examinado la posibilidad de desarrollar un arma que, descargando un potente afrodisíaco sobre las tropas enemigas, éstas se verían atraídas entre sí sexualmente, olvidando totalmente la amenaza de sus oponentes... y convirtiendo la guerra en una especie de Sodoma y Gomorra  donde los soldados se "cepillarían" todo lo que se movía. Y como en el ejército hay mayoría de hombres, pues...

Las feromonas existen, en animales
La intención era que, basándose en el papel que las feromonas tienen en la reproducción animal, se investigase en este sentido de cara a utilizarlas en el campo bélico. La idea, desarrollada por el Laboratorio Wright de la US Air Force en Dayton (Ohio), a simple vista parecía buena, pero topaba con el obstáculo de que, si bien las feromonas y su papel sexual ha sido ampliamente estudiado en todo tipo de animales -desde monos a cucarachas- la ciencia no ha podido demostrar la existencia fehaciente de estas hormonas en el caso de los seres humanos (ver El misterioso caso de las chicas con reglas simultáneas) hasta el día de hoy.

Tan loca propuesta, a pesar de tener un presupuesto de 7,5 millones de dólares, y aunque pueda sorprender, pasó los primeros filtros gubernamentales siendo incluido en el año 2000 en un CD-Rom producido por el Ejército americano y que fue derivado a la Academia Nacional de Ciencias en el año 2002.

El mal aliento como arma
Con todo, el abanico de armas “alternativas” no acababa en la Bomba Gay, sino que también se había propuesto el desarrollo de armas que produjeran halitosis, la cual cosa haría prácticamente imposible la convivencia entre los grupos de soldados, así como de armas que impregnaran los soldados de olor a pedo de cara a marcar odoríferamente a los soldados enemigos (si se escapaban eran más fáciles detectarlos) y que la convivencia entre ellos se resintiera. Eso sí, según sus informes, habían países que soportaban mejor los olores fecales que otros, pero al final no lo podrían resistir. ¡Ole la vanguardia tecnológica militar!

Mejor el amor que la guerra
Evidentemente, cuando se destapó el pastel, el Pentágono negó la mayor y dijo que no le había dado mayor importancia a la idea, si bien no negaba que siempre estaban a favor de investigar en el desarrollo de armas no letales que ayudaran a sus soldados en el frente de batalla. Los habían pillado con el carrito del helado.

Sea como fuere, el hecho, además de la hilaridad de semejantes ocurrencias y de dejar en evidencia aquello de que inteligencia y militar son términos antagónicos, muestra los profundos prejuicios para con el colectivo LGBT que hay en capas muy extendidas de la sociedad (ver La temida y épica bravura de un ejército gay).

Spray de pimienta y poca sesera
El  hecho de pensar que con un producto químico cualquier persona, por muy heterosexual que sea, pueda convertirse en homosexual, desvela que hay gente que aún cree que es una enfermedad y que hay posibilidades reales de erradicarla o de provocarla a voluntad. Pero no sólo eso, sino que esta gente -propuestas ridículas a parte- está en posición de desarrollar nuevas tecnologías que sean utilizadas por cualquier ejército como armas para matarnos más y mejor.

Y eso, sí que hace reír muy poco.



Pretendían convertir el campo de batalla en una orgía

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